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Imágenes de Granada. 23: Puerta Real, el corazón de la ciudad


Las primitivas murallas defensivas de la época musulmana se mantuvieron en pie en Granada hasta bien entrado el s. XVII (se tenía cierto miedo a una eventual invasión desde el mar de turcos o berberiscos). Junto a las dieciocho puertas que franqueaban la entrada al recinto amurallado, había una serie de postigos secundarios, uno de los cuales, el del Rastro (situado a la entrada de la popular calle Mesones, junto a la Plaza de Bibarrambla), fue el punto por el que entró a Granada el Rey Felipe IV el día 8 de abril de 1624, miércoles santo.

 

01 Plataforma de Ambrosio de Vico XVI XVII

En la Plataforma de Ambrosio de Vico, he delimitado la explanada de Puerta Real

La visita real fera parte de un viaje en el que el monarca recorrió buena parte de Andalucía, acompañado por un nutrido séquito en el que figuraban, entre otros, don Francisco de Quevedo y el Conde-Duque de Olivares. La corporación municipal gastó la friolera de un millón de maravedíes en los fastos de la recepción. Quevedo, al reflexionar sobre estos despilfarros rodeados de ruina, sentenció: “Aquí, hasta el aire lleva Don y se titula Don Aire”.

Junto al Postigo del Rastro, así convertido en Puerta Real, se fueron asentando una serie de tabernas, burdeles y oficinas de alcabalas, de manera que pronto fue una zona muy transitada. Con la aparición de la devoción de la Virgen de las Angustias y la construcción de su actual basílica, la zona fue creciendo y urbanizando zonas poco habitadas hasta entonces (los barrios de la Virgen, la Magdalena y de San Antón) y con ello, ganando en población y signos de vida.

El primitivo Postigo o Puerta Real fue demolido a mediados del XVIII, produciéndose la paradoja de que, aunque no exista el menor vestigio de la existencia de la puerta, la zona sigue llamándose Puerta Real de España (“Puertarráh” en granaíno), nombre con el que actualmente conocemos hoy una extensa zona urbana, auténtico corazón y centro neurálgico de la ciudad, por el que transcurre bulliciosa la vida y la gente de Granada y sus municipios de la Vega, algo que ya sorprendió a uno de los viajeros románticos, que escribió esta deliciosa estampa costumbrista:

“Cansado de tanto monumento, el turista puede reposar ojos e imaginación en la hermosa Alameda, cerca de donde el Genil y el Darro se juntan. Allí, la aristocracia local, siempre concienzudamente entregada a no hacer nada, se reúne al anochecer si es verano y al atardecer si es invierno. Todas las damas van de mantilla y lucen abanicos; los caballeros van tan elegantemente ataviados que el mismo Mr Poole debería recibir lecciones del excelente sastre de Granada. La parte más antigua de la Alameda, enmarcada entre filas de hermosos y vetustos árboles, y con fuentes en los extremos, se llama El Salón, puesto que allí se reúne la sociedad y allí resuelve sus principales asuntos. Viene a ser una velada pública y al aire libre que se celebra regularmente; una Feria de las Vanidades en miniatura donde los padres pasean de un lado a otro a las hijas casaderas seguidas de sus admiradores…” (Augustus Hare “Wanderings in Spain”, 1873).

Es curioso que mucha gente joven (estudiantes foráneos y jóvenes que no se han planteado el asunto) desconozca el hecho de que debajo de dicha extensión, soterrado y clandestino, transcurre el curso del Darro, el viejo “río de oro” o Dauro, que se empezó a tapar por motivos higiénicos mucho antes (a lo largo de la calle Reyes Católicos, desde la iglesia de Santa Ana, en el s. XIX). Después vendría el soterramiento de otro tramo: hasta el Puente de Castañeda. Finalmente, el soterramiento alcanzó el último segmento: desde el Puente de Castañeda hasta el enlace con el Genil, donde se juntan “los dos ríos de Granada / uno llanto y otro sangre”, según García Lorca.

Esta circunstancia hace que la zona fuera en realidad sólo una acera a cada lado del cauce, lo que le daba una peculiar fisonomía. Me tomo la licencia de separar metodológicamente la zona en tres áreas: la Acera del Casino, llena de edificios nobles; la Acera del Darro, entonces más modesta; y el cauce del río, llamado popularmente “el Embovedado” desde su soterramiento y que parte del famoso café “El Suizo” (hoy día reconvertido en dos o tres negocios franquiciados, sin ninguna personalidad).

 

02 CENTRO 1 Acera del Casino 02

03 CENTRO 1 Acera del casino 03

04 PUERTA REAL 05 Embovedado 5

06 Puerta Real a principios de 1900 (Granada antigua)

Distintas perspectivas de la explanada de Puerta Real

07 CENTRO 1 Acera del Darro 08 Puente de Castañeda

Uno de los puentes desaparecidos con el soterramiento del río: el de Castañeda

 08 CENTRO 1 Acera del Darro 03 Acera del Darro y Puente de la Virgen

Queda claro por qué se le llama “Acera del Darro”

10 Proyecto de reforma embovedado de Puerta Real, Ide3al 26 de Noviembre de 1940

 11 CENTRO 1 Acera del Darro 07Trabajos Embovedado (Puente de la  Virgen)

12 PUERTA REAL 11 Embovedado 11 vista aérea

El Embovedado: proyecto, ejecución de obras y vista aérea

PUERTA REAL 15 Reventón del Darro 1951

El 12 de septiembre de 1951, la descarga de una tromba de agua cegó el cauce y provocó un enorme socavón en Puerta Real. En la memoria colectiva de los granadinos el suceso se llama aún “el reventón del Darro”

13 PUERTA REAL 06 Embovedado 6

Puerta Real

Al fondo, siempre el edificio de “El Suizo”

Puerta Real con el solar del Isabel la Católica

Puerta Real deja solar para el que será el Teatro Isabel la Católica

Puertal Real Nevado (Granada antigua)

Puerta Real bajo una capa de nieve

Hay quien ha dicho que Granada es una ciudad que fusila a sus poetas y oculta sus ríos. La gran reforma de la ciudad, llevada a cabo por la burguesía más o menos emprendedora de la segunda mitad del XIX, optó por habilitar para el tráfico la calle Reyes sólo porque debía conectar con la reforma de la Gran Vía. Se enterró con ello un río atravesado por once puentes y cargado de leyenda. Si las grandes arterias de la ciudad hubieran surgido con un trazado distinto, nuestro centro tendría ahora un aspecto bien diferente y tal vez no existiría esa Puerta Real de España por la que toda la ciudad pasa todos los días a todas horas, creando en el paseante observador la sensación de un laborioso hormiguero. Con lo que me gustan las ciudades con río (Londres, Praga, Lisboa, Viena, París…) creo que Granada me gustaría aún más con su Darro descubierto, pero esa ciudad fluvial, desaparecida en nombre del progreso, me resulta imposible de imaginar, y la veo casi una ficción, algo mucho más soñado que real: la ciudad es la que es y eso no tiene remedio.

Alberto Granados

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4 comentarios el “Imágenes de Granada. 23: Puerta Real, el corazón de la ciudad

  1. Muy bueno.
    Hasta principios de los años setenta del siglo pasado, existió un corralón enorme al que daban los patios de atrás de las casas burguesas de la Carrera del Genil.En ese gran patio se congregaban talleres de reparación de toda índole, mecánicos, electricos, carpinterias y por supuesto de automóviles. Un gran arco con puertas daba entrada al corralón, que era conocido como El Rastro, estaba en la misma acera de la basílica de la Virgen de las Angustias ocupando casi todo el tramo, desde el colegio de la iglesia hasta, más o menos, la casa del cine Madrigal. Es decir que, por esas vueltas que da la vida, el Rastro se convirtió en El Corte Inglés.

  2. He de decir, que un familiar intervino en las negociaciones, que el rastro estuvo a punto de no convertirse en Galerias Preciados, a causa de la casa, que luego se “trasplantó” al lado de la del cine madrigal.

  3. Coco y Morayma, ¿os acordáis de un sitio que había en esa fachada (calculo que por donde anda actualemente el local de Mariscal en la Carrera de la Virgen), que se llamab Espumosos El Támesis, donde ponían unas bebidas llenas de colorantes que te dejaban la boca de cualquier color?

    Me gusta evocar estas cosas, muchas de las cuales no fueron cosa de mi niñez en Jaén.

    AG

  4. ¿Como no vamos a acordarnos de los Espumosos y de la Pastelería Calleja, Alberto? En nuestro lugar de encuentro se ha hablado mucho de los espumosos.

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