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Música para un sábado machadiano


Para un sábado tan machadiano como éste (ayer se cumplieron setenta y cuatro años de la muerte de Antonio Machado), he optado por tres adaptaciones de sus poemas, así que abrid otra ventana de vuestro buscador para ir leyendo el correo y para trastear en Facebook mientras escucháis la música que os traigo.

Que yo sepa, el primer cantante que adaptó la poesía del sevillano a la música ligera fue Alberto Cortez, que se adelantó unos meses a Serrat, quien de hecho lo incluye en los títulos de crédito de dos canciones de su popularísimo álbum “Dedicado a Antonio Machado, poeta”, (Zafiro/Novola, 1969).

 

 

 

machado

De Alberto Cortez, una gran versión del poema “Soledades”, que aparece con el título de “Yo voy soñando caminos”. Pertenece a su doble álbum “Poemas y canciones, vol. 1 y 2”, de 1968. El texto del poema, levemente modificado por Cortez,  dice así:

SOLEDADES

 

Yo voy soñando caminos

de la tarde. ¡Las colinas

doradas, los verdes pinos,

las polvorientas encinas!…

¿Adónde el camino irá?

Yo voy cantando, viajero,

a lo largo del sendero…

—La tarde cayendo está—.

En el corazón tenía

la espina de una pasión;

logré arrancármela un día;

ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento

se queda, mudo y sombrío,

meditando. Suena el viento

en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;

y el camino se serpea

y débilmente blanquea,

se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:

Aguda espina dorada,

quién te volviera a sentir

en el corazón clavada.

 

 

 

 

La segunda canción de hoy pertenece al mencionado álbum de Serrat, dedicado al poeta. Es un disco técnicamente muy defectuoso. Ya lo fue cuando era un vinilo con sonido analógico, y lo sigue siendo al remasterizarlo y pasarlo a sonido digital: los agudos chirrían y está mal grabado, pero es Serrat y canta a Machado, por lo que se pueden soslayar esos pequeños defectillos de la grabación, aunque sea una verdadera pena. No puede ser otra que uno de sus cantares, cuyo texto dice:

 

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

 

La mención a “las dos españas” cainitas e irreconciliables resulta actualísima, aunque ahora parece que quienes nos hielan lel corazón son las españas europeísta y financiera. Este poema también sirvió para darle título a uno de esos enormes novelones de Almudena Grandas: “El corazón helado” (Tusquets, 2007).

 

Termino con un granadino internacional: Miguel Ríos, evidentemente, quien incluyó “Cantares” en su álbum “Conciertos de rock y amor”, un álbum de 1972 que por poco me cuesta un serio problema: fui al concierto cuando estaba haciendo la mili en Córdoba. Sabía que me tenía que salir antes del final para regresar al toque de retreta… y casi me dan con la puerta en las narices. Él incluyó “Cantares” en ese álbum, donde aprovecha dos breves poemas machadianos, a los que añade las dos últimas estrofas, compuestas por el propio Ríos, sobre las circunstancias del exilio y la muerte de Machado. Una música pegadiza y una enorme popularidad la han convertido en un clásico que ya sobrepasa los cuarenta años de edad.

 

Todo pasa y todo queda,

pero lo nuestro es pasar

pasar haciendo camino,

camino sobre la mar

nunca perseguí la gloria,

ni dejar en la memoria

de los hombres mi canción…

Yo amo los mundos sutiles,

ingrávidos y gentiles

como pompas de jabón…

me gusta verlos pintarse,

de sol y grana volar

bajo el cielo azul templar,

súbitamente y quebrarse

nunca perseguí la gloria…

 

Caminante son tus huellas

el camino y nada más.

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar,

al andar se hace camino

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar

caminante no hay camino,

sino estelas en la mar.

 

Hace algún tiempo en ese lugar

donde hoy los bosques se visten de espino

se oyó la voz de un poeta gritar

caminante no hay camino…

se hace camino al andar

golpe a golpe, verso a verso…

 

 

Murió el poeta lejos del hogar,

le cubre el polvo de un país vecino

al alejarse le vieron llorar

caminante no hay camino…

se hace camino al andar

golpe a golpe, verso a verso…

 

 

Cuando el jilguero no quiere cantar,

cuando el poeta es un peregrino

cuando de nada nos sirve rezar

caminante no hay camino…

se hace camino al andar

golpe a golpe, verso a verso,

golpe a golpe, verso a verso,

golpe a golpe, verso a verso,

golpe a golpe, verso a verso.

 

Que consigamos superar la España de charanga y pandereta, la de Alvargonzález y don Guido y lleguemos a ser el país justo que el poeta soñó.

Alberto Granados

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6 comentarios el “Música para un sábado machadiano

  1. “Aguda espina dorada,

    quién te volviera a sentir

    en el corazón clavada”.

    Siempre que leo estos versos, siempre me recorre un escalofrío y una imagen: el poeta perdido entre la niebla de sus galerías del alma, en busca de ese amor que nunca volverá pero que tampoco nunca se irá.

    Estupenda esa versión de Serrat, y la letra no puede ser más actual, Alberto.
    La versión de Miguel Ríos para esa joya de la filosofía y la poesía siempre será un clásico para no olvidar.

    Gran trabajo estas dos últimas entradas en torno a “nuestro poeta”. Estupendo homenaje.
    Un abrazo, Alberto.

    • Marisa, me has calentado, así que traigo para ti un poema machadiano que siempre me ha gustado por su aparente sencillez:

      Desgarrada la nube; el arco iris
      brillando ya en el cielo,
      y en un fanal de lluvia
      y sol el campo envuelto.

      Desperté. ¿Quién enturbia
      los mágicos cristales de mi sueño?
      Mi corazón latía
      atónito y disperso.

      …¡El limonar florido,
      el cipresal del huerto,
      el prado verde, el sol, el agua, el iris…!,
      ¡el agua en tus cabellos!

      Y todo en la memoria se perdía
      como una pompa de jabón al viento.

      Un abrazo,

      AG

  2. Hola Alberto.
    No conocía la versión de Miguel Ríos, de la canción de Serrat, ya sabes que soy poco de esta música, de antiguallas lo que quieras 🙂
    La que me ha sorprendido es la canción de Alberto Cortez, al que hacía no sé cuantos años que no escuchaba. Y la verdad, no me ha gustado. Alberto Cortez tiene una voz enorme y canta el poema, que tampoco le veo muy acertada la música como un heldentenor wagneriano.

    • Hesperetusa, la música que sueles comentar no son antiguallas, aunque confieso que tiene un nivel que sobrepasa con mucho mi culturilla clásica (lo que hace que me agobie).

      Respecto a Alberto Cortez, que hoy está hecho un odre (de gordura, digo), cantaba cosas muy buenas. Pero esas cosas a ti te parecerán modernidades inasumibles. 🙂 Yo me apaño en un discretísimo término medio, ecléctico y polivalente (clásica de la fácil, flamenco, jazz, fado, pop…). Lo último que estoy acomentiendo es Wagner: duro de pelar.

      Un abrazo desde Granada (gélida y brillante como pocas mañanas).

      AG

      • Ay Alberto, lo que ahora me agobia, es que te agobies con la música que pongo 🙂
        Son ilustraciones musicales de los escritos…, lo de antiguallas es una broma que gasto con quienes me conocen. En fin, a ver si te sientes menos agobiado por la de hoy (lo pongo aquí y así seguro que publico hoy a alguna hora) 😉 de la que no me voy a atrever a hacer la traducción.

        En cuanto a Wagner, en este año Wagner también yo acabaré publicando algo. Con ese sí que no te agobies :)…, porque aunque no lo parece es una música asequible. No te dejes enredar por los wagnerianos. Los wagnerianos no son gente a la que les guste Wagner…, son seres de otro sistema solar cuyos planetas orbitan alrededor de una estrella única llamada Richard Wagner.

  3. Querido Alberto:
    Según tengo entendido y casi constatado “Cantares” pertenece enteramente a Serrat en cuando a música. En una época en que Serrat estuvo vetado y vivió fuera de España entre México y Perpignan, el siempre valiente Ríos se atrevió a cantarla por la tele en el canal 1-ya sabes que sólo teníamos dos-. Recuerdo que anunció: “Voy a cantar una canción que se llama “Cantares” y no dijo ni el nombre del poeta ni el del músico supongo que por temor a ser vetado él. Al poco, en la añorada revista “Fotogramas”, el crítico Angel Casas se quejó, no de Ríos, sinó del silencio a que estaba condenado obviando dar la autoría de esta canción tan hermosa. Por mi parte solía bromear con el verso “nunca perseguí la gloria” convertido en “nunca perseguí a Glòria”. Poco hubiera tenido que perseguirme el Serrat de aquellos tiempos dada mi juvenil y candorosa admiración que iba desde la caprina voz hasta sus ojos tan bellos.
    Años más tarde, ya en democracia apenas renacida, un grupo de amigos nos fuimos a Cotllioure que no queda nada lejos de Cataluña. Allí visitamos la tumba del poeta, vimos la fálica torre cáatara, nos bañamos en una calita de ensueño y comimos maravillosamente.
    Espero no haberte fatigado. Para mi ha sido un placer rememorar aquel tiempo que aun no está perdido sinó colgado de un alambre de plata en mi memoria.
    Feliz domingo y un petó, Albertillo.

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