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Cuaversos de bitácora: Roma y el cónclave


Los telediarios me envuelven con el acontecimiento mediático del día. Del día de ayer, quiero decir, ya que toda la ciudad-estado vaticana, la liturgia que acompaña al Papa, la vetustez de sus ritos y el secretismo clausurado del cónclave huelen a los Borgia, a venenos y amantes palatinas, a intrigas novelescas de otros tiempos. Pero no: estamos en el siglo XXI, en la era de las comunicaciones y una serie de cardenales están encerrados para elegir al nuevo pontífice.

 

 

 

Reunión de pastores. Imagen tomada de Agencia Balearia

Reunión de pastores. Imagen tomada de Agencia Balearia

Como yo no creo que el Espíritu Santo ilumine sus mentes y sus decisiones, supongo que saldrá algún cardenal nuevamente conservador que mantenga las sinrazones eclesiásticas sobre el celibato, la mujer, la pederastia, la muerte sedada, etc. Es decir, lo de siempre, que debe ser el fundamento de ese dogma que dice que la iglesia es eterna.

 

 

 

Plaza de San Pedro.  Imagen tomada de enciclopeida.us.es

Plaza de San Pedro.  Imagen tomada de enciclopeida.us.es

Hoy fijo los ojos en la otra Roma: la de Alberti en su delicioso libro “Roma, peligro para caminantes”, que me entusiasmó cuando una amiga me lo regaló en 1977, recién publicado por Seix Barral.

Un primer poema, para ir entrando en materia, se ocupa de la descripción menos turística de aquella ciudad eterna que por entonces aún creía en la política:

 

SI PROIBISCE DI BUTTARE INMONDEZZE

 

 

 

Cáscaras, trapos, tronchos, cascarones,

latas, alambres, vidrios, bacinetas,

restos de autos y motocicletas,

botes, botas, papeles y cartones.

 

Ratas que se meriendan los ratones,

gatos de todas clases de etiquetas,

mugre en los patios, en los muros grietas

y la ropa colgada en los balcones.

 

Fuentes que cantan, gritos que pregonan,

arcos, columnas, puertas que blasonan

nombres ilustres, seculares brillos.

 

Y entre tanta grandeza y tanto andrajo,

una mano que pinta noche abajo

por las paredes hoces y martillos.

 

Y en pleno cónclave, veamos la visión cínica de Alberti sobre el San Pedro fundador, convertido en logotipo de toda una gran empresa multinacional:

 

 

 

BASÍLICA DE SAN PEDRO

 

 

Di, Jesucristo, ¿por qué

me besan tanto los pies?

 

Soy San Pedro aquí sentado,

en bronce inmovilizado,

no puedo mirar de lado

ni pegar un puntapié,

pues tengo los pies gastados,

como ves.

 

Haz un milagro, Señor.

Déjame bajar al río,

volver a ser pescador,

que es lo mío.

 

 

Imagen tomada de rafaelalberti.com

Imagen tomada de rafaelalberti.com 

Un último poema con la visión despiadada que Alberti tenía del ambiente vaticano:

 

¡MISERICORDIA, SEÑOR!

 

 

Obispos y cardenales

de las puertas de San Pedro

salen.

 

Ya se acabó la corrida.

Corren, las capas al brazo,

por la plaza, a la comida.

 

Señor que los ves correr,

ansiosos, al comedor

donde hay tanto que comer,

¡misericordia, Señor!

Suplícales de algún modo,

que no se lo coman todo,

pues no va a quedar ni flor

en la viña del Señor,

¡oh Señor!

 

 

No sé qué saldrá del cónclave (por cierto: en internet se está moviendo un suculento negocio de apuestas sobre el próximo papa, en el que se habla de miles de millones de libras esterlinas). Lo que sí me parece auténtico es la poesía de don Rafael.

 

 

Alberto Granados

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4 comentarios el “Cuaversos de bitácora: Roma y el cónclave

  1. Parafernalia, y todo eso.
    Ni a favor ni en contra
    Que cada cual haga lo que quiera
    Lo malo es que si no hay referencias todo va de cabeza y al garete.

    • Rafael, luego dices que yo soy muy malo (más malo que el barro), pero es que no veo por qué tiene que haber una “referencia”. ¿Una referencia a qué? ¿Por qué mi actitud agnóstica no sirve y la tuya sí?

      Llevabamos tres años sin pelearnos. Hay que recuperar el tiempo perdido.

      AG

  2. Me ha ido de perlas recordar el talento de Don Rafael Alberti poeta del que me enamoré siendo muy joven a través de su bellísimo “Marinero en tierra”.
    Estupendos los poemas que has elegido para hoy. Coincido contigo en que la iglesia es eterna o lo que es lo mismo, seguirá inamovible. Este caballero argentino tiene muy buen currículo pero no creo que quiera ni pueda hacer nada. Estos últimos días he quedado harta de verlos desfilar como viejo monaguillos camino de una orgía inconfesable y enos escenarios ofensivameente lujosos.
    Un petó!

  3. La lectura de Alberti por aquellos años er habitual, casi un icono, un emblema. Junto a (cómo no) Machado, Hernández, Neruda… Toda una constelación de poetas comprometidos y opuestos al franquismo. Éramos tan jóvenes y tan idealistas… Ahora todo me parece otra coa. Ese proceso se llama edad.

    AG

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