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La última visión de Gabo


-Mercedes, ¿mi guayabera está planchada? Tengo una cita importante. Mucho más que cuando fui a Estocolmo… Mercedes, ¿estás ahí? No te veo, pero sé que estás ahí, te veo vestida de negro con un chiquillo que tal vez haya sido yo mismo en algún momento. Te veo a ti como si fueras mi madre, ambos vestidos de luto bajo un sol plomizo, a la hora de una siesta imposible, buscando al alcalde de un lugar que tal vez no exista… No sé, estoy muy confuso. Os he oído hablar de sedación, de cuidados paliativos, de que ya me toca… Está bien, ¿qué hago yo aquí entre tantos fantasmas? Remedios la Bella, Isabel, el señor Carmichel… Melquíades ese viejo gitano errante que siempre tuvo mil sabidurías, aunque simulaba no conocer los arcanos… ¿y Amaranta Úrsula y su venda? ¿y la cándida Eréndira, que fue víctima de su abuela cuando el viento de su desgracia quemó aquella casa en mitad de un desierto que olía a naranjas? No sé si he hecho algo de mérito, ahí están todos los personajes que llegaron a mi imaginación y que hice vivir, como si yo tuviera capacidad para obrar semejante milagro, pero ahora me toca escribir el cuento del final de los finales. Los narratólogos dirán lo que quieran, pero no hay palabras para esta situación. Siempre se escribe para no morir, por eso no se puede decir ni pensar nada en el último momento.

 

 

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Gabo, en una imagen tomada de Wikipedia

Hice que José Arcadio Buendía clavara una lanza en el suelo. Ahí murió la virginidad de Úrsula, que se había estado haciendo la estrecha hasta que comprendió el significado fálico de la fundación de Macondo y ahí llegó mi momento: fui un demiurgo, un creador de mundos, fantasías y metáforas… pero todo eso es agua pasada. Ahora me ha parecido ver a Aureliano Buendía mandando el pelotón de fusilamiento que va a llevarme por delante… ¿o es el ahogado más bello del mundo quien ha tomado esa apariencia amenazante que parece esperarme? Percibo las cosas de forma muy confusa y creo que me estoy muriendo sin remedio. Me molesta dejarme cabos sueltos: el coronel tal vez siga esperando su pensión por toda la eternidad si yo me muero, sin que haya quien le escriba de la oficina del gobierno, pero eso es una majadería en el gigantesco cosmos que yo organicé sólo con mi imaginación y mis recuerdos. ¿Volverá la United Fruit a crear otra fiebre del banano? ¿Habrá otro diluvio seguido de una invasión de mariposas? ¿Cómo podría yo advertirle a los Buendía que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán otra oportunidad sobre la tierra y que no tenía sentido su enloquecida aventura? Se ahorrarían tantos desvelos y sinsabores… Pero ya es tarde. Ya veo que ese hombre con unas alas enormes me espera para llevarme… a mi Macondo, ese que surge tras la muerte… No me da miedo el más allá, si es que existe, pero le temo a encontrarme solo, alejado de mi familia, la real, pero también la de Macondo.

El hombre de las alas está transfigurándose, adquiriendo una presencia atroz, amenazante, terrorífica. Su semblante es ahora una mueca crispada e impaciente. Parece mirarme con ojos de perro azul y entiendo que está aquí para llevarme. Es mi otoño de patriarca, mi última visión, que esta vez no alcanzará la imprenta.

-¿Eres…? ¿Eres quien yo pienso?

-Sí, Gabo. No me gusta mi oficio, pero me habéis creado entre muchos hombres como tú y tengo que llevar a cabo mi misión, aunque me repugne.

-¿Y qué quedará de lo que he hecho? ¿Unas necrológicas en todos los diarios del mundo? ¿Una distinción más para satisfacción de los míos? ¿Una entrada en la Wikipedia? Me parece muy poca cosa… He escrito literatura muy hermosa y…

-Por favor, Gabo, eso ya lo sé. He leído todo lo que ha salido de tu pluma…

 

 

Alberto Granados

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9 comentarios el “La última visión de Gabo

  1. Muy bueno el artículo. Algo parecido a lo que aquí se cuenta debe estar ocurriendo ahora mismo. Un abrazo.-F.G.C.

  2. ¡Quė hermoso,Alberto Buendía!

  3. Queridos Francisco y Miguel: en contra de mi costumbre exigente, anoche me dejé llevar por la triste noticia de la muerte de nuestro Gabo y en un momento escribí esta fabulilla, apresurada y muy poco elaborada. Ahora la releo y la veo sin fuerza y llena de tonterías, pero pueden más el afecto y el agradecimiento al escritor por tantas horas de placer lector, así que dejo mi texto (he llegado a pensar en eliminarlo), incluso con su planteamiento atolondrado.
    Gracias por vuestra presencia.

    AG

  4. Recuerda Gabo, recuerda un aula de hace ya muchos años, un aula mayoritariamente de muchachas entre los 16 y 17 años. La profesora de Filosofía les dio una lista lecturas no obligatorias ¡qué gran palabra “no obligatorias”! . Recuerda que cuatro de ellas se pusieron a leer y cada mañana, antes de comenzar las clases, se contaban maravilladas y riendo lo que iban leyendo de esa novela tuya que se ha atragantado a tanta gente: Cien años de Soledad, pero como disfrutamos entonces, maravilladas, sintiéndonos libres de lecturas de realismo indigesto…, muchas de las cosas no las entendimos, pero tampoco las entienden los expertos en tu obra, porque el arte y la imaginación es libre y el mejor, como el tuyo, conecta con el fondo primigenio hambriento de fábulas y mitos que todos llevamos dentro.
    Gracias Gabo por tantos momentos de felicidad compartida.

  5. Nunca elimines lo que has escrito con el corazón. Si alguien la encuentra poco elaborada, apresurada, sin fuerzas no te conocen. Sólo has agradecido con su misma escritura la felicidad que te produjo al leerla.
    Noto tu ausencia en AMM.

  6. Acertado y sentido.Cada vez q lo leo me gusta más.

  7. Alberto :Cómo puedo contestarte a tu correo de modo privado? Gracias

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