2 comentarios

Día del Libro, 2012


A los miembros de la Plataforma No al

Cierre de la Biblioteca del Zaidín

Desde que en febrero de 2007 empecé a escribir en mi primer blog, han sido numerosas las ocasiones en que me he ocupado del Día del libro o del Día de la Lectura, establecido por la Junta de Andalucía. Lo he hecho siempre por el firme convencimiento que tengo del valor de los libros. Con toda sinceridad, no como algunos miembros del Equipo de Gobierno municipal de Granada, que al tiempo que hacen mil pomposas declaraciones, cierran la biblioteca de la Plaza de las Palomas. Se ve que la hipocresía y la desvergüenza marcan tendencia entre esta gente.

 

 

En esta ocasión os traigo un fragmento de uno de los últimos libros que he leído: “La estepa infinita”, de Esther Hautzig (Ediciones Salamandra, Barcelona, 2008), donde una niña polaca es deportada a Siberia junto con la mayor parte de su familia por el hecho de ser judíos. La protagonista nos cuenta, con un ritmo ameno y ligero, los mil detalles de sus cinco años de exilio.

 

Imagen tomada de: nocierrebilbiotecadelzaidin.blogspot.com

El frío, las carencias, la reventa de objetos para allegar algún dinero con que comprar alimentos… La chiquilla, que va convirtiéndose en una adolescente y conoce los estragos del amor, las contradicciones de la vida, el valor del afán de superación… y también alcanza a percibir el encanto de los libros (aunque no comprende otras valoraciones de los libros llenas de comicidad).

Al contrario de otros libros sobre la misma temática, aquí el relato tiene un tono vitalista y lleno de un sano desenfado.

Selecciono el fragmento en que la niña lleva al mercado libros para vender y comprende, escandalizada, que los campesinos siberianos tienen hacia el libro otros intereses muy distintos.

“Así pues, empecé a comerciar en la baracholka (1) cada domingo. Un pintalabios, un día; una botella de colonia, otro; y en una ocasión incluso unos pantalones que al tío Yozia ya no le hacían falta. Me lo pasaba en grande.

«Este pintalabios es cien por cien indeleble: garantizado…»

«Créame: estos pantalones le durarán toda la vida…»

Pero cuando el tío Yozia me pidió que vendiese un libro con una selección de relatos de Chéjov (lo tenía repetido), ya no fui tan buena negociante. No soportaba la idea de desprenderme de aquel volumen ni me animaba a gritar: «Los mejores cuentos del mundo escritos por un narrador magistral…» Me limité a permanecer en silencio con el libro en la mano. Me sorprendió la cantidad de campesinos que se acercaron a examinarlo. Yo sabía que no podían leerlo: ni aquél ni ningún otro. Todos me pedían que los dejase cogerlo y palpaban las páginas con sus dedos ásperos llenos de marcas de congelación. No sabía qué pensar. ¿Era un signo de su veneración por la cultura? Me parecía conmovedor. La mujer que lo compró por fin pareció avergonzada cuando le dije que esperaba que le gustasen los cuentos. Bueno, pensé, alguien —un hijo que haya aprendido a leer tal vez— se los leerá en voz alta.

Pronto descubriría por qué manoseaban tanto las páginas de los libros. Unas semanas más tarde, un anciano sostuvo un libro en sus manos durante mucho rato mientras restregaba las páginas con sus dedos nudosos.

-¡Uf! —suspiró—, este papel es demasiado fino.

—¿Demasiado fino para qué? —le pregunté—. La letra se ve con claridad. Y es un libro maravilloso: La lluvia, de Turguenev. Si no lo ha leído, seguro que le gustará.

—¿No me digas, niña, que crees que voy a leerme este libro?

—¿Para qué lo compra entonces?

Él echó la cabeza atrás y estalló en carcajadas como si le hubiera contado el mejor chiste que había oído en mucho tiempo.

—Qué tiene de divertido? —Yo me había enfadado—. ¡Los libros son para leer! —«Idiota», me hubiera gustado añadir.

—Ah, no, no siempre, niña. Éste es para fumar.

—¿Para fumar?

Me miró con picardía.

—Pero éste no sirve. Las páginas son demasiado finas para liar un cigarrillo. No juntarían bien el tabaco.

—¡Por Dios! —grité al borde de las lágrimas. Y le arranqué el libro de las manos.

—Un momento, niña. ¿Cuánto decías que valía?

Entonces doblé el precio original.

El anciano se puso furioso y empezó a gritarme.

—¡Pero si ha dicho que era demasiado fino! —exclamé, abrazándome al libro.

El anciano escupió en el suelo y se alejó clamando al cielo por mi comportamiento.

Me fui a casa lo más deprisa que pude, todavía aferrando el libro con fuerza.

—¡Dios mío! —dijo mi madre, cuando le conté lo ocurrido—. Ya hemos llegado hasta el extremo de fumarnos los libros. Primero fue con papel de embalar, luego con periódicos y ahora con libros. Espero que la guerra termine antes de que la gente se fume las bibliotecas enteras.

Una idea demasiado horrible para contemplarla siquiera. Los libros eran sagrados para mí. Que la gente se los fumara, página a página, capítulo tras capítulo, me parecía un acto de canibalismo”.

 

 

Me gustaría que los responsables del cierre de la biblioteca del Zaidín leyeran esta entrada y reconsideraran su decisión. Por si lo hacen:

Si fumarse las hojas de un libro es un acto de canibalismo en la mente de una niña, ¿qué clase de desaguisado es cerrar una biblioteca en la mente de un concejal del PP? Me gustaría que me contestasen. De esa forma sabré qué cara pongo cuando los vea entregar el Premio García Lorca de Poesía o comparecer en cualquier otra actividad de las de ponerse medallas y explotar en TG7.

 

Alberto Granados

 

(1)        Baracholka: especie de mercadillo de cosas usadas, realmente prohibido por las autoridades comunistas de le época, pero que se practicaba sin demasiado problema en una Siberia donde no llegaban abastecimientos de ningún tipo.

Anuncios

2 comentarios el “Día del Libro, 2012

  1. Siento siempre el cierre de una biblioteca. Me parece vergonzoso. Espero, no obstante, que hayas pasado un buen Día del Libro, hermano del nuestro, día laborable en Cataluña y, aun así, tal vez el más bello del año.
    No hubiera previsto nunca que había quién se fumaba los libros y, dado que he sido fumadora compulsiva, procuraré olvidarlo porque a veces, cuando una estantería ya no acepta más genero, igual me da por liarme cigarrillos previamente editados y con texto leído.
    NO al cierre de la Biblioteca.
    Un petó!

    • Efectivamente, no se peude cerrar una bilioteca ni recortar en educación, investigación, sanidad, cultura… mientras se le da dinero en abundadnca a la iglesia, a fundaciones de corte fascista, a la privada. Estamos viviendo unos momentos angustiosos y miserables. Pensar en un libro es estimulante y necesario.

      Un abrazo,

      AG

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: