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Ultratumba


…oigo ruidos ahí fuera, pero no tengo ganas de enterarme de qué está pasando, total, a mí ya qué más me da, si estoy muerto… ¿esto será para toda la eternidad o eso serán pamemas de las que nos contaban los curas para tenernos sometidos bajo su doctrina…? ¿para qué más infierno que esta soledad, tan lejos de Natalia, de su cuerpo siempre cálido bajo las sábanas? …echo de menos ese calor inigualable, ese tacto cálido, sensual, suavísimo, que tantas madrugadas de aquel tiempo terminó en abrazo, en placer enloquecedor… aquí, en cambio todo es frío… frío y desolador… ese olor a cadaverina, que ya no me repugna, porque ya es mi propio olor… o el olor de lo que queda de mí, sólo un cuerpo hinchado que pronto será un repugnante amasijo de vísceras en descomposición y un resto de conciencia, como una difusa percepción de las cosas, de mi propio discurrir, si es que al final, todo esto no es una terrible pesadilla… pero creo que no, que la muerte me sobrevino realmente anoche… ¿sería anoche? ¿en esta muerte hay también noches y días, se mide el tiempo de la misma forma que antes, en plena vida? … no lo sé, me siento muy confuso… esto de estar muerto me resulta tan nuevo y tan extraño… pero es cierto, anoche, o cuando fuera, me llegó ese dolor insoportable junto a la axila izquierda, un dolor intensísimo que me asustó durante un instante y que me hizo comprender que iba a morir… sólo me quedó conciencia para mirar desesperadamente a Natalia, una última mirada que me llenó de alarma, pues no vi en ella ni miedo, ni nervios, ni pena, sino un gesto de tranquilidad, como si se estuvieran cumpliendo todas sus expectativas, como si contara con mi muerte y la estuviera esperando… y empecé a comprender… yo no sé qué pensar, no era tan fría, tan calculadora… al menos hace unos años, que últimamente ya era otra cosa… pero eso ya da igual, aquí estoy en esta extraña situación a la que llamamos muerte y que siempre me ha dado miedo, me  ha sobrecogido… ahora comprendo que no es tan grave: tal vez lo único bueno que tenga estar muerto es que ya todo da igual, que hasta la mentira, el desamor, el distanciamiento de Natalia… ya nada me importa…

…me resulta extraña esta inmovilidad… intento mover un dedo y parece como si estuviera clavado, como si lo apisonara una montaña entera… y abrir los ojos me resulta algo tan arduo que me está provocando una extraña exudación, algo parecido al sudor de los esfuerzos de cuando estaba al otro lado, cuando me sentía tan desgraciado que continuamente deseaba morirme… ¡qué paradoja!… yo he deseado la muerte tantas veces… cada vez que Natalia me hacía ver que no la hacía feliz, que la exasperaba pese a mis esfuerzos por complacerla, por que se sintiera dichosa, aunque sólo encontraba reproches y gestos de indudable desprecio, clarísimas demostraciones de que yo me había convertido en una penosa carga para ella… cada vez que la veía junto a mí en la carnicería, manejando los cuchillos, pensaba que deseaba clavarme uno, despiezarme como a un cerdo o a una pieza de ternera de las que vendíamos… tal vez, pasar juntos las veinticuatro horas del día no era bueno, su hastío se acrecentaba y cualquier cosa que yo hacía parecía producirle un hartazgo insufrible… además, el negocio ya no era tan productivo y la preocupación económica la tenía siempre de mal humor y lo pagaba conmigo… sólo la veía feliz cuando venía don Ignacio, el forense, y ella le preparaba las mejores chuletas, los mejores filetes…

Imagen tomada de la web de los empresarios y comerciants de San Martín del Rey Aurelio

-Natalia, qué bien cortas la carne. Parece que llevas toda la vida haciendo autopsias, como yo.

-¡Qué cosas me dice usted, don Ignacio!

…y se le iluminaba el rostro con un sonrisa como las que antes me dedicaba a mí, hasta el punto de que llegué a pensar que algo había entre los dos, que mi mujer estaba medio enamorada de aquel vecino, de buena presencia y de maneras mucho más finas que las de un simple carnicero como yo… después yo pensaba que no, que aquello eran figuraciones mías y hubo una vez que, cuando don Ignacio se fue, al verla con aquella sonriente felicidad, volví a sentir una olvidada ternura por ella e intenté hacerle una caricia…

-¿Qué haces? ¿Estás tonto o qué?

…me respondió con una gigantesca carga de desprecio en el rostro, algo que me hizo comprender que la había perdido para siempre, por más que me pareciera incomprensible: yo no me merecía ese trato, ni esa distancia, ni esa frialdad… fue cuando empecé a pensar en matarla, en liberarme definitivamente de ese fracaso  que ella suponía para mí… y don Ignacio volvía a la tienda cada vez con más frecuencia… parecía imposible que un hombre que vivía solo pudiera consumir tanta carne y tanta charcutería… hacía falta ser muy ciego para no darse cuenta de que venía por ella, que, dicho sea de paso, tiene un cuerpazo muy deseable, unos casi cincuenta muy bien llevados, ¡si lo sabré yo! …y un buen día don Ignacio empezó a llamar por teléfono a la tienda y a hacer su pedido… que si se lo podíamos llevar a casa, que le venía muy mal llegarse a la carnicería, que si había que pagar algún dinero más no habría problema… y Natalia vio en aquello una forma de quitarse de mi presencia, así que cada día miraba el reloj y el teléfono con más insistencia, expectante como una adolescente con su primer novio… o como una adúltera con su segundo hombre… y tras la llamada, cogía el pedido y se iba a la cercana casa del forense… yo no era tonto y sabía qué estaba pasando, me daba cuenta de que las salidas eran cada vez más injustificablemente largas, que volvía con la sonrisa de una mujer feliz, mirada que se le esfumaba al reencontrarse conmigo, lo que la ponía cada vez de peor humor… yo comprendía, en medio de aquellos insoportables silencios, que tenía que deshacerme de ella, antes de que ella tomara la iniciativa…

“Annie Blooming”, de Laura Den Hertog

…para no equivocarme, sin que ella lo supiera, dejé de ir a los entrenamientos del club de futbito, donde pretexté una contractura muscular, así que cada tarde simulaba seguir mi rutina y salía de casa, pero me apostaba en la esquina y la veía salir hacia la casa de mi rival y volver casi cuando yo tenía que regresar, tras pasar un rato en la casa del amante… porque estaba muy claro que eran amantes… empecé a pensar un plan para deshacerme de ella de una forma que pareciera accidental y me exonerara de cualquier asomo de culpa… tenía que decidir si en casa o en la carnicería, si conmigo presente o aprovechando un de los escasos momentos en que yo salía a hacer alguna gestión, si se iba a tratar de una herida de cuchillo, un problema con el cierre de la cámara frigorífica, un cortocircuito, un medicamento equivocado… no podía fallar en la decisión que tomara… aunque fallé en lo esencial: no darme cuenta de que Natalia y su amante iban por delante de mí… de que un forense tiene que saber mil formas de provocar la muerte a alguien sin dejar rastros, pues su oficio consiste precisamente en encontrar los indicios que los asesinos dejan… ¡está tan claro!… la salsa de la otra noche tenía un regusto tan extraño… el dolor del infarto provocado, la cara neutra de mi mujer, la autopsia que ayer me practicó el propio don Ignacio, los llantos y aspavientos de mi mujer, los mil besos de pésame de los clientes en el funeral, la llegada al cementerio y el desmayo de mi hermana, siempre tan efectista y falsa… y aquí estoy, según dicen para toda la eternidad, considerándome un absoluto imbécil y creyendo percibir en cada ruido que llega de fuera los jadeos de placer de la pareja que me ha matado… no sé si en la tumba se cultivan las amistades con otros muertos cercanos, espero averiguarlo… si es así, me atormenta la idea de lleguen a enterarse de la infidelidad de Natalia, que tal vez aquí se den bromas pesadas, para entretener el tiempo de la eternidad:

-¿Te has enterado? al nuevo se lo cargó su mujer después de ponerle los cuernos, que hay que ser desgraciado…

…espero que no se enteren de mi problema, que no entierren por aquí a nadie del vecindario que empiece a contar chismes sobre mí: no estoy dispuesto a disimular por los siglos de los siglos ni a ser el hazmerreír del cementerio… ya sé que  todo da igual aquí, pero esas cosas fastidian…

Alberto Granados

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26 comentarios el “Ultratumba

  1. Francamente muy bueno, me ha gustado, la descripción “postmorten” del finado es irrepetible, aunque por la foto de la magnifica carnicería, tal vez convendría indicar que se hizo tras la restauración subvencionada por el forense.
    ¡¡Felicidades¡¡

    Juan A. Fernández Matas

    • No, ni hablar: la subvención fue cosa del ICO y de un programa para fomento de la competitividad de la CVonsejería correspondiente, con cargo a los fondos europeos de la Cosa…

      Celebro que te haya gustado, amigo mío.
      Un abrazo,

      AG

  2. Tremendo relato, una historia de adulterio y asesinato, y asesinato frustrado por parte del narrador, al que al final le fastidian las posibles habladurías de sus vecinos para toda la eternidad. Es darle una vuelta a la eternidad paradísiaca de las religiones.

    Vi hace tiempo una película italiana, de diferentes escenas, creo que se titulaba “Gente di Roma”, en la que había también una escena con los muertos conversado de tumba a tumba, y las mezquindades y habladurías que se habían ido creando con los años.

    • Mi referencia más directa es “Pedro Páramo”,. de Juan Rulfo. Empecé a escribir el relato hace dos años y no le encontraba chispa algunja, así que lo daba por perdido, pero hace unas semanas, al pasar por una carnicería, un matrimonio tenía una linda bronca mientras manejaban los cuchillos con una envidiable soltur. Me dije: ahí está el relato. Y parece que os ha gustado.

      Un abrazo,

      AG

  3. ¡Qué bueno!
    Me parece genial el análisis de la situación que hace el muerto, y como se lleva los complejos al otro mundo, con su preocupación por el qué dirán.
    Enhorabuena Alberto.

  4. Alberto…ma has hecho estremecer. desde hoy me hago vegetariano.

    • No, no, Johannes. Nada de eso. Un buen filete de ternera es algo casi eucarístico, tiene su mística y su sabor. Lo malo es que los oficiantes, humanos al fin, lleven malos instintos, pero la ternera era muy buena chica.
      Me alegra verte por aquí. Un saludo y a ver cuándo nos encontramos por ahí abjo.

      AG

  5. Alberto:
    Muy bueno, con todos los ingredientes: casquería, infedilidad, tentativa de asesinato, asesinato y, por encima, las reflexiones “tan humanas” del muerto, y esa escritura tan fluida, tan clara. Genial y muy apropiado en estas fechas. Enhorabuena y gracias

    • Muchas gracias, José Carlos. Más arriba he explicado la génesis de este relato.
      He tratado de pintar una muerte algo más desenfadada de lo habitual, con más humor, aunque se anegro. Gracias por aparecer por aquí.
      Un abrazo,

      AG

  6. Precioso cuento, cuyo personaje principal, más que el muerto-narrador, Natalia y el forense, es el humor. Un humor negro y muy en línea de los grandes humoristas españoles. Es imposible leerlo sin que aflore la risa y la sonrisa. Enhorabuena y un abrazo.-F. Gil Craviotto.

  7. Cuando escribes, te deslizas con una naturalidad pasmosa. Haces que uno lea como si estuviera respirando. En fin, que te veo en la linea de salida de una gran novela.
    La parte del muerto y su percepción del tiempo, la he leído dos veces. ¡Una maravilla!

  8. Macabramente fenomenal; el monólogo se las trae. Enhorabuena.

  9. A mi miedo miedo… la verdades que no me da. Más bien me cabrea que esas cosas puedan pasar. Pero me parece bastante bueno el cuentecillo. Como siempre.

    Lo guardo como los otros y pronto podré editar tus “cuentos completos”

    Pero si quieres dar miedo cuenta algo del Sr. Botín (Nunca mejor puesto un nombre) y disfrázate como él. Eso síi que puede dar una diarrea instantánea y casi casi mortal.

    • Alfonso, no metas aquí botines de pirata ni señores que, por mucho dinero y poder que acumulen, en poco tiempo estarán haciendo de muerto novato, preguntándose las mismas cosas que mi pobre carnicero.
      Un abrazo,

      AG

  10. Qué insoportable levedad la del no-ser. Es ese humor negro lo más terrorífico: la consciencia de la propia muerte, su perdurabilidad eterna en ese ámbito tan “desalmado”. Y para colmo esos detalles estilísticos tan poéticos (de Poe), ese aroma cataléptico…¡Me muero de placer (lector), querido Alberto!

  11. You used to have a translator on your blog. I think it was Google translate.
    What became of that?

    • Dear Goatman,I think you’ve got a confussion: I’ve never used any translator on my blogs.
      Lola helped me a tiem ago with a search about a painting. Now, someone has mailed me the right answer and I’ve shared it to Lola Gates. That’s all.

      Regards,

      AG.

  12. Aunque yo soy más de las cosas de este lado ,lo he leido con mucho gusto .Muy bueno tanto en el fondo como en la forma .Enhorabuena colega y recuerda que tenemos un cafelillo o una cerveza pendiente. M. carmen

  13. I could be there in the “mistaken” category, sorry.

  14. Ya ves que no soy la única que ve el embrión de una nivela en casi todos tus relatos. Este me ha gustado mucho. Entronca directamente con los relatos y películas de la España negra donde lo escabroso enlaza con el sentido del humor.
    Enhorabuena y a seguir.
    Un petó!

  15. Mari Carmen, yo también soy más de este lado, pero tenía el relato empezado hace dos años y me propuese sacarlo adelante para esta fecha. Celebro que te guste.
    Te llamo para el cafelillo.

    Goatman: no matter. You can be as mistaken as you want on this blog. Feel free to be right or wrong.

    Glòria: no me siento capaz de escribir más de seis o siete folios. Me falta constancia para embarcarme en cosas más extensas. Lo intenté una vez y el rsultado me resultó tan decepcionante y la labor tan ardua, que a los seis meses lo dejé.

    Gracias,

    AG

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