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Desafección de la política


 

No hacía falta esperar a las elecciones del pasado día 25 para intuir la desafección que la política y los políticos generan en la ciudadanía: las sucesivas encuestas del CIS llevan varios años considerando que la llamada clase política es ya en sí misma un verdadero problema (el segundo o tercero, en los dos últimos años), cuando tendríamos que percibirla como una solución. Las elecciones europeas sólo han confirmado lo que todos sabíamos: que los dos grandes partidos han dejado de ser una posibilidad teórica, una perspectiva, una esperanza.

Se quiera o no, PP y PSOE han estado mucho más pendientes de cuidar sus sillones, canonjías y prebendas que de la realidad de nuestra sociedad. Y me duele afirmar esto porque yo he estado en esa dinámica un largo período. Hasta que me fui hace un año.

Con notables diferencias entre ambas formaciones (ideológicas y de percepción social), coinciden en lo más negativo: la militancia sólo cuenta cuando se la necesita, pero el resto de tiempo no pasa de ser una masa usada (si no se trata de abuso) a la conveniencia de los cuadros jerárquicos, que tragan ruedas de molino con tal de mantenerse en sus estructuras de poder, sembrando favores clientelares para recoger después apoyos incondicionales.

He conocido a gente honestísima, con un encomiable desprendimiento y una generosidad que la gente no suele ver. Se trata de militantes que jamás van a pedir nada, que tienen su vida más o menos resuelta y que creen firmemente en una idea a la que prestan su apoyo. Cuando se encuentran con la absoluta falta de democracia interna, la decepción hace mella.

En el escalón de arriba aparecen personas que llevan instaladas en el poder veinte, treinta, incluso más años, lo que me parece una absoluta obscenidad. No siempre están dispuestos a aceptar una crítica, a presentar una dimisión o a hacer lo conveniente para los demás. El ejemplo más claro: la negativa de los eurodiputados a volar en clase turística.

Con todo, soy de los que creen que la política es una ocupación noble y digna y lo sería aun más… si la pétrea estructura de la disciplina de partido no castrara a los que ejercen de políticos. Por eso creo que la política debe cambiar o será la calle quien cambie a los políticos: si el 15-M fue un toque de atención, la sorprendente aparición de Podemos es un fenómeno que encierra una esperanza. No sé si el bipartidismo se va a acabar, pero no me cabe duda de que está muy malherido. Tal vez, porque en los 37 años transcurridos desde el inicio de la democracia los partidos convencionales no han sabido ver los auténticos problemas y quedan mil flecos pendientes (laicidad del estado, pervivencia de la extrema derecha, sistema judicial lento y lleno de incoherencia, corrupción…) y una generación perdida, nuestros hijos, que ya eran mileruristas antes de que estallara la dichosa crisis.

 

 

 

 

Pudrimos Visión del bipartidismo en facebook

Pudrimos: Visión del bipartidismo en Facebook

Está claro que cuando los políticos no hacen política la tiene que hacer la calle: 15-M y el fenómeno Podemos. Falta perspectiva para valorar el efecto de este partido, pero, por lo pronto todos están nerviosos por si se acaba ese larguísimo período de alternancia.  Si los dos grandes partidos oficiales hubieran hecho sus deberes no se darían estas situaciones.

Pero dejando aparte mi propia percepción, hay un hecho: desde la Edad Media nuestra literatura recoge algo que, indudablemente, ha subyacido siempre en la población. La desafección por la política, la desconfianza que generan los que se dedican a la cosa pública. Las Coplas de la Panadera, de Mingo Revulgo o del Provincial eran una punzante sátira contra el poder político del s. XV, el Arcipreste se despacha bien a su gusto contra los poderosos, la idea del retiro de las vanidades de la corte subyace en varios autores desde la Edad Media (Vélez de Guevara, San Juan de la Cruz, Fr. Luis…), Quevedo se encarga de poner en su sitio a los cortesanos con crueles pinceladas satíricas, en tanto que Larra hará lo mismo en el XIX.

Hoy me limito a unos fragmentos literarios de los últimos cien años donde el político aparece desacreditado y maltratado.

 

 

 

 

 

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Dos fragmentos de Galdós, uno de ellos está siendo difundido en la red de forma vira. No he conseguido encontrar la fuente original.

 

 “Los dos partidos que se han concordado para turnarse pacíficamente en el Poder son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado los mueve; no mejorarán en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que, de fijo, ha de acabar en muerte.

No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, y adelante con los farolitos…” (Galdós, Cánovas)

(B. PÉREZ GALDÓS, La fe nacional, Antología de textos galdosianos, 1912)

 

“Los políticos se constituirán en casta, dividiéndose hipócritas en dos bandos igualmente dinásticos e igualmente estériles, sin otro móvil que tejer y destejer la jerga de sus provechos particulares en el telar burocrático. No harán nada fecundo; no crearán una nación; no remediarán la esterilidad de las estepas castellanas y extremeñas; no suavizarán el malestar de las clases proletarias. Fomentarán la artillería antes que las escuelas, las pompas regias antes que las vías comerciales y los menesteres de la grande y pequeña industria. Y, por último, hijo mío, verás si vives que acabarán por poner la enseñanza, la riqueza, el poder civil, y hasta la independencia nacional, en manos de lo que llamáis vuestra Santa madre Iglesia.

(B. PÉREZ GALDÓS, Cánovas, cap. 28, 1912)

 

 

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Por su parte, Felipe Trigo ahonda en el desinterés de los grandes por los problemas cotidianos de la gente:

 

“-Ya ha podido verlo, señor Mir: distamos apenas de Madrid doscientos quince kilómetros, y se tarda veintisiete horas, una o dos más que en los mil seiscientos kilómetros a París en el expreso. Nuestros corchos, nuestros trigos, nuestras lanas tienen dificilísima salida, por falta de medios de transporte. Compréndese que no haya interés en extender los cultivos mientras falten las vías de comunicación. Y todavía, La Joya, con una vieja diligencia y esta carretera, puede darse por feliz. Pueblos hay del interior de la comarca, que distan dieciocho leguas de la línea férrea más próxima, sin siquiera un mal camino vecinal, sin otra posibilidad de conducción de productos y personas fuera de la que se verifica a lomo de las bestias, por lo arisco del terreno, y adonde una carta, entre dos de ellos mismos separados diez kilómetros, necesita cinco días…, y eso suponiendo que las lluvias no dejen los ríos invadeables, porque entonces igual puede ser cuestión de semanas que de meses…

Iba logrando interesar al director, a quien ya le había anunciado el propósito de estudiar una red ferroviaria…; sino que la ministra cortó la información con una pregunta femenina:

-Diga, condesa: ¿dónde le hicieron ese traje?

-En Londres”.

(Felipe Trigo, Jarrapellejos, 1914)

 

 

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Y el más duro, el más inmisericorde, donde se trata a los políticos con una verdadera crueldad:

“El padre de Ernesta no se preocupaba por la política; tenía un especial escepticismo sobre todo lo que oliese a política:

—No hay que romperse la cabeza —decía— para saber a quién ha de votar uno. Los que vengan detrás lo harán siempre un poco peor que los que están, que lo hacen muy mal. Nosotros lo único que podemos desear es que los que gobiernen duren mucho, que se inflen bien,  pero que no cedan el paso a los que ven detrás, porque así nunca acaba el engorde y siempre vamos a estar echando pienso. Son guarros que nunca se matan. Comen en la pocilga hasta hartarse y luego se van a tumbar a la sombra mientras un hermano, peludo, negro o chato de grasa, ocupa su puesto y comienza a comer. —Y terminaba—: ¿Para qué vamos a votar nosotros; para decidir el orden de la comida? A mí lo mismo me da que coman primero los rubios y lo hagan después los morenos, que al revés”.

(Ignacio Aldecoa, El fulgor y la sangre)

 

Espero que la clase política se baje de su carroza de cristal y se dedique a aquello para lo que los votamos: a ocuparse de la cosa pública, no de sus intereses privados.

 

 

Alberto Granados

8 comentarios el “Desafección de la política

  1. De acuerdo contigo, amigo Alberto. Es patético como unos y otros miran a otro lado para anteponer lo suyo a lo colectivo. Hasta tienen agayas para tirarse los tejos (¡la Gran Coalición!). Son endogámicos y cínicos.Claro que habrá gente honesta dentro de los partidos, pero consentir este bochorno no es limpio, hay que saber decir NO. Las revoluciones y los cambios también se pueden hacer desde dentro. Un abrazo. A.J.G.G.

    • Yo, AJGG, opté por irme. Y no volveré a militar. No sirvo para tragar ruedas de molino. La ocasión de ayer era única para defender una República, pero oí a tres intervinientes de los “míos” y les faltó ir a darle besos al rey y al príncipe. Lo leíste en Facebook.

      Un abrazo y gracias por aparecer por este desierto.

      AG

  2. Interesante la reflexión.

    Un comentario que hizo Felipe González (a quien suelo respetar por ser una figura de la transición) respecto a podemos: “Una alternativa bolivariana para España y para Europa sería una catástrofe sin paliativos”. Es como si tuvieran miedo que otros se sentaran en los sillones que ellos consideran que les pertenece. A ver si, aunque sólo sea por miedo a perder lo que tienen, abren los ojos y se dan cuenta de los problemas reales de la ciudadanía.

  3. Estoy totalmente de acuerdo.Las mismas ideas las expone Galdós en “Miau”. Vivimos en el siglo 21 pero ni el aparato de los partidos ni la actitud de los políticos, en general, ha variado desde el 19.!Cómo no va a ver desafección!

  4. Amigo Alberto, por fin me decido a entrar en tu blog y me arrepiento de no haberlo hecho antes. Te pido disculpas.
    Hace poco leí unas declaraciones de “no sé quién” que decía que en nuestro pais “faltan políticos profesionales” y “sobran profesionales de la política”. Así las cosas y con lo que se está viendo últimamente, lo que está surgiendo es, no ya desafectarse, sino un deseo de “desagregarse” de este sistema político y “que salga el sol por Antequera”.
    Pero….. eso no puede permitirse que pase, por lo que cada uno con sus medios y el tuyo puede ser uno muy bueno, tiene que poner su piedrecita e intentar tirar para adelante.

    Un saludo

    • Rodri, no te figuras cuánto me alegro de verte por aquí, después de tantos años.
      Respecto a la potencialidad de este blog… permíteme que tenga dudas. Languidece y tiene escasa virtualidad, pero me divierte. Sobre todo, cuando aparece un amigo perdido (y hallado fuera del templo).
      UIn abrazo para Mª Angustias y para ti. Y te pongo falta como no aparezcas por aquí de nuevo.

      AG

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