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El lamento de Dido


Una mañana primaveral de domingo de 1994, un grupo de maestras de la escuela pública donde estaban mis hijos, junto a algunos padres (entre ellos iba yo), recogimos a todo el sexto curso de Primaria, nos lo repartimos entre cinco o seis coches y nos fuimos al Auditorio Manuel de Falla para ver la versión concierto de la principal ópera de Purcell, “Dido y Eneas” .

 

Girolamo Genga, “Eneas huyendo de Troya” (s. XVI)

La vimos desde la sala B, es decir, la que permite ver de espaldas a la orquesta y al coro. Entre nosotros estaba un contratenor (esa extraña tesitura vocal que antiguamente poseían y ejercían los castrati). Yo creí que los niños se iban a reír al oír la voz aflautada  que hacía de hechicera. Para mi sorpresa, mi hija y sus compañeros demostraron bastante interés por la vieja leyenda de la reina cartaginesa Dido y Eneas, el héroe alejado de Troya, pese a estar escrita en inglés del XVII.

Desde entonces, he oído algunos fragmentos de dicha ópera, que considero muy difícil y alejada de la pasión verdiana o del sinfonismo franco-italiano, que son los modelos operísticos que más me gustan.

Con todo, el célebre “Lamento de Dido” me parece una de las arias más perfectas de lo que yo conozco de ópera. Es mi selección musical para este sábado republicano.

De nuevo ofrezco la parte correspondiente del libreto usando la versión bilingüe que ofrece Eduardo Almagro en kareol.

 

DIDO

Thy hand, Belinda,

darkness shades me.

On thy bosom let me rest,

more I would,

but Death invades me;

Death is now a welcome guest.

When I am laid in earth,

May my wrongs create

no trouble in thy breast;

remember me, but

ah! forget my fate.

Tu mano, Belinda;

me envuelven las sombras.

Déjame descansar en tu pecho.

Cuánto más no quisiera,

pero me invade la muerte;

la muerte es ahora una visita

bien recibida.

Cuando yazga en tierra, mis

equivocaciones no deberán crearle

problemas a tu pecho; recuérdame,

pero, ¡ay!, olvida mi destino.

(Cupid appears in the clouds o’re her tomb) (Cupido aparece en las nubes, sobre su tumba)

 

CHORUS CORO

With drooping wings

you Cupids come,

and scatter roses on her tomb,

soft and Gentle as her heart.

Keep here your watch,

and never part.

Tú, Cupido,

vienes alicaído

y esparces rosas sobre su tumba,

dulces y tiernas como su corazón.

Mantén aquí tu vigilancia y no

partas nunca.

 

Hoy os ofrezco esta aria, seguida del coro: uno de los pasajes más brillantes que yo conozco de toda la historia de la ópera.

Alberto Granados

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2 comentarios el “El lamento de Dido

  1. ¡Cómo no iba a gustarme!. Como bien dices no es una ópera fàcil porque el concepto de melodía tiene que evolucionar mucho hasta el belcantismo pero para mi el barroco ha sido droga dura. Cuánto más lo escucho más me gusta aún reconociéndole pasajes casi atonales e infinitos recitativos.

    Mientras te escribo me dejo envolver por este bellísimo lamento de la reina Dido que tan maravillosamente expresa el dolor amoroso. Inevitablemente lo comparo a otro fragmento que es, a la vez, otro lamento, el de Ariadna.
    Gracias por este regalo de finde.
    Un petó, Alberto!

    • Sabía que te iba a gustar. Verás, a mí el barroco, poquito y selecto, que me pongo nervioso. Sin embargo el fragmento que elegí para ayer es de lo que entraría en esa selección.
      Ahora mismo, estoy con Albéniz. Y dentro de un rato, empezaré con la Callas y sus mejores grabaciones. Es por darle algo de luz a la mañana invernalísima que tenemos aquí.

      Un abrazo,

      AG

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