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“La cueva de la azanca”, la última novela de Francisco Gil Craviotto


     Esta tarde (19,30 h.) se presenta en la Asociación de la Prensa La cueva de la azanca (Editorial Dauro, 2014), la última novela de Francisco Gil Craviotto, uno de los decanos de las letras granadinas, autor unánimemente reconocido y respetado por su obra y por su calidad humana. Dedicada a sus nietos, “…para que, cuando sean adultos y yo no esté, a través de esta novela, recuerden al abuelo.”, tiene algo de testamento literario, algo de confesión pública de sus ideas, ideales, creencias y obsesiones, de legado didáctico en el que aparecen los temas literarios largamente repetidos en su obra anterior y en su conversación habitual. Con esta novela lega a sus nietos la visión del mundo de un hombre bueno (en el mejor sentido machadiano), generoso y, sobre todo, libre: tres adjetivos que se suman en el autor, algo de escasa vigencia en estos tiempos de oropeles ideológicos e inanidad ética.

     La novela trata de la peripecia vital de Constancio Lizán,    alguien que lleva dos años escondido en una cueva porque se ha visto obligado a  “…abandonar el mundo y, con premura, venirme a vivir aquí en soledad y relativa libertad el resto de mis días…”  (pág. 12). El protagonista escribe unas memorias (“…un bodrio literario que ni siquiera sé si llamar memorias, recuerdos o notas de un marginado…”, pág. 11) que intercala con los hechos que le van sucediendo, todo ello  urdido con la amenidad y la  soltura  habituales en el autor.     

 

 

 

 

En el Centro Artístico Cárcel y literatura

     En el Centro Artístico, presentando la conferencia de Juan Chirveches  “Cárcel y literatura”
 

    

     Junto a esta trama principal, surgen otros personajes que dan pie a distintos argumentos secundarios al aparecer, oralmente o por escrito, sus biografías y andanzas, en un enriquecedor ejercicio de intertextualidad (diarios escritos y relatos orales, cartas, cuadernos autobiográficos…), lo que le otorga a esta obra una rica variedad, un ritmo ligero y una notable eficacia literaria.

     Constancio, que confiesa sentirse a veces “…un poco filósofo…” (pág. 12) relata su llegada a la cueva, la preparación de su nuevo hogar, los trabajos que le impone la supervivencia, sus incursiones en el mundo civilizado, la gente que va conociendo y el influjo emocional, la impronta que le va dejando cada uno de los personajes con que cruza su destino.

     El primero de ellos es Marga, en realidad llamada Carmen, la prostituta con la que establece una delicada relación de sexo y confidencias. La muchacha, “…casi una niña…” (pág. 27) le contará cómo desembocó en su profesión ( “Yo no nací puta, fue la vida la que me hizo puta.”, pág. 31). En la lamentable vida de esta chica hay, desde un rechazo a su condición sexual de niña por parte de la abuela, hasta un caso de abusos sexuales por parte del marido de su tía, pasando por un homicidio más que premeditado. El relato irá surgiendo poco a poco durante los sucesivos encuentros en que la muchacha deja de ser lo que la vida la ha hecho para convertirse sencillamente en una mujer que desea compartir su amor con otro desahuciado de la vida.

 

 

 

2013 06 13 Gil Craviotto y Guillén en Aljibe del Rey 02

     En el Carmen del Aljibe del Rey, el verano pasado, leyendo un relato dentro del ciclo “El agua y la palabra” 

     Un trabajo ocasional le permite conocer al abogado Genaro Antino y a su esposa, Mercedes, que se convertirá en su amante. Ambos personajes darán pie a otra trama secundaria, con derivaciones de relato negro, al aparecer las relaciones con las mafias y hasta un crimen incluido. La corrupción, el pragmatismo, el cinismo, tan presentes en la vida actual, enmarcan la presencia de estos personajes.

     De igual forma, conocerá a Sofía, secretaria y querida del abogado. También se convertirá en su amante situación que él resume así: “Ahora me encuentro con tres amantes. Demasiado para un pobre. Lo peor es que las tres me gustan. Lo ideal sería poder conservar las tres, pero me parece que eso va a ser imposible. Mi conciencia no para de reprocharme ese espíritu donjuanesco quizás debido a esas gotas de sangre moruna que, según dicen, llevamos todos los españoles, pero la verdad es que, lo mismo que al que es miope o sordo nadie lo culpa, yo tampoco tengo la culpa de llevar sobre mí esa tara que no sé si llamar donjuanismo o espíritu putañero.” (pág. 291). También aclara cínicamente: “Yo nunca me he considerado un conquistador, pero cuando la fruta se me ofrece tan lindamente accesible, sería un lamentable error no aceptarla.” (pág. 105)

 

 

 

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     El pasado mes de marzo, en la presentación del libro “Cuentos para el vino”

     Ya se puede ir percibiendo que la primera característica del texto es precisamente su enorme cantidad y variedad de materia narrativa. La trama principal (la vida del protagonista en la cueva por motivos que el lector sólo sabrá cuando lleve la novela muy avanzada) permite añadir una serie de tramas secundarias. La conexión entre tales elementos se resuelve mediante  la estructura de cajas chinas, es decir, el autor usa la interrupción de una línea argumental para conectar con un argumento secundario, técnica presente en algunos hitos de la literatura universal, tales como Las mil y una noches, las novelas imbricadas en el cervantino Don Quijote de la Mancha o las aventuras que recorren las diferentes jornadas decameronianas de El manuscrito encontrado en Zaragoza, del polaco Jan Potocki.

     De esta forma, el huidizo personaje va a contar también su ardiente relación con sus amantes, la historia de sus padres y la represión a que fue sometido su abuelo, maestro republicano. También están presentes la muerte de su hermano Miguel, la falsa aparición de una virgen, el descubrimiento en un incendio del diario de  Emilio Garcés (un niño de la época de la guerra civil), el juicio por violación de una menor, la situación del reformatorio en que internan a la joven Carmen, los nuevos abusos por parte del vigilante (págs. 98 y 99), la falsa gratuidad de los colegios concertados (pág.121), la visión de la España actual por parte del autor como “democracia sólo de fachada”, el primer amor y el desengaño (Capítulo XXXVIII) a los doce años, las peleas de colegio, el viaje a París del protagonista cuando era estudiante, la guerra civil, el gravísimo fraude de las preferentes y a la Seguridad Social, la ambición humana, las falsas vocaciones sacerdotales, la supervivencia anti-consumista, la armonía de la naturaleza, la ausencia de maldad en los animales, la hipocresía eclesiástica, el crimen…, todo ello en un torrencial despliegue narrativo.

     Constancio, el personaje central vive su peripecia entre dos mundos opuestos, llenos de simbología: la cueva, en la que recuerda, reflexiona, escribe su biografía o lee las ajenas, comparte su afecto con un perrillo… En este ámbito vive una realidad virtual, una vida pasiva, una imagen pensada de cómo es la existencia, como en platónico mito de la caverna. Por el contrario, el mundo exterior está lleno de experiencias vitales cargadas de realidad, las que configuran las distintas tramas. Si el primer ámbito remite a Platón, el segundo conduce directamente a la teoría de la novela que expuso Stendhal (“…es un espejo que se pasea por un ancho camino…”) y a la moral de supervivencia que Nietzsche. Meditación frente a acción, actitud activa frente a pasiva, la contemplación frente a la intensidad…, y todo ello marcado por dos polos, nuevamente antitéticos: la muerte y el erotismo, Eros y Tánatos, los dos impulsos freudianos, que llenan abundantemente las páginas de la novela con notable precisión y eficacísimo clímax narrativos. Si Constancio Lizán encuentra el placer que le brindan sus amantes en los numerosos encuentros, siempre narrados con crudo realismo, la muerte aparece incontables veces y con todos los matices posibles: muertes esperables por edad, accidentales, suicidios, enfermedad, numerosos fusilados en la guerra o postguerra… De nuevo, un marcado contraste en la novela: los gozos de la vida frente a su inexorable desenlace.

 

 

 

En el Centro Artístico presentándome

En el Centro Artístico ejerciendo de presentador para una lectura de mis relatos (enero de 2014)

 

 

     Junto a Constancio y sus amantes hay una serie de personajes con desigual presencia y relevancia en el conjunto de la novela, así como en la concreción literaria, siempre proporcionales a su peso específico en el conjunto: la abuela Natalia, con su filosofía de la naturaleza (llama a cada pájaro por su nombre y asegura que son mejores que los humanos), la tía Ángela y el tío Mariano, junto con su amante “la Dolores”, Gloria (abogada feminista que defiende a la niña), el abuelo Enrique, que le enseñará las verdades de la naturaleza en su finca, llamada La Arcadia y que ofrece de nuevo otro contraste con los otros abuelos, Carlos y Josefa, militar franquista él, clasista, severo y rígido, lo que no impide que cometa un fraude que lo va a llevar a suicidarse en un gesto de supremo y absurdo honor…

     Toda esta constelación de personajes deambula por la novela en el vano intento de amoldar la realidad de la vida a sus necesidades específicas. En ese intento, la ética deja de ser un imperativo y se flexibiliza en aras de un egoísta pragmatismo en algunos de ellos. La mentira, la  deslealtad, el engaño, lo fraudulento… se convierten en un canon común de casi todos estos perdedores, llenos de fracaso y ahítos de nihilismo. Unos ejemplos:

     El apaño entre Mercedes y Constancio queda explicado así (pág. 111): “Los dos sabíamos perfectamente que el amor no es eterno, que como todo en este cochino mundo tiene un principio y un final, pero nos parecía hermoso mentirnos antes de iniciar la escena de amor. Así todo era más hermoso y romántico. Ya se encargaría la vida y el tiempo, que todo se lo lleva por delante, de mostrarnos su lado más prosaico y ruin”. Igual ocurre cuando al entrar a un hotel, la pareja adúltera se encuentran a don Juan, el cura, acompañado de un efebo o, en otro momento de la obra, a otro sacerdote con una beata. La novela también cuenta con un abogado de mafiosos que dispone de sicarios, o con matrimonios de conveniencia (Carmen, la prostituta y un acaudalado hombre mayor), o con el crimen de una secretaria por saber demasiados los secretos del bufete…

     El propio protagonista despliega sus mecanismos de supervivencia, siempre contradictorios y llenos de  sentido práctico. No duda en robar herramientas para defenderse de las ratas o velas de la iglesia para alumbrase. Él mismo tiene conciencia de su contradicción: «Tiene gracia que, para enterrar a las ratas que me robaban, haya tenido yo que convertirme también en ladrón.» (pág. 20).

     Y la suprema mentira, la de Emilio Garcés, que ejerce toda la vida de cura siendo ateo, en una clara referencia a L’abbé Jules, novela de Octave Mirbeau que el autor conoce perfectamente, muy próxima al San Manuel Bueno, mártir, de Unamuno . Es curioso que este personaje termine siendo el gran y único amigo sincero del protagonista. Curiosamente, este personaje dejará a Constancio como heredero, no sólo de un piso, sino también de los favores de la criada-amante del cura, lo que constituye una suprema cabriola literaria que amplifica el clima general de falsedad, el leitmotiv que impregna toda la novela, por encima de los restantes personajes que mantienen la decencia y el sentido de la ética.

 

 

 

 

Imagen tomada de Facebook

    

     Tal vez el protagonista sólo se redime cuando vuelve a su cueva, a su ámbito privado, como si fueran la sociedad y la civilización quienes lo corrompen, como Rousseau afirmó en su época. Al regresar a su cueva, tras su encuentro amatorio con Carmen (ya una mujer casada), confiesa: “Volví a ser yo cuando llegué a la cueva. Me recibió Vagabundo saltando y ladrando de alegría. Allí estaba mi mundo. Un mundo pequeño y pobretón, pero mío. Avariciosamente mío.” (p. 185). Una idea parecida inicia el capítulo 47: “Volví a mi cubil. Allí tengo a mi mejor amigo, el único amigo que jamás me traicionará, mi perro Vagabundo.”. Visión amarga y desesperanzada de una sociedad cada vez más desnaturalizada y deshonesta, como se comprueba en cada telediario.

      Gil Craviotto denuncia toda la miseria humana y mete el bisturí en el alma de sus torturados personajes, desarraigados, sin mucho a que aferrarse, monstruosamente humanos, a la vez predadores y presas en esta injusta lucha que es la existencia, como ya anticipó hace un siglo Pío Baroja. No me cabe ninguna duda: sus nietos y sus lectores aprenderán mucho de esta ejemplar novela, que refleja magníficamente la naturaleza de ese ángel fieramente humano (Blas de Otero dixit) que somos cada uno de nosotros.

 

Alberto Granados

 

 

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2 comentarios el ““La cueva de la azanca”, la última novela de Francisco Gil Craviotto

  1. Todo mi agradecimiento, Alberto, por este espléndido comentario de mi novela “La cueva de la azanca”. Creo que has calado muy bien en todo lo esencial de este libro, sin olvidar ninguno de sus entresijos. Te felicito. Recibe, junto a la admiración por tu prosa, un fuerte abrazo.-F.G.C.

    • Querido amigo Francisco: mi reseña es sólo un mínimo acercamiento a ese desbordante universo que has sabido crear en torno a Constancio Luzán.
      Sólo añado mi deseo de que el libro tenga el éxito que se merece.

      Un abrazo,

      AG

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