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Cochero


Hace sólo unos días que Ediciones TransBooks ha lanzado un libro electrónico llamado “Cuentos engranados” en el que participamos cincuenta y cinco autores y un brillante prologuista, como es Antonio Enrique, que ha estudiado los relatos y ha elaborado una eficaz taxonomía que comenta con su habitual rigor crítico y su vieja sabiduría.

La idea partió la pasada primavera y fue cosa de la escritora Carolina Molina y del también escritor y agente literario Jesús Cano: recibimos un correo pidiéndonos un cuento que no excediera de diez páginas de Word y que tratara sobre algún aspecto de la ciudad. Era un libro solidario, ya que los beneficios serán para el Banco de Alimentos de Granada, al que la crisis económica ha convertido en referencia para mucha gente.

Así surgió este relato que hoy os traigo junto a una llamada a vuestra solidaridad: descargad el libro, leedlo y si os gusta, regaladlo, recomendadlo, ponedlo en las redes, en meneame.com…. O sea: dadle vidilla. La editorial, el agente literario y los autores hemos renunciado a cualquier tipo de emolumentos, por lo que el 70% del valor de las descargas será para el Banco de Alimentos (quedando el otro 30% como gastos de producción en manos de la editorial).

Los autores participantes, tal como aparecen en el libro (orden alfabético, pero por nombres), somos:

Alberto Granados, Alfonso Cost, Alfonso Salazar, Ana María Shua, Ana Morilla, Andrés Neuman, Ángel Olgoso, Angélica Morales, Angelina Lamelas, Antonina Rodrigo, Antonio Enrique (prologuista), Ayes Tortosa, Brígida Gallego-Coín, Carlos Almira Picazo, Carolina Molina, Celia Correa Góngora, Concha Casas, David Aliaga, David Roas, David Vivancos, Elena Casero, Elvira Cámara, Espido Freire, Fernando de Villena, Francisco Gil Craviotto, Francisco Morales Lomas, Francisco Ortiz, Ginés S. Cutillas, Herminia Luque, Herminia Pérez, Javier Morales, Jesús Cano, Jorge Fernández Bustos, José Abad, José Lupiáñez, José María Pérez Zúñiga, José Vicente Pascual, Juan Cobo Wilkins, Juan Herrezuelo, Juan Jacinto Muñoz Rengal, Julia Olivares, Julia Otxoa, Lola Vicente, Manu Espada, Manuel Talens, Mariano Zurdo, Mariluz Escribano Pueo, Medardo Fraile, Miguel Ángel Cáliz, Miguel Ángel Moleón, Miguel Ángel Zapata Carreño, Miguel Árnas, Miguel Sanfeliú, Norberto Luis Romero, Raúl Ariza y Rosana Alonso.

CUENTOS ENGRANADOS

Portada de Carmen F. Sigler

Mi cuento, que curiosamente abre la serie de relatos, es este:

 

Cochero

            Manolo andaba nervioso por la calle. Ya había pasado ante el Gobierno Civil tantas veces que los falangistas que hacían guardia lo miraban con cierto aire de fastidio, casi de abierta hostilidad. No sabía si dar el paso y preguntar por don Joaquín.

-Don Joaquín Caparrós, siempre ha sido un pelagatos. ¡Ya verás, si le han llamado toda la vida “Pichacorta”…!  Pero ahora es todo un capitoste… Hay que ver las vueltas que da el mundo…, de ser un don nadie a mandar lo que manda, con el pedazo de cargo que le han dado los que se han alzado  –pensaba el cochero temeroso, como si los de las camisas azules pudieran leerle el pensamiento.

Si se atreviera a pedir audiencia…, si don Joaquín lo recibiera…, si la gestión diera resultado…, él podría recuperar sus dos mulas, la base de su sustento, y salir adelante, si eso era posible en medio de las circunstancias de guerra civil. Había llevado muchas veces a don Joaquín, acompañado de la madre, a la misa mayor de la Catedral. Le había ayudado solícitamente a subir y bajar a la anciana, casi impedida, y la relación había sido siempre cordial. Tal vez debería hablar con él, pero señalarse también era un peligro en el momento que Granada vivía, con tanto muerto por parte de un bando y otro, de ahí sus dudas.

Él nunca se había metido en política y si le preguntaran con qué bando estaba, no sabría decirlo: su mujer, sus hijos y él, muy conocidos en Granada, no tenían una ideología clara. Respetaban a la gente bien porque vivían de ellos: su mujer cosía para las señoras, sus tres hijos estaban muy bien colocados gracias a las relaciones que le había dado el carruaje y las dos niñas estaban de gobernantas en uno de los mejores hoteles, en la Gran Vía, gracias a una señora a la que él conocía desde hacía casi quince años, cuando empezó a llevarla el día 5 de cada mes a visitar la tumba de su marido. Él, con todo respeto, le ayudaba a subir y bajar del carruaje, le llevaba el enorme ramo de flores hasta la sepultura y, a medida que la señora envejecía, le servía de apoyo. Podría ser un buen aval en caso de necesidad, pero no había ido a pedirle ayuda.

Por otra parte, él había vivido siempre como lo hacía la mayoría de la gente sencilla de la ciudad y de los pueblos de la Vega. Sospechaba que su sitio era el de los leales a la República, el del pueblo, pero los políticos y los partidos le habían parecido siempre un turbio asunto de oportunismo, de ambición, de gente con ganas de poder y en eso no veía diferencias entre unos y otros. Se oían comentarios, siempre dichos en voz baja, sobre la cantidad de personas que se estaban afiliando a Falange desde que eran los que mandaban. Gente que jamás había estado próxima a los de Primo de Rivera inundaba ahora las aceras granadinas de camisas azules, de correajes y pistolas, de ademanes chulescos y cánticos fascistas. ¡Cómo podía nadie creer que aquello era normal! Desde lejos olía a falsedad, a mero afán de supervivencia. Él era de otra pasta y no estaba dispuesto a venderse, por eso su reticencia a entrevistarse con ”Pichacorta”.

 

 Elimino este relato por haber pasado a formar parte de mi libro “Mariana contemplando las mareas y otros relatos”, disponible desde el próximo mes de Abril en Librería Nueva Gala. Dejo el inicio, las imágenes y los comentarios que en su momento aparecieron en el blog (Granada, 24 de Marzo de 2017)

 

 

 

***

Constitución, al fondo, El Americano

 Imagen de dominio público: Coches de caballos en Avenida Constitución (al fondo “el Americano” y el Carril de la Lona)

 

 

Podéis hacer la descarga de Amazon en este enlace.

 

 

Alberto Granados

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12 comentarios el “Cochero

  1. Muy bueno el relato, Alberto, y muy triste. Pero real y muy bien escrito.

    • Ángela, Granada es una ciudad pequeña y chismosa, así que he tenido ocasión de escuchar historias parecidas. Muchas.
      El deterioro ético de un oportunista, de un hombres sin compromiso que llega a lo más vil por buscar su conveniencia en tiempos convulsos… ese es el meollo.
      Te agradezco presencia y comentario.
      Un abrazo y Merry Christmas…

      AG

  2. El miedo y la ignorancia siempre han abusado de los más humildes. Los favores, arreglos, apaños y negociaciones con los que ostentan poder siempre suelen ser un trámite que desencadena pérdida de dignidad y de derechos, que gente como Manolo consiguieron recuperar por una mezcla de caridad y de agradecimiento. Seguro que hubo otros muchos que no vieron recompensados sus devotos gestos hacia los ganadores.

    El relato es muy hermoso y toca especialmente la fibra sensible a los que nos sentimos afines al bando perdedor de aquella contienda. El final feliz (si se puede entender así) nos ayuda a desconectar de la cruda realidad que siguió a aquella ficción/realidad. Pero también nos acerca a la esencia del género humano, que suele ser casi siempre lo mismo que el instinto animal de supervivencia.

  3. Muy bueno el relato .Muy emotivo y propicio para la reflexión .Mucha gente joven debería leerlo y comentarlo. Que el 2014 te traiga todavía más inspiración y ganass de escribir.M.Carmen García

  4. Un redoble de conciencia resuena en esta desgarradora historia de un tiempo, de un país, de una ciudad…El ángel fieramente humano que nos habita subido en un taxi donde viaja la cruda verdad. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia. El mejor Alberto engranado en una prosa magistral, con un ritmo narrativo y un estilo magníficos. Felicidades, amigo.

    Un abrazo.

  5. Gracias por tu incansable apoyo, amigo Alberto “engranados”.
    Un abrazo y nos vemos en la presentación.
    Jesús Cano.

  6. Muy bien escrito e interesante.¡Enhorabuena! Saludos de Mento.

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