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Aplausos al final (Espectáculo de Ana Mochón)


Desde hace unos años, los diferentes medios locales se vienen ocupando con cierta asiduidad de una chiquilla, Ana Mochón, que canta flamenco, mueve las manos, da palmas, chasquea dedos y hace revolotear el mantón con una elegancia y una clase que hacen pensar (y desear) que se va a convertir en una estrella indiscutible del cante flamenco. Ha concurrido a varios certámenes flamencos y siempre ha seducido a su audiencia, además de ir acumulando un palmarés que ya empieza a ser notable. La ciudad de Granada la adora.

No se ha tomado la ligereza de publicar ningún álbum, cosa que en estos tiempos de cantamañanas, habla de su prudencia y de su savoir faire. Dice siempre que compagina sus estudios con su preparación para el cante y que espera a verse formada a un nivel razonable para empezar a pensar en discografía y en carrera artística. Con todo, la niña ha ido quedando atrás y actualmente es ya una mujer joven y madura que prepara su Selectividad con la idea de irse al Conservatorio Superior de Barcelona para estudiar cante flamenco.

Sin considerarme un experto en flamenco, yo me atrevería a decir que Ana y el cante son casi la misma cosa y que no cabe pensar en esta mujer cantando de otra forma: los cantes fluyen de su garganta con una solvencia, con una maestría, que parecería que no existe otra forma de cantarlos y que Ana no tiene otra razón de ser en la vida que cantarlos con su voz, su técnica y su destreza, llenas de una profunda sabiduría que extraña bastante, si se tienen en cuenta sus dieciocho años de edad.

 

 

En plena época de exámenes, el pasado miércoles, presentó en el Palacio de los Condes de Gabia un espectáculo, “Aplausos al final”, que tal vez marque un hito en su trayectoria: la puesta de largo, el arranque de su carrera, la demostración palpable de que la niña prodigio va quedando atrás y en su lugar ha aparecido una mujer serena, entregada, esforzada y con una voz madura y a punto. Sólo su honestísima autoexigencia la frena en la aventura de lanzarse al mundo del espectáculo. La otra tarde demostró que está más que dotada para ello y que el momento está llegando o ha llegado ya.

 

Vestíbulo-claustro del rehabilitado Palacio de los Condes de Gabia

 

El salón de actos de este noble edificio tienen un aforo de cien personas, aforo que se quedó corto ya un rato antes de que se abrieran las puertas. Nosotros logramos sentarnos en la última fila y los pasillos se fueron llenando de incondicionales de Ana Mochón, posiblemente los que la admiran desde niña en la Peña Flamenca la Platería, donde ella se ha ido baqueteando entre amigos y donde, según confiesa, ha abierto los ojos al cante cuando la afición de sus padres la llevaba allí las noches de actuación, siendo apenas un bebé.

 

 

El pasado miércoles, cinco músicos jovencísimos y Ana llenaron el reducido escenario. La acompañaron Antonio de la Luz y Jorge “El Fresquito” a la guitarra. Ambos estuvieron a una altura brillantísima.  Alejando Rubio, al teclado, se sabía de maravilla la lección aprendida de Bebo Valdés, acompañando los cantes de Diego el Cigala en ese brillantísimo disco que es “Lagrimas negras”, así que tocó magistralmente, en especial la malagueña que inició la actuación propiamente dicha. Carlos Flores “El Negro” (cajón y segunda voz) y Gilberto de la Luz, hicieron de su labor de percusión lo que esta debe ser: un acompañamiento lo suficientemente tenue como para que apenas se note y tan eficaz como para hacerse imprescindible. Los agoreros que dicen que la juventud de hoy no va a ningún sitio tendrían que haber visto a estos seis chicos en el escenario e intuir las cientos de horas de ensayo que se necesitan para crear un espectáculo de la dignidad de este de la calurosa tarde del pasado 30 de mayo.

 

 

La presentadora indicó que el nombre del espectáculo, Aplausos al final, era más que un título: una petición de que guardáramos el testimonio de nuestro entusiasmo para el momento del cierre. Imposible: los olés entusiastas, los aplausos cómplices y la propia brillantez con que se desarrolló la actuación no dejaron más salida que la expansión inmediata y el aplauso permanente.

 

 

Ana cantó un total de once cantes, en los que combinó copla y flamenco. Habló de fusión, que es una palabra que en música siempre me levanta sospechas. Quiero decir que fundir estilos está muy bien y que no soy un defensor a ultranza de la ortodoxia canónica, pero en nombre de ese experimentalismo fusionador se están cometiendo verdaderas tropelías. O dicho de otro modo: se puede recurrir a la fusión cuando sobra sustancia, cuando hay técnica y capacidad, pero le temo a que lo que se fusiona sea incompetencia con oportunismo.

No es el caso de Ana Mochón, que se desenvolvió magníficamente en el couplé inicial, “Aplausos al final”, una especie de leit motiv en que pedía que, si nos gustaba su cante, la premiáramos con un olé y aplausos al final. Le siguió una versión por bulerías del famoso tango de Gardel “Caminito” (creí ver la estela de Diego el Cigala en su álbum Cigala & Tango) al que siguió una malagueña enlazada con unos abandolaos, la malagueña para el teclista y los abandolaos para los guitarras en una sabia distribución, equilibrada y justa.

La joven cantaora se pasó al bolero en un alegato viejo como la rama filosófica de la teodicea: la relación imposible del mal y la existencia de Dios. Se llamaba “Yo dejé de hablar con Dios”, al que siguió “Señorita”, una rumba de Enrique Montoya. Después una vidalita y una copla propia sobre el desgaste de las relaciones de pareja (“Lo noto yo”).

 

 

La noche se puso más íntima cuando abordó una soleá (tal vez la inició en un tono que no era el suyo y le costó llegar a los bajos), antes de volver al tango argentino con “Borracha”, toda una reflexión ética sobre las mujeres indigentes y perdidas en la vida. Antes de cerrar, unas bulerías contundentes, cantadas con mucho desparpajo (“Sabes de qué tengo ganas”) y la despedida. A petición del público, vinieron unos tangos, ya fuera de programa.

 

 

Hora y cuarto. Un tiempo que se nos hizo breve, entre copla y flamenco ortodoxo. Para mí, lo suyo es el flamenco puro y purista, pero visto lo que han ido haciendo otros consagrados (el ya mencionado Diego el Cigala, Estrella Morente, Carmen Linares o Miguel Poveda) no me extraña que Ana Mochón se acerque también a la copla. Ahora queda ver lo que “la niña” aprende en Barcelona, cómo perfecciona y depura su técnica y qué derrotero le imprime a su carrera: copla, flamenco, o mezcla. Sólo un deseo: que acierte y que la discografía empiece a fluir, que ya está llegando el momento óptimo y tiene un público (en el que me incluyo) rendido a sus pies. Ana, mucho acierto y mucho éxito. Te los mereces y te los has ganado con tu impecable trabajo.

Alberto Granados

8 comentarios el “Aplausos al final (Espectáculo de Ana Mochón)

  1. Me llena de satisfacción que una persona entendida como tú me llegue a hacer esa valoración, para mí es un orgullo. Muchas gracias en nombre de mis compañeros y en el mío propio.
    Ana Mochón

    • Querida Ana, no soy entendido en flamenco, en absoluto. Eso sí, sé diferenciar lo bueno de lo malo y creo (ya te lo he dicho en un par de ocasiones) que eres buena, muy buena. Tengo enlazado tu blog en el mío desde hace meses y estoy pendiente de que aparezca tu primer (y segundo, y tercero… ) album.
      Gracias por el espectáculo: salimos todos con esa sonrisilla en los labios y en el alma que sólo nos dan las cosas buenas.
      Un abrazo,

      AG

  2. No entiendo de flamenco ni de cante,pero si entiendo del arte que hay que tener para poner la carne de gallina en la piel de la gente.A mi se me ha puesto.Mucho vas a dar que hablar.Felicidades

  3. Querido Alberto:
    Recuerdo que hace algunos meses te pedí que me recomendaras unos cuantos artistas flamencos. Insististe mucho con Ana Mochon que oí encantada en YouTube. No he olvidado su cante ni su nombre. espero que se hable de ella tanto como merece.
    Un abrazo/Una abraçada.

    • Querida Glòria: recuerdo la parrafada sobre flamenco que echamos a través del correo. Ciertamente que te hablé de esta chica. Tuve ocasión de saludarla en un modestísimo festival de flamenco, al que asisitió como amiga del homenajeado, enlas ferias del barrio de la Plaza de toros. Le pregunté si era Ana Mochón. Visiblemente halagada me contestó que sí y le dije que tenía el convencimiento de que iba a llegar a lo más alto.
      Verla el otro día fue todo un regalo. Ahora se va para tu tierra, donde le podrás seguir la pista y tal vez verla en alguna actución. Ya me contarás.

      Un abrazo,

      AG

  4. Hola Alberto.
    Mi nombre es Miguel Baños, en primer lugar quiero agradecerte el haber incluido el enlace a mi blog http://flamencodesdegranada.blogspot.com.es/2012/03/ana-mochon-cifuentes-el-futuro-del.html, en segundo lugar darte la enhorabuena por el post que publicas sobre el espectaculo de Ana.
    Estoy seguro de que en lo sucesivo nos va a dar mucho material del que hablar y hablar bien, si en la actualidad hay una artista con verdadera proyeccion de futuro en Granada, esta es sin duda Ana Mochon.
    Sobre para cuando su primer albun, creo que tenemos que tener un poco de paciencia, me consta de primerisima mano que esta dentro de sus proximos proyectos, aunque tambien estan sus estudios, su gira Europea, etc…, como sabras tanto Ana como Carlos, su padre, son muy exigentes antes de dar a conocer al publico cualquier cosa nueva y creo que aciertan, para labrarse un futuro de exito hay que dar los pasos muy firmes y estar muy seguros de lo que se hace para no caer en lo que tu mismo comentas sobre el oportunismo y la incompetencia, de ese “palo” tenemos ya bastantes.

    Un saludo

  5. Encantado de contactar contigo, Miguel. Creo que esa prudencia y esa autoexigencia honran a Ana y a su mentor, que como tú señalases su padre. Estamos en tiempos de imparable ascenso de lo más mediocre, de desvergúenza y falta de escrúpulos, así que esta espera de la chica me parece un trasgo de seriedad y así lo hago constar. Con todo, a mí me gustaría oírla, al margen de lo que aparece en YouTube, así que doy por terminado el período de cateumenado y creo que ya es una figura.
    Invitado quedas a mi blog, del que creo que lo mejor son algunos relatos. Por cierto, hay unoi sobre el café cantante del Burrero, en Sevilla. Te lo enlazo, por si te gusta: https://albertogranados.wordpress.com/2010/09/02/cafe-cantante/

    Un abrazo,

    AG

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