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Mundos cruzados


En una casa del Albayzín, un morisco da a Marian, su esposa, una larga serie de instrucciones para matar esa noche al Emperador Carlos V, ante el cual va a bailar en su palacio de la Alhambra. Dicha muerte será el inicio de la rebelión morisca, que su marido prepara junto a otros juramentados. La joven piensa en el sacrificio que se le exige para que triunfe la causa de un hombre que jamás la ha valorado como persona. Finalmente, el Emperador no muere, sino que pasa la noche con ella y, agradecido por su dócil entrega, le hace  un obsequio que acaba de recibir de manos del Nuncio papal: un curioso reloj de oro, fabricado por Juanelo Turriano, que representa una alegoría de Saturno devorando a sus hijos, “…de la misma manera que el tiempo devora los años, los meses y los días.” (pág. 8).

Ante la imposibilidad de volver a su casa, sin haber cumplido su misión y además deshonrada, la joven decide huir con su regalo y llega a la recién descubierta América, donde trata de iniciar una nueva vida, para lo que simula ser cristiana vieja.

Portada de Mundos cruzados

“Mundos Cruzados”, portada.

Este es el punto de partida de la compleja “Mundos cruzados” (Madrid, Ediciones Evohé, 2012), última novela de Fernando de Villena, todo un friso histórico que abarca desde esa noche alhambreña de 1526 a la época actual, con referencias al corralito de 2001, a la llegada masiva de argentinos a España en calidad de descendientes de los exiliados de la Guerra Civil o a las misiones españolas en Afganistán. Las sucesivas tramas abarcan siempre desde el nacimiento de algún personaje hasta su muerte, con el consiguiente paso a una nueva generación y la herencia del reloj de Juanelo Turriano, como mudo testigo del paso del tiempo y sus avatares. Los personajes que deambulan por la novela (más de cien) se mueven continuamente entre las colonias hispanoamericanas y la metrópoli, cruzando el Atlántico en ambas direcciones y enlazando indisolublemente ambos mundos, situación a la que hace referencia el título.

Una novela concebida así tiene una necesaria servidumbre: elegir entre el enorme caudal narrativo que se despliega o la matización de los personajes y situaciones. Villena opta por el primer camino, de manera que la novela es un galope narrativo en el que las historias de los protagonistas se desarrollan con una amenidad y un ritmo envidiables, aunque los perfiles psicológicos aparecen difuminados. Hay, pues, mucha acción y poca caracterización. Villena impone un ritmo narrativo frenético, en el que no paran de suceder hechos, pura  materia narrativa. Quince capítulos para quince protagonistas que aparecen poco definidos, si acaso por un rasgo, por una pincelada mínima y por su comportamiento narrativo, pero sin llegar a perfilar los procesos psicológicos, para después ceder el paso (y el reloj) a uno de sus descendientes y perderse en el curso de la Historia. No  señalo este hecho como un defecto (la novela es absolutamente solvente tal como la ha concebido el autor), sino como una característica insoslayable de esta obra, que habría necesitado una extensión desmesurada para atender la inabarcable definición más matizada de esta colmena histórica.

Mújica Láinez y su novela “El escarabajo” son las referencias literarias directas, y lo que en el argentino era un anillo egipcio con un escarabajo engastado, que hacía de narrador, en Villena es ese reloj que simboliza el inexorable paso del tiempo. Aquí el narrador es una tercera persona omnisciente, y se diría que eterna e inmortal, ya que nos cuenta casi quinientos años de Historia, apenas diferenciados, en una pura sucesión de épocas, si acaso marcadas por una fecha, un reinado, un detalle del vestuario o del transporte. Sólo hay dos cambios de época que merecen al autor un mayor desarrollo: el cambio de los Austrias a los Borbones, en el que Villena parece necesitar más del detalle (vestuario y peinados) y la etapa del inicio de las revoluciones del XIX. En el resto de los casos, las transiciones casi no se notan, lo que hace de la Historia un manso fluir de los hechos, como en realidad es la propia vida.

Tan dilatado período y tan cambiantes escenarios permiten al novelista fijar una serie de circunstancias y hechos históricos que al final suponen una pesimista visión de la condición humana: la situación de los moriscos granadinos, la codicia anexa a la conquista, la esclavitud y las instituciones que la disfrazaron (la mita y las encomiendas), la inanidad de la corte, la superficialidad de las grandes causas, la masonería, la época de la liberación de las colonias, la eterna ruina de España, las guerras de Cuba y de Marruecos, la aparición de los anarquistas, el mundillo literario de las épocas modernista y de las vanguardias, la Guerra Civil, el exilio de los que la perdieron y las represalias entre los que no se marcharon, las dictaduras latinoamericanas, el corralito argentino… Por encima de todo, queda planeando la sensación de que todo poder es una corruptela, las grandes causas meras trampas llenas de contradicciones y los heroísmos individuales sólo son actos de inadvertida ceguera en que el pueblo llano, y sólo él, será quien sufra las arrolladoras contingencias de la Historia, siempre relativas.

Fernando de Villena en una foto de su blog

Fernando de Villena en una foto de su blog

Pero a lo largo de la novela aparecen varios temas recurrentes, que constituyen tesis transversales, tal vez preocupaciones éticas y estéticas del autor.

Uno de dichos temas es el relativismo moral de los hechos históricos. En el capítulo IX, Cristóbal, un jurista que vive como administrador en el granadino Colegio San Bartolomé y Santiago, abraza la causa de la masonería. Tras huir de nuestra ciudad, forma parte de los juristas que preparan en Cádiz la Constitución de 1812. Para su sorpresa, es enviado a América para que ayude a las colonias a preparar su independencia, lo que para él equivale a traicionar a España. Su interlocutor deja clara la ambigua realidad:

“-No le pido que actúe contra España, sino a favor de la humanidad y de ese concepto de unión fraterna que usted juró defender hasta con la última gota de su sangre. […] Su cometido se resume a, en caso de que se produzca la independencia, ayudar a imponer una noble constitución para aquellas tierras que tanto amamos. Si por el contrario continuasen siendo fieles a España, ya les alcanzará esta otra sobre la que usted con todos los diputados ha estado trabajando hasta ahora”. (pág. 212)

Un capítulo después, cuando Cristóbal intenta retener a su hijo Víctor, al que están a punto de llevarse a la fuerza  a la guerra contra los indios de la Pampa, el chico habla de sus deberes para con la patria. El padre, que ya ha aprendido en carnes propias la relatividad de las grandes ideas, le dice:

“-A esos demonios [los indios ranqueles], hijo, les están robando sus terrenos las gentes adineradas de Buenos Aires. Si van de malón es porque cada vez tienen menos lugares para ir de caza. Tú no vas a servir a la patria, sino a la codicia de unos pocos. Las patrias son inventos de los que están arriba para abusar de los que están abajo. La patria del hombre libre es el mundo entero”. (Págs. 221 a 222).

Fernando de Villena en la presentación de su novela Udaipur, junto a Francisco Gil Craviotto,

Fernando de Villena en la presentación de su novela “Udaipur”, junto a Francisco Gil Craviotto,

La novela también se ocupa del papel de la mujer. Una serie de personajes femeninos dejan claro que sólo les ha tocado en la vida el sometimiento al hombre. En el inicio, la morisca va a la Alhambra dispuesta a morir por un asunto del que ha sido previamente excluida, aunque ello no impide que su marido la utilice descaradamente:

“¡Qué poco somos las mujeres para los hombres! –se dijo-. Me ha desposado con diecisiete años cuando en él se apuntaban ya las canas; se ha divertido con mi cuerpo durante veinte meses en los que, además, le serví como una esclava y ya no se le da un ardite separarme para siempre de su lado. Nada somos las mujeres, sino peldaños para la ambición de los hombres o animales para su placer”. (Pág. 6)

Cuando Cristóbal pide la mano de Palmira, ésta ve en ello una promesa de estabilidad para ella misma y para su padre, por lo que acepta y “…se dispuso a amar y obedecer a aquel que los había recogido”. (pág. 220)

Sólo un personaje femenino (Rebeca, en al capítulo XII) encuentra el camino de su propia liberación y lo hace a partir de sus lecturas de la Pardo Bazán, a la que admira por su envidiable actitud a favor de la independencia de la mujer. La protagonista abandona transitoriamente a su marido y a sus hijos en Cuba y viene a España y después a Venecia, donde conoce el placer de decidir por sí misma. Con todo, cuando en 1898 la colonia se pierde definitivamente, la familia vuelve a unirse en Madrid y ella acepta de nuevo el papel convencional de esposa y madre.

Fernando de Villena es escritor de larga trayectoria, así que otro de los temas transversales es el propio hecho literario, el sentido de la creación. Son muchas referencias las que trufan este libro: la ya mencionada Pardo Bazán, los modernistas, Villaespesa, Rubén, Juan Ramón, Gabriel Miró, Alberti y María Teresa León, Federico García Lorca, las redacciones de varios periódicos del Madrid de comienzos del s. XX…

Villaespesa da a los jóvenes una consigna: “Hay que vivir para el Arte y la Literatura y no del Arte y la Literatura” (pág. 254). Más adelante, Guillermo, el protagonista del capítulo XIII, hace esta reflexión:

“Para ser un gran creador –pensaba Guillermo- es necesario mantenerse fiel a uno mismo, pero también lanzarse a una búsqueda constante. Cada jornada el artista o el literato debe vivirla como si se tratara de la primera. Ahora entendía cómo Cervantes pudo llegar a escribir el Quijote. El gran narrador se había templado en los fracasos. Sus exigencias para consigo mismo eran cada vez mayores pues nunca lo engañaron las sirenas del éxito como le ocurrió a Lope de Vega. Las aventuras del hidalgo manchego sólo podían haber sido creadas por un hombre maduro y lúcido, un anciano casi, a quien nadie hasta entonces hubiera distraído con halagos y premios” (pág. 268). ¿Se trata de un manifiesto personal de Villena, de una declaración de principios literarios?

Todo este capítulo me parece un delicioso guiño a “Luces de bohemia”, lo que acentúa el carácter esperpéntico de la sociedad española de la época.

En síntesis, una novela poliédrica en la que, junto a las peripecias vitales de ese conjunto de personajes, se hace un recorrido apasionado por cinco siglos de nuestra historia. Un ritmo agilísimo en la narración y un vocabulario que trata de adaptarse a cada época (son bastantes los arcaísmos que usa Villena: soconusco, la cenital –luz del mediodía-, alquicel…). Amenidad, narración en estado puro, pulso narrativo y ritmo magníficamente marcados, variedad en los argumentos y tramas, documentación histórica muy rigurosa… sirven al autor para cerrar el ciclo, justamente donde empezó: en la Puerta del Vino de nuestro recinto alhambreño, donde dos anticuarios reflexionan, con el reloj de Turriano delante:

“-… un país así, digo, ha arrojado ha arrojado al destierro a través de su historia a muchos de su mejores hijos.

-Otro tanto han ocasionado las dictaduras latinoamericanas.

-Es nuestro común destino”.

Con esta frase final, se cierra el círculo y los dos mundos a los que alude el título quedan indisolublemente cruzados para siempre, tanto por lo que tienen de historia común como por ese incierto futuro que seguirá uniéndonos aún durante muchos años…

 

Alberto Granados

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5 comentarios el “Mundos cruzados

  1. Me ha parecido una crónica estupenda, un brillante análisis de como una novela que tal sería mal llamada “histórica” sirve a la verdad y a los principios de su erudito autor. Pero esto has sabido captarlo tú, tan perspicaz y con tu prosa ágil y transparente que tanto se agradece.
    Gracias, Alberto y un petó.

    • Pues si me das tiempo (estoy liadísimo), habrá una reseña para Ales del silenci, aunque nunca he reseñado poemarios y mucho menos en otra lengua. Todo es cuestión de ir desentrañanado, poco a poco, significados y significantes. Todo se andará (o se volará con esas alas tan especiales).

      AG

  2. El escritor declara la existencia de mundos paralelos, convergentes y divergentes, destinos cruzados que se bifurcan y se materializan en una historia contada con gran rigor estructural, donde los personajes obedecen a vínculos desde inconscientes hasta aquellos que se ignoran debido a la pequeñez de un mundo que es un pañuelo, dispuesto a los encuentros inesperados y a relaciones insospechadas.

    • Buen, August, te agradecería tu comentario si fuera realmente tuyo y referido a la novela de la que memocupo, pero me ha parecido un comentario tan artificioso que he buscado enGoogle y resulta que está copiado de una reseña de una obra de teatro sobre untexto de Borges, No entiendo el sentido de tu participación, que ha estado varios días en la bandeja de spam.
      Así pues, tu participación queda desvirtuada y te agradecería que no vuelvas a hacerlo. Este es un blog serio.
      Tu texto está sacado de aquí:
      http://www.jornada.unam.mx/2012/07/22/sem-miguel.html
      Tu maniobra, cuya intención se me escapa, me parece una marrullería.

      AG

  3. Un atractivo e inteligente resumen de la última novela de Fernando de Villena. Creo que todo el que haya leído este comentario sentirá el irresistible deseo de saborear la novela. Aunque yo ya la había leído e incluso comentado en Ideal y Pepel Literario, al encontrarme con esta crítica tan objetiva y pnderada, he vuelto a repasar algún capítulo. En efecto, en todo momento Fernando de Villena auna el rigor histórico con su facilidad para crear y novelar. El resultado es una obra que, con más de cien personajes, se abre a cinco siglos de Historia. En enhorabuena al autor de la novela y al crítico que ha sabido ahondar en todas sus esencias.-F. Gil Craviotto.

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