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Territorios literarios


Cuando un autor echa andar un relato, elige un punto de vista previo al que ceñirse. Dispone de la libertad que le deja la idea de la que parte, pero puede optar en el punto de vista del narrador y, desde ahí, elegir época, tiempo narrativo, estilo, tono, personajes y tramas, diálogos… Por su parte, el lector que inicie la lectura de esa historia percibirá todo este entramado creativo y lo irá asumiendo como si fuera verdad (es el llamado pacto ficcional). Si la habilidad narrativa del autor lo seduce, disfrutará de ese placer inmenso de la lectura y devorará la obra con gozo y con esas ganas de que llegue el desenlace y de que, a la vez, haya más, en ese contradictorio proceso que es el gusto por la lectura.

Uno de esos elementos que el autor debe crear es el escenario, real o inventado, donde van a vivir sus criaturas. Suele ser un escenario que se usa en una novela o relato nada más, pero también  existen autores que se han centrado casi exclusivamente en un territorio literario propio, repetido en más de una obra.

En Avión de papel, una de las webs que tengo enlazadas en mi blog, he encontrado un artículo sin firma sobre las ciudades literarias europeas. He hecho mi aportación en los comentarios, ya que desde hace meses tengo en mi carpeta de borradores una serie de anotaciones sobre el mismo tema, que ahora elaboro en esta entrada.

El jardín de las delicias, de El Bosco. Panel izquierdo, que representa el Edén

Tal vez, el primer lugar literario sea el Edén bíblico, ese locus amoenus que intentó recogerse una y otra vez entre los clásicos y fue la antítesis del valle de lágrimas medieval. El Renacimiento volvió a plasmarlo en La Arcadia (1504) de Jacopo Sannazaro, una novela pastoril que fijó el modelo de la recuperada visión de la naturaleza. Supuso la irrupción del paisaje en el arte y el modelo fue seguido por Garcilaso, Cervantes, Lope, Fray Luis, Juan de la Cruz…

En contraposición con la bondad edénica aparece la organización de ciudad-estado o polis, donde al paisaje natural se le superpone la ambición política, el ansia por el poder, la necesidad de organizar al individuo de forma que sea controlable. Aparecerán “La República”  de Platón,  “Utopía” De Thomas More, “Los viajes de Gulliver” de Swift (1726), “1984” y “Rebelión en la granja” de Orwell, “Un mundo feliz” de Huxley, “El señor de las moscas” de Golding, “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury o la película “Metropoli” de Fritz Lang… En todas estas obras aparece un territorio literario distópico en que el individuo es anulado por el estado o por algún criterio organizativo de la sociedad, que sojuzga al ser humano.

Fotograma de Metrópolis (Fritz Lang, 1927)

Pero hay otros escenarios. A veces, algún autor ha usado uno de estos territorios para asentar allí su microcosmos narrativo, repetido en más de una obra. En algunos casos, se trata de un escenario irreal, mera invención del novelista, como es el caso de Macondo (una idealización de Aracataca), en el que Gabriel García Márquez hace vivir a sus personajes de varios libros de cuentos, aunque se le identifique especialmente por su genial novela “Cien años de soledad”. Igual ocurre con Faulkner, que sitúa varios de sus libros en una deprimida zona americana llamada Yoknapatawpha. Por su parte, Antonio Muñoz Molina ubica algunos argumentos en una falsa Úbeda llamada Mágina, que en el caso de “Plenuilunio” se mezcla con hechos reales acaecidos en Granada. Otro tanto hicieron Juan Rulfo con Comala, Juan Benet en Región,  Javier Marías en la isla de Redonda o Luis Mateo Díez en Celama.

EL fotógrafo Hannes Wallrafen imaginó Macondo así.

La magia de la literatura ofrece a veces la especialización de un espacio, una ciudad o un ámbito que llegan a convertirse en un símbolo de algo, en la antonomasia de un fenómeno literario al asociarse a la obra de algún autor. La Mancha sería otra cosa si no hubiera existido el Quijote y Tomelloso sería sólo un pueblo manchego más si Juan García Hortelano no hubiera creado al detective Plinio. Madrid es otra cosa desde Baroja, Pérez Galdós o Umbral y Galicia nos sonaría a algo bien distinto sin las Comedias Bárbaras de Valle Inclán o sin Torrente Ballester. Oviedo no sería lo que es en nuestra mente de lectores si no la asociáramos a la Vetusta donde campan las ambiciones de don Fermín de Pas y las pasiones sublimadas de Anita Ozores y Castilla sería otra cosa sin Delibes.

La ubetense Plaza General Saro, reconvertida por Antonio Muñoz Molina en Plaza del General Orduña en la inventada ciudad de Mágina. Imagen tomada del blog de blogspot artificisturistica

¿Qué decir de Florencia sin la peste que obligó a los jóvenes a contarse los cuentos del “Decamerón”? ¿Y de Venecia sin “El mercader de de Venecia” de Shakespeare, “Muerte en Venecia” de Thomas Mann o las aventuras del inspector Brunetti, el detective de Donna Leon? ¿Sería Londres igual sin las obras de Dickens o Virginia Wolf? ¿Y Praga sin Kafka? También cambia nuestra percepción de Bagdad si en vez de pensar en Sadam Hussein pensamos en “Las mil y una noches”. O de Lisboa, tan pronto como evocamos a Pessoa. Nueva York me resulta indisociable de Paul Auster, en tanto que Barcelona se percibiría como otro lugar sin “La ciudad de los prodigios” de Eduardo Mendoza, los casos de Pepe Carvalho en las novelas de Vázquez Montalbán o  las pandillas de adolescentes que retratan la sordidez de la realidad en las novelas de Marsé. Como Buenos Aires sin Borges, París sin Victor Hugo o sin la “Rayuela” de Cortázar.

El Dublín del Ulises. Imagen tomada de achitectum.edu.mx

Es lo mismo que ocurre con San Petersburgo (“Crimen y castigo”) o con el Dublín de Leopold y Molly Bloom (“Ulises” de James Joyce). También Sicilia se ve de otra forma cuando se leen los cuentos sicilianos de Giovanni Verga, una especie de Valle Inclán localista que nos habla del primitivismo de finales del XIX en la isla italiana. Valencia y su Albufera son el territorio literario de Blasco Ibáñez, como El Cairo lo es de Naguib Mahfuz y Estocolmo de Henning Mankell o Stieg Larsson.

Las mil y una noches. Imagen tomada del blog de blogspot isabelnunez-zbelnu

Una ciudad tan literaria como esta Granada que me cobija, junto a su Vega (o lo que queda de ella), nos traen resonancias de los poemas de Federico García Lorca o de sus dramas rurales, basados en sucesos que tuvieron lugar en Moclín (“Yerma”) o en Valderrubio (“La casa de Bernarda Alba”). También las Alpujarras han sido frecuente escenario de novelas o dramas que se han ocupado de la revolución de los moriscos y de su cabecilla, Abén Humeya. En la actualidad, Granada se está convirtiendo de nuevo en territorio literario con las novelas de negras de Carlos Ballesta y con la trilogía de la Alhambra de Carolina Molina, que escarba en esas historias del reino nazarita, tan atractivas y llenas de magia.

Busquemos un literario lugar para vivir nuestros sueños, que la realidad que se avecina parece sacada de un cuadro de El Bosco.

Alberto Granados

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9 comentarios el “Territorios literarios

  1. Alberto:
    Felicidades por esta entrada, es extraordinaria, breve y concisa. Y gracias por tu interés. Tienes razón, estoy un poco desganado últimammente.

  2. Estupendo artículo, Alberto. Los que amamos la Literatura establecemos inconscientemente una asociación inevitable entre obra literaria y lugar en la que se encuadra como has ido demostrando a lo largo de tus líneas. Realmente, es un tema apasionante, el de enlazar obra literaria o autor al espacio real y geográfico que evoca. Para un doctorado…
    Precioso recordar ese Jardín de las Delicias de El Bosco, tan admirado por nuestros escritores barrocos. En relación con esto, el anterior director de la RAE y antiguo profesor de quien escribe, Víctor García de la Concha, tiene una ponencia realmente interesante publicada el El Instituto Cervantes. Te dejo el enlace por si te interesa:

    http://cvc.cervantes.es/literatura/aiso/pdf/02/aiso_2_1_006.pdf

    Un abrazo.

  3. No dejas de sorprenderme, Alberto. Esta entrada me ha parecido muy, pero que muy buena.
    Me ha hecho recordar un libro que te encantaría. Se llama “Atlas de la novela europea” de Franco Moretti.
    Te dejo el enlace en mi muro.
    Mil besos.

  4. José Carlos, gracias por tus alabanzas. Esta entrada llevaba meses dormida, con mil anotacines. La aparición de algo parecido en Avión de papel me hizo desenterrarla.
    Ánimo: conozco las malas rachas.

    Marisa, es cierto que la literatura tiene, junto a otras magias, ese extraño poder de cambiar las geografías personales. Creo que la percepción de la misma ciudad será distinta para dos visitantes, uno con referencias literarias y el otro sin ellas.

    Alejandra, ya he leído tu misticismo de hoy, con el que me he tronchado de risa. Voy a por el enlace.

    Abrazos mil,

    AG

  5. Si siempre estás acertado hoy has batido tu propio récord. ¡Qué maravilla recordar tantas ciudades o simplemente lugares a los que, incuestionablemente, va unido un libro o una serie. De repente pienso en Santa María de Onetti y en el Combray proustiano. Es un placer sentir como la imaginación de un autor alimenta la nuestra. Sólo hace un año que estuve en Trieste o ya hace un año que estuve en Trieste. ¡Cuánta literatura en sus cafés, en las casas, en el aire!
    Gracias, Alberto por haberme provocado tan hermosos pensamientos.
    Una abraçada!
    Olympia

  6. Acabas de darme tres suculentas pistas más. Gracias.

    Por cierto ese eclesiástico nuevo nick, elegido por WordPress, me hace mucha gracia.

    Orapronobis

  7. Gracias Alberto por este magnífico artículo y por citarme. No comprendo por qué todavía hay quien dice que Granada es localista y que escribo sobre algo que solo interesa a los granadinos. Granada es universal. ¿Es menos Granada que Barcelona o que Dublín? Tú has demostrado que las ciudades nos dan la posibilidad de encuadrar una novela, a veces es la novela misma la que nos lleva a esa ciudad y allí queremos quedarnos para siempre. Enhorabuena por el blog, que seguiré muy de cerca.
    Un abrazo granaíno.

  8. Hola Alberto, me gusta mucho esa canción, de Iva Zanichi, yo tb la tengo en mi Blog, La Orilla Negra, La Orilla Blanca, y me gustan muchos los temas de los cuadros que has elegido. Saludos, Con Cariño desde Las Islas Canarias.


    Alfredo Kraus:,roque Nublo.

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