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La canción de septiembre


Septiembre me deprime. Lo expliqué hace unos años en un post de mi antiguo blog. De nuevo, las primeras lluvias, los cielos grises, el desconcierto de una estación que cae en zona de nadie (ni es invierno ni es verano) me desconciertan y me dejan sin mucha capacidad de reacción.

 

 

La lluvia desde mi casa

Lluvia sobre el Guadalquivir en Sevilla (octubre de 2010)

Para este sábado, “La canción de Septiembre”, un standard de jazz cantado por Sarah Vaughn.

 

 

For it’s a long, long while from May to December

But the days grow short when you reach September

And the autumn weather turns the leaves to flame.

One hasn’t got time for the waiting game

Oh, the days dwindle down to a precious few

September, November

And these few precious days I’ll spend with you

These precious days I’ll spend with you

And the days dwindle down to a precious few

September, November

And these few precious days I’ll spend with you

These precious days I’ll spend with you

These precious days I’ll spend with you…

 

 

Hay un larguísimo intervalo desde mayo a diciembre

pero los días se acortan cuando se alcanza septiembre

y la estación otoñal convierte las hojas en llamaradas.

No queda tiempo para los juegos de la espera,

¡oh!, los días se van reduciendo hasta la amble escasez de

septiembre a noviembre

y esos preciosos días escasos los pasaré contigo,

esos preciosos días escasos los pasaré contigo,

esos preciosos días escasos los pasaré contigo…

 

 

 

 

Cielos amenazadores sobre Calahonda y sobre Roquetas de Mar (imágenes de hace dos o tres años)

 

Ahora, con este desaliento otoñal, más que nunca, podemos usar la frase esa tan de moda: ¡Con la que está cayendo!

 

Alberto Granados

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6 comentarios el “La canción de septiembre

  1. Alberto:
    Será porque es el mes en que me parieron. Será que el sol lleva meses agostando los campos y cuarteando la tierra. Será el olor de septiembre a paja mojada. Será porque el sol declina y deja de asombrarte lo de fuera y empiezas a mirarte por dentro. Será el aire que se enfría y se mueve y vivifica. Será porque la hierba y las violetas renacen como de milagro del vientre las paredes secas. Será que las hojas de los árboles empiezan a desprenderse de su cordón umbilical e inician un vuelo, haciendo fintas con el viento, hacia su destino inconsciente y luminoso, servir de alimento al mismo árbol que le dio vida, o a otro, qué más da; sólo se trata de participar en el ciclo de la vida y comulgar con ella. Tal vez sea porque en la arcadia feliz de la niñez, ya se había recogido el fruto de la tierra, los sobraos y las paneras reventaban de grano, los pajares guardaban la paja para que no la pudriera el agua; en la arcadia feliz de la niñez los septiembres tocaba descansar del sudor del trabajo del verano, tocaba acudir a las fiestas mayores de los pueblos, tocaba encender las hogueras por las noches, quemar en ellas los collarines rotos de las bestias, las ropas desgastadas y todo lo viejo y lo inútil; tocaba saltar sobre ellas en el rito ancestral de quemar etapas, cambiar de ciclo y renovarte. Será porque en septiembre mi madre me compró los primeros pantalones vaqueros, que tenían un trozo de cuero marrón cosido por encima del bolsillo posterrior, llevaba serigrafiado un auténtico vaquero del oeste con un rifle en la mano, todavía recuerdo como la tinta se fue diluyendo por los sucesivos lavados.

    Por todas esas cosas, Alberto, septiembre me encanta

  2. Querido José Carlos: no encuentro tu referencia a las praderas y lo demás ya está arreglado y se ha avaporado. Espero que te quedes mucho más tranquilo.
    Disfruta septiembre (en realidad ya agonizante) y el resto de este otoño para mí lleno de referencias que asocio a la incipiente vejez.

    Un abrazo.

    AG

  3. Septiembre es un mes que está en “tierra de nadie”, lo has expresado con mucha exactitud. Yo tampoco le tengo un aprecio especial porque sus primeros días me saben a adiós, y sus últimos, a otoños ocres que se van apagando lentamente cada segundo al ritmo que caen esas hojas de los árboles.
    Noviembre está al caer, y con él, el estallido de un cromatismo en campos, bello, pausado, introspectivo, paz para esas galerìas del alma machadiana tan empolvadas por los estíos.

    Mucho ánimo, Alberto. Todo tiene su lado positivo -aunque a veces no lo parezca-.

    Un abrazo.

  4. ¡Qué poco te ha dejado escribir la melancolía!. Septiembre irrumpe y barre de golpe la alegría del verano. Es un mes bello e inspirador porque invita -hablo de mí- a vivir casi encerrada como si la vida real me hubiera abandonado y ahora me tocara esperar con un libro en la mano mientras llueve sobre mi mar.
    Un petó!

  5. Marisa y Glòria: Creo que lo malo de septiembre es lo que tiene de ruptura con el período de vacaciones. El veraneo es el momenmto de desinhibirse, del casi desnudo, de las charlas con los vecinos de apartamento en el chiringuito, de los viajes, de un cierto desmadre… Todo sabe a ruptura y el regreso sabe a redil, a pasar por el aro otra vez, a disciplina y autodisciplina…. Septiembre es como una segunda cuaresma.
    Después, una vez que te acostumbras, vuelves a ser tú miso y te olvidas del despendolado pesonaje que has sido en la playa.

    Saludos (tardíos, es cierto) y abrazos mil.

    AG

  6. quien la canta en español

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