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La orilla blanca, la orilla negra


En los lejanísimos setenta vivíamos pendientes de lo que la radio quisiera dejarnos oír, pues muy pocos tenían en casa un tocadiscos y el precio de aquellos singles nos parecía privativo. Yo echaba toda una larga jornada de música en aquellos días de radio, entre las protestas de mis padres, que creían oír una especie de jaula de grillos en aquella música ligera que me tanto ha gustado desde entonces. Era una época en que consumíamos una enorme variedad de fuentes musicales, pues las emisoras presentaban constantemente los éxitos de la música francesa, británica, italiana, nacional e incluso era común que oyéramos los magníficos fados de la prodigiosa Amalia Rodrigues. Los festivales de San Remo, Benidorm, Eurovisión… eran una continua fuente de variedad musical. Hoy día todo eso ha pasado y oír música ligera en la radio equivale a una calidad ínfima y una limitadísima variedad.

En 1971 apareció una canción antimilitarista. Quiero decir una más, pues crecíamos con la guerra de Vietnam como telón de fondo y el mayo francés junto al movimiento hippy eran unas vacunas contra el belicismo que el franquismo nos había enseñado a admirar. Se trata de “La orilla blanca, la orilla negra”, que cantó con su preciosa voz la italiana Iva Zanicchi:

 

 

 

 

 

 

LA RIVA BIANCA, LA RIVA NERA

 

-Signor capitano si fermi qui.

-Sono tanto stanco, mi fermo si,

-Attento sparano, si butti giù…

-Sto attento, ma riparati anche tu.

-Señor capitán, párese aquí.

-Estoy muy cansado, me paro, sí.

-Atención, disparan, échese abajo.

-Estoy atento, pero resguárdate tú también.

-Dimmi un pò soldato, di dove sei…

-Sono di un paese vicino a lei…

però sul fiume passa la frontiera.

la riva bianca, la riva nera,

e sopra il ponte vedo una bandiera,

ma non è quella che

c’è dentro il mio cuor.

-Cuéntame algo, soldado, ¿de dónde eres?

-Soy de un país vecino al de usted,

pero sobre el río pasa la frontera,

la orilla blanca, la orilla negra,

y sobre el puente veo una bandera,

pero no es  la que

está dentro de mi corazón.

-Tu, soldato, allora, non sei dei miei…

-Ho un’altra divisa lo sa anche lei…

-Non lo so perché non vedo più,

mi han colpito e forse sei stato tu…

-Signor capitano, che ci vuol far…

questa qui è la guerra, non può cambiar.

-Tú, soldado, ya no eres de los míos.

-Tengo otro uniforme, usted también lo sabe.

-No, no lo sé porque ya no veo,

me han herido y quizás has sido tú.

-Señor capitán, ¿qué quiere que haga?

Esto es la guerra, no lo puedo cambiar.

Sulla collina canta la mitraglia…

e l’erba verde diventa paglia…

e lungo il fiume continua la battaglia,

ma per noi due è già finita ormai.

Sobre la colina canta la metralla,

y la hierba verde se convierte en paja,

y a lo largo del río continúa la batalla,

pero para nosotros dos se ha acabado ya.

-Signor capitano io devo andar…

-Vengo anch’io che te non mi puoi lasciar…

-Non, non ti lascerò, io lo so già,

starò vicino a te per l’eternità.

-Señor capitán, debo seguir.

-Me voy contigo que no puedes dejarme.

-No, no te dejaré, yo ya lo sé,

estaré junto a ti para toda la eternidad.

Tutto è finito, tace la frontiera,

la riva bianca la riva nera,

Mentre una donna piange nella sera

e chiama un nome che non risponderà.

Todo ha acabado, la frontera calla,

la orilla blanca, la orilla negra.

Mientras, una mujer se deshace en llanto por la noche

llamando a un nombre que no responderá.

 

 

 Soldados de Garibaldi, de Augusto Ballerini

El diálogo entre el soldado y el capitán, convertidos en enemigos por el absurdo de la guerra, se cantaba como una especie de manifiesto antifranquista. Hoy me parece algo absolutamente ingenuo, especialmente, desde que la señora Zanicchi defiende a Berlusconi o posa semidesnuda para las revistas italianas más frívolas. Con todo, es una cancioncilla que me sigue gustando. Por eso os la traigo este sábado.

 

Alberto Granados

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2 comentarios el “La orilla blanca, la orilla negra

  1. Me sonaba a himno pero nunca supe que se cantaba como tal. Era una canción preciosa que a mi madre también le encantaba.
    Es una lástima que Zanicchi esté a favor de un mamarracho y aún es peor que a su edad, ya madura, tenga que hacer “posados” como dicen en tele 5.
    Un petó!

  2. Glòria, la boz de esta mujer me gustó siempre. La asocio a una de las mejore spelículas que he visto: Confidencias de L. Visconti (1974). Cuando el venerable profesor oye en la noche una música y se mete enuna habitación secreta, descubre a los dos hermanos (él y ella y al amante de la madre, desnudos, fumando canutos y oyendo el “Testarda io” de la zanicchi (en realidad, La distancia, de Roberto carlos). La escena tenía una plasticidad y una belleza poco comunes. Claro que Visconti era así.
    La película era una disección sobre las relaciones humanas y me gustó mucho.

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