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Carmen Linares en el IES Albayzín


No soy un experto en flamenco. De hecho, aunque paso muchos cientos de horas al año oyendo flamenco, confieso que nunca tengo claro qué palo está sonando. Mucho menos cuando el cante es un palo mixto. Eso no quita para que su profundidad me entusiasme o para que, poco a poco, me haya ido haciendo con toda una colección de CDs de mis cantaores preferidos, que siguen siendo los más ortodoxos… junto al más transgresor de todos los tiempos: el inigualable Camarón.

Me planteo que, dada la riqueza del flamenco, éste tendría que tener una mayor presencia en los currículos escolares, de manera que nuestros jóvenes salgan de su escolarización obligatoria (de seis a dieciséis años) conociendo los cantes y las figuras más importantes de una música que se ha hecho universal y que ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio inmaterial de la Humanidad.

Eso no sucede, al menos oficialmente. Por eso le veo un valor extraordinario a la iniciativa de Paco Julio, un profesor de inglés de Secundaria que lleva incorporando al Plan de Centro de sus sucesivos IES un Aula de Arte Flamenco: los alumnos de Secundaria y Bachillerato estudian los cantes, aprenden a bailar y hasta hacen sus pinitos en guitarra y en cante. ¡Eso es imaginación curricular! Eso es también cubrir un hueco necesario y eso es, además, una verdadera entrega profesional.

El pasado martes me llegó el soplo: Paco Julio traía al IES Albayzín a Carmen Linares. Ni más ni menos. Me las arreglé para colarme en un centro en el que no tenía motivos para estar y vi a esa gran dama del cante, la cantaora más hecha, más madura y más prestigiosa de su generación.

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Saludos y presentaciones previas

Cuando yo llegué al vestíbulo del instituto, unas niñas de trece o catorce años le estaban entregando a la flamenca homenajeada un ramo de flores y otras, vestidas con traje de baile, curioseaban por los pasillos, expectantes y nerviosas ante la responsabilidad de bailar ante una profesional de tanta enjundia. Ella saludaba al equipo directivo, a los fotógrafos de algunos medios o sonreía a los desocupados que, como yo, íbamos de un sitio para otro, estando pero sin estar.

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El pasillo era un gigantesco panel dedicado a Carmen Linares (imágenes, discografía, datos biográficos…)

En el salón de actos, lleno de preadolescentes, hubo unas actuaciones de chicos del centro: un cantaor acompañado por su guitarrista y un cuadro de baile formado por las niñas ya mencionadas. Después, con mayor solemnidad, se le entregó a Carmen Linares el título de Flamenca del año y, acabada esta parte protocolaria del acto, los presentes empezaron a preguntarle: ¿en qué cantes se sentía más cómoda?, ¿qué anécdotas podía contarles de su trato con cantaores como Camarón o Enrique Morente?, ¿qué disco suyo le parecía mejor?…

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Paco Julio, presentando el acto

Ahí apareció una Carmen Linares totalmente directa, sencilla, cómplice de los alumnos (yo, que me he visto en estas lides muchos años, pensé que hubiera sido una magnífica profesora) que se metió al auditorio en el bolsillo debido a esa mezcla de prestigio previo y de encuentro de empatías que a veces se genera en las relaciones grupales.

Carmen se explayó al hablar de su larga amistad con Morente, ese gran ausente en su propio barrio, en el instituto donde cursó estudios su hija. Ese gran ausente para siempre. Los asistentes estábamos realmente emocionados y alguna de las adolescentes dejó escapar alguna lágrima triste.

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Esos ojos, esa sonrisa…

Si Carmen se gana al público en lo suyo, que es cantar, la cercanía, la sencillez hacen que también se gane a su audotorio simplemente con estar. Efectivamente, llenó ella sola un salón de actos ya abarrotado de adolescentes, normalmente ruidoso que esta vez oyeron hablar a la cantora.

Terminó por cantar: eligió la Baladilla de los tres ríos, de Lorca. Con una absoluta naturalidad les explicó antes a los niños que lo normal es preparar la garganta, calentarla para “quitarle las telarañas”, en vez de llevar un buen rato de charla. Y en efecto, con voz aún fría, pero con toda la técnica de su larga carrera, terminó su cante, sabiamente granaíno.

Y hubo una sorpresa para ella: un enmarcado poema que relacionaba su ciudad de origen (su apellido artístico) con la belleza de su ojos, fotografiados a gran tamaño.

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La mesa y el presentador

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Carmen hablando a los chavales

Después hubo fotografías de grupo, de espectadores entusiastas, mientras yo hablaba con su marido, con el guitarrista y guitarrero local Francisco Manuel Díaz y con un par de ociosos que allí estábamos, casi de marginales. Una mañana estupenda, sin duda, que después me hizo reflexionar: me pregunto por qué en los IES  donde exista el Bachillerato Artístico no existe una actividad dedicada al estudio curricular del flamenco. Pero no por la iniciativa o cabezonería de un profesor, en este caso el mencionado Paco Julio, sino por normativa. Creo que los alumnos de flamenco de ese instituto aprendieron mucho del perfil humano de la Linares, disfrutaron de ese acercamiento (que ella supo administrar con sabia mano), aprendieron algo que ella les subrayó: el valor del trabajo, de la sacrificada superación a larguísimo plazo que supone hacerse una carrera de cuarenta años… Toda un aura educativa y humana, muy importante en estos tiempos de desolación moral.

Mi redoblada admiración por Carmen (la vi hace unos treinta años en los Ogíjares, cuando era la primera en actuar, en plan telonero, creo recordar que de Naranjito de Triana) y mi reconocimiento a quienes propiciaron dicha actividad: si fue una mañana inolvidable para mí, creo que muchos adolescentes aprendieron mucho para su futuro y se codearon, muy respetuosamente, con una de las mejores voces del flamenco, esa música tan profunda y tan nuestra.

 

Alberto Granados

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3 comentarios el “Carmen Linares en el IES Albayzín

  1. Alberto, has redoblado con tus palabras tan “al natural” mi admiración por Carmen Linares, a la que nunca he visto actuar en directo. Has logrado acercarme aún más ese perfil humano, que ya presentía, de esa gente con clase a la que sin duda pertenece Carmen (recordarás la excelente columna del maestro Vicent) que irradia una luz especial donde quiera que estén. Tuviste suerte esa mañana jubilosa, tan imprevisible en la cotidianidad de entre semana. Y un poco de esa aura, pero vívido, nos llega a través de tu post. Gracias.

    Un abrazo.

  2. Magnífica idea que es una pena que no se haga extensiva como asignatura.
    Tal hacen en muchos países europeos con su foklore particular de cada región.

  3. Miguel, fue una suerte. Me avisó una amiga y me colé. Había caras como preguntándose quién podía ser yo, pero me vieron maduro y no me preguntaron siquiera. Me encantó le personalidad de la cantaora.

    Kalikatres: es cierto. La absurda afirmación identitaria está poniendo todo el énfasis en fenómenos como el Rocío y los coros rocieros,las sevillanas (¡qué empacho!) y las cofradías. Fuera de esas tres realidades, la cultura autóctona no existe. Sin embazrgo hay peñas flamencas en las geografías más rebuscadas del orbe.
    Cosas veredes, amigo Sancho.

    Saludos, AG

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