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París, parque temático


Las ciudades míticas, como París, ya no son lo que eran y nuestras referencias culturales han dejado de ser exactas. París ha sido siempre la ciudad de la luz (una clara referencia a su carácter de avanzadilla revolucionaria), de las vanguardias, la grandeur, los cabarets y las escandalosas cocottes, la bohemia de Montmartre, la orilla izquierda y el Barrio Latino, las novelas de los períodos realista y naturalista, la chanson, la vida disoluta de Pigalle… Sin embargo, poco va quedando de eso y cuando se visita la ciudad, resulta sorprendente comprobar que París es un gigantesco parque temático, fabricado con retazos de Disneyland y guías turísticas, con imágenes de Cortázar y el carrusel de la película Amelie, la melodía de La vie en rose y franquicias (de Zara, McDonald, H & M, Pizza Hut…), nouvelle cuisine y pizzerías o kebabs.

Cúpula de las Galerías Lafayette

Fuente de los Jardines de Luxemburgo

Dicho de otro modo, París, pese a su enorme personalidad como ciudad y a su cosmopolitismo, ha dejado de ser París para convertirse en una urbe más en la que se hacen patentes los mismos comportamientos y problemas del resto de las grandes ciudades del mundo: la globalización, los flujos de información, las agencias turísticas, la simple moda de viajar… tienen esos efectos perniciosos: que trivializan los viejos esquemas culturales.

Miles de visitantes elevan la mano cada día para simular que sujetan la Torre Eiffel

Ver a La Gioconda se ha convertido en algo similar a ir al supermercado

Entrada al Louvre, parecida a un multicentro

El paisaje humano, el que más me interesa, es enormemente rico y variado en la ciudad. Conviven los nativos junto a los inmigrantes y los turistas, me figuro que con los mismos problemas de convivencia entre culturas que en otros sitios (al menos, eso indica la preocupante presencia del partido de Le Pen). He pasado dos semanas en un barrio donde todas las etnias estaban profusamente presentes, sin que yo haya podido vislumbrar la menor tensión, aunque se percibía en algunos grupos cierta desconfianza (me refiero a grupos musulmanes, que tal vez se sientan especialmente sensibles desde el 11M de 2001).

Una de las mañanas, íbamos buscando uno de esos pasajes acristalados que proliferan en la ciudad. Un comerciante nos aclaró que estaba tomado por asiáticos (yo vi sólo restaurantes indios y paquistaníes) y que era peligroso. Una señora madrileña nos lo desmintió: nos dijo que llevaba en París más de sesenta años, que había vivido siempre en el barrio y había tenido un comercio sin haber sufrido el menor sobresalto. Nos contó que en París, su barrio (el fauburg de Saint Martin) era conocido como “la pocilga africana”, percepción que ella –nos aseguró- no compartía en absoluto.

En cualquier caso, París cuenta con toda la gama de colores de piel, con todas las variantes de vestuarios étnicos, con un variadísimo surtido de peinados, tocados, gorros y sombreros, reflejo de su larga trayectoria imperialista. El francés hablado, según quienes lo conocen bien, mezcla en la capital francesa los más diversos acentos y registros.

El corazón de Montmartre, la Place du Tertre, verdaderamente lleno de pintores para turistas

Junto al Pompidou, una fuente dedicada a las obras musicales de Stravinsky

El popular Mercado de las Flores, junto a la Conciergerie

La tumba de Oscar Wilde, en el cementerio del Père Lechaise, protegida con láminas de metacrilato llenas de besos de carmín y grafitis allí dejados por la comunidad homosexual.

También hay mezcla en la fisonomía de los barrios y monumentos, donde se unen lo que se ha conseguido conservar y los elementos más vanguardistas. Tal vez el ejemplo por antonomasia sean las pirámides de aluminio y vidrio que se han puesto en el majestuoso patio del Louvre, a las que aún no me he conseguido acostumbrar, pero también habría que hablar de las manzanas medievales recientemente rehabilitadas en la rue Saint Paul, a unos pasos de la isla de Saint Louis (que es tanto como decir a unos pasos del Sena y de Nôtre Dame) en que los patios se comunican formando todo un entramado de rincones donde se asientan tiendas de anticuarios, coquetos restaurantes y ruinas sabiamente empotradas en la parte contemporánea de los edificios, consiguiendo un verdadero remanso de silencio y sosiego en pleno centro de la ciudad.

Toda la gigantesca masa humana que habita o visita la ciudad parce impelida a seguir los mismos recorridos (Torre Eiffel, Monmartre y Sacré Coeur, Disneyland, el Sena en un bateau-mouche, los museos del Louvre y del Quai des Orsays…), haciendo de la ciudad un gigantesco parque temático, lleno de instinto gregario, de previsibilidad, de borreguismo.

Gente haciendo picnic en la bellísima Place des Vosges…

… o haciendo botellón en la Île de Saint Louis

Pero no hay que preocuparse: nosotros también hemos aportado nuestro glorioso granito de arena y, tal vez gracias a nuestros estudiantes del programa Erasmus, París también tiene algo de gigantesco botellón, pues las orillas del río, las plazas llenas de césped o los jardines de cualquier parque sirven para extender un mantel o toalla y sacar la cena, acompañada de una botella de burdeos. Los autóctonos han visto en ello un filón y montan una orquestina, un karaoke colectivo, una improvisada imitadora de Edith Piaf, o grupos que bailan salsa, sardana o tango en distintos rincones del Sena, convertido en una falsa playa donde la gente se broncea y los niños juegan con la misma universal frescura de su edad.

Un karaoke colectivo junto al río  al atardecer

Grupo de jazz en uno de los puentes. Interpretaban “Georgia on my mind”

El (¿último?) tango en París

Las “playas” de París

Con todo, pese a que las cosas no se corresponden con el mítico París del imaginario colectivo clásico, la ciudad tiene tanta magia y tal cantidad de belleza, que es única e irrepetible. Toda una suerte: como a la Bergman y a Bogart, ¡siempre nos quedará París!

 

 

Alberto Granados

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7 comentarios el “París, parque temático

  1. Me has llevado de la mano por tu viaje a París. Me has dejado mirar con tus ojos y casi he olido el aroma del café de la mañana.
    Muy buen post. ¡Gracias!

  2. Excelente reportaje, ¡qué buen paseo por París nos has regalado! Las fotos, magníficas. Gracias.

  3. Alberto, lo primero de todo felicitarte por esos quince días en París, que parece que serán origen de varios textos. Una ciudad como esa no deja indiferente. Yo sólo he estado una vez en París hace ya años, pocos días, y de esos pocos, dos me los pasé casi completos, en el Museo del Louvre hasta el cierre.
    Lo que cuentas de París como parque temático se da en otras ciudades europeas. Parece ser el destino de las ciudades antiguas con arte e historia. Parque temático del Renacimiento es Florencia mucho más pequeña que París y con los turistas colapsando el centro y los museos…, algunos, hay cola para los Uffizi, aunque no para otros. La primera vez que estuve me dije: al menos la mitad de esta gente sabrá para que está aquí y lo que significa esta ciudad, pero lo dudo. Parque temático es Atenas, sobre todo la Acrópolis donde vi en 2008 el comportamiento de algunos españoles y para qué han servido los más de veinte años de leyes educativas como las que tenemos. Pero para ciudades como Atenas y otros lugares de Grecia, llegó la plaga de los cruceros baratos que colapsa los lugares arqueológicos con decenas de autobuses de gente que no tiene ni idea que es eso que están visitando.
    Y parque temático es Roma, esta la conozco bien porte tengo un buen currículum de viajes a ella, y por el hecho de saber ya como funciona el parque se donde hay que ir para no encontrarme con la horda que hace toda lo mismo en los mismos sitios. La foto que pones de Montmartre se le cambias el fondo es Piazza Navona.
    Porque París, Florencia, Atenas, Roma e incluso nuestra Santiago de Compostela donde he estado hace poco, ponen en práctica la “Primera Ley del Turismo” enunciada por mí en estos días pasados en Galicia tras muchas observaciones: : A partir de tres personas paradas en un sitio para ver algo se formará una cola y a los pocos minutos tendrás una multitud esperando ver no se sabe qué. Da igual que el lugar sea conocido o no. La cuestión es estar en la cola y decir que se ha estado.
    Un saludo.

  4. Creo, amigo alberto, que has resumido muy bien lo que es el París actual. Veo también que has visitado los dos lugares que yo te dije no debías olvidar: el barrio le Marais (y muy especialmente la plaza de Vosgues) y el cementerio Père Lachaise. Creo que también te recomendé, si visitabas los alredeores, dedicaras un día a Giverny. Imagino que será objeto de un trabajo posterior. El artículo presente ya tiene suficiente con París. Me parece que tu artículo sobrepasa -y en mucho- el simple reportaje turístico. Esto se ve sobre todo en que has sabido tocar uno de los temas más acuciantes del París actual: la profusión de inmigrantes -sobre todo árabes- que en la zona norte de la capital y en algunos pueblos de la “banlieu” se convierte en un auténtico problema, muy bien aprovechado -como tú señalas- por la extrema derecha de Le Pen. Nada más. Sólo felicitarte.-F. Gil Craviotto.

  5. Tal vez las generaciones modernas que hemos tenido un acceso relativamente fácil a visitar París y la hemos visto à l’infinie en el cine, la sentimos como un parque temático. Yo creo que, en el fondo, sigue siendo ella misma rica y siempre sorprendente, perfecta para un pobre poeta triste e ideal para el burgués más poderoso.
    Pienso que estas visitas masivas al Louvre no dejan de ser buena señal. Jamás el pueblo había tenido el arte tan cercano.
    Tal vez el tiempo perfecto para ver París sea otoño con menos turistas y la hermosa plaza des Vosges más resguardada cerca de donde viviera Victor Hugo.
    París, sólo con decir su nombre renace la poesía.
    Celebro que lo hayas pasado bien, Alberto.
    Un petó!

  6. Jacinto, gracias por rebloguear mi entrada. Todo un detalle.

    Alejandra y Pablo: sólo he tratado de reflejar el París que he vivido, apartándome de los convencionalismos de una guía turística. Celebro, Pablo, que te gusten las fotos. No soy buen fotógrafo, pero hago muchas. Alguna tendrá que servir.

    Hesperetusa: Sinceramente, París me ha sugerido tantas cosas que no sé si dejarlo en paz y reelaborar el gratísimo recuerdo que ha dejado en mí. Quiero decir que o me salen un montón de entradas más o no vuelvo a escribir sobre la ciudad. Se verá.
    Es cierto que le pasa lo que a otras ciudades, hoy día masificadas y zarandeadas por un turismo invasivo en el que me incluyo.

    Francisco, tu autorizadísimo criterio me sirve de estímulo, ya que conoces la ciudad de haberla vivido treinta años y la escritura de ser un buen escritor. Celebro que mi artículo te haya resultado convicente (tu comentario ha estado varias horas retenido como spam, no sé por qué). Finalmente no fuimos a Giverny. Los días que hemos salido de la ciudad han sido para Vincennes y un pueblo que se funde con éste (muchas calles pertenecen a ambos pueblos) y que es donde vive mi hija. El paté, los quesos, el canard y el burdeos, una tentación que yo he renunciado gustoso a superar: entregado totalmente a estas sensualidades.

    Glòria, hoy he vuelto a tocar los blogs. Llevas razón: París, incluso bastardeado como está por los miles de turistas, sigue siendo una ciudad mágica e inmortal a la que volvería en este msimo momento. Y llevas razón en una cosa: se trivializa lo cultural, pero con ello se amplifica su efecto. No volverá a haber muchos Stendhals mareándose del choque estético, pero habrá muchos turistas que hagan la foto de las maravillas artísticas, aunque sea por el mero hecho del “yo-estuve-allí”.

    Amigos, gracias por vuestra presencia. Abrazos mil,

    AG

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