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Fábulas de un tiempo atroz


Hace unos días recibí un correo de Fernando de Villena en el que me citaba en un  bar del centro para regalarme un ejemplar de su último libro, Fábulas de un tiempo atroz (Editorial Nieve y Cieno, Guadix, 2013). Naturalmente acudí a lo que resultó ser una concentración de poetas y narradores, académicos de la de las Buenas Letras de Granada, lectores amigos, algún editor y otros especímenes de los mil estratos, grupos, cenáculos, tertulias y cofradías que el mundo de las letras granadinas ofrece, mucho más complicado que la variadísima y densa fauna del ecosistema del Amazonas, aquí convertido a la baja en el Darro o el Genil cercanos.

En un ambiente muy agradable, y durante un par de horas, nos saludamos, recibimos nuestro ejemplar firmado, tomamos cerveza y hablamos de lo divino, lo humano (incluso de lo mediano), que para eso era la vuelta de las vacaciones y en muchos casos no nos veíamos desde el cese de las actividades literarias en junio.

El libro, compuesto por diecisiete relatos bastantes breves, toma el título, según “nota previa” del autor, de su propósito “de abrir los ojos a quienes andan a ciegas por el campo de concentración en el que se ha convertido nuestro mundo”. Queda clara la intención didáctica de estas modernas fábulas. También queda clara en dicha nota la visión del mundo como campo de concentración, como distopía que aniquila al individuo y liquida sus sueños de felicidad, al contrario que sucediera con aquellas utopías de la época clásica.

Si no se conoce a Fernando, se podría pensar que en esa breve nota va el alma de un hombre pesimista, desdichado, amargado. Nada más lejos de la realidad: Fernando estaba exultante y alegre, empeñado en la tarea de atender a sus invitados, contento de compartir con los demás su generoso regalo. Además, el contenido de los cuentos es en realidad un canto a la búsqueda de esa felicidad que el ser humano merece, al que se opone siempre un mundo lleno de egoísmos que configuran el tiempo atroz del título, un escenario por el que pasan  las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, la especulación inmobiliaria a costa del medioambiente, el crimen, los grandes lobbies del poder, la creación del virus del SIDA, la exclusión social de los diferentes, la aniquilación del individuo por los distintos poderes, la derrota de los sueños de felicidad, el aislamiento, el escaso valor del individuo cuando ha dejado de ser productivo, los roles de la mujer, la muerte y la pérdida de las personas que amamos, el paro…

Una breve mención de los cuentos empezaría por El Centro Comercial, un cuento futurista en el que los poderes prefabrican la realidad que la población puede percibir, aunque en todo grupo humano aparece siempre la disidencia, el ansia de ver más allá de lo evidente. Relato lleno de referencias a la literatura de las distopías que va desde “La República” platónica a las pesadillas de Orwell (“1984”), Huxley (“Un mundo feliz”) o Bradbury (“Fahrenheit 451”) y sus equivalentes cinematográficos, desde “Metrópolis” (Fritz Lang, 1927), a “Blade runner” (Ridley Scott, 1982). El motivo central de este acertado relato es la necesidad de huir de lo preestablecido, el anhelo indestructible de la libertad individual, siempre inherente al ser humano de cualquier época.

En El Clan de los 24, aparece un frecuente motivo literario: el de la conspiración del poder. De nuevo, el individuo deberá huir de los siniestros planes que los amos del mundo han preparado para acabar con la audacia de pensar, con el disentimiento y el pensamiento único. Este relato contiene una curiosa interpretación del atentado del 11S contra el World Trade Center.

En El rapto, otro tipo de poder, la ideología que ve en  la mujer un mero instrumento para satisfacer al hombre, vuelve a romper la armonía de una feliz pareja, cuando ella es raptada en un país islámico.

El mismo día es un experimento narrativo que imagina el resultado de un bucle temporal. La referencia más inmediata es la película “Atrapado en el tiempo” (“Groundhog Day” o “El día de la marmota”, Harold Ramis, 1983) donde Bill Murray se veía obligado a vivir siempre el mismo día, situación que le hacía perder las riendas de su vida, su capacidad de decidir, su libertad, en síntesis.

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Un cuento verdaderamente terrible es Carne de parado, donde la sociedad no admite a seres improductivos, por lo que descarta a parados, jubilados y excluidos. La autoridad competente les ofrece una atroz y única salida.

El título del sexto relato, La Muerte, no induce a equívocos: un adulto reflexiona sobre las experiencias que ha vivido sobre la muerte, desde que en su niñez asistió al velatorio de la tísica, hasta el momento narrativo en que acude a llevar unas flores a la tumba de su esposa. La muerte, descubre el atormentado personaje, es un continuum en la vida.

Dos personas “raras”, de esas que no sienten los impulsos gregarios ni se emocionan por las hazañas futbolísticas de la selección española, se encuentran en los bosques de la Alhambra la tarde en que España logra el campeonato del mundo. Sin más se aceptan y apoyan. Es la tierna historia que el autor nos cuenta en El mundial de fútbol.

El cementerio es un eficaz relato de terror que aúna la irritante actualidad de los constructores que se han ido cargando el litoral con el pasado fantasmal de los cuentos de Dickens o Bécquer. Me ha parecido un irreprochable relato, de una calidad literaria poco común.

Los relatos noveno y décimo, ambos llamados Las consecuencias (eso sí, numerados con I y II) permiten a Villena contarnos dos presuntas conspiraciones que tienen en jaque a la humanidad: el origen del SIDA y la actual crisis económica. El autor maneja dos hipótesis tan novelescas… que todos las hemos pensado alguna vez y nos hemos acusado de paranoides.

En El tsunami, un delicadísimo relato, un japonés se enfrenta a su destino en medio de esa quietud y esa paz que preceden a lo inevitable. Delicioso y breve, denso y reconfortante, una diminuta joya de gran valor literario.

Perfil

Fernando de Villena en una imagen tomada (con su autorización) de su blog

En La cigarra, el lector asiste a la bajada al infierno de la mendicidad desde el sueño hippy de la California de los sesenta. La exclusión, las ansias de libertad, el contraste del corsé neoconservador, la violencia contra los excluidos… son los temas colaterales de este sentido cuento.

El decimotercer relato, Sor Modesta del Espíritu Santo, nos habla del desmoronamiento de un sistema religioso que ha hecho felices a algunas mujeres que, por algún motivo, se apartaban del mundo y entraban en un convento. El contraste entre esa paz espiritual, de naturaleza casi intrauterina, y le ferocidad de la calle, con el consiguiente desvalimiento de la protagonista, es el tema de este cuento casi cerrado al mundo.

En Se regalan cachorros, los protagonistas son animales: dos perras, hermanas de la misma camada que vuelven a unirse tras haber estado con distintos amos. La barojiana lucha por la vida, tamizada por la percepción de ambos animales antropomorfos, es el tema, que recuerda el cervantino El Coloquio de los Perros.

La lucha contra el sistema desde el seno de los indignados, el 15M o el movimiento Anonymous y la siniestra forma de contrarrestar tales desvaríos es el claustrofóbico tema de El ciberdelincuente, donde el FBI y un ciberactivista se encuentran.

Otra visión de una sociedad distópica y opresiva aparece en El ascensor, donde una familia entera huye de la sociedad que les ha tocado en suerte para gozar un instante de libertad absoluta y de reencuentro con la naturaleza.

El relato décimo séptimo, que cierra el libro, llamado Ruiseñores, habla de un modestísimo paraíso perdido: el canto de los pájaros de un vecino edificio que acaba de ser demolido. Una metáfora del desolado signo de nuestro tiempo que no reconoce la menor muestra de belleza.

Diecisiete tramas argumentales mínimas, diecisiete escuetas pinceladas en cuyo desarrollo aparece perfectamente dibujado nuestro tiempo atroz junto a nuestros anhelos eternos de felicidad. Diecisiete deliciosos momentos que suponen un esperanzador comienzo del año literario.

 

Alberto Granados

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