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Muerte en Venecia


Durante el pasado mes de marzo, estuve tres días en Venecia, ciudad que me cautivó con la belleza de su canales y sus palacios, sus puentes e islas, su inexorable decadencia.  Desde unos días antes del viaje hasta un par de semanas después, leí mi pequeño “ciclo veneciano”, que junto a “Mientras dormían” (Donna Leon) y la relectura de “El mercader de Venecia” (W. Shakespere), incluyó otra relectura: “La muerte en Venecia”, de Thomas Mann.

 

Venecia desde el vaporetto a la Giudecca

Cuando la censura la dejó estrenar en España, vi la magnífica versión cinematográfica que dirigió Luchino Visconti en 1971. Para quien no recuerde: un compositor muniqués llamado Gustav von Aschenbach, siempre obsesionado por la idea platónica de la belleza, pasa una temporada en Venecia, instalado en un lujoso hotel del Lido. Allí la vida transcurre con una monótona y reconfortante calma, pero el músico se ve turbado por la belleza de un efebo polaco, Tadzio (Trazio en el libro), que se convierte en una pasión irrefrenable.

 

 

 

 

El Gran Canal y el Puente de Rialto al amanecer

Von Aschenbach, influido por “El Banquete” de Platón, admite que la única verdad es la belleza y observa continuamente al joven, al que sigue obsesivamente por una ciudad que no sólo se hunde entre el fango de laguna Véneta, sino que sufre una epidemia de cólera que las autoridades se empeñan en ocultar para no perjudicar el negocio del turismo aristocrático.

El músico accede a los cuidados de un peluquero, que lo remoza (un corte de pelo diferente, una mano de tinte en las canas, un bigote más a la moda…), en una sacrificada bajada a su propio infierno: la asunción de su homosexualidad y el inevitable paso del tiempo. Una vez aceptadas ambas realidades, se deja morir mientras contempla los juegos del chico en la playa y una fuerte lluvia le convierte los afeites en manchas y el gesto, hasta entonces lleno de dignidad, en una miserable mueca: belleza y fealdad, juventud y decadencia, realidad y deseo, vida y muerte… mezclados en Venecia, una ciudad que ni siquiera es ciudad, sino un grupo abigarrado de islas sobre un mar, que tampoco es un mar, sino un fangal. ¡La vida es pura contradicción!

 

 

Von Aschenbach y Tadzio (fotograma de la película)

La película, de una calidad estética poco común, traía consigo una banda sonora magnífica y convirtió el tema principal en un éxito. Se trata del Adagietto de la quinta sinfonía de Gustav Mahler.

 

 

 

 

La música parece compuesta para esa decadencia estética de Venecia, pese a ser muy anterior a la novela y a la película. Disfrutad de la solemnidad desgarrada del adagietto mientras repasáis el correo o leéis la prensa. Buen sábado,

Alberto Granados

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2 comentarios el “Muerte en Venecia

  1. Thomas Mann, Mahler y Visconti siempre estarán unidos en nuestra mente gracias esta película…, bastante tramposa. No lo digo de manera peyorativa, me explico:

    La novela, corta, no tiene como protagonista a un compositor de música sino a un escritor. En cambio Visconti en la película convierte a Aschenbach (que curiosamente se llama Gustav en la novela) en un compositor que recuerda los rasgos de Gustav Mahler, pues así han caracterizado a Dirk Bogarde. Y Visconti utiliza el adagietto de la 5ª sinfonia, que parte del lied Ich bin der Welt abhanden gekommen, un lied dedicado a su esposa Alma. Creo que mucha gente en el mundo, dentro de lo minoritaria que puede ser una película así, hará un paralelismo con el personaje de la película y Gustav Mahler…, que nada tienen que ver.

    He de decir que la novela la leí en mi juventud, apenas tras salir del instituto y no he vuelto sobre ella. La leí antes de ver la película, que vi en televisión. La historia sigue siendo mínima, pero la novela está plagada de citas literales de Platón, que en esos momentos tenía muy fresco entre las clases de Filosofía de COU, las lecturas obligadas, Fedro, de la facultad y las traducciones de griego que fueron quienes me llevaron a Platón. De una historia mínima Visconti hace una película sobre la decadencia y la imposibilidad del amor, poniendo como marco a Venecia, una ciudad que me duele por motivos personales en los últimos tiempos…

    Sigo siendo una entusiasta de Thomas Mann cuyas grandes novelas he leído varias veces, quizá va siendo hora que vuelva sobre Muerte en Venecia, dado que no ocupa sitio en mis estanterías sino unos pocos Kb. en el Kindle…

  2. Alberto, he puesto mal el enlace, si puedes los arreglas, si no que busquen en el blog..

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