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La edad del miedo


Como siempre, fue el más resuelto, Migue, quien lo propuso y los demás nos dejamos llevar con mayor o menor grado de determinación, con mayor o menor sangre fría:

-Vamos a la escuela del Soto, a espiar a don Ricardo.

Otras tardes habíamos ido a espiar a las niñas que jugaban a la rayuela en el parque y, a veces, a doña Guadalupe, la boticaria, que tenía cuarto de baño con bañera y se bañaba con los visillos descorridos porque enfrente sólo había un corralón, adonde nos metíamos saltando por encima de las tapias. Espiar lo que hacía el maestro también podía ser interesante, aunque yo creía que era una injusticia, pues era muy bueno, siempre nos escuchaba y no nos pegaba nunca. Tal vez no se merecía que lo espiáramos y además podía ser que nos sorprendiera y al día siguiente tuviéramos problemas en clase.

 

 

Elimino este relato por haber pasado a formar parte de mi libro “Mariana contemplando las mareas y otros relatos”, disponible desde el próximo mes de Abril en Librería Nueva Gala. Dejo el inicio, las imágenes y los comentarios que en su momento aparecieron en el blog (Granada, 24 de Marzo de 2017)

 

 

 

 

Imagen tomada de aquí.

Dani, que siempre era el más cobarde, intentó hacernos ver el peligro que suponía acercarse a la escuela a curiosear:

-Mi hermano dice que hay como unos fantasmas vestidos de oscuro que dan cada bofetón… Yo me voy a mi casa y vosotros os las apañáis… ahora, que si os lleváis una hostia no digáis luego que yo  no os lo avisé…

 

 

 

Reconstrucción de una aula. Imagen tomada de aquí

 

Celebración del Corpus de aquellos años en Alcaudete (Jaén)

 

 

Alberto Granados

22 comentarios el “La edad del miedo

  1. Ha sido un placer poder disfrutar de esta lectura, me ha remontado a tiempos en los que descubrí a Delibes y otros autores latinoamericanos y me ha producido un «bienestar» tan familiar como aquel… gracias.

    • Que me compares con los grandes me hace difícil sujetar el ego. En cualquier caso, soy muy disciplinado y sé contenerlo. Gracias. Quedas invitado al blog, a los relatos, a comentar…

      Un saludo,
      AG

  2. Una historia terrible de un tiempo terrible vista a través de los ojos de un niño.
    Me gustaría poder utilizarla en alguna de mis clases del próximo curso, si me das permiso.
    Saludos.

  3. Costumbres, sentimientos y suspense. Una mezcla muy bien ejecutada, Alberto. Enhorabuena.
    Un saludo

  4. He sentido lo que tenía que sentir. El pavor que nos paraliza cuando, aún niños, tememos haber hecho algo irreparable i detrás de este temor empieza a resquebrajarse la inocencia.
    Magnífico cuento, Alberto.
    Una abraçada!

    Te he dejado otro comentario en el post anterior.

  5. Hesperetusa, nunca me he sentido a mis anchas contando cosas de niños. Me ha faltado siempre seguridd: 39 años de maestro me han hecho intuir la complejidad de la infancia y, en consecuencia, apartarme de ella como materia narrativa.
    Este relato surge al recordar un colegio de mi pueblo en los años 50 donde es cierto que vivía un maestro en unas condiciones muy precarias. A veces íbamos a ver cómo vivía, pero nos daba miedo atravesar el patio de recreo, tan oscuro. Alguno de nosotros empezó a inventar lo de los fantasmas invisiblesque daban bofetadas0. . El resto es producción propia.
    Y por supuesto que puedes usarlo. Todo un detalle por tu parte.

    MdelMar, se te agradece tu benévola crítica. Hay más relatos. Si te apetece, invitada estás.

    Esa pérdida de inocencia implicaría que esa inocencia existiera previamente, cosa que dudo bastante. Los niños son un mecanismo complejísimo de intereses dominantes, un conjunto egocéntrico, mentiroso, seductor a cualquier precio, venal… La inocencia consiste en que no saben que son tan egoístas.

    Gracias por aparecer siempre.

    Saludos desde Granada,

    AG

  6. Me ha gustado mucho el relato, Alberto. Enhorabuena y gracias por la buena lectura que me has proporcionado.

  7. He disfrutado leyendo tu relato y no puedo añadir más a lo ya dicho en las entradas anteriores. He entrado en el enlace y he hecho un pequeño recorrido por mi recordada escuela que me ha permitido ver en la memoria con enorme cariño a mi maestra doña Elisa. Era ya anciana, moño blanco, encorvada… Me preparó muy bien para el bachillerato del colegio de monjas. Volviendo al texto, cuántas historias habrían vivido los maquis, historias rodeadas siempre de misterio, con el apoyo de algunos y la incomprensión de otros. Enhorabuena.

  8. Alberto, me ha gustado mucho. Me ha recordado a una historia real que nos contaba mi madre. Era de unos niños que habían ido a bañarse a una charca, a finales de los cuarenta( niños sin piscina y sin cursos de natación) Se ahogaron dos, el primero que entró en lo que sería un lodazal, y el segundo que intentó ayudarle. Los otros, horrorizados, volvieron a casa y se acostaron muertos de miedo. No dijeron nada hasta que uno habló al estar la madre preguntando, ya muy preocupada. Y al dolor de esta mujer que pierde a su niño así, Teresa( que yo conocí ya anciana ) hay que añadir la tremenda paliza que recibió de su marido, enfurecido y desesperado, por haber dejado que ocurriese, la culpó y casi la mata.

    Saludos.

  9. Leo tu cuento en una tarde de calor pesado, denso, y de repente ya no estoy aquí sino allá, en un pueblo español de los años 50, y es invierno. Creo que conseguís ahondar en las emociones de esos chicos, sus miedos, sus pudores, sus deseos. Y también en el ambiente y el clima de una época, a veces con detalles mínimos (el maestro que se destaca de los demás porque no pega; la plaza como lugar de juego; el papel de la mujer y de su cuerpo (la madre, la amante, el objeto de curiosidad y deseo); las jerarquías policiales; la lucha y el temor por la supervivencia.)
    Hay tantas cosas mal escritas, banales, que sin embargo consiguen, no sé cómo, el soporte de alguna editorial de renombre, y sin embargo cada vez más parece que la literatura circula por otros carriles. Y si no fuera por internet ni nos enteraríamos. Una pena.

  10. Ángela: Gracias a ti por aparecer por aquí. Que esta no sea la única vez.
    Un abrazo desde la costa.

    Teresa, Alacaudete fue zona de maquis, concretamente de la partida de Cencerro, ahora llevado a la novela por Almudena Grandes. Lo de los muertos delante del ayuntamiento fue real, el municipal fue real, el miedo a los del monte era algo que estaba en el ambiente… Lo del maestro ya es mío.
    Celebro que te haya gustado.

    Queca, terrible historia. Terrible por los niños ahogados y por la mujer que pagó los platos rotos. ¡Qué época tan dura! Una auténtica “edad del miedo”.

    Alicia, qué pena que los editores a los que he enviado una prouesta no sean de tu opinión. El último en rchazar mis relatos ha sido Libos del Asteroide.

    Señoras, gracias por vuestra presencia y que os guste lo mío es todo un lujo. Abrazos marineros.

    AG

  11. Me ha encandado el relato!

  12. Una historia que me ha remontado a mi infancia en Don Benito, yo fui hijo de director de colegio nacional, así es que en los cincuenta estas anécdotas estaban a la orden del día y aunque me sigue dando repelús recordar mi infancia, en blanco y negro, no puedo por menos, que reconocer en la descripción de los tiernos infantes de tu relato a mi pandilla de aquellos años. Estos escritos siempre me dejan planchado y agotado, como me quedaba después de recibir una paliza.

  13. Reyes, me alegro de que te haya gustado mi cuento. Hay más (puedes verlos en la categoría “Relatos (Mucho cuento)”. Hay uno, Guerncia, que ha sobrepasado ls 50.000 visitas. Aunque a mí me gustan más los más recientes, uno llamado “QAzuljos”, por ejemplo.

    Eduardo,yo viví la época de Cencerro campeando por la zona. El misterio cómplice de mucha gente, el secretismo, el propio Serrano que nos echaba de la plaza… Si tanto te he imprresionado es que no lo he escrito mal.

    Abrazos mil y no abandonéis este blog.

    AG

  14. Enhorabuena Alberto, una historia tremenda que describe una época tan difícil. Qué buen relato.

    • Pues me alegro mucho de te haya gustado. Está recibiendo elogios, pero lo importante es que me ha hecho salir de esa apatía para escribir. Espero ir term9nando borradores: es una amenaza.
      Un abrazo,

      AG

  15. Buen relato, Alberto, y con un clímax fuerte, de muerte, terrible como terribles resultaron aquellos años llenos de miedo, odio, hambre en los que la que la ilusión era planta de invernadero. Todo aquello pasó por que todo crece, incluso “la edad del miedo”, y es deber de vida dar paso a la alegría, al entusiasmo y a la esperanza y más en estos tiempos convulsos que parece que vallamos a desaparecer de la faz de la tierra.
    Enhorabuena por tu “retourner”, no nos prives de un buen rato.
    Un abrazo.
    Tele.

    • Inexplicablemente, wordpress ha tomado tu comentario como spam y sólo anoche lo vi retenido (no he habilitado nunca la moderación de comentarios). Ya está aceptado. Tú recordarás el maquis muerto ante el ayuntamiento, ¿no? ¿Y recuerdas Manolico Motril, que vivía tan pobremente en la escuela? Son los antecedentes directos del cuento.
      Un abrazo.

      AG

  16. Spam,¡¡¡Jejejeje, eso no me lo habían dicho nunca; es que soy muy peligroso!!!
    Claro que me acuerdo de tantas y tantas cosas, como jugarse el hambre a los naipes después de la hora escolar de algunos maestros. Pero persisto, eso pasó; no podemos vivir del recuerdo de un pasado triste que ni siquiera vivimos en primera persona, sólo oímos unos rumores de unas “gallardas” del pobre Manolico Motril y su casa-habitación-escuela.
    El pobre Serrano y su relación no poética con el gran Vandelvira… no merece la pena.
    De todas formas, para mi gusto, es un buen relato.
    ¿Cuánto calienta el sol allá en la playa?
    Un abrazo.

    • Eso pasó yo encuentro todo un desafío en contarlo de una manera lo más imaginativa que sé. No sé si es oportuno o resulta mejor ocultarlo, como mantiene todo un sector de nuestra sociedad. En cualquier caso, la cabra ( o sea: yo) siempre tira para el monte.
      Un abrazo.

      AG

  17. Qué bien reflejado el espeso miedo de aquella infancia lejana, que calaba hasta los huesos. Enhorabuena por tu magnífico relato.

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