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Los seis ciegos y el elefante


A pesar de nuestra condición gregaria, el ser humano lleva consigo una enorme dosis de egocentrismo que nos lleva a elegir a la gente sólo en razón de afinidades: Fulano es bueno porque piensa como yo, en tanto que hay que mantenerse alejado de Mengano porque piensa lo contrario. En razón de semejante mecanismo elegimos círculos de amigos, pareja y formas de vida, nos afiliamos a partidos políticos o compartimos/combatimos posturas religiosas. Siempre aceptaremos lo próximo y desecharemos lo ajeno, sin pensar siquiera en el trasfondo de lo que elegimos ni de lo que rechazamos. Es la base de la intolerancia.

 

 

Blind_men_and_elephant3

Los cuaversos de este miércoles recogen un poema satírico del americano  John Godfrey Saxe (1816-1887), una didáctica parábola sobre la intolerancia religiosa.

 

 

 

 

LOS SEIS CIEGOS Y EL ELEFANTE

 

Seis eran los hombres de Indostán,

tan dispuestos a aprender,

que al Elefante fueron a ver

(aunque todos eran ciegos),

pensando que mediante la observación

su mente podrían satisfacer.

 

El primero se acercó al elefante,

y cayéndose

sobre su ancho y robusto costado,

en seguida comenzó a gritar:

-¡Santo Dios! ¡El elefante

es muy parecido a una pared!

 

El segundo, palpando el colmillo,

exclamó: -¡Caramba! ¿Qué es esto

tan redondo, liso y afilado?

Para mí está muy claro,

¡esta maravilla de elefante

es muy parecido a una lanza!

 

El tercero se acercó al animal,

y tomando entre sus manos

la retorcida trompa,

valientemente exclamó:

-Ya veo -dijo él, ¡el elefante

es muy parecido a una serpiente!”

 

El cuarto extendió ansiosamente la mano

y lo palpó alrededor de la rodilla:

-Evidentemente, a lo que más se parece esta bestia

está muy claro – dijo él-.

Es lo suficientemente claro que el elefante

¡es muy parecido a un árbol!

 

El quinto, quien por casualidad tocó la oreja,

dijo: -Incluso el hombre más ciego

es capaz de decir a lo que más se parece esto.

Niegue la realidad el que pueda.

Esta maravilla de elefante

¡es muy parecido a un abanico!

 

El sexto tan pronto comenzó

a tantear al animal,

agarró la oscilante cola

que frente a él se encontraba,

-Ya veo -dijo él-, ¡el elefante

es muy parecido a una cuerda!

 

Y así estos hombres de Indostán

discutieron largo y tendido,

cada uno aferrado a su propia opinión

por demás firme e inflexible,

aunque cada uno en parte tenía razón,

¡y al mismo tiempo todos estaban equivocados!

 

 MORALEJA:

 

Así también, a menudo en las guerras teológicas

los contendientes, pienso yo,

discuten en la total ignorancia

de lo que el otro quiere decir

y parlotean acerca de un elefante

¡que ninguno de ellos ha visto!

 

 

En una época de permanente debate ideológico, de pura contradicción entre lo que se hace y lo que se dice, me ha parecido muy apropiado el conocidísimo poema: no en vano, hace unas horas mi blog era un hervidero amenazante e injurioso por dicha intolerancia, por ese sentirse en posesión de la verdad que profesan algunos (tal vez yo mismo).

 

Alberto Granados

Fuentes:

Poema en inglés http://en.wikisource.org/wiki/The_poems_of_John_Godfrey_Saxe/The_Blind_Men_and_the_Elephant

Poema en castellano http://www.allaboutphilosophy.org/spanish/el-ciego-y-el-elefante.htm

Imagen http://www.esacademic.com/pictures/eswiki/66/Blind_men_and_elephant3.jpg

 

 

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10 comentarios el “Los seis ciegos y el elefante

  1. ¡Qué provechosa e ilustrada tu enseñanza de hoy, maestro don Alberto!

    Pues yo al elefante le cambio la f por una g y el adjetivo resultante te lo dedico a ti.

  2. Es lo que nos queda Alberto a los viejos maestros, seguir esforzándonos por enseñar, reflexionar y a difundir el conocimiento. Pero, tal vez, ni siquiera eso sea ya suficiente.

  3. Bonito símil sobre las discusiones teológicas. Echo de menos el caso del que pasa de largo delante del elefante, sin hacerle el menor caso, y, a lo sumo, le dirige desde lejos una sonrisa de esceptismo. Un abrazo.-F. Gil Craviotto.

    • Es rotundamente cierto y no me había dado cuenta: falta la perspectiva de aquellos que no sientan curiosidad por esa metáfora ampulosa, agigantada , elefantiásica… La de que ese concepto nos deja indiferentes y jamás iríamos a ver al totem, como no iráiamos a una procesión por la que no sentimos el menro entusiasmo.

      Un abrazo,

      AG

  4. Alberto, lo que cuentas de la historia de los ciegos y el elefante, no sólo se puede usar para explicar la intolerancia religiosa, sino muchos otros tipos de “ceguera”, especialmente política, del que sólo contempla su parte de realidad, e ignora la de los otros.

    • Lo menciono al principio, cuando afirmo que basándonos en esos estereotipos elegimos militancia, amighos, religión (o sua ausencia), formas de vida, prensa… Juan Cruz lo definía como “Selfcastin”, autoselección.

      Te espero en febrero, ¿eh?

      AG

  5. Muy bonita fábula, Alberto.

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