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Luna de Octubre


Andrés Cárdenas tiene que haber oído miles de comentarios sobre lo que pasó hace cuatro siglos y medio en el pueblecito costero de La Herradura, el anejo de Almuñécar (Granada) donde veranea desde hace muchos años;tiene que haber visto esos restos encontrados en el fondo del mar que los locales enseñan como verdaderos tesoros; tiene que haberse dejado arrastrar por el halo de leyenda, porque algunos de esos comentarios habrán rozado lo novelesco, lo legendario, lo imposible. Pero él tiene intuición de periodista y su oficio es contar lo que pasa. O lo que pasó. Y ahí hay materia más que suficiente para su segunda novela publicada: “Luna de Octubre. El naufragio de la Herradura” (Granada, Editorial Port Royal, 2012), presentada en la pasada edición de la Feria del Libro de Granada y que hace pocas fechas fue objeto de un debate en la Sala Cultural Nueva Gala.

 

 

 

 

Como indica el subtítulo,  la novela se ocupa en buena medida de los hechos que sucedieron el día 19 de octubre de 1562, cuando una flota destinada a recoger soldados de las plazas españolas de Orán y Mazalquivir, en la costa africana, tuvo que refugiarse del viento sur, el más temido en la zona, en la pequeña cala que da nombre el pueblo. Allí fue el caos absoluto, pues unas naves embistieron a otras y se produjo un inimaginable naufragio que llevó al fondo del mar a veinticinco galeras y a la muerte a casi cinco mil hombres, entre oficiales, marineros, familiares de los soldados en las mencionadas plazas africanas y galeotes, estos últimos sujetos al remo con argollas de hierro.   

El relato aparece articulado en torno a lo que, a la manera de unas memorias al final de su vida, narra Martín de Figueroa, el protagonista, que en su juventud fue el grumete de La Capitana. La acción transcurre desde que, apenas un joven, decide marchar a enrolarse en la flota que Felipe II mantiene para proteger la costa mediterránea de las incursiones de piratas los turcos hasta el momento en que está terminando sus memorias. Con su ágil narración el lector asiste a su despertar a la adultez, a sus sueños de medro en la Armada del Rey, a su descubrimiento del mar y de la marinería, la sexualidad, la amistad, la generosidad y la brutalidad… y también a algo que marcará su vida para siempre: la lectura y el placer que comporta, elemento que aparece varias veces en el libro y que constituye todo un leitmotiv secundario. El lector descubre una ingente cantidad de datos costumbristas sobre el mundo de las galeras y la marinería del s. XVI, las ciudades en las que la flota hace escala, los usos y costumbres de la época y algunos tipos curiosos. Y también se enfrenta a la gigantesca tragedia, que el Rey mandó silenciar para que el turco no supiese de las carencias defensivas de la costa.

Cárdenas tiene una indudable facilidad para narrar y sabe usar un tono y un ritmo narrativos que hacen muy amena la lectura de esta novela, en la que la trama avanza en un tiempo lineal. Más chocante me ha resultado la composición estructural, pues con el naufragio y las medidas posteriores, termina una primera parte de la novela, que ocupa aproximadamente la mitad. A partir de ahí, el joven protagonista tiene que hacer frente a la vida y recala en Granada, donde entra al servicio de varios amos, en una clara referencia al Lazarillo, libro que aparece varis veces en un divertido guiño al lector.

 

 

Andrés Sopeña, Andrés Cárdenas y Francisco Martínez,”Pacurri”, en la mesa

 

En esta segunda parte, durante un abultado número de páginas, da la sensación de ser una trama distinta de la anterior. Confieso que llegué a pensar que la novela estaba mal organizada, ya que parecía carecer de un sentido estructural, si no era el de la acumulación, lo que suponía todo un lastre. Sin embargo, en la última parte, Cárdenas vuelve a las técnicas y recursos de las novelas bizantinas del XVI, y los elementos aparentemente sueltos encajan, como por arte de su propia magia narrativa: apariciones sorprendentes de personajes, identidades que se aclaran, planes largamente trazados… Es cuando la novela alcanza su punto culminante, antes de dejar al anciano Martín contándonos su vida y las vicisitudes por las que ha pasado, en una coda final llena de paz, con una serena aceptación de la vida y de la naturaleza humana.  

 

 

La otra parte de la mesa: Cristina Monteoliva y Ángel Moyano

Dado que el protagonista pasa una gran parte de su vida en Granada, Cárdenas aprovecha para incluir una buena dosis de personajes, ámbitos y sucesos históricos de nuestra ciudad: las condiciones de la conversión obligada de judíos y musulmanes, los hermanos Hurtado de Mendoza (y uno de ellos, Diego, escribiendo a hurtadillas “El Lazarillo de Tormes”), la aparición de los libros plúmbeos del Sacromonte, los autos de fe en Plaza Nueva y la quema de libros en Bib-Rambla, la población del Albayzín, los moriscos y el cabecilla de la rebelión, Abén Humeya, el miedo a la Inquisición… crean un friso en el que hay un abierto canto a la libertad y a la fraternidad por encima de credos, etnias y costumbres. Y un gusto por la lectura, en la época en que la imprenta acababa de surgir, que aparece con tal intensidad que hace de todo el libro una apología del bendito instinto lector.

 

 

Todos los componentes de la mesa.

Ritmo ágil, ameno, sugerente, la novela es de esas que “leen” al lector y no al revés, pues lo hechizan, lo envuelven en su trama y lo hacen caer en ese gustoso determinismo en el que caemos los que disfrutamos leyendo un libro como este.

 

 

 

 

En la Sala Cultural Nueva Gala nos reunimos unos cuantos lectores de Andrés para debatir sobre su libro. Además del director de la sala, Francisco Martínez (más conocido como “Pacurri”), estuvieron la crítica literaria Cristina Monteoliva, el escritor Andrés Sopeña, el editor, Ángel Moyano, y el propio autor. Cárdenas tiene una característica: su discurso afable y su sonrisa permanente hacen que la gente hable, con lo que el público se lanzó a preguntar, a veces sin demasiado orden y la participación de los miembros de la mesa quedó desdibujada, aunque ampliamente compensada por la viveza del debate. Me hubiera gustado saber del propio autor muchas más cosas del libro, pero primó la espontaneidad.

No hubo viento del sur ni naufragio, sino una auténtica inundación de agradable conversación (algo que ya es habitual en las presentaciones de esta meritoria Sala) mientras Andrés firmaba ejemplares y todos tomábamos al final una copa de vino en memoria de los náufragos de La Herradura.

 

Alberto Granados

11 comentarios el “Luna de Octubre

  1. Muy buena reseña-crónica, Alberto.
    Te copiaré de aquí las fotos de Nueva Gala, que de este evento no tengo ninguna.
    Besos,

    Cristina

  2. No es el género de lectura que me atrae pero debe ser bueno si lo lees tú, querido Alberto. Por supuesto me encanta la portada y celebro que te muevas tan activamente en la crema de la intelectualidad granadina. Aquí se recuperan poetas catalanes, algunos famosos y otros olvidados, nuevos y viejos. La semana pasada mi hermana realizó, en plena calle y junto a otra gente, una lectura de poemas de Mossén Jacint Verdaguer.
    Un petó!

    • Glòria, me temo que he creado una imagen petulante y falsa de mí mismo: no me muevo entre la crema de la intelectualidad granadina, grupo en el que soy absolutamente irrelevante. Lo que pasa es que voy a todas las actividades que puedo, y terminas por conocer a la gente. De ahí a que se me considere alguien representativo hay un gigantesco trecho.
      AG

  3. A salvo de cualquier naufragio, a resguardo de los cuatro vientos, Alberto, lector impenintente, nos lanza sus libros de salvación para que, aferrados a sus páginas, lleguemos a buen puerto o recalemos en La Herradura a ser posible antes de que la Luna de Octubre se convierta en una fecha futura. Con la luna de junio iniciaremos la nueva singladura que nos propone con su magistral reseña.

    Gracias, marinero en tierra, y felicitaciones a Andrés Cárdenas.

  4. Quite interesting and how wonderful to be able to meet with the author and participate in a conversation (if that was possible) about his work. I wish we had something similar here and maybe we do. I’m just too busy at the moment working and raising 3 children as a single mother.!

    xxx

    • Everyone in Granada met Andrés Cárdenas. He’s a very popular journalist and always writes his texts with a taste of funny humour. That means he understands how the human soul works. I wrote about his previous book for a monthly magazine a year ago.

      Regards,

      AG

  5. Alejandra, fue una hernia.Una hernia camuflada en la barriguilla cervecera. Lo he ido dejando, pero ya ha llegado el momento. Ahora, en vez de un asqueroso ombligo, tengo un repunante costurón: se ve que soy de ir ganando.

    Un abrazo y dime cómo va tu gestión para lo de la Sala.

    AG

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