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Imágenes de Granada. 18: Trampantojos


El DRAE define la palabra “trampantojo” como:

trampantojo. (De trampa ante ojo). m. coloq. Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es”.

En francés se llama trompe l’oeil (equivoca al ojo) y se trata de una forma de crear efectos ópticos en pinturas que se basa en los errores de nuestro sistema de percepciones: pintar elementos de tal modo que se perciban realidades que no existen.

En arquitectura se han usado muchos trampantojos para simular sillares, columnas, ventanas, molduras, cornisas, hornacinas, cabezas de dioses, faunos, vegetación, frutos… inexistentes, que sólo aparecen en nuestra mente con una sensación de volumen por la errónea visión de los elementos capciosamente pintados.

Nuestra ciudad está llena de trampantojos, que yo he ido localizando y fotografiando para vosotros. Los hay dispersos y aislados, pero también existen concentrados en determinadas zonas, como si hubieran sido toda una moda en determinadas épocas. Los hay antiguos y difusos, casi imperceptibles por desvaídos, pero también existen los repintados en el último revoque de la fachada de un edificio. Los hay mimados y valorados en su dimensión artística y (eso es lo peor) también los hay atravesados por cables y canalones sin ninguna sensibilidad ante el valor artístico de la figura ni su sentido histórico: todo es posible en Granada.

El edificio amarillo es un puro trampantojo lleno de ventanas falsas

El más patente se ve desde media ciudad y es la espalda de un Carmen junto a la Carretera de Murcia, enfrente de la iglesia de San Cristóbal. Con escasos vanos en esa fachada posterior, muy visible desde el centro, se llenó de amplísimas ventanas falsas cuando se revocaron sus fachadas, creando un efecto sorprendente desde las inmediaciones del Triunfo o desde la Cuesta de la Lona.

 Imágenes de la fachada del Palacio de los Pérez-Herrasti

En el barrio de la Duquesa, concretamente en la calle Arandas está el Palacio de los Pérez-Herrasti (actualmente residencia universitaria del Opus). La fachada está llena de detallistas adornos pintados en torno a sus balcones.

Portada de San Antón
 
 

Distintas vistas de la portada de Santo Domingo
 

Y unas imágenes de S. Cecilio 

En pleno centro de la ciudad, la iglesia de San Antón tiene una portada con un inmenso trampantojo mal conservado, en tanto que la de Santo Domingo, en el corazón del Realejo, tiene una portada con tres cuerpos más el remate, que constituyen un prodigioso conjunto. Sólo un poco más arriba del Campo del Príncipe, casi debajo del Hotel Alhambra Palace, está otra iglesia: la de San Cecilio, en la que el trampantojo, muy descolorido ya, se extiende hasta el mismo campanario.

En el centro también existen palacios cuyas fachadas se adornaron con pinturas de este tipo, como éste situado en la calle San Matías, justo frente a la iglesia, actualmente sede del Colegio Oficial de Arquitectos Técnicos. 

Varios aspectos de la fachada del Colegio de Aparejadores en calle S. Matías

En la Gran Vía, el edificio llamado “El Americano”, de principios del s. XX, ofrece un vistoso trazado de elementos arquitectónicos falsos.

Diferenes aspectos de la fachada de “El Americano”

El mayor conjunto de trampantojos está en la Carrera del Darro, donde una serie de palacetes del XIX decoraron sus fachadas con todo un despliegue de figuras de distintas calidades, coloridos, estilos y grados de conservación: los actuales hoteles Ladrón de Agua y Shine Albaycín. Enfrente, en el barrio de La Churra, a los mismos pies de la Alhambra, hay una vieja casa cuyos vanos están tabicados para evitar la entrada de okupas. Es una de las fachadas más hermosas y también muy cerca, un edificio que se levanta junto a la iglesia de Santa Ana y que alberga la oficina de turismo. En escasos metros se reúnen bastantes edificios con sus fachadas cubiertas por trampantojos.

Hotel Ladrón de Agua
 

Hotel Shine Albaycín
 

La vieja casa del barrio de La Churra
 

Viejo palacete en C. Santa Ana, junto a la iglesia

Otra concentración está en la Plaza de las Pasiegas, uno de los puntos más hermosos de la ciudad (¡que ya es decir!): en la plaza se unen la llamada Casa de los Canónigos y dos fachadas más con pinturas. Magnífica la opción de esos vecinos, que han decidido mimetizarse con el maravilloso entorno y revocar con ese acierto.

La llamada Casa de los Canónigos, junto a la Catedral
 

 
Las otras dos fachadas de la Plaza de las Pasiegas

Por el contrario, en la calle Gracia, la casa natal de Eugenia de Montijo (la que fue esposa de Napoleón III y emperatriz de Francia): los vecinos han permitido que un amasijo de cables, dos canalones de hierro galvanizado y una persiana amarilla atraviesen las despintadas figuras de la fachada. Incluso hubo una agresión mayor que Cultura ordenó parar.

El desaguisado de la casa natal de Eugenia de Montijo: persiana amarilla, canalones y cable. Aunque antes fue peor.

Creo que Granada es una ciudad vieja y venerable que se merece otro trato, un cierto compromiso con la conservación de la ingente cantidad de elementos artísticos que hemos recibido como legado cultural del pasado. No podemos destruirlo en unos años. De eso ya se ocupan los grafiteros y algún político local de escaso calado intelectual.

 

Alberto Granados

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12 comentarios el “Imágenes de Granada. 18: Trampantojos

  1. Hola, Alberto. Me ha parecido un trabajo muy bien hecho y excelentemente ilustrado. Algunas de las casas las conocía, pero otras, las has puesto ante mis ojos -cosa que te agradezco-, pues, como ocurre siempre, la ciudad en la que uno vive se transita con prisas, sin reparar en los detalles verdaderamente valiosos, y los
    descubres cuando vuelves, -como es mi caso-, después de no vivir en ella y la ves con otros ojos, con los ojos ávidos del inmigrante, “turista” en su propia tierra.
    Gracias, Alberto.

    Alfredo Leyva

  2. Como tantas otras veces has realizado un trabajo impagable con el que he disfrutado una barbaridad. ¡Oh Granada!
    Un petó!

  3. Alfredo, llevo 28 años viviendo en Granada y la he transitado miles de veces sin prestarle atención a otra cosa que a la Alhambra. Ha hecho falta que me jubile para empezar a “ver” esa Granada maravillosa que tenemos ante nuestros ojos y que nunca sabemos encontrar.
    Celebro que te guste el contenidodel blog, siéntete en tu casa, comenta y enriquécelo cunato te apetezca y aquí estamos para lo que necesites.

    ¡Oh, Granada, Glòria! Ahora está de dulce con los verdes remozados por la primavera y esa lu de la tarde, que le da a la piedra ese tono dorado.
    Anoche, nuestro paseo fue hasta el Rey Chico, por debajo de la Alhambra. La parte bajade al Albayzín, que en medio de una feroz polémica, se ha hecho peatonal. Los vecinos están que muerden, pero los paseantes estamos encantados de pasear por una de las calles más bellas del mundo sin el agobio de los coches y autobuses (es estrechísima). El paseo terminó toamndo una caña frente a la Audiencia, en Plaza Nueva, ya de noche. Reconcilia con esta perra vida.

    Saludos y abrazos mil.

    AG

  4. Alberto, tú llevas 28 años viviendo en Granada y yo, hace 35 que dejé de vivir en Granada físicamente, aunque la sigo viviendo desde la ausencia.
    Y es que el que ha nacido en Granada, aun estando a miles de kilóm
    etros no puede dejar de pensar en Ella. En mi caso la distancia es leve, pero no por ello la nostalgia es menor.
    Granada es para mí como una enfermedad, “granadinitis aguda”, una enfermedad contraída en el mismo instante en que nací junto con el invierno en una fría mañana de diciembre, a orillas de un río Darro que jugaba al escondite. Curiosamente, esta enfermedad se agravó al alejarme del foco de “infección”, conforme fue pasando el tiempo. Al contrario que al alzheimer, cuanto más tiempo pasa, los recuerdos se hacen más presentes y la nostalgia me invade con más persistencia. A más tiempo más mala cara.
    Esta enfermedad hace que con solo oír pronunciar su nombre todos mis sentidos se activen, se remuevan y se agiten, haciendo aflorar al instante los síntomas; presión en el pecho, aceleración cardiaca y centelleo en los ojos.
    Hace ya mucho que no habito en Granada. Me engaño. Quiero creer que vivo en un carmen granadino posado sobre una colina de Málaga.
    La Alhambra me pareció un nombre demasiado presuntuoso para mi morada malagueña, por eso la llamé “la Sabika”, quizá más presuntuoso al fin pues, es el nombre de la colina donde se asienta la Alhambra.
    En mi Sabika, queriéndome sentir en Granada, verdean a mi alrededor los domesticados setos de boj y alheña, dormitan los castaños de indias del bosque de la Alhambra, se elevan erguidos los cipreses del Generalife y sestean los álamos de la vega.
    Me sigo engañando. El sonido del agua a mi alrededor me traiciona, me hace creer que estoy en el Patio de la Acequia. Por la noche, la visión de este mar malagueño, de tintineantes luciérnagas posadas sobre el agua también falsea la realidad. En ellas, mis ojos quieren ver las luminarias de los pueblos anclados en la Vega de Granada.
    A veces, en invierno, me parece ver las nieves de Sierra Nevada, mis sentidos me vuelven a engañar. No, no es Sierra Nevada, es su hermana menor, la Sierra de las Nieves y entonces, siento la imperiosa necesidad de ver la “sirena”, como la llamó Rubén Darío y bajo al rebalaje malagueño, a la playa de la Misericordia que pone ante mis ojos Sierra Nevada, en la lejanía, a una distancia inmisericorde.
    Por momentos, en las mañanas dominicales, me parece oír la campana de la Torre de la Vela. Mis sentidos me vuelven a embaucar, se trata del cercano convento cisterciense. Al atardecer, mi vista avizora en la distancia Sierra Elvira flotando entre nubes… ¡no puede ser!, ¿cuándo han construido esa autovía que la atraviesa quebrantando su quietud? El estridente sonido del melillero me devuelve a la cruda realidad, no es Sierra Elvira, es, la sierra de Torremolinos surcada por la autovía del Mediterráneo.
    Sé que contraje esta enfermedad hace muchos años, y que antes que yo otros muchos la contrajeron, y sé a ciencia cierta que no soy el único que sobrelleva, bien que mal, (sarna con gusto no pica) esta bendita enfermedad.
    A veces me dicen que soy más de aquí, que llevo más años en Málaga que en Granada. Necia opinión. Acaso no nace el Guadalhorce en Granada y a poco de brotar fluye su vida por Málaga.
    Sí, definitivamente estoy enfermo. Soy un enfermo crónico. Soporto una enfermedad para la que no se si existirá un remedio, pero de la que no quiero curarme nunca.

    Tú llevas 28 años en Granada, tiempo más que suficiente para haber contraído esa enfermedad incurable. ¡Enhorabuena!

    Un afectuoso saludo.

    Alfredo Leyva

  5. Pues sí: desde que me jubilé he cogido ese virus resistente e intratable. Empecé a andar y fijarme endetalles, después a acumular fotos de Granada (las que yo hago y las que encuentro enla red, normalmente antiguas y llenas de encanto), después vino la fase lectora (libros sobre la ciudad, sus costumbres y leyendas, los blogs que he enlazado al mío dentro del apartado Temas granadinos), después me he metido en dos perfiles netamente “granaínos” de Facebook: la llamada Orden Plúmbea y Granda en Fotos. y esto es sumar y seguir…
    Por cierto, ¿has publicado un vocabulario granadino? Esta mañana staba en la Feria del Libro.

    Un saludo,

    AG

  6. Sí, el “Diccionario del habla granaína”, además de otros dos libros de temática granadina, “Granada, antología de una ciudad amada”, y “Cuarto menguante, declive le la dinastía nazarí”, es el resultado de la enfermedad que te hablaba antes, pero como te dije, sarna con gusto….

  7. Has visto el ‘Retablo’ de San Pedro y San Pablo, realizado por Sánchez Cotán en la Sala ‘de Profundis’ del Monasterio de la Cartuja??

    Eso si que es un verdadero trampantojo… tienes que acercarte y tocarlo para atestiguar que es una pintura y no un verdadero retablo. Impresionante.

    Te dejo un enlace, donde colgué una foto… Un saludo Alberto!

    http://lastresgranadas.blogspot.com.es/2011/11/la-cartuja-de-la-asuncion-de-nuestra.html

  8. En cuanto a la casa natal de Eugenia de Montijo,el atentado no ha sido sólo en la fachada,sino también en el interior.Al atravesar su puerta se accede a un vulgar portal con ascensor que podría pertenecer perfectamente a cualquier bloque de pisos de los años 70,el resto me imagino que será igual.Una verdadera lástima.Los dos locales comerciales que hay en sus bajos tampoco ayudan a mejorar su imagen.

    • No conozco el interior, sino la facvhada. Una pena.
      Lamentablemente, la ciudad está cada vez menos sensibilizada con su patrimonio, así que resulta fácil intuir que miles de despropósitos están en el camino.
      Gracias por seguir mi blog.

      AG

      • Un placer.Yo no me había dado cuenta de ese detalle hasta hoy mismo que he visto la puerta abierta.Seguramente hace unos 40 años tirarían el interior para hacer pisos,no había conciencia entonces y sigue sin haberla ahora.

  9. Buen trabajo, Alberto. Se agradece su publicación. Un abrazo.

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