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Dudas


Dada mi formación como filólogo, siempre he estado interesado en nuestra lengua, tanto en mi época universitaria como en mi faceta docente e incluso como simple hablante. Con frecuencia me han surgido dudas sobre cuestiones léxicas, sintácticas o gramaticales: qué preposición rige tal verbo, qué significado preciso tiene tal palabra, una palabra concreta lleva tilde o no…

 

 

 

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He ido comprando obras de consulta durante casi cuarenta años, de manera que tengo una biblioteca filológica de cierta categoría, a la que en estos días de regalos acabo de agregar una última incorporación: “Las 500 dudas más frecuentes del español” (Instituto Cervantes, Espasa, Barcelona, 2013), que aparece firmada por Florentino Paredes García, Salvador Álvaro García y Ana Paredes Zurdo.

 

 

 

 

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Apenas vislumbrada esta obra, me parece algo a medio camino ente la divulgación normativa de nuestro idioma y, como recoge el título, un libro de consulta para solucionar las incertidumbres del hablante que desee cierto rigor en el uso del idioma. Inevitable recordar “El dardo en la palabra”, de Fernando Lázaro Carreter y algunos diccionarios de dudas y dificultades ya en el mercado desde hace tiempo.

 

 

 

 

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En la presentación, los autores señalan como primer objetivo del libro “ayudar a resolver las incertidumbres que se le presentan al usuario que quiere seguir los usos considerados correctos, esto es, cuando pretende ajustarse a la norma culta del español”.

 

 

 

 

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El libro está dividido en cinco capítulos. El primero de ellos (muy breve: sólo contiene las dudas 1 a 6), llamado Dudas generales, se ocupa de los dos nombres de nuestro idioma, del concepto de corrección y de quién fija éste y con qué criterios, etc.

En el segundo capítulo, Dudas sobre la pronunciación y la ortografía, aparecen las dudas 7 a 196, que tratan desde el nombre de las letras y su sonido hasta la pronunciación y acentuación correctas de palabras que contengan w, x, d en posición final, problemas de acentuación en formas verbales, pronunciación de palabras extranjeras, separación correcta de las sílabas y una serie de dudas particulares, tales como kiosco o quiosco, período o periodo, estadio o estadío…

 

 

 

 

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El tercer capítulo, llamado Dudas sobre la gramática, incluye las dudas  197 a 406, trata cuestiones relativas a la formación de palabras, el género y el número y sus implicaciones gramaticales, las distintas clases de palabras y sus condicionantes para formar la oración, el régimen preposicional de los verbos, las exigencias de la concordancia y la correcta formación de las oraciones.

Le sigue un capítulo dedicado Dudas sobre el léxico y el significado de las palabras (entradas 407 a 472) donde se tratan temas como la impropiedad de las palabras que usamos, paronimia y homonimia, la pobreza del vocabulario usado, el uso de neologismos, latinismos, coloquialismos, vulgarismos, neologismos, extranjerismos…y los criterios que la norma culta ha fijado.    

El último capítulo, llamado Dudas sobre el texto, que llega hasta la entrada número 500, se ocupa de la estructura, longitud aconsejable, cohesión… del texto, las citas textuales, los resaltes, la forma de redactar una carta, un correo electrónico, el uso del signo arroba (@)  para referirse a los dos géneros a la vez, la presencia de los emoticonos y onomatopeyas en un texto convencional, nomas sobre la redacción de instancias, currículum vitae, actas, citas bibliográficas…

Una selección bibliográfica reducida, un índice general y otro de “palabras, expresiones y materias” completan esta obra. A lo largo del libro se extiende la diferencia de criterios entre las distintas áreas geográficas del español, alejándose con ello de la instauración de la norma española como norma exclusiva, un sabio criterio que se corresponde con la inmensa variedad que el español de dos continentes conlleva.

Sólo he leído unas 20 “dudas”, de manera que es temerario emitir un juicio valorativo, pero creo que se trata de una obra para el gran público (los especialistas no encontrarán un tratamiento exhaustivo de los temas) que por curiosidad o por necesidades de trabajo tengan la sana preocupación de cuidar nuestra lengua, un patrimonio de valor incalculable sobre el que apenas nos permitimos una reflexión respetuosa. Un idioma común a más de cuatrocientos millones, que maltratamos por desgana, por la vacuidad del “todo vale” y por la inexplicable falta de rigor con que la usamos, como si el legado que se extiende desde el Mío Cid hasta Vargas Llosa (por mencionar al último Nobel hispano) fuera algo que nos ha llegado gratuitamente, algo sobre lo que no tenemos ninguna responsabilidad, pese a ser la lengua común de más de treinta países.

Me parece oportuno traer aquí un soneto que Dámaso Alonso dedicó a nuestra lengua:

UNA VOZ DE ESPAÑA

Desde el caos inicial, una mañana

desperté. Los colores rebullían.

Mas tiernos monstruos ruidos me decían:

«mamá», «tata», «guauguau», «Carlitos», «Ana».

Todo —«vivir», «amar»— frente a mi gana,

como un orden que vínculos prendían.

Y hombre fui. ¿Dios? Las cosas me servían;

yo hice el mundo en mi lengua castellana.

Crear, hablar, pensar, todo es un mismo

mundo anhelado, en el que, una a una,

fluctúan las palabras como olas.

 Cae la tarde, y vislumbro ya el abismo.

Adiós, mundo, palabras de mi cuna;

adiós, mis dulces voces españolas.

(Dámaso Alonso, “Tres sonetos a la lengua castellana”, 1958)

Le deseo suerte editorial a esta obra. Prefiero esta seria reflexión sobre nuestra lengua a las menudencias de los personajillos mediáticos que venden con notable éxito sus “ambiciones y reflexiones” en forma de libro. Pero parece ser, según las listas de ventas, que mi preferencia me deja en sufrida minoría.

 

Alberto Granados

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12 comentarios el “Dudas

  1. Habría que hacer un Bookcrossing con estos títulos en el Paseo del Violón, así llamado porque los monumentos allí instalados violan las más elementales reglas de la gramática.

    • Jesús, bien regresado por estos pagos. Respecto a las estatuas del monumento (en contra del) flamenco, estaban los de Tele5 diciendo :
      -Por aquí no pasa ni dios…
      y en ese momento pasamos mi hija y yo. Me pillaron. Yo no lo he visto.

      Gracias por asomar.

      AG

  2. Lo que empezó como una gracia (cambiar la q por la k, por ejemplo), está dando paso a una disolución total de la correcta manera de expresarse en una lengua, como tú muy bien apuntas, rica. Duelen las faltas de ortografía (mucho), pero más lacera observar la escasez de sinónimos, como el abusivo uso del “super”.
    Tu entrada me parece muy oportuna. Tus formas, exquisita y tu defensa del idioma como vehículo conductor, un acierto que debería tomarse como ejemplo para dejar de ensalzar personajes banales que no enseñan, tan sólo se aprovechan de la apatía reinante.
    Un abrazo!!!

    • Lo malo no es que se generalice la k por qu en móviles y correos. Lo malo es el conformismo y las escasas ganas de hablar correctamente. No siempre vale todo. En este tema soy especialmnete sensible. Se habla de pena y no se escribe.
      Sin lengua no hay pensamiento y eso es atroz…

      Un abrazo, Kape. Gracias por aparecer por aquí.

      AG

  3. En mis anaqueles, entre los que has resñado, figuran el de Manuel Seco y El dardo en la palabra, además de los Manuales de Estilo que utilizó mi hijo cuando cursaba periodismo. En esta faceta cabría destacar la obra ingente -entre manuales y artículos- de Alex Grijelmo.

    http://www.lecturalia.com/autor/993/alex-grijelmo-garcia

    • Mi hija, traductora de profesión, tiene los manuales de estilo. El de Grijelmo se lo compré. Yo ahora resuelvo mis dudas en el Panhispánico de Dudas, que se puede consultar online.
      Un abrazo, Miguel.

      AG

  4. Qué interesante. Todos ellos son buenos, interesantes y necesarios. Todo el mundo debería disponer gratuitamente de dos o tres de estos libros y darles un repasillo cada día. A mí me gustan los que nos muestras aquí,pero no sé cuáles tengo en mi casa. El de Lázaro Carreter me parece especialmente interesante.

  5. ¡Qué curioso! Tengo dos de los libros sobre dudas: el de Larousse y el de Manuel Seco (también lo tengo forrado). Me lo regaló una amiga que se iba a casar y se deshizo de casi todos los libros, como si fueran un amante molesto. Empecé a leerlos, pero al final me di cuenta que la mayoría de las veces me suscitaban más dudas que me las resolvían, porque frases que pensaba que estaban bien formadas, esos libros me las echaban por la borda. Ahora, que me preocupo más por cómo escribo (visito muchos blogs ajenos y no quiero meter la gamba) creo que es el momento apropiado de volver a ellos.

    • A medida que empiezas a preocuparte por un tema (en este4 caso, el uso del idioma) surgen cada vez más dudas y se achica el territorio de las certezas… El malestar de la cultura que mencionabal Freud.
      Para tu tranquilidad te direé que escribes con soltura y de forma muy amena.

      Un saludo,

      AG

  6. Una envidiable biblioteca. Tengo los de Larousse y El dardo en la palabra. En general es penoso comprobar como la gente hace tan mal uso de nuestros códigos de comunicación más importantes, cómo se confunden unas palabras con otras y de qué manera se les llena la boca a algunos “periodistiquillos” con su vocabulario rimbombante.
    Mi bilinqüismo suele inducirme a errores que vigilo y rectifico con enorme respeto.
    Un petó.

    • Glória, tengo la sensación de que la lengua puede usarse razonablemente bien sólo con un poco de atención y de gana. Pero no existe esa preocupación. Se ve en un telediario a un peruano o un boliviano, de la clase más humilde, que explica cualquier cosa con una fluidez admirable. Si se entrevista a alguien en España, apenas sabe decir una sola idea y lo hace de una forma lamentable. Desatención, desgana, falta absoluta de planteamientos de perfección… Y te aseguro que en la escuela se practica y se pone énfasis, pero el niño sólo pasa 5 horas en la escuela y el resto del día lo pasa en un contexto que dasautoriza lo aprendio en la escuela.

      Un petó,

      AG

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