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Vesti la giubba


Cada vez que escucho esta aria de “Pagliacci” (Ruggero Leoncavallo, 1892) me viene a la memoria una escena de la película “Los intocables de Elliot Ness” (Brian de Palma, 1987): un Al Capone lleno de vilezas llora emocionado por la belleza del aria, lo que viene a decir que incluso el más abyecto de los hombres encuentra en la música un punto de grandeza y sensibilidad, casi un amago de redención.

Poster

Poster de la ópera, en operaseabrook.org

Al margen de esta consideración, tal vez un poco extraña, “Pagliacci” es la ópera que inaugura la tendencia del verismo. El prólogo, a cargo del personaje Tonio, el jefe de una tropilla de actores de la commedia dell’arte, se considera como el manifiesto oficial de la tendencia verista: se acabaron las lágrimas falsas y los viejos  esquemas acartonados sobre la pasión humana. A partir de ahora, sentimientos, sufrimientos, pulsiones… serán auténticos, de los que pueden afectar a cualquiera, pues el teatro será cada vez más como la vida.

La pieza de este sábado es una reflexión de Canio, uno de los payasos, sobre el sentido de su profesión, donde hay que hacer reír pese a la infelicidad que el actor sienta en su interior.

El texto, con la traducción, como siempre, es de Kareol. He preferido la versión de Mario Lanza, frente a la de Caruso por la calidad de la grabación.

 

CANIO

Recitar! Mentre preso del delirio non so più

quel che dice e quel che faccio!

Eppur… e d’uopo… sforzati!

Bah, se’ tu forse un uom!

Tu se’ Pagliaccio!

¡Declamar! Mientras preso del delirio

no sé ya qué digo ni qué hago!

Y, sin embargo,… es necesario…

que te esfuerces!

¡Bah! Si fueses un hombre…

¡Eres un Payaso!

Vesti la giubba e la faccia infarina.

La gente paga e rider vuole qua,

e se Arlecchin t’invola Colombina,

ridi, Pagliaccio, e ognun applaudirà!

Tramuta in lazzi lo spasmo ed il pianto;

in una smorfia il singhiozzo e il dolore…

Ridi, Pagliaccio, sul taro amore infranto!

Ridi del duol

che t’avvelena il cor!

Vistes la casaca y te enharinas la cara.

La gente paga y quiere reírse aquí

y, si Arlequín te levanta a Colombina,

¡ríe, Payaso, y todos aplaudirán!

Cambias en chanzas el dolor y llanto;

en burlas los sollozos…

¡Ríe, Payaso, de tu amor destrozado!

¡Ríe del dolor

que envenena tu corazón !

(Entra commosso sotto la tenda)

(Entra, convulso, bajo la tienda)

La eterna dicotomía que opone realidad y apariencias, felicidad y desgracia, verdad y mentira. Tal vez la vida sea puro teatro, como en el bolero de La Lupe, y sólo seamos actores que ocultamos (incluso de nosotros mismos) nuestras contradicciones y nuestras miserias.

Alberto Granados

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