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Cuaversos de bitácora: Abril


La primavera ha venido (todos saben por qué ha sido) y Granada se viste de gala: en cualquier jardín, en los bosques de la Alhambra, en los campos cercanos, abril está construyendo un tapiz lleno de colorido y sensaciones.

Dediquemos estos cuaversos al mes de abril, lleno de aguaceros (…son de abril / las aguas mil…) y tardes luminosas.

Empecemos por nuestro Premio Nobel onubense:

Abril venía, lleno

todo de flores amarillas:

amarillo el arroyo,

amarillo el vallado, la colina,

el cementerio de los niños,

el huerto aquel, donde el amor vivía.

 

El sol ungía de amarillo el mundo,

con sus luces caídas;

¡ay, por los lirios áureos,

el agua de oro, tibia;

las amarillas mariposas

sobre las rosas amarillas!

 

Guirnaldas amarillas escalaban

los árboles; ¡el día

era una gracia perfumada de oro,

en un dorado despertar de vida!

Entre los huesos de los muertos

abría Dios sus manos amarillas.

(Juan Ramón Jiménez)

Continuemos por don Antonio Machado. Es un poeta en el que está todo el ser humano, en carne y alma y abierto en canal. Una estampa abrileña se convierte en toda una lección sobre la ausencia:

Abril florecía

frente a mi ventana.

Entre los jazmines

y las rosas blancas

de un balcón florido,

vi las dos hermanas.

La menor cosía,

la mayor hilaba …

Entre los jazmines

y las rosas blancas,

la más pequeñita,

risueña y rosada

-su aguja en el aire-,

miró a mi ventana.

La mayor seguía

silenciosa y pálida,

el huso en su rueca

que el lino enroscaba.

Abril florecía

frente a mi ventana.

Una clara tarde

la mayor lloraba,

entre los jazmines

y las rosas blancas,

y ante el blanco lino

que en su rueca hilaba.

-¿Qué tienes? -le dije-,

silenciosa pálida?

Señaló el vestido

que empezó la hermana.

En la negra túnica

la aguja brillaba;

sobre el velo blanco,

el dedal de plata.

Señaló a la tarde

de abril que soñaba,

mientras que se oía

tañer de campanas.

Y en la clara tarde

me enseñó sus lágrimas…

Abril florecía

frente a mi ventana.

Fue otro abril alegre

y otra tarde plácida.

El balcón florido

solitario estaba…

Ni la pequeñita

risueña y rosada,

ni la hermana triste,

silenciosa y pálida,

ni la negra túnica,

ni la toca blanca…

Tan sólo en el huso

el lino giraba

por mano invisible,

y en la oscura sala

la luna del limpio

espejo brillaba…

Entre los jazmines

y las rosas blancas

del balcón florido,

me miré en la clara

luna del espejo

que lejos soñaba…

Abril florecía

frente a mi ventana.

 

(Antonio Machado)

Mi amigo Miguel Cobo Rosa (Torreperogil, 1949) es menos conocido, pero le sobra calidad para estar con los grandes. Confunde siempre el curso de su río Guadalquivir (junto al que nació y junto al que actualmente vive en Córdoba) con su propia biografía. Sintetiza ambos conceptos en el término “riografía”, nombre de su blog y de su único libro editado. También se ocupa de este mes en este poema:

Era en abril y el río no se movía.

Las aves migratorias regresaron

poblando las isletas como barcos

anclados en el alma de su cauce.

Los árboles abiertos al crepúsculo

ofrecieron su fronda hospitalaria:

Cobijo para el aire y para el ala

en la copa del tiempo indiferente.

Perdí la luz cuando cruzaba el puente;

cesó el clamor y levanté la vista.

Quiso el cielo ser agua y al volverme

de nuevo el río se puso en movimiento.

Era en abril. La vida anochecía.

(Miguel Cobo Rosa)

Mientras abril transcurre, esperamos la llegada de mayo, que nos traerá el Festival Internacional de Poesía.

Alberto Granados

4 comentarios el “Cuaversos de bitácora: Abril

  1. Subirme al podium de la poesía en abril con los grandes maestros es una muestra de tan generosa desmesura que estoy anonadado y, ¡cómo no!, emocionado y agradecido. Al menos tiene uno la humilde sensación, con tu reconocimiento, de “haber llevado el fuego un solo instante”, como escribía Valente. Pero, para no
    sorprender a nuestros amables lectores en su sensibilidad y acervo poéticos, bien podrías habernos presentado así: “Aquí, dos poetas y un amigo, al que, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes le han salido”.

    Y ahora yo te regalo una canción con mi abrazo:

  2. Los tres me gustan. JRJ es un auténtico virtuoso de la palabra, un esteta absoluto. En Machado, como bien dices, está la humanidad entera. Es un buen poeta y, por supuesto, un hombre bueno. Miguel Cobo debería escribir todo lo que piensa. Su pensamiento debe de ser un rio de curso ininterrumpidamente poético.
    Gracias, Alberto por estos Cuaversos que tan bien seleccionas. ¿Para cuando los tuyos?
    Petons.

  3. Gloria, los míos suelen ser ripios o inacabados, porque no soy poeta (en realidad no sé qué diablos soy, pero eso suele pasar).
    Celebro que te guste la poesía que selecciono. Acabo de seleccionar la música de este sábado. ¿Te gustará? Creo que sí.

    Un abrazo,

    AG

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