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Censura


Da la sensación de que a lo largo de la historia de la humanidad el arma de combate más eficaz ha sido siempre una simple idea. De otro modo no se entenderían los denodados esfuerzos que cualquier tipo de poder ha hecho siempre por erradicar toda aquella forma de pensamiento que le resultara incómoda, hostil u opuesta.

 

 

Nuestro léxico ha ido generando una serie de palabras que diferencian claramente lo pretendidamente correcto de lo que no lo es. Entre las primeras están “dogma”, (lo que debe creerse como verdad incuestionable) u “ortodoxia” (doctrina correcta), connotativamente marcadas como positivas o cercanas al poder establecido (ya sea político, religioso, científico…) de los bien-pensantes, en tanto que hay otras claramente negativas,  tales como “heterodoxia” (doctrina incorrecta), “herejía” (opinión particular de un individuo o grupo), “secta” (grupo que adopta unas ideas que no son reconocidas como válidas) , “sacrilegio” (desafección hacia lo que otros consideran sagrado), etc., que siempre han desatado un claro rechazo, una abierta combatividad desde los estamentos del poder asentado.

El mecanismo parece haber sido siempre el mismo: el heterodoxo contrapone sus ideas “nocivas” y el poder oficial contraataca en defensa de la posición ideológica oficial. En ello ha usado siempre varios estilos: recurrir al victimismo (los católicos de hoy se sienten perseguidos cada vez que alguien cuestiona su supremacía social en una sociedad aconfesional), señalar la disidencia como gravísima herejía y perseguirla, impedir su difusión, recurrir a la revelación divina para defender su posición y su discurso…

Lo que queda claro es que desde el antiguo Egipto, y una vez decidido unilateralmente lo que es bueno y lo que es malo en el mundo de las ideas, toda desviación del pensamiento oficial ha traído consigo persecuciones, violencia y barbarie y que se ha intentado por todos los medios impedir la difusión de las ideas consideradas como nocivas, para lo que se ha recurrido a mil formas de censura.

Hechos históricos tales como la expulsión de los judíos y moriscos, los autos de fe de la Inquisición, la quema de libros en Plaza Nueva por orden del Cardenal Cisneros, la creación de un llamado “Índice de Libros Prohibidos”, la quema de libros por los nazis, la férrea censura del franquismo sobre la prensa, el cine y los libros, la desaparición de comunicadores en las cadenas televisivas tan pronto como hay un cambio de poder político, las campañas contra Leo Bassi… todo eso constituye una práctica largamente acreditada en la historia.

 

 

 

En uno de eso papeles antiguos que yo atesoro, hay un clarísimo caso de injerencia del gobierno español, que intenta ejercer presiones ni más ni menos que sobre el gobierno de los Estados Unidos para que no permita la publicación de un libro disidente. No, no: no me he equivocado. España presiona con contundencia diplomática para que no se publique un libro. Claro, ni es la España de Rajoy ni los Estados Unidos actuales, sino que hay que regresar a la negra España de Fernando VII y a un país recién constituido y despoblado, aunque con el enorme potencial económico y político que hoy lo ha convertido en el gendarme de Occidente.

El asunto es “…que don Agustín Letamendi, Cónsul que fue en la Florida Oriental nombrado por el Gobierno Constitucional, y cuyas ideas revolucionarias son bien conocidas, trata de publicar en Norfok una obra con el título Notas históricas sobre la Revolución de España en 820. Enterado S. M. […] se ha dignado mandar que por el Ministerio de V. E. se pase por vía de correspondencia amistosa una nota al encargado de Negocios de los Estados unidos manifestándole lo impolítico del proyecto de que se trata, y que convendrá que practique alguna gestión prudente con su Gobierno, á fin de corregir ó excusar las tentativas perturbadoras del órden público en España, á que no deben dar lugar las justas atenciones que los gobiernos se prestan”. 

“Ideas revolucionarias”, “correspondencia amistosa”, “lo impolítico del proyecto”, “practique alguna gestión prudente”… Más adelante se habla ya explícitamente de impedir la difusión del libro, de las medidas contra los que lo adquieran, de simple represión.

 

En la película  “Je vous salue, Marie” (Godard, 1984), esta imagen no se ajustaba al rol de la Virgen. Hubo gran polémica.

No es el único ejemplo: la película Gilda fue declarada moralmente peligrosa y motivo de excomunión durante el nacionalcatolicismo; Cela fue censor y los autores se autocensuraban para poder publicar; algunas canciones  (“Yo quiero ser una zorra”, de Las Vulpes; “La, la, la”, de Serrat; “La estaca”, de Lluis Llach y otras muchas) fueron prohibidas por diversos motivos; películas como “El último tango en París”, “Je vous salue, Marie”, “El crimen de Cuenca”… también corrieron la misma suerte por considerar que tenían algún elemento inadmisiblemente heterodoxo. En esta ciudad, universitaria, turística y universal, nos agredieron por ver “Demonis”, un espectáculo teatral sin texto.

 

El triángulo isósceles. La esposa frígida y los dos adúlteros, más que lanzados.

La censura franquista, a veces, complicaba las cosas y las ponía “peor” que el original. El caso más claro es la labor censora que cambió el sentido de la película “Mogambo” (John Ford, 1953). Un caso de adulterio entre Clark Gable y Ava Gardner, para más gravedad, en presencia de la frígida esposa (Grace Kelly) pareció demasiado atrevido para nuestros censores, por lo que convirtieron en hermanos a los dos adúlteros, sin darse cuenta de que las salvajes miradas de deseo no eran precisamente fraternales, por lo que convirtieron el adulterio en un evidente incesto y se quedaron tan tranquilos.

 

Yo nunca miré así a mis hermanas.

Sin embargo, la forma más descarada de censura es el silencio de los medios, que soslayan selectivamente las noticias en función de los intereses del grupo editor. La semana pasada, tuvo lugar la presentación de un libro homenaje a una maestra republicana (Carmen Pérez Vera, “En memoria de Doña Paquita”, Editores: Antonina Rodrigo y Federico Hernández Meyer, Granada 2012). De los dos medios principales de nuestra ciudad –me señalaba un amigo-, uno cubrió la noticia dedicándole dos páginas, mientras el otro no se enteró, como tampoco lo hicieron sus lectores habituales.

Las nuevas tecnologías están empezando a hacer cada vez más difíciles estas prácticas. La inmediatez que supone internet, su poder de difusión viral, la inexistencia de fronteras virtuales… hacen muy difícil que la información pueda ser censurada, aunque existen casos como la primavera árabe o los regímenes de Corea del Norte o de Cuba que han conseguido bloquear el flujo informativo mediante  apagones virtuales selectivos. Situaciones así no pueden durar mucho tiempo, por lo que los elementos censores tendrán que buscar nuevos mecanismos para ponerle puertas al inagotable y fértil campo de las ideas.

Alberto Granados

6 comentarios el “Censura

  1. Muy interesante tu blog desde un blog hermano: sildavia9.wordpress.com
    llegué a tí buscando un cuadro de Tamara Lempicka,
    los caminos son siempre inescrutables
    buena vida bloguera
    un saludo

  2. Un tema muy interesante el que tratas, Alberto, y sobre el que estaba preparando una entrada, no como tema central pero sí soslayadamente.
    La censura en nuestro país arranca con el Tribunal de la Inquisición, por tanto, censura religiosa. De ello ha dejado muestra la Literatura y en la Biblioteca Nacional de España, se pueden consultar libros y archivos sobre la acción de esta Inquisición.
    En cuanto a la censura franquista (censura política), perduró (en teoría) hasta 1977, porque, como bien dices, manifestaciones artísticas posteriores a esta fecha fueron sometidas a censura. No se salvó ninguna rama, cine, literatura, teatro…
    Actualmente, como he querido leer que sugieres, aún existe censura. Quizás encubiertamente, pero habeila la hay. No tan férrea, ni tan evidente y quizás más unida a intereses políticos, pero con determinadas actitudes gubernamentales que se están tomando últimamente, estas no se parecen mucho a la libertad de expresión ni mucho menos a la libertad a secas.

    Muy buena reflexión, Alberto.
    Un abrazo.

  3. ¿Cómo llegaría a la biblioteca del R.A.C.A. 42 aquel ejemplar de Últimas tardes con Teresa que nos permitió leer (si no descubrir) al joven Juan Marsé durante nuestras largas (otras, distantes y distintas) tardes cuarteleras? Me sorprendió que traspasara los filtros censores del ejército franquista, por lo general (qué adjetivo tan bien traído aquí, je, je, je) tan poco ilustrado.
    Te felicito una vez más por tu excelente y didáctica prosa: Un auténtico placer leerte, Alberto.

    Un abrazo.

  4. A mí, la censura, me llegó en casa. Ya no “había” pero ciertos temas u opiniones no eran bien vistos viniendo de una chica; otras veces sin matizar en sexos.
    Siempre me he preguntado por qué si tenemos capacidad para pensar nos prohiben su desarrollo poniéndola de manifiesto. ¿De qué sirve atesorar información si su uso queda supeditado a los designios de unos pocos?
    Puede que hoy día se goce de cierta libertad de expresión, pero también es cierto que tanto alud informativo puede estar restándonos jucio y que la valoración que demos de todo lo que nos llega venga predispuesta por una voz popular que fue más rápida que tú.
    Censura como tal puede que no haya, pero cierto encarrilamiento para que nos posicionemos antes ciertos hechos, creo que sí, solo hay que poner como ejemplo la cantidad de videos sobre una misma manifestación donde, dependiendo de quién fuera la difusión, eran ángeles y demonios en la misma historia, una clara manipulación de la información como nos llega y sobre la que opinamos movidos por los intereses de quienes la difunden.
    Un abrazo, Alberto!!!

  5. Marisa, estoy deseando leer tu artículo. Creo que el pensamiento será siempre lo suficientemente como para volar a su aire y encontrará mil formas de burlar censuras (estoy pensando en La Codorniz, que llegó a decir censurándose mucho más que si hubiera podido explicitar lo que quería decir). Las tecnologías y las redes van a poner muy dif´cicl la cenura. Un ejemplo: hoy ya sabe todo el mundo el porqué del viaje del Borbón a África. Hoy las redes arden de indignación y lo que hasta hace poco era tabú ha dejado de serlo y todo el mundo manifista su afán republicano. Nadie podrá acallar ese sentimiento y la expresión dle mismo.

    Miguel, en el cuartel había militares franquistas (además, convencidos). No creo que compraran la novela de Marsé por veleidades inelectuales, sino porque había sexo. A nosotrois nos vino de perilla, pues pudimos leer a Marsé y escaquearnos.
    Y sobre placeres lectores, deja atrás esa morriña y escribe tus poemas, que has bajado la productividad y con la reforma laboral puedes ir a la calle.

    Kape, los medios pertenecen a sus consjos, que encarrilan la información enla línea pertinente. Eso no es nuevo. Pero los usuarios sabemos ya las claves de los contenidos y de los sesgos correspondientes, con lo que podemos hacernos una idea pertinente de lo que ha sucedido o de su significado.
    Los más viejos del lugar hemos vivido la censura bestial, el secuestro de ejemplares a pie de kiosko, el cierre temporal de publicaciones como medida punitiva, las multas elevadísimas, la cárcel par más de un periodista. Eso, felizmente, ha pasado a la historia, aunque tal cmo están las cosas, podría volver de la mano de quienes el electorado ha votado mayoritariamente (yo, obviamente, no los he votado), pero ya una manifestación es punible.

    Abrazos mil,

    AG

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