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Descubrimientos


Llevaban media tarde jugando al balón en la explanada del corralón y pararon un momento para ir a por la merienda. Unos minutos después, todos estaban juntos de nuevo comiéndose lo que cada madre les había preparado. De repente, el Pérez lo soltó:

-¿Sabéis como nacen los niños?

Y todos:

-Pues claro, ¿cómo no lo vamos a saber?

Pero Nico notó un aire de malicia en la cara de su amigo. Su madre siempre se lo decía: “A ver lo que aprendes del Pérez, que no me gusta un pelo ese chiquillo. Es que no es trigo limpio”.

El primero que se la jugó fue Manolo: “Mi madre me ha dicho que a mí me trajeron las Monjas del Consuelo en un canastillo de flores”. El Juanan, Juan Antonio en realidad, siempre rico y distinguido, aseguró que sus padres lo habían encargado a una tienda de París. Otros aseguraron que una cigüeña los había dejado en el balcón. El docto análisis del Pérez le sonó a Nico como un latigazo:

-Qué va. Eso son cuentos. Los niños nacemos porque nuestro padre y nuestra madre fo… -y soltó lo que la madre de Nico llamaba un “palabrotón” que le hizo al niño abrir la boca, presa del estupor…

 

Elimino este relato por haber pasado a formar parte de mi libro “Mariana contemplando las mareas y otros relatos”, disponible desde el próximo mes de Abril en Librería Nueva Gala. Dejo el inicio, las imágenes y los comentarios que en su momento aparecieron en el blog (Granada, 24 de Marzo de 2017)

 

 

 

 

 

Seat 600

El Seat 600, milagro tecnológico de los sesenta

 

Torremolinos en los sesenta

Torremolinos en los sesenta

 

 

Alberto Granados

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23 comentarios el “Descubrimientos

  1. ¡Ay!, Alberto, el tiempo feliz de los descubrimientos, el estado de asombro permanente, la edad de la inocencia y su pérdida, cuando irremisiblemente aparece un Pérez en nuestras vidas. Un cuadro de costumbres tan próximo y, al tiempo, tan lejano, que nos deja un dulce escozor en la herida del tiempo y su memoria. Una infancia que fue la nuestra. Una infancia feliz en aquella España de carencias y represiones que solo los niños éramos capaces de sortear, simplemente por el hecho de serlo. Un relato tierno y albertiano, escrito con una transparencia lingüística que parece fácil y no lo es en absoluto y que fluye natural de tu dedo y tecla.

    Expectante y ansioso del próximo relato. ¡No tardes! Un abrazo con efluvios proustianos.

  2. Me ha gustado mucho, Alberto. Enhorabuena. Tite

  3. También yo tuve un “Pérez” en mi vida, me lo has hecho recordar vívidamente. Mis sensaciones de entonces fueron muy semejantes a las de Nico, aunque en mi niñez nunca hubo un “regreso de la playa” con abuela incluída.
    Un relato lleno de dulzura que me ha encantado.
    Paco

  4. Mi “Pérez se llamaba Carlitos, ya fallecido y que creo que tú conociste.
    Me ha encantado tu relato aunque la abuela sea un poco de “ciencia ficción”.
    Un abrazo.

  5. Dicen que con los años existe una tendencia a perder la memoria reciente en favor de un exuberante apego por la memoria remota. Sabia la naturaleza que nos obsequia con una recuperación de la niñez casi fotográfica. Tu memoria remota, querido Alberto, te ha hecho un regalo, y tú, con tu vena de poeta jaenero, lo has recreado para nosotros. Cuántas cosas, de seguro bellas, nos quedarán por recrear todavía de nuestro pasado. Enhorabuena.

  6. “Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños.” -Khalil Gibran

    ¡¡Feliciddes Alberto ¡¡

  7. Te felicito Alberto por este retrato de nuestra infancia, de su tiempo y de sus formas.. Lástima de que esa clase de abuelas no hubiera sido más abundante. A pesar de que había pasado la primera mitad del siglo, la mayoría de ellas todavía tenían pegado el siglo XlX en la frente, con su desprecio a la verdad y su falta de respeto por la infancia.

  8. Demostración palpable de que los “grandes problemas” con la edad se van relativizando. Un relato tierno y real.
    Un abrazo.

  9. Gracias, amigos. Efectivamente, siempre hay un Pérez encargado de roturar la arcadia, de romper las inocencias y meternos el sentido de culpa y pecado. También hay abuelas, de las represoras y de las tiernas. de las del XIX (y aun del XVIII) y de las avanzadas.
    Si alguien quiere leer algo sobre abuelas, un relato muy primitivo (es de 2007, cuando empecé esta “faena”): http://blogs.ideal.es/rigolettobloguero/2007/12/28/el-regreso/

    Y a ti, Tite, que entras por primera vez aquí, bienvendio. Dale un abrazo a Pili.

    Gracias por aparecer por este desolado blog. Gracias, también, a quienes me habéis hecho llegar vuestros comentarios a través e Facebook, de correos privados o incluso en persona.
    Abrazos mil,

    AG

  10. Excelente tu relato, Alberto, no solo por la calidad y frescura de tu prosa narrativa sino por haber conseguido reflejar esa arcadia rota en mil pedazos que todos hemos sentido de alguna manera u otra cuando descubrimos que los padres nos “han mentido”, con Reyes Magos, con cigüeñas que vienen de París o con ratoncitos Pérez.
    Con los fácil que es contarles la verdad… que no por ser verdad está menos llena de belleza y encanto (como bien lo atestiguan las palabras de la abuela de Nico).

    Insisto, entrañable y excelente, Alberto. Me ha gustado mucho.
    Un abrazo.

  11. Qué bonito recorrido por la infancia, Alberto! Los fantasmas infantiles son poderosos y mucho más de la mano de un mal profesor como el Pérez. Pero no todos tuvimos una abuela tan enrollada 😀
    Un saludo!!!

  12. .
    Afortunadamente mi Pérez fue el Paco Moraza, un tipo cuyas fabulaciones en torno al descubrimiento eran maravillosas. La realidad, más que sucia, se presentó luego decepcionante.

    Me alegro de la suerte de Nico. Una abuela así no era demasiado habitual.

    🙂

  13. Me ha encantado leerlo, no solo por recordarme como perdí la Inocencia, sino porque es un relato muy bien contado, y ese final de la abuela es enternecedor, si supieras, yo me enteré aunque sin entenderlo mucho por un Problema de Matemáticas.
    Un Abrazo Alberto y me gusta como has estructurado tu Blog. .

  14. Marisa, Kape, Dumi y Sap: Gracias por aparecer por este blog. Si encima es con críticas tan favorables, mucho mejor.

    Dumi, me tienes que explicar la relación entre el tema de fabriucar niños y el de las matemáticas, que de momoento no caigo 🙂

    Señoras y señor: mil abrazos,

    AG

  15. Me ha parecido un cuento delicioso en el que el narrador se imbuye del candor vejado del niño Nico. Excelente el retrato de la abuela que transforma la suciedad posible en gestos de amor.
    Felicidades i un petó.

  16. Un relato de los que gusta releer , muy bonico, mu tierno, bien contado y bien ilustrado . !Enhorabuena y que no decaiga la inspiración . Abrazos M. CArmen García.

  17. Gracias, Mari Carmen. Uno de estos días tengo que ir a Atarfe y, además de toma café con Ángel, recoger el libro que tienes reservado para mí.

    Un abrazo,

    AG

  18. Precioso, Alberto.
    Dulce.
    ¿Hay algo más hermoso que crecer en una casa donde los otros se aman?

    • Malena, nos criaron con ese sentido de la culpabilidad, de la suciedad y del pecado. He tratado de reflejar mi propio descubrimiento, aunque en mi casa éramos muchos hermanos y yo el menor. Mi abuela no fu nmada dulce conmigo y mis padres eran demasiado parcos ante los demás.
      Te hablo de los 50.
      Parece que hiciera un siglo…

      Me alegro mucho de verte de nuevo activa, pero echo de menos relñatos tan contundentes como auqel del poncho del diablo…

      Un abrzao,

      AG

  19. Alberto lo del problema de Matemáticas fue un desencadenante de informaciones que alteraban la realidad y que nos hacía temer lo que preocupó tanto a Nico.
    Yo estaría en Ingreso, creo, muy inocentona y lo que me dijeran mis padres era algo sagrado.
    Así que los niños venían de Paris y los traía La CigÜeña.
    En Clase nos ponen un problema , una cigüeña trae en el pico una cantidad de algo y eso le hace rezagarse de las demás. Había que averiguar, ya no recuerdo, si tardaría más que las otras, o las veces que debía pararse para poder llegar.
    Te lo puedes imaginar, yo leo y releo el problema, y vuelvo a leerlo, y digo en Voz alta:
    No lo entiendo, las cigüeñas vuelan mucho más lejos para llevar a los niños.
    Te juro que nadie se rió, hubo un inmenso silencio. Y nadie dijo nada. Supongo que la monja se lo diría a mi madre.
    Lo Peor fueron las niñas que me quisieron quitar la venda. EEra terrible, mucho peor que Nico con sus dedos, eso si me decían dar a Luz y bueno, era algo terrible para la mujer, creo que todas queríamos ser monjas….Uffff y es mucho más largo de contar….

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