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Ukigumo, el libro sorpresa de Ángel Olgoso


Lo pequeño puede hacerse enormemente grande e incluso llegar a ser trascendente. Al menos en literatura, un campo en el que la llamada función poética convierte una anécdota mínima, un paisaje, una sensación, un estado de ánimo… en un prodigio, en una joya literaria. Quienes no se lo crean pueden medir la enorme diferencia entre la anécdota (el viento levanta la falda de un gitanilla adolescente) y el poema de Lorca Preciosa y el aire. Comprenderán instantáneamente a qué me refiero.

 

 

 

 

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Con Olgoso y buena parte del mundillo literario, celebrando el Premio de la Crítica de Andalucía

Lo mismo sucede con los haikus, esas breves estampas, auténticos fogonazos de belleza poética, que componen Ukigumo (Editorial Nazarí, Granada, 2014), la excepcional incursión en el campo de la poesía que el narrador Ángel Olgoso hizo hace más de veinte años y que ahora aparece en papel. El autor, que acaba de recibir el Premio de la Crítica de Andalucía en el campo de la narrativa, por su Las frutas de la luna (Editorial Menoscuarto, 2013) ha escrito siempre relatos breves, por lo que la aparición de este delicado libro nos descubre la faceta oculta de Olgoso.

 

 

 

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Con Olgoso y Andrés Sopeña, celebrando el Premio de la Crítica de Andalucía

El libro, subtitulado en la página 5 nubes pasajeras (sic),  tiene ciertamente la levedad de todo aquello que existe lleno de fuerza, de afirmación evidente, a pesar de su naturaleza inconsistente, de la brevedad del tiempo. Ése es el milagro que consigue la sensibilidad del autor en esta filigrana de orfebrería poética que es Ukigumo. El poder de lo sensorial, de las más audaces sinestesias, de las originalísimas imágenes poéticas… jalona esta breve joya literaria en que los haikus y dípticos utilizan su brevedad, su necesaria capacidad de síntesis, para reflejar un ámbito de perfecta armonía entre la naturaleza y el individuo.

La edición, en español e italiano (traducción del propio editor para los “olgosófilos” de su país), se ha hecho con auténtico mimo: papel (color y textura), tamaño, disposición del texto, tipografía, portada y hasta el marcapáginas han sido escrupulosamente diseñados con un evidente cariño, de forma que incluso al lector más frío le resultarán visualmente impecables. Tal vez haya que aclarar que el editor, Paolo Remorini, hizo su tesis doctoral sobre la narrativa de Olgoso, que ha traducido parte de su obra al italiano y que se declara el primer olgosófilo del universo.

 

 

 

 

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Los bibliotecarios de la Universidad de Granada celebraron el Día del Libro invitando al premiado autor a leer cuentos en la Biblioteca Universitaria.

En sus haikus y dípticos, el autor consigue brevísimas estampas que reflejan desde un efecto sonoro hasta un paisaje, una nube que se desplaza en el viento, un vago sentimiento, una fugaz visión, el paso del tiempo, las estaciones del año… He aquí una selección mínima, reproducida con la autorización expresa del autor:

 

El eco atropellado

de la lejana tala de árboles

se pisa la cola.

 

La lluvia no suena si no golpea sobre algo,

una mujer sin su piel no está desnuda.

 

 

Todo es perecedero.

Hasta el dolor del deseo

se abonanza.

 

 

Cuando intentas conocerla,

la nube no es más que una nube,

y se disipa.

 

 

La uva no conoce el vino que destilará.

El vino no conoce la uva que habitaba.

 

 

La luz del sol

embiste la escarcha

con risa crujiente.

 

 

Hojarasca otoñal:

arces pelirrojos, rubicundos álamos.

Melancólico esplendor.

 

 

Huellas inciertas, misteriosas,

emergen bajo la nieve primaveral

en senderos olvidados.

 

 

Igual que un murmullo

verde y desflecado,

así es el sauce.

 

 

Una palpitación, una esencia,

un eco súbito, un piadoso destello

de lo que ha sido amado.

 

 

La luna tiembla sumisa

en el charco

pisado por un perro.

 

 

El eco en el viejo puente del desfiladero

existe, pero nadie que lo escuche.

 

 

Límpida serenidad universal.

El silencio de las noches de verano

es fragantemente azul.

 

 

Tu destino: salto de agua

que se zambulle en un remolino

y se desvanece en una neblina pasajera.

 

 

Cerezas montaraces,

gotas de sangre relumbrando

abigarradas.

 

 

Los muertos velan el cadáver del vivo

en el féretro de la noche dilatada.

 

 

¡Cuánta belleza,

brizna de hierba sin nombre,

pobre y diminuta!

 

 

Entre las nubes

el sol, zahorí celeste,

busca tesoros.

 

 

 

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 Juan Carlos Friebe, Ángel Olgoso y Paolo Remorini, durante la presentación
 
 
 
 
 
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Por una vez en mi vida fui el primero en algo: está firmando mi ejemplar.
 
 
 
 
 
 
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Tres personas-libro leyeron los haikus. Georgia, esposa del editor, leyó la versión en italiano.

 

 

 

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Nueva Gala estuvo llena de olgosófilos sonrientes

 

 

 

 

Ukigumo, que fue presentado el pasado día 24 de abril en la Sala Cultural Nueva Gala, con auténtica expectación por parte de sus lectores, me ha entusiasmado y lo ha hecho en tal medida que ha provocado en mí una tripe e insólita reacción: 1) Lo he leído con una rapidez que contrasta con mi hábito de leer poesía con lentitud de degustación gastronómica; 2) he afrontado una tarea en la que he fracasado siempre en intentos anteriores: reseñar un libro de poesía; y 3) me he dejado llevar por el espíritu del libro y he escrito este modestísimo haiku para Ángel:

 

 

Ángel Olgoso

engrandece lo bello.

Sorprende siempre.

 

 

Alberto Granados

 

La prensa local se hizo eco de la presentación, como se aprecia en estos enlaces:

http://www.ideal.es/granada/20140424/mas-actualidad/cultura/ukigumo-sido-unico-interludio-201404240204.html

http://www.granadahoy.com/article/ocio/1757871/huellas/inciertas/y/misteriosas.html

 

NOTA: Las imágenes usadas, menos la tercera,  me han sido facilitadas por el propio autor.

 

Descarga desde Amazon la versión kindle de mi libro en este enlace:

Portada Cabos sueltos al 45 x 100

 

 

 

 

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6 comentarios el “Ukigumo, el libro sorpresa de Ángel Olgoso

  1. Muy buena crítica, amigo Alberto.

  2. De los maestros solo cabe aprender. Aprender con emoción y con admiración. Una reseña la tuya que nos invita y nos incita a una lectura total de la obra de Olgoso, Anagrama juguetón, goloso ya y hambriento, “orientado”, en fin, hacia Ukigumo.

    Gracias, Alberto. Gracias, Ángel.

    • Es indudable lo de maestro. Mi título de Maestro de Primera Enseñanza y mis casi 40 años en el tajo me acreditan como tal. Otra cosa es el sentido supremo de la palabra. Ahí ya no llego y tú te pasas en tu amistosa hipérbole.

      AG

  3. Gracias por todo lo que nos comunicas con tu blog. Un saludo desde San Sebstián.

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