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Niñato con pulsera


Dedicado a toda mujer, especialmente si ha sido víctima del maltrato machista

Hace ya mucho que Encarna dejó de avergonzarse. La vida es como es y a estas alturas ya ha tenido tiempo de dejar a un lado la vergüenza que antes la atenazaba. Que medio autobús los mire de soslayo o se den codazos o levanten el cuello y dirijan la atención hacia su hijo ha dejado de ser su mayor problema. Ve incluso normal que la gente vierta toda su curiosidad malsana en la conversación que Jonathan está manteniendo a través del móvil con la secretaria del juzgado donde se está llevando su caso. Salvando a tres chicas que parecen estar intercambiando algo muy divertido en sus móviles y un par de señores que leen el periódico, el resto del autobús está pendiente de lo que dice su hijo. Tal vez ella misma se entretendría también con algo así de morboso, si no se tratara del fruto de sus entrañas, que le ha salido bastante canalla por cierto.

-Buenas, mire que soy Jonathan…, acabo de salir de ahí… perdone, yo no sé si ha sido usted, a lo mejor ha sido otra, pero es que en la puerta me ha dicho mi abogado… Sí, eso es… Que me voy a casa de mi madre, ¿dónde me voy a meter si no? A ver… yo me voy a casa de mi madre… sí, eso es, a vivir allí… sí, es que el juez me ha echado de mi casa, que se la queda la Loli, mi mujer… bueno: mi ex-mujer ya, pero… No, mire, es que yo tengo que decirles dónde voy… porque si en la próxima parada…

 

 

8 de marzo, imagen de Facebook (origen desconocido)

8 de marzo, imagen de Facebook (origen desconocido)

Otra vez su Jonathan y ella en casa, después de tantos sinsabores. Por más que piensa, no sabe en qué se equivocó para que todo le haya salido mal en la vida. ¿Qué hice mal…? ¿ser la novia de Felipe desde los quince años? ¿dejarlo que se convirtiera en mi amo y señor? ¿aguantar que me diera las diez primeras palizas, las cien primeras bofetadas, permitirle los mil primeros insultos? …no soy la única que ha pasado por ahí, pero parece que yo me he llevado la peor parte, que siempre he sido la percha de todos los palos que la vida nos va repartiendo… todos para mí, y algunos bien dolorosos, como para no levantar cabeza, así que si queréis chismorrear sobre  la conversación de mi Jonathan me importa un pimiento, ¡anda y que os den!…

-…vamos a ver, yo sólo quiero decirle que ahora mismo, en la Caleta, me he subido en el 11 para irme con mi madre… que sí, mujer, ¿quiere que se la pase…? sí, mayor de edad y todo lo que usted quiera, pero me tengo que volver con mi madre porque eso ha dicho el juez… bueno, lo que ha dicho es que el piso se lo queda Loli, así que yo tengo que volverme a mi casa, con mi madre… Que sí, mujer, en el Zaidín, eso es… Bueno, mire, que voy en el 11, que ella ha salido con mi suegra y mi cuñado un rato antes, pero es que tendría poca gracia que dentro de diez minutos se suban justamente al 11, estando yo aquí, ¿sabe usted…?

…no es por hacerme la víctima, pero es que ¿qué he hecho bien en mi vida? ¿enamorarme de un hombre que me salió rana? …eso le pasa a cualquier chica… pero yo debo de ser bastante más  tonta que las demás por lo que se ve, porque estaba loca por Felipe, que mira que me gustaba… con él descubrí la vida a los quince años, y bien que me enseñó, que parecía que el sexo iba a ser siempre un juguete lleno de diversión, pero hasta eso se vuelve corriente y deja de interesar… y cuando me di cuenta de que el fogonazo se había pasado y que ya casi nunca me apetecía hacerlo… y él cada vez más mosqueado y peores modos…  después vino la primera paliza, que de novios ya me había dado alguna bofetada, pero yo le quité importancia y además él me lo decía: “Si te pego es de lo que te quiero…” y yo, tonta de mí, casi me sentía orgullosa, pero después, con el niño yo perdí las ganas y le tomé un poco de asco, y claro, él lo notó y vinieron más amenazas (Que te mato a hostias, ¿eh?), más reproches (Tú es que te crees que eres especial, pero que lo sepas, eres una inútil, que no vales un duro) y muchas palizas, incluso delante del niño (¡Que veas la clase de imbécil que es tu madre!) …al principio lloraba asustado, pero después dejó de alarmarse porque veía normal que su padre me machacara a palos cada vez que no le gustaba cómo me había salido la comida (¡No querrás que me coma esta porquería!)  o cómo me había vestido (¡Qué pinta de putón tienes, so zorra!) y ponía un gesto de desprecio, de odio, que eso sí que me dolía… y el chiquillo llegó verlo hasta divertido…

 

 

 

Mutilacion genital de una niña, Imagen tomada de Alerta Digital

Mutilación genital de una niña, Imagen tomada de Alerta Digital

…vamos a ver si me entero de una vez de lo que tengo que hacer… usted dice que no tengo que avisar y mi abogado dice que sí, que avise de cada movimiento por si me la encuentro… no, mujer, yo ya ni me ofendo con las cosas de la fulana esa, porque eso es lo que es: una fulana que se va a quedar con mi casa, con media nómina, con el chiquillo, que eso es lo que más me duele, que hasta que me lo trae mi madre el fin de semana… bueno, es verdad, perdone, que me estoy enrollando… que yo tengo que avisar adónde voy antes de salir, porque si me la encuentro puede acusarme de quebrantar el alejamiento…

…y si con Felipe me equivoqué, ¿para qué hablar de éste? …no parece que sea mi hijo… yo era de otra manera y les tenía respeto a mis padres, pero Jonathan ha hecho siempre lo que le ha dado la gana y ha sido imposible que me hiciera caso…, claro, ¿cómo me iba a tener respeto con el ejemplo de su padre? …y yo, tonta de mí, me creía lo que me decía: ”-Mamá, que el maestro no lleva razón, que es que me ha tomado manía” y yo iba a pedirle explicaciones al pobre hombre, que ya me miraba como el que ve llover… Ahora comprendo que parí a un golfo, que le di la razón en todo y que lo malcrié… no quería llegar a eso, pero también debí de equivocarme… y éste, un bicho malo, aunque una vez se enfrentó por mí a su padre, lo único bueno que le he visto en los 23 años que tiene, fue aquella vez que Felipe me estaba pegando: “-Padre, o dejas a mi madre o te mato.” …y lo dijo tan serio que Felipe dejó el puño en el aire y se fue a la taberna… y poco después se fue con la bielorrusa esa, que debe ser una leona en la cama, porque me lo amansó como si no hubiera roto un plato en la vida… yo fui la primera, pero tampoco en eso fui la mejor por lo que se ve, aunque eso ya no me importa, que le aprovecha a la furcia esa de los ojos azules, se lo regalo entero, total, para lo que me servía ya…y hace dos años el Jonathan dejó preñada a la Loli y hubo que casarlos… otro error mío, porque la chica tampoco se merecía que el bestia de mi hijo la dejara llena de moratones, como hacía su padre conmigo… me lo pregunto siempre: “¿por qué los hombre encuentran normal pegarnos a las mujeres?” …a mí me dolió mucho más que mi hijo le pagara a esta chiquilla que todas las bofetadas que me ha dado el padre… es que un hijo duele mucho y éste me ha salido igualito que Felipe… un verdadero canalla que deja a una mujer de 21 años con un crío de meses porque ella lo ha denunciado y el informe del médico demostró que tenía lesiones serias y antiguas, que no era la primera vez, que mi hijo podrá ir otra vez a la cárcel si repite y además para una buena temporada…

Encarna disimula las lágrimas y mira a su hijo. Ya no hay duda: incluso las tres niñas que antes se mostraban los whatapps y reían a carcajadas ahora están pendientes de la conversación. Todo el autobús los mira, alternando las miradas entre la madre y el hijo. Algo se rebela en su interior porque ella no es mala persona y no se merece esas mudas acusaciones, con todo lo que lleva pasado. No ha sabido educarlo, es cierto, pero no es la única mujer que ha fracasado en eso. Tiene 47 años, está a punto de entrar en la menopausia y sólo se ha llevado amarguras de la vida. Teme que el hijo, al notar que todos lo miran, se ponga gallito y monte una bronca, algo que no le conviene, pues el juez ya le ha leído la cartilla y le ha dicho que tiene que controlarse. Se levanta, se acerca a Jonathan y trata de hacerle bajar la voz, pero él se zafa de la mano que la madre ha puesto delicadamente en su hombro y la mira con absoluto desprecio. Ella se figura el efecto que los pelos recortados, la cresta engominada y los piercings de su hijo pueden causar en las persona mayores del autobús.

 

 

 

Mujeres afganas AP Photo

Mujeres afganas, imagen de AP Photo

… usted suponga que me los encuentro y la pulsera empieza a pitar… exacto, el juez me ha puesto la pulsera y puede mandarme al trullo por segunda vez, que es que la cosa tiene perendengues, hombre… porque estará mal que yo le haya pegado a mi mujer, pero es que ella no es una inocente como todo el mundo quiere hacer ver… ¡ella se las trae, la mosquita muerta!, pero las leyes están así y el que va al talego soy yo, no la muy… que no, mujer, que esto ya es prueba superada, total: ya me ha arruinado la vida…

…si es a mí, que soy su madre, y me da miedo…, además, ese genio… está haciéndose un desgraciado él mismo, sin necesitar de nadie… parece que estoy oyendo el llanto de Loli, cuando me avisó desde el cuarto de baño de su piso: “-¡Que me va a matar! Encarna, que me mata, que le ha dado un genio y me ha puesto morada a bofetones, que va a echar la puerta abajo… ¡Llámelo al móvil a ver si puede calmarlo, que me mata! Y yo no he hecho nada malo, sólo que no estaba de acuerdo con una cosa que ha dicho… ¡Ay, que me mata…!” …por un momento creí que era Felipe, dándome hostias a mí, como si yo fuera un burro… y yo qué podía hacer, o era mi hijo, que con todo lo mal bicho que es lo parí yo, o era esa chica, que era como si fuera yo misma… y llamé a Jonathan y le dije lo que tenía que decirle… de momento conseguí que dejara de pegarle… el niño se había despertado y se le oía llorar y mi hijo como un loco, chillando, dando puñetazos a las paredes… y llena de horror, pensé que debía evitar que muriera mi nuera… por eso llamé a la policía y denuncié a mi propio hijo, que me ha dicho que eso no me lo perdonará nunca…

Las lágrimas, ya incontenibles, ruedan por sus mejillas sin que le importe ser el blanco de todas las miradas. Jonathan la mira con algo parecido a la piedad, a un vago afecto, y suaviza el gesto de rabia, pero un instante después el chico señala con el dedo a la acera: en la parada donde el autobús está frenando está su ex-mujer con su familia y con el carrito del niño, justo lo que él trataba de evitar. De nuevo se le tensan sus músculos de la cara y asoma ese rictus de agresividad. De un manotazo, Encarna se limpia las lágrimas y le dice:

-Tranquilo, hijo, por favor. No vayas a hacer una locura. Ya sabes lo que te ha dicho el juez.

En ese momento la pulsera de Jonathan empieza dar agudos pitidos. Le cambia el gesto, porque sabe las consecuencias. Ve por la ventanilla a Loli, que se detiene rígida de miedo y saca del bolso su trasmisor, que también estará pitando el centro de control de la policía. Él sabe que si a su mujer le da por pulsar el llamado botón de pánico, estará en la cárcel una buena temporada.

 

 

 

Forges en El País de hoy

Forges en El País de hoy

Enmudece y mira a la pulsera y a su madre alternativamente. Los usuarios del autobús lo miran como a un apestado y se apartan todo lo que pueden de él, mientras el pitido parece taladrarle el cerebro. Encarna le grita delante de todos los del autobús, con toda la energía que saca no sabe de dónde:

-Sal por la puerta de atrás y vete para casa, hijo. ¡Rápido!

…a veces pienso que lo mejor para todos sería que le pasara algo grave, no sé, una enfermedad, un accidente… algo que lo dejara sin esa fuerza de mala bestia que tiene, que deje de ser un problema para cualquier mujer, para mí misma, pero después me doy cuenta de que sólo es un niño débil que nunca va a encontrar el poco afecto que todavía se merece, si no es en mí, que para eso soy su madre… ¡qué difícil me resulta decir estas barbaridades y qué duro es haber denunciado a un hijo…!

El autobús se ha detenido en la parada y Jonathan sale corriendo por la puerta de atrás. Se baja y rodea la mole roja para cruzar la calle a la carrera, en un intento de que la pulsera deje de sonar con ese pitido intenso, agudo, acusador. Un taxi lo aplasta y todo el pasaje del autobús grita horrorizado. Encarna se baja, se arrodilla junto a su hijo y lo acuna como si se tratara de un niño pequeño. Jonathan aún tiene un ademán hosco, de intenso odio,  para Loli, que llora desconsoladamente. Después gira los ojos hacia su madre con un agrio gesto de reproche y finalmente su mirada se apaga para siempre.

Encarna solloza quedamente, y como si le cantara una nana, le susurra:

-Pobre de mi niño malo… mi niñato gallito… ahora que ya no eres un peligro para ninguna mujer, me doy cuenta de lo que te quiero, Jonathan…

Un rato después, se ha procedido a levantar el cadáver y se ha restablecido el tráfico. Se diría que es un día normal, semejante en todo al resto de los días…

 

Alberto Granados

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12 comentarios el “Niñato con pulsera

  1. Todo lo que escribas en este sentido será correcto y nos ayudará a salir de las tinieblas. Un abrazo. AJGG

    • No sé yo, querido amigo, si con escribir un pobre relato se puedan conseguir otra cosa que compartir la denuncia con quienes menos la necesitan. En cualquier caso, no creo que estorbe un relato así a defender la naturaleza de la mujer.

      Un abrazo para ti y para tus tres féminas.

      AG

  2. Por desgracia, en la vida real el desenlace no es tan oportuno como en tu relato. Así que el “final feliz”, esa justicia divina que te ha ayudado a terminar pronto el relato, ha evitado que escribieras un tomo de 600 páginas, porque estos casos dan para escribir trilogías.
    Cuando, desde una posición de observador externo, se ve esto venir en el desarrollo de un niño, la pena y las ganas de dar un golpe de timón que cambie su vida y su suerte, acaban dejando paso a un deseo de aislarlo para que no gangrene las vidas de todos los que le rodean. Es una extraña mezcla de sentimientos, mucho más duros y difíciles de digerir cuando eres familiar del interfecto.
    Enhorabuena por ser capaz de desarrollar nuestra empatía hacia casos como ése, por transmitirnos durante unos instantes lo que surca las mentes de los protagonistas.

    El 8 de marzo tiene más vertientes y algunas de ellas están relacionadas con el cartel de donde creo que salió la primera y preciosa imagen de esta entrada:
    http://lpirg.org/2013/03/04/international-womens-day-2013/

    • Muchas gracias, Lisa y Conda. Es cierto: nada más Roberto Bolaño dedicó un montón de páginas de su “2666” a hablar exclusivamente de los feminicidios de Ciudad Juárez. El tema cotidiano y cercano daría para mucho más.
      Saludos,

      AG

  3. Inquietante y triste, esa tristeza de madre que difumina el horror de ese hijo maltratador

    • En efecto, ése ha sido el conflicto que he tratado de reflejar en el cuento: la madre dividdia entre ser mujer y ser madre, con impulsos y escarmientos contradictorios y siempre atendiendo ambas facetas.
      Un abrazo, Dumi.

      AG

  4. Date: Sat, 8 Mar 2014 07:43:17 +0000 To: pedrizas@hotmail.com

  5. Hoy he podido leer por fin el relato (le tenía ganas, tan mal acostumbrados nos tienes) y como esperaba, no me ha defraudado en absoluto. Duro como los casos verídicos que día a día llenan nuestros diarios, pero consigues que nos metamos en la mente de esas otras víctimas de las que no hablan los periódicos (y que padecieron maltrato antes de las que lo sufren por culpa de sus hijos) que están en la sombra, con su doble dolor de ser madres y acosadas.
    Un abrazo

  6. La mujer lo sufre todo. La mujer es una basura para algunos. Y eso hay que decirlo.

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