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Che faró senza Euridice?


Una de las leyendas más hermosas de la mitología clásica es la de Orfeo y Eurídice, argumento tratado por Virgilio (“Geórgicas”, Libro Cuarto) y Ovidio (“Metamorfosis”, Libro Décimo) en la época clásica. El argumento es el siguiente: Orfeo es un excelente músico que consigue acallar animales fieros y tempestades con su lira. Casado con Eurídice, ésta muere al ser mordida por una serpiente a la que inadvertidamente ha pisado. La tristeza de Orfeo le hace convencer al barquero Caronte para que lo pase al mundo de los muertos, acalla la agresividad del can Cerbero y vence la rectitud de los tres jueces que hay a la puerta del Erebo. Su enamorado poder de persuasión consigue incluso que el mismísimo Plutón libere a Euridice de la muerte, pero con la condición de que no la vea hasta salir al mundo de los vivos.

 

 

FREDERIC LEIGHTON Orfeo y Eurídice 1864

FREDERIC LEIGHTON, Orfeo y Eurídice, 1864

Orfeo delante y Eurídice siguiéndolo emprendieron el viaje de regreso a la vida y, en el afán del marido por ver el rostro amado, se volvió cuando a ella aún le quedaba un pie en reino de los muertos, por lo que se desvaneció, volviendo a sumir a Orfeo en una desesperación para la que, esta vez, los dioses no tuvieron clemencia.

Tan bello mito fue recuperado a fines del Medievo y a partir del Renacimiento, bien reelaborando el argumento, bien usando aislado alguno de sus elementos: el amor que vence la muerte, la ruptura de la pareja de amantes por causa de la muerte, la bajada a los infiernos, el castigo moralista que conlleva la pasión… Son elementos del mito que van surgiendo en el Marqués de Santillana (“El infierno de los enamorados”),  Boscán (“Hero y Leandro”), Garcilaso (que en la Égloga III funde el mito de Orfeo con el de Narciso), Lope de Vega (en la tragedia “El marido más firme”), Quevedo (“Amor constante más allá de la muerte”), Herrera (“Elegía a Camoens”), Juan de Jáuregui (“Orfeo”) o Antonio de Solís (la comedía “Eurídice y Orfeo”). También toca el tema Julio Cortázar en “Manuscrito hallado en un bolsillo”, en el que un recorrido en metro simboliza la bajada al Erebo del protagonista.

El mito de Orfeo y Eurídice ha pasado a otras artes, ya que en pintura y escultura son muchos los autores que se han ocupado de él. Y respecto a la música, Monteverdi compuso “L’Orfeo”, que él denominó “fávola in música” (= fábula en música) y que se considera una de las primeras óperas de la historia del bel canto.

También Gluck se ocupó de este tema en su ópera “Orfeo y Eurídice” (1762), a la que pertenece el aria que os traigo hoy, de una belleza casi sublime: Che faró senza Euridice.

https://www.youtube.com/watch?v=C1B85UQT4AY

Su texto dice así:

ORFEO:

Che farò senza Euridice?

Dove andrò senza il mio ben?

Che farò? Dove andrò?

Che farò senza il mio ben?

Dove andrò senza il mio ben?

Euridice!… Euridice!

Oh Dio! Rispondi! Rispondi!

lo son pure il tuo fedele.

Che farò…

 

 

¿Qué haré sin Eurídice?

¿A dónde iré sin mi amor?

¿Qué haré? ¿A dónde iré?

¿Qué haré sin mi bien?

¿A dónde iré sin mi bien?

¡Eurídice! ¡Eurídice!

¡Oh, Dios! ¡Contéstame! ¡Contéstame!

Pues yo soy tu fiel esposo.

¿Qué haré…?

 

 

Euridice… Euridice!

Ah! non m’avanza

Più soccorso, più speranza,

Né dal mondo, né dal ciel!

Che farò senza Euridice…?

 

 

¡Eurídice! ¡Eurídice!

¡Ah! ¡No recibo

ya socorro ni esperanza

ni delmundo ni del cielo! .

¿Qué haré sin Eurídice…?

 

 

 

La versión que os traigo es la cantada por Janet Baker en el papel de Orfeo. Hay que aclarar que en la ópera de aquella época era frecuente que los papeles masculinos fueran pensados para la tesitura de un contratenor (el más agudo de los tenores, con voz de falsete, casi de soprano, que hasta poco antes habían sido los castrati, con su voz de mujer). Esta aria es una de las arias canónicas para contratenor… o para soprano, en los tiempos modernos, cuando está mal visto castrar a un chico para que conserve una hermosa voz.

 NOTA: En abril de 2016 escribí un relato en que el aria tiene una gran importancia argumental. Puedes leerla en este enlace:

https://albertogranados.wordpress.com/2016/04/29/la-presencia/

Alberto Granados

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