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La narrativa y Granada


El pasado jueves día 21 participé en una velada músico-literaria que tuvo lugar en un sitio muy singular: los jardines del Carmen del Aljibe del Rey, en estas fechas, en todo su esplendor. Organizada por la Fundación Agua Granada, trataba de cerrar el ciclo de primavera y estaba dedicada a un libro, “Cuentos para Granada” sobre el que ya hice una reseña, motivo por el que los organizadores contaron conmigo y me pidieron un  análisis sobre la narrativa y nuestra ciudad.

 

 

Estuvieron presentes cuatro de los autores del libro, que leyeron fragmentos de sus relatos, acompañados por la música de dos arpistas:  Elisabet García Pérez y Gloria del Pino López. Quitando las fórmulas protocolarias iniciales y la parte final, en que volví a ocuparme del libro, usando parte de mi anterior comentario, la mayor parte de mi intervención fue una disquisición sobre la narrativa como género literario y su relación con nuestra ciudad.  Os ofrezco sólo esa parte:

 

Una vista de los jardines (foto del  pasado mes de febrero)

 

La narrativa es esa especie de magia antigua que trabaja con la palabra y que, partiendo de la nada, crea espacios, tiempos, personajes, tramas, emociones y pasiones, gracias a la imaginación del autor, que cuenta de antemano con la necesaria complicidad de un eventual lector, apenas entrevisto o intuido.

Yo, que siempre he andado preocupado por los entresijos de lo literario, me he imaginado mil veces a los primitivos homínidos sobrecogidos por la inmensidad de unos fenómenos naturales que no eran capaces de entender: la salida y la puesta del sol, el cambio del ángulo solar y la sucesión de las estaciones, la fuerza destructiva del fuego, del rayo, de la tempestad, la lluvia torrencial o el viento… Supongo que nuestros ancestros recurrieron a divinizar la naturaleza y a considerar tales fenómenos como muestras del agrado o desagrado de los dioses, con los que intentarían estar siempre a bien para que les fueran benévolos. Después, aún en esa misma etapa animista, las castas sacerdotales intentaron canalizar esa perplejidad, objetivo y motivo esencial de todas las religiones. Posiblemente, la narrativa estaba asistiendo a su instante fundacional, a las primeras tramas narrativas, surgidas cuando hubo que inventarles a aquellas divinidades una historia, una esencia, unas motivaciones, un rol narrativo, en suma.

 

Una vista de los jardines (foto del  pasado mes de febrero)

Sigamos imaginando los lejanos días de aquel falso y precario edén. Pensemos en el clan, reunido en torno a una hoguera, hablando de las astucias cazadoras de uno de sus miembros, de los lances acaecidos para evitar que otros fueran devorados por un depredador, de las especulaciones sobre el motivo de la muerte de alguien, sobre los designios de sus incipientes deidades, sobre los planes o necesidades de la colectividad. Vargas Llosa vuelve sobre esta imagen mía (o tal vez es quien la fijó a mi memoria lectora) al reflejar esta escena en una tribu amazónica del s. XX, que oía a un seripigari, o narrador oral, en su novela “Historia de Mayta”, de 1984. Sin duda, en esas reuniones surgiría la voz preclara de alguien más imaginativo, más técnico: alguien que sabía conferirle al relato una cadencia y un encanto especiales, alguien dotado de una notabilísima habilidad que dejaría boquiabiertos al resto del grupo con la maestría de lo que contaba. Es el proto-narrador, el mago capaz de trascender la mera anécdota en el arte de narrar.

Tal vez, los relatos de los antepasados dieron lugar a leyendas, y la interpretación de los designios divinos produjo las primitivas cosmogonías, en que cada hecho natural tenía su explicación religiosa, sustituyendo con ellos la física por la superstición o por la religión.

 

Una vista de los jardines (foto del  pasado mes de febrero)

En una segunda fase, imprecisa en el tiempo, surgieron los primeros relatos inventados, quién sabe si para dormir a la prole, para espantar miedos, hambres y fríos, para crear un universo paralelo, siempre mejor acogido que la durísima realidad, llena de carencias y servidumbres. Son las grandes epopeyas y colecciones de cuentos orientales, que llegaron a occidente cientos de años después, de la mano de los invasores islámicos.

Con el paso del tiempo, las sociedades empezaron a hacerse más complejas y con ello surgió la urgencia de contarse las hazañas de los héroes, semidioses y dioses. Con ello se fue asentando todo un sistema ideológico, un corpus doctrinal y una ética social. En prosa o en verso, cada grupo humano hizo uso de la narrativa para encontrar su propia esencia, para afirmarla y justificarla, para fijar su historia.

Francisco Gil Craviotto leyendo

Y la narrativa fue volviéndose imprescindible con los relatos de los viajeros, las crónicas de guerras y reinados, la gesta del descubrimiento de un nuevo mundo, las aventuras de la clase caballeresca, las miserias de una sociedad enferma e injusta que, pese al oro americano, se reducía a una supervivencia llena de sentido picaresco. La imprenta trajo consigo un incremento exponencial de las piezas narrativas y de su necesidad de consumirlas. Hitos como “Amadís de Gaula”, “El Lazarillo”, “Don Quijote de la Mancha”, “La Lozana Andaluza”,  “Diana” (Jorge Montemayor) van difundiendo en la mentalidad de la gente todo un nuevo corpus de valores humanistas que ponen al ser humano en el centro del horizonte ideológico.

Pero será un poco más adelante cuando la narrativa adquiera el incuestionable peso específico que se mantiene hasta hoy. Stendhal formuló su visión de la novela como un “…espejo que ponemos en el camino” (formulación esta, tal vez deudora de otra frase en que Cervantes dice, por boca de su inmortal hidalgo, tras conocer a los comediantes de las cortes de la muerte,  que la comedia “nos pone un espejo a cada paso delante, donde se ven al vivo las acciones de la vida humana”), espejo que refleja lo que va pasando por el camino de la vida. Esa concepción realista supone  el pistoletazo de salida de la novela contemporánea, que cada vez se encontrará más cómoda al adentrarse en los procesos mentales más confusos y torturados del ser humano y se moverá con enorme maestría en problemas de enorme complejidad ética, tales como el adulterio, la diferencia de clases, la pasión, el asesinato y el castigo de sus remordimientos, el deseo, el amor en todas su vertientes, la mentira, la guerra civil, la religión y la falta de fe, las angustias existenciales, la magia de la realidad y sus ámbitos paralelos…

 

Las dos arpistas

La narrativa es, desde el XIX, la modalidad que se impone sobre los demás géneros literarios convencionales y encuentra materia en un espectro cada vez más amplio de situaciones. Este inabarcable desarrollo traerá consigo nuevos avances: expresar el interior de los personajes, siempre complejo y contradictorio; abordar el punto de vista del narrador; reflejar los procesos mentales, hasta el punto de convertirlos en un incontenible flujo de conciencia; nuevas técnicas y variantes e incluso nuevos formatos (el microrrelato, por ejemplo), con lo que llega a un momento verdaderamente esplendoroso, en triste detrimento de otras formas literarias como la poesía o el género dramático.

No podemos olvidar que la realidad circundante, la historia, la leyenda que envuelve a ciertos hechos… son a menudo elementos perfectamente novelables, por lo que una ciudad como nuestra Granada, siempre llena de historia, exotismo y leyenda, nunca ha permanecido ajena al gusto por lo narrativo. Todo lo contrario: Granada ha pasado a formar parte de esa selecta nómina de “ciudades literarias”, indisociables de ciertos pasajes novelescos, tal como le pasó a la Praga de Kafka, el París de Víctor Hugo, la Lisboa de Pessoa o el Londres de Virginia Woolf. A ello han contribuido toda una acreditada lista de autores que han ido recogiendo en sus relatos y novelas nuestra propia esencia, nuestras referencias históricas y nuestros elementos legendarios. Los hechos históricos del reino nazarí y de su reconquista por parte de las armas cristianas estuvo siempre presente en las formas del romance fronterizo, de la crónica o la leyenda, desde la misma época histórica hasta el drama romántico o la trilogía de la Alhambra, de Carolina Molina o la historia de Zoraida de Brígida Gallego-Coín (“Isabel de Solís”), pasando por Washington Irving o Afán de Ribera, Amin Maaluf (“León el Africano”), Antonio Gala (“El manuscrito carmesí”), Tariq Alí (“A la sombra del Granado”), Ildefonso Falcones (“La mano de Fátima”) o José Luis Gastón Morata (“El perfume de bergamota” o “La muladí”). La enumeración, sin duda, no es exhaustiva, pues Granada y sus circunstancias históricas suponen un inagotable filón de materia narrativa.

 

Bajo los jardines, el viejo Aljibe del Rey

 

Abén Humeya y la rebelión morisca de las Alpujarras han sido objeto de de tratamientos narrativos por parte de Diego Hurtado de Mendoza (que podría, además, ser el coautor del mencionado Lazarillo), Martínez de la Rosa,  Manuel Fernández y González (“Los monfíes de las Alpujarras”) y, mucho más recientemente, ha sido Antonio Enrique quien ha abordado el tema en “La espada de Miramamolín”, en tanto que los libros plúmbeos y el gigantesco fraude en torno a ellos se ha tocado en Felipe Romero (“El segundo hijo del mercader de sedas”) y, muy recientemente, en Andrés Cárdenas, que en su última novela, “Luna de Octubre”, da un repaso a la Granada del XVI, al contarnos la peripecia del protagonista, testigo del naufragio que acaeció en octubre de 1562 en La Herradura. Los casos de novelas y relatos de contenido histórico darían lugar a una extensa investigación filológica, inabarcable para mi modesto propósito.

 

Fernando de Villena en plena lectura

 

Otra de nuestras grandes figuras literarias, Pedro Antonio de Alarcón, escribió, junto a sus novelas extensas, varias series de cuentos, en los que late el alma de nuestra provincia y también de nuestra ciudad, sus localizaciones, sus tipos, los personajes populares y hasta el aire de la Sierra. También, en esta misma estela, han dedicado buena parte de su producción narrativa al cuento autores tan señalados (es inevitable olvidar a alguno) como Francisco Ayala, Francisco Izquierdo, Nicolás Palma, Gregorio Morales… Incluso el microrrelato, esa forma narrativa que viene empujando y ganando adeptos, en la misma medida que detractores, pero que no deja indiferente a nadie, cuenta en nuestra ciudad dos notables representantes de primer orden: Ángel Olgoso y Andrés Neuman. Y la novela negra, otro género en alza, cuenta con Alfonso Salazar (“El detective del Zaidín”), al que hay que sumar el crimen acaecido en de uno de estos cármenes albayzineros en la novela de Carlos Ballesta “El misterio del Carmen”), o el crimen de la ya mencionada “El perfume de bergamota”, una novela negra avant la lettre, todo lo cual deja bien patente que cualquier tendencia narrativa tiene suficiente entidad en nuestra ciudad, con ello convertida en indiscutible territorio literario. Por su parte, las tertulias literarias también han hecho sus aportaciones al género con volúmenes colectivos de relatos, tales como “Amor en tabletas” o “Bloody Mary”.

No puedo pasar por alto una circunstancia que me resulta curiosísima: la ciudad de Granada siente una auténtica veneración por una de sus más doloridas figuras históricas, que sin embargo no ha sido objeto de ninguna novela, que yo conozca. Me refiero a nuestra heroína de la Libertad, doña Mariana Pineda, objeto de una documentadísima biografía de Antonina Rodrigo, y tratada en piezas teatrales por García Lorca, Martín Recuerda y Antonio Gala, pero que aún no tiene su novela, inexplicablemente.

En síntesis, Granada, es un insoslayable vivero de novelas y relatos, bien con la ciudad como la propia materia narrativa, bien como localización o sede de toda una notable pléyade de escritores de novelas y cuentos. Sólo falta algo que las editoriales locales omiten con una escandalosa frecuencia: arriesgarse con los autores locales. Granada debería contar mucho más en el panorama editorial,  pues son muchos los escritores inéditos en esta ciudad de letras y cultura que piden, sin éxito, la oportunidad de acercarse al público lector y medirse en su reacción.

 

Alberto Granados

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10 comentarios el “La narrativa y Granada

  1. Qué sitio más bonito. Marco ideal para música y literatura.
    Tu intervención, una delicia…

    • Alejandra, Granada está repleta de cármenes así. Este est´rehabilitado y lleno de esculturas, estelas, lápidas, pilares, estanques… yel aljibe, como núcleo del servicio de aguas del Albayzín. Digo en el sistema de la época musulmana.
      Hay una maqueta gigantesca de la ciudad con los aljibes (casi 30) que compusieron el sistema de aljibes públicos. Y esos jardines…

      AG

  2. Fue una velada fantastica¡¡¡gracias por tan bello regalo.
    Dora Crespo

  3. El otro día disfrutamos oyendo tu comentario sobre el libro “Cuentos para Granada”, en todo momento equitativo y completamente imparcial con todos los que integramos sus páginas; ahora, con más reposo y sin que la brisa se lleve una palabra, volvemos a disfrutarlo. Gracias de nuevo. También gracias por la foto que has tenido a bien incluir.-F. Gil craviotto.

  4. Querido amigo Alberto:
    Me ha encantado encontrar las notas y comentarios que me envía Fco. Gil Craviotto acerca del recorrido histórico que hiciste en los jardines del Aljibe del Rey, durante la tarde espléndida del pasado día 21, que nos llenó de satisfacción; muchas gracias por tus bellas palabras referidas al libro de “Cuentos para Granada”, en el cual si alguien esencial falta, precisamente eres tú con un cuento; aunque confío en nuevas oportunidades de colaboración , como sugirió Fernando de Villena, cuando me habló de hacer algo esta vez relativo a la poesía. De nuevo muchas gracias y quiero que sepas que sentí marcharme, casi la última, sin poder despedirme de vosotros, me dijeron que Fernando salió corriendo a ver el partido y de ti no supe más. Recibe mis cordiales saludo.
    Lola Vicente

    • Querida Lola, lamentablemente estaba recién operado, con unos bajones impresionantes, unos cansancios súbitos y traté de evitar montar un numerito, así que tan pronto me tomé una deliciosa limonada salí para abajo y me vine a casa, que a fin de cuentas estoy convaleciente.

      A Esteban le he mandodo un correo disculpándome, pero tú te has adelantado.
      Un abrazo,

      AG

  5. ¡No pude acompañaros, lo siento! Soy albaicinero y nacido justo al lado de ese mágico lugar, pero…. una traicionera ciática -tacos de almanaque- es la culpable. Apenas si me deja teclear estas letras. En fin, Maestro, gacias por acordarte de mí. Ya veo que te estás volviedo imprescindible en la Granada literaria. Me alegro por tu nivel, bonhomía y generosidad. ¡Eres grande! Deseando estoy de darte el borrador de “La Placeta”, amigo. Un fuerte abrazo

    • Que no, Nicolás: soy perfectamente prescindible, pero yo había hecho una reseña del libro, por lo que me incluyeron en la actividad.
      A ver cuándo me mandas el borrador.
      Un abrazo y a mejorarte, que esas cosas pasan cunado se tiene tanta juventud acumulada (si lo sabré yo).

      AG

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