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Scat


El “Diccionario del Jazz” (1) define el término “scat” (por cierto, lleno de ambigüedades escatológicas) como “forma de cantar que consiste en reemplazar las palabras por una serie de onomatopeyas o de sílabas carentes de significado, que ofrece una libertad de improvisación comparable a la de un instrumento solista”.

Más adelante, aclara que tal modalidad supone invertir el proceso creativo del jazz, que imita los sonidos de la voz humana, ya que el scat trata de que sea la voz quien imite el sonido del instrumento.

Hay quien atribuye a Louis Armstrong la aparición del scat: una vez se le cayó del atril el papel donde tenía anotado el texto de la canción que estaba interpretando y tuvo que improvisar una letra inexistente a base de sílabas, una de las cuales era precisamente  “ssscat”. No parece terminante esta interpretación, ya que hay muestras de scat muy anteriores a Satchmo, pero resulta curiosa. También resulta anecdótico que una de las modalidades del jazz, el bebop, obtenga su sonoro nombre de las combinaciones silábicas del scat.

Ella Fitzgerald. Imagen tomada del blog de blogspot: notodoeskippel

Uno de los clásicos del scat es la “Samba de una nota”, en una versión en que Ella Fitzgerald lo hace todo, tenuemente acompañada por los instrumentistas clásicos.

Claro, que también me resulta muy refrescante esta “Scat song” (1932), de Cab Calloway.

En realidad yo hubiera querido poner un pasaje de scat que le vi hacer a Arturo Cid hace unos años en el Festival Jazz en el Lago, en Atarfe, pero no lo he localizado en Youtube, aunque sé que es en la pieza “Mamá, me gusta el bebop”, del album homónimo de la Granada Big Band, de 2005. ¡Qué se le va a hacer! Doddle-doo-diddle-da-be-bop-ba-da-ba-boo-ry-ti-ny-ti-ny,doo… Y no digo más. Que no decaiga.

Alberto Granados

(1)        CARLES, Philippe, CLERGEAT, André y COMOLLI, Jean Louis: “Diccionario del Jazz”, Grupo Anaya & Mario Muchnik, Madrid, 1995

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3 comentarios el “Scat

  1. Yo siempre he pensado que el “scat” es el equivalente de las o los “melismas” flamencos así como de la coloratura lírica que, como sabes, a menudo el compositor deja libre para lucimiento del cantante. Los “scat” de Ella llegaban a marearme y sin embargo me parecía una maestra cuando contaba de manera, digamos normal. Los mejores “scats” los hace, a mi manera de ver actual, Dianne Reeves y sus lamentos tribales.
    Un petó!

  2. No he pensado jamás en que haya relación entre el scat jazzístico y el flamenco o la ópera, la verdad. Creo que el flamenco es un quejido, en el que esos melismas fluyen con toda la creatividad que el cantaor pueda imprimirles. En la ópera casi veo lo mismo.
    En el jazz es un adorno, un superpuesto a la instrumentación y a la voz, un añadido.
    Acabo de oír un album delicioso de Melodie Gardot (“My one and only trhill”, 2009) en que l cantante hace filigranas con el scat.

    Buen verano en el pueblo.

    AG

  3. Pues mira por donde, Alberto. Yo, a los tres añadidos les veo la misma intención aunque el sentimiento sea diferente. Y si el flamenco y las óperas tiene quejido, ya no digo el jazz que lo tiene color de esclavo negro.
    Un petó!

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