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Cuaversos de bitácora: Oda al Dos de Mayo


Me crié en Alcaudete (Jaén), en la casa que fue de Fernando López (de hecho, mi calle se llamó así hasta que en la postguerra pasó a ser Avda. del Generalísimo), un médico nacido en Jaén que ejerció en mi pueblo y se construyó un entonces lujoso caserón, ahora semiderruido. Fernando López era masón y en las altas alacenas de mi dormitorio (que antes había sido su despacho), detrás de la ropa, podían leerse una serie de máximas masónicas. Era hermano de Bernardo López, un oscuro poeta jiennense, que habría pasado totalmente desapercibido si no hubiera escrito una de aquellas odas llenas de solemnidad, tan al gusto del XIX, dedicada al levantamiento del pueblo contra la invasión napoleónica de 1808.

Por el vínculo familiar y por los tiempos en que me crié, tan propensos a encontrar motivos épicos en una guerra, en mi casa leíamos y releíamos una y otra vez las once décimas que componen la Oda al dos de Mayo, que se encontraba en un volumen llamado “Las mil mejores poesías de la lengua castellana”, donde también podían leerse cosas de Campoamor o de Álvarez Cienfuegos.

Hoy veo muy lejanos aquellos parámetros ideológicos, aquel canto a un patriotismo bastante artificioso, aquella belleza que entonces creía encontrar en la oda de mi lejano pariente. Por eso la recupero en estos cuaversos:

 

 

 

ODA AL 2 DE MAYO, DE BERNARDO LÓPEZ GARCÍA

 

Oigo, patria, tu aflicción,

y escucho el triste concierto

que forman, tocando a muerto,

la campana y el cañón;

sobre tu invicto pendón

miro flotantes crespones,

y oigo alzarse a otras regiones

en estrofas funerarias,

de la iglesia las plegarias,

y del arte las canciones.

 

Lloras, porque te insultaron

los que su amor te ofrecieron

¡a ti, a quien siempre temieron

porque tu gloria admiraron;

a ti, por quien se inclinaron

los mundos de zona a zona;

a ti, soberbia matrona

que, libre de extraño yugo,

no has tenido más verdugo

que el peso de tu corona!

 

Doquiera la mente mía

sus alas rápidas lleva,

allí un sepulcro se eleva

contando tu valentía.

Desde la cumbre bravía

que el sol indio tornasola,

hasta el África, que inmola

sus hijos en torpe guerra,

¡no hay un puñado de tierra

sin una tumba española!

 

Tembló el orbe a tus legiones,

y de la espantada esfera

sujetaron la carrera

las garras de tus leones.

Nadie humilló tus pendones

ni te arrancó la victoria;

pues de tu gigante gloria

no cabe el rayo fecundo,

ni en los ámbitos del mundo,

ni en el libro de la historia.

 

Siempre en lucha desigual

cantan tu invicta arrogancia,

Sagunto, Cádiz, Numancia,

Zaragoza y San Marcial.

En tu suelo virginal

no arraigan extraños fueros;

porque, indómitos y fieros,

saben hacer sus vasallos

frenos para sus caballos

con los cetros extranjeros.

 

Y aún hubo en la tierra un hombre

que osó profanar tu manto.

¡Espacio falta a mi canto

para maldecir su nombre!

Sin que el recuerdo me asombre,

con ansia abriré la historia;

¡presta luz a mi memoria!

y el mundo y la patria, a coro,

oirán el himno sonoro

de tus recuerdos de gloria.

 

Aquel genio de ambición

que, en su delirio profundo,

cantando guerra, hizo al mundo

sepulcro de su nación,

hirió al ibero león

ansiando a España regir;

y no llegó a percibir,

ebrio de orgullo y poder,

que no puede esclavo ser,

pueblo que sabe morir.

 

¡Guerra! clamó ante el altar

el sacerdote con ira;

¡guerra! repitió la lira

con indómito cantar:

¡guerra! gritó al despertar

el pueblo que al mundo aterra;

y cuando en hispana tierra

pasos extraños se oyeron,

hasta las tumbas se abrieron

gritando: ¡Venganza y guerra!

 

La virgen, con patrio ardor,

ansiosa salta del lecho;

el niño bebe en su pecho

odio a muerte al invasor;

la madre mata su amor,

y, cuando calmado está,

grita al hijo que se va:

“¡Pues que la patria lo quiere,

lánzate al combate, y muere:

tu madre te vengará!”

 

Y suenan patrias canciones

cantando santos deberes;

y van roncas las mujeres

empujando los cañones;

al pie de libres pendones

el grito de patria zumba

y el rudo cañón retumba,

y el vil invasor se aterra,

y al suelo le falta tierra

para cubrir tanta tumba!

 

¡Mártires de la lealtad,

que del honor al arrullo

fuisteis de la patria orgullo

y honra de la humanidad,

¡en la tumba descansad!

que el valiente pueblo ibero

jura con rostro altanero

que, hasta que España sucumba,

no pisará vuestra tumba

la planta del extranjero!

 

Placa conmemorativa de la Alhambra a quien evitó mayores destrozos (imagen tomada del blog de blogspot sentadoenlatrebede)

Francia ha pasado en estos dos siglos de ser un país invasor a un socio comunitario; Napoleón se ha convertido en una de esas figuras tristes de la Historia; la invasión napoleónica dejó mucha historia, mucha literatura y las torres de la Alhambra minadas y, en algunos casos, irrecuperablemente derruidas; y el poema, hoy día, me parece grandilocuente, pomposo y vacuo, pero cada época tiene sus gustos.

 

Alberto Granados

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5 comentarios el “Cuaversos de bitácora: Oda al Dos de Mayo

  1. Efectivamente, cada época tiene sus gustos y modelos. Coincido contigo en que el poema que dejas es grandilocuente. Y añadiría algo más: de tono de arenga y apologético de la guerra de armas y muerte.
    Sí, eran otros tiempos. Actualmente, ese tipo de guerra no conduciría más que al dolor y a la destrucción. La guerra -si hay que hacerla- es más efectiva con paz e inteligencia y mucha cultura.

    Saludos, Alberto.

  2. Una sensacional oda que, como se dice por aquí, y tras haberla leído, es fruto de su tiempo, de la España de inicios del XIX y de los avatares propios de la política, la economía y la religión de aquellos años. Un gusto poder leer cosas así, tan buen reflejo, entiendo, de la historia de su momento.

    Un abrazo

  3. El arriba firmante es Alberto Bueno, tocayo del escribidor de esta bitácora. Me sale un perfil que me creé en wordpress hace mil y que nunca usé… :S

  4. Aunque no me gusten este tipo de poemas pienso que tal vez se escribieron en momentos de necesidad moral patriótica y, además, el poema es hermoso.
    Un petó.

  5. Marisa, tu comentario me hace recordar los versos de Miguel Hernández:

    Tristes guerras,
    si no es amor la empresa…

    Alberto Bueno, te veo muy militarizado. Bien-vuelto a este blog con un nombre o con otro. Celebro que te haya gustado el poema. Gracias por tuitearlo.

    Glòria, el poema no llegó exactamente en el momento de urgencia patriótica, ya que la invasión francesa terminó en 1812 (con el canalla destrozo de media Alhambra, entre otras “hazañas”) y Bernardo López escribió su estereotipado poema en 1866: 54 años después de los hechos, así que creo que obedece al tono rimbombante de la época.

    Besos para todos,

    AG

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