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Errores lingüísticos que se han puesto de moda


No sé si habéis observado el alarmante grado de deterioro que desgasta continuamente a nuestra venerable lengua castellana. Pese a que las generaciones actuales cuentan con un inagotable caudal de información escrita, el castellano está siendo corroído por una serie de errores que se expanden en progresión geométrica y constituyen una auténtica amenaza, vista la falta de coherencia lingüística de que hacen gala tertulianos, personajes de la vida pública y famosos de los medios de comunicación. 

Siempre me ha sorprendido que cuando una cadena de televisión entrevista a una serie de personas sobre un tema de actualidad los españoles no tienen la menor capacidad para hilar un discurso maduro, dos o tres ideas que no sean tópicos. En cambio, si se entrevista a ciudadanos hispanoamericanos, incluso de clases sociales medio-bajas, se aprecia una auténtica voluntad de expresar ideas coherentes y, además, de hacerlo de forma muy correcta. Es como si a menor nivel económico hubiera un mayor afán por demostrar un cierto grado de cultura y respeto por la lengua que les dimos.

Hace años, Fernando Lázaro Carreter fue desgranando en El País muchos de estos errores lingüísticos (“El dardo en la palabra”, Galaxia Gutemberg / Círculo de Lectores, Barcelona, 1998), un corpus doctrinal y didáctico que fue pasando a los libros de texto con la inocente aspiración de que los escolares aprendieran ciertos ajustes en su propia lengua. Queda claro que dichos escolares y sus familias vienen despreciando olímpicamente semejante esfuerzo de don Fernando, de los editores y de sus profesores, pues se habla cada vez peor, como si la lengua no fuera la puerta del pensamiento, o como si éste no existiera o estuviera reducido a la mínima expresión.

Sin ánimo de emular al brillante académico, permitidme que hoy comente tres errores que me ponen nerviosísimo y que, por desgracia, están asentándose cada vez más en el uso diario de nuestro idioma.

 

 

 

Logotipo de un curso de español para extranjeros de la universidad CVarlos III

Logotipo de un curso de español para extranjeros de la Universidad Carlos III

 

 

 

El más antiguo es el llamado dequeísmo, es decir, el uso incorrecto de la preposición “de” ante la conjunción “que”. Manuel Seco, en su “Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española” (Madrid, Espasa-Calpe, 1988), al explicar los problemas de la preposición mencionada, dentro del “punto 4 Uso innecesario”, indica:

«Esto ocurre muy especialmente con verbos que significan en general ”decir” o “pensar” (aclarar,  aconsejar, advertir, afirmar, asegurar, contestar, creer, decir, imaginar, negar, pensar, señalar, señalar, suponer, etc.): Me dijeron DE que volviese; Te prohíbo DE que esta casa; Pienso DE que la orden no es justa. El uso se ha extendido ampliamente en los últimos tiempos entre los hablantes semicultos, así en España, como, sobre todo, en América.»

Por su parte, Manuel Alvar Ezquerra (y otros), en su “Manual de redacción y estilo” (Madrid, Istmo, 1999) añade una precisión:

«Hay que tener en cuenta algunos casos especiales que admiten una u otra construcción según la acepción del verbo. Así, en el caso de advertir, avisar o informar, solamente se admite la preposición de para introducir un complemento si tienen el valor de “informar dando aviso o noticia”:

Los programas informativos nos advirtieron de que las lluvias torrenciales habían causado grandes destrozos en el norte de Europa.

Un funcionario me informó de que el plazo para presentar la documentación finalizaba el día quince.

Otros verbos y expresiones admiten las dos estructuras. Es el caso de dudar, dar vergüenza, dar miedo, etc.:

 

               

                   Dudo que lo logremos un día.

Dudo de que lo logremos en un día.

 

Me da vergüenza que me miren fijamente.

Me da vergüenza de que me miren fijamente.»

Un segundo error grave que va tomando cada vez más fuerza es crear una innecesaria oración de relativo con “lo que es” que equivale a un simple sustantivo.

Cada vez se oyen con más frecuencia expresiones tales como:

“Me leyó lo que es el Código Penal” (en vez de algo mucho más simple y directo como “Me leyó el Código Penal”).

“He tomado lo que es el autobús”, por “He tomado el autobús”.

 

No he encontrado referencias bibliográficas a ese fenómeno, pero me atrevería a llamarlo “loqueísmo” y adquiere formas aún más absurdas: “He estudiado lo que viene siendo el comportamiento de los precios…” 

Me parece “lo que es demencial”, ya que atenta contra el sagrado valor de la economía lingüística y desde los puntos de vista gramatical y estilístico resulta pesado y feo.

 

 

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Un último desacierto lingüístico cada vez más en boga es el usar un adverbio de lugar (delante, detrás, cerca, lejos, encima, debajo…)  seguido de un posesivo (mío, tuyo, suyo, nuestro…) que pretende sustituir una expresión pronominal (de mí, de ti, de él/ella, de nosotros…). Se lee incluso en libros publicados y la gente joven lo usa y reproduce como un virus nefasto que tiende a ser una epidemia de incultura lingüística.

“El mando está detrás tuya.”, por “El mando está detrás de ti.”

“Busca encima tuya.”, por “Busca encima de ti.”

“Está cerca nuestra.” por “Está cerca de nosotros.”

 

Alvar lo expresa así en su citado Manual:

«Se ha generalizado cada vez más el empleo de las formas posesivas en determinadas construcciones de carácter adverbial, en vez de utilizar el pronombre personal precedido de una preposición. Es erróneo el uso de detrás nuestro, delante suyo, enfrente mío, por encima suya, etc., pues se debería decir detrás de nosotros, delante de él, enfrente de mí, por encima de ti, etc.».

Ante semejantes tropelías con la lengua de Cervantes, Garcilaso, Quevedo, “El Lazarillo”, Galdós, Machado o Lorca sólo se me ocurre regalaros uno de los tres sonetos a la lengua castellana que Dámaso Alonso nos regaló en los últimos cincuenta.

 

 

 

Las Glosas Emilianenses proel org

 Las Glosas Emilianenses, imagen tomada de proel.org

 

 

 

NUESTRA HEREDAD

 

Juan de la Cruz prurito de Dios siente,

furia estética a Góngora agiganta,

Lope chorrea vida y vida canta:

tres frenesís de nuestra sangre ardiente.

 

Quevedo prensa pensamiento hirviente;

Calderón en sistema lo atiranta;

León, herido, al cielo se levanta;

Juan Ruiz, ¡qué cráter de hombredad bullente!

 

Teresa es pueblo, y habla como un oro;

Garcilaso, un fluir, melancolía;

Cervantes, toda la Naturaleza.

 

Hermanos en mi lengua, qué tesoro

nuestra heredad —oh amor, oh poesía—,

esta lengua que hablamos —oh belleza—.

 

Alberto Granados

6 comentarios el “Errores lingüísticos que se han puesto de moda

  1. Querido maestro, nuestro guía (yo utilicé mucho sus libros de texto en clase) no fue un lazarillo cualquiera, fue un gran Lázaro -don Fernando- cuyos dardos daban siempre en la diana de la palabra (y alguno en las posaderas de nuestra inexperiencia).
    Habría que ir añadiendo (si se me permite la perífrasis) a las que citas, tantas y tantas tropelías que en estos tiempos de mucho hablar y poco pensar nos maltratan la vista y los oídos. Por citar alguna, qué me dices del “comoqueísmo”: “Esa película de Almodóvar como que me gusta más que la anterior”. Y si, para redondear la jugada, alguien añade: “No es que sea buena, es lo siguiente”, ya tenemos la acuarela rematada.

    Una vez más, certeros dardos los tuyos, Alberto: ¡En la diana!

    • Don Miguel, entre don Fernando y yo median distancias cósmicas. Yo estuve hace pocos días en una reunión en que un técnico explicó su informe usando unas cien veces “lo que es…”. Y me mosqueé. Y en uno de los últimos libros que he leído, que además está bastante bien, aparecía un “encima suya”.
      Me da urticaria.
      Un abrazo,

      AG

  2. Buen trabajo y bien elaborado. Es lástima que se desprecie tanto el lenguaje, cuando para algunos es lo que nos solaza cuando leemos a los escritores de tiempos pretéritos. Rescaté un libro del fuego, y en él no me canso de leer por la elegancia de su prosa y por la claridad con que expone los conceptos. Para mí, un manjar.
    La gente de hoy parece que se conforma con emitir un lenguaje medianamente comprensible, y como dices, tan mal elaborado que apenas se entiende lo que dicen.
    No así en el Norte por lo general; allí, cualquier campesino nos maravilla, con la forma que tiene de expresarse en castellano limpio y la pureza de los conceptos.
    Buen trabajo, sí señor.
    Un saludo cordial.

    • Tras 39 años en la escuela creo que el problema de la enseñanza en España es esa apatía que nos lleva a tragar con todo, a hablar de cualquier manera (incluso pareciendo estúpido) y a tomarnos lo más serio como si no lo fuera.
      Y nuestro idioma es muy serio. Merecería la pena que la gente se tomara la molestia de intentar hacer un buen uso del castellano.

      Un abrazo,

      AG

  3. Tienes más razón que un Santo. Tuve una profesora de Literatura y Lengua española en el instituto, que cada vez que oía a algún alumno decir “detrás mía” respondía automáticamente “mía….uuuuu dice el gato, las personas decimos detrás de mí”. Yo me reía e ingenua de mí, pensaba que estas faltas las cometían personas pertenecientes a familias con bajo nivel cultural. Y no te puedes imaginar la cantidad de ocasiones que les tengo que decir a mis hijos hoy en día “miau dice el gato,…”
    En otra ocasión Alberto, nos tienes que hacer un estudioso relato tal que éste, sobre las faltas de ortografía como consecuencia de la utilización de las menos palabras posibles y con faltas intencionadas (Ej.: ola k ase x ¿Hola qué haces?) en los mensajes a través de móvil y ordenador. Y además alegan que serían unos “frikis” si ellos fuesen los únicos que escribiesen estos mensajes sin faltas ortográficas, que se reirían de ellos. Y claro está, debido al uso y abuso de tan patética costumbre, terminan cometiendo las mismas faltas en exámenes y redacciones, sin que ni siquiera les duela los ojos al repasarlos y ver el garrafal error, pues ya sabemos que la fuerza de la costumbre es el maestro más eficaz. Un saludo?

    • Montse, creo que la “ortografía” de los SMS no es más que un registro más del idioma. No es la mejor de las convenciones, ni mucho menos, pero un hablante culto (en el sentido de competencia lingüística) podrá perfectamente compàginar ambos niveles y usar en sus SMSs ese lenguaje primario y en la vida real un castellano decente.

      Muy buena la anécdota de tu maestra. Espero que te dé resultados con tus hijos.
      Un abrazo,

      AG

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