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La primavera ha venido


 

A todos los poetas, en el Día Internacional de la Poesía y

muy especialmente a mi amigo Miguel Cobo Rosa.

 

 

 

Era del año la estación florida

en que el mentido robador de Europa

(media luna las astas de su frente,

y el sol todos los rayos de su pelo)…

De esta forma empezaba Góngora su Soledad Primera, haciendo una complejísima alusión a la exuberancia de la primavera (cuando el sol brilla justamente sobre el signo zodiacal Tauro, es decir, de mayo a junio).

 

Flora, en una pintura romana (imagen tomada del blog de blogspot blancodeplomo)

No es el único poeta que se ha ocupado de una estación propensa a inspirar por varios motivos: la plenitud de la naturaleza, la simbología de la vuelta a la vida tras el letargo invernal, el abandono de los pesados vestuarios de abrigo, el consiguiente impulso sexual renacido tras los fríos… son factores que invitan a fijarse en el fenómeno astronómico, así que pintores y poetas han usado “la estación florida” como frecuente motivo artístico.

Hagamos un repaso pictórico y poético.

Empecemos por la lírica tradicional, que dedicó las mayas a la llegada del mes de los amadores:

 

Entra mayo y sale abril:

¡tan garridico le vi venir!

 

Entra mayo con sus flores,

sale abril con sus amores,

y los dulces amadores

comiencen a bien servir.

 

Sandro Boticelli La Primavera

Si hablamos de poesía primitiva, no podemos dejar atrás una de las joyas de nuestro romancero: el Romance del prisionero.

 

Que por mayo era, por mayo,

cuando hace la calor,

cuando los trigos encañan

y están los campos en flor,

cuando canta la calandria

y responde el ruiseñor,

cuando los enamorados

van a servir al amor;

sino yo, triste, cuitado,

que vivo en esta prisión;

que ni sé cuándo es de día

ni cuándo las noches son,

sino por una avecilla

que me cantaba el albor.

Matómela un ballestero;

dele Dios mal galardón.

(Anónimo)

 

Machado… No puede faltar aquí: siempre esperó “otro milagro de la primavera”.

 

La primavera besaba

suavemente la arboleda,

y el verde nuevo brotaba

como una verde humareda.

Las nubes iban pasando

sobre el campo juvenil…

Yo vi en las hojas temblando

las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,

todo cargado de flor

-recordé-, yo he maldecido

mi juventud sin amor.

Hoy, en mitad de la vida,

me he parado a meditar…

¡Juventud nunca vivida,

quién te volviera a soñar!

(Antonio Machado)

 José Royo, Primavera

María Fernández, Campo en primavera

Con la primavera

Viene la canción,

La tristeza dulce

Y el galante amor.

Con la primavera

Viene una ansiedad

De pájaro preso

Que quiere volar.

No hay cetro más noble

Que el de padecer:

Sólo un rey existe:

El muerto es el rey.

(José Martí)

 

 

 Primavera (Brotes de manzano), John Everett Millais

La Flora, de René Portocarrero

LOS ESPINOS

Verdor nuevo los espinos

tienen ya por la colina,

toda de púrpura y nieve

en el aire estremecida.

Cuántos cielos florecidos

les has visto; aunque a la cita

ellos serán siempre fieles,

tú no lo serás un día.

Antes que la sombra caiga,

aprende cómo es la dicha

ante los espinos blancos

y rojos en flor. Vé. Mira.

(Luis Cernuda)

 Raoul Dufy, Amapolas y lirios

 

Giuseppe Arcimboldo, La Primavera  (1573)

Doña Primavera

viste que es primor,

viste en limonero

y en naranjo en flor.

Lleva por sandalias

unas anchas hojas,

y por caravanas

unas fucsias rojas.

Salid a encontrarla

por esos caminos.

¡Va loca de soles

y loca de trinos!

Doña Primavera

de aliento fecundo,

se ríe de todas

las penas del mundo…

No cree al que le hable

de las vidas ruines.

¿Cómo va a toparlas

entre los jazmines?

¿Cómo va a encontrarlas

junto de las fuentes

de espejos dorados

y cantos ardientes?

De la tierra enferma

en las pardas grietas,

enciende rosales

de rojas piruetas.

Pone sus encajes,

prende sus verduras,

en la piedra triste

de las sepulturas…

Doña Primavera

de manos gloriosas,

haz que por la vida

derramemos rosas:

Rosas de alegría,

rosas de perdón,

rosas de cariño,

y de exultación.

(Gabriela Mistral)

 Ramón Vilanova, Primavera

John William Waterhouse, Un ramo de rosas  (1908)

Pierre Auguste Cot, La primavera (1873)

Abril venía,

lleno todo de flores amarillas:

amarillo el arroyo,

amarillo el vallado, la colina,

el cementerio de los niños,

el huerto aquel, donde el amor vivía.

El sol ungía de amarillo el mundo,

con sus luces caídas;

¡ay, por los lirios áureos,

el agua de oro, tibia;

las amarillas mariposas

sobre las rosas amarillas!

Guirnaldas amarillas

escalaban

los árboles; ¡el día

era una gracia perfumada de oro,

en un dorado despertar de vida!

Entre los huesos de los muertos

abría Dios sus manos amarillas .

 (Juan Ramón Jiménez)

 Maria Antonia Dans, Por la primavera

 Maru de las Heras, Primavera

Camile Pissarro, Primavera

ODA A LA PRIMAVERA

 

Primavera temible, rosa loca,

llegarás, llegas imperceptible, apenas

un temblor de ala, un beso de niebla con jazmines,

el sombrero lo sabe, los caballos, el viento

trae una carta verde que los árboles leen

y comienzan las hojas a mirar con un ojo,

a ver de nuevo el mundo se convencen,

todo está preparado, el viejo sol supremo,

el agua que habla, todo, y entonces

salen todas las faldas del follaje,

la esmeraldina ,loca primavera,

luz desencadenada, yegua verde,

todo se multiplica , todo busca

palpando una materia que repita su forma,

el germen mueve pequeños pies sagrados,

el hombre ciñe el amor de su amada,

y la tierra se llena de frescura,

de pétalos que caen como harina,

la tierra brilla recién pintada

mostrando su fragancia en sus heridas,

los besos de los labios de claveles,

y la marea escarlata de la rosa.

Ya está bueno! Ahora, primavera,

dime para qué sirves

y a quién sirves.

Dime si el olvidado en su caverna

recibió tu visita,

si el abogado pobre en su oficina

vio florecer tus pétalos sobre la sucia alfombra,

si el minero de las minas de mi patria

no conoció más que la primavera negra

del carbón o el viento envenenado del azufre!

Primavera, muchacha, te esperaba!

Toma esta escoba y barre el mundo!

Limpia con este trapo, las fronteras,

sopla los techos de los hombres,

escarba el oro acumulado y reparte

los bienes escondidos,

ayúdame cuando ya el hombre

esté libre de miseria, polvo, harapos,

deudas, llagas, dolores, cuando

con tus transformadoras manos de hada

y las manos del pueblo, cuando sobre la tierra

el fuego y el amor toque tus bailarines

pies de nácar,

cuando tú, primavera, entres

a todas las casas de los hombres,

te amaré sin pecado, desordenada dalia,

acacia loca, amada, contigo, con tu aroma,

con tu abundancia, sin remordimiento,

con tu desnuda nieve abrasadora,

con tus más desbocados manantiales,

sin descartar la dicha de otros hombres,

con la miel misteriosa de las abejas diurnas,

sin que los negros tengan que vivir apartados

de los blancos,

adelante, trabajaremos juntos

en la futura y pura fecundidad florida.

Pablo Neruda

Bougereau, El regreso de la primavera (1886)

Ernest Lawson, Primavera (Río de Harlem)

John William Waterhouse, Vientos de primavera (1902)

Inolvidable el último poema: “A José María Palacio”,  de Antonio Machado, en que el poeta, desolado por la pérdida de su Leonor, evoca el cementerio del Espino en la fría primavera soriana:

 

Palacio, buen amigo,

¿está la primavera vistiendo ya

las ramas de los chopos del río y los caminos? En la estepa

del alto Duero, Primavera tarda,

¡pero es tan bella y dulce cuando llega!…

¿Tienen los viejos olmos

algunas hojas nuevas?

Aún las acacias estarán desnudas

y nevados los montes de las sierras.

¡Oh mole del Moncayo blanca y rosa,

allá, en el cielo de Aragón, tan bella!

¿Hay zarzas florecidas entré las grises peñas,

y blancas margaritas entre la fina hierba?

Por esos campanarios

ya habrán ido llegando las cigüeñas.

Habrá trigales verdes,

y mulas pardas en las sementeras,

y labriegos que siembran los tardíos

con las lluvias de abril. Ya las abejas

libarán del tomillo y el romero.

¿Hay ciruelos en flor? ¿Quedan violetas?

Furtivos cazadores, los reclamos

de la perdiz bajo las capas luengas,

no faltarán. Palacio, buen amigo,

¿tienen ya ruiseñores las riberas?

Con los primeros lirios

y las primeras rosas de las huertas,

en una tarde azul, sube al Espino,

al alto Espino donde está su tierra…

 

En Granada las cosas son siempre distintas y el arranque de la primavera ha cambiado el glamour de la poesía y la pintura por la roña, el vómito y la basura (52 toneladas de desechos) con la llamada Fiesta de la Primavera del pasado fin de semana. La vida está llena de contrastes, ¿qué se la va a hacer?

 

 

52 toneladas de basura en el botellódrrmo. Imagen del diario Granada Hoy del domingo 18 /03/2012

 

Que sepáis encontrar el punto justo para sentiros vivos sin necesidad de milagros primaverales. A fin de cuentas, el milagro es estar y sentirse vivos de verdad, pues la primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido, que diría Rubén Darío.

Alberto Granados

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3 comentarios el “La primavera ha venido

  1. ¡Cuánta belleza, Alberto!
    Se puede hablar de la primavera con muchos retazos artísticos, pero los seleccionados en tu entrada me han parecido muy bellos, de la mano de mi adorado Antonio Machado, del hipersensible J.R. Jiménez -que no creo que le sentara muy bien a su ánimo esta estación-, del palpitante Neruda o la todacorazón de Gabriela Mistral. Eso sí, echo de menos a alguien: los versos de Miguel Cobo…

    En cuanto a las obras pictóricas, muy buen trabajo, deliciosos cuadros para recordar y también para descubrir.
    Lástima del cuadro final que dejas de Granada…

    Un abrazo, Alberto.

  2. Magnífica esta doble antología de homenaje a la primavera -a la vez literaria y pictórica-, con sus gotitas de airada crítica al final, que es todo un modelo de trabajo bien hecho, tanto desde un punto de vista poético como artístico. Es imposible decir ý mostrar más en tan pocas páginas. Todo un regalo para la vista y la mente que agradezco a su autor. Enhorabuena y un abrazo.-F. Gil Craviotto.

  3. Marisa, en Granada conviven siempre lo más sensible y lo más impresentable, que es una ciudad extraña, odiosa y fascinante a partes casi iguales.
    Celebro que te haya gustado mi “muestra” primaveral. Un abrazo.

    FGC, no me agradezcas nada. Soy yo quien te agradece tu presencia y tu comentario, siempre tan benévolos conmigo.
    Ya me contarás lo de anoche.
    Un abrazo.

    AG

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