17 comentarios

La esfera


      La pesadilla era horrible: estaba inconsciente y entumecido dentro de una esfera de tacto metálico, un espacio tan pequeño que me obligaba a permanecer en posición fetal. Si intentaba cambiar de postura, el habitáculo rodaba conmigo dentro, sin que yo pudiera controlar su movimiento, lo que me producía una irresistible angustia. No estoy acostumbrado a dejarme arrastrar como un pelele inarticulado. Pensé en el durísimo adiestramiento a que se someten los astronautas para acostumbrarse a la ingravidez, en que yo no estaba entrenado ni sabía controlar esa bola en que estaba metido y, ante la perplejidad que ocasionaba semejante situación, opté por quedarme quieto para evitar que ese teórico centro de gravedad que había estudiado en el bachillerato siguiera desplazándome a su antojo. Era prisionero de alguien en una bola y también lo era de mi obligatoria quietud. Una sensación rarísima y enloquecedora. Sólo percibía la extraña textura de la superficie interior, sobrecogedoramente fría y viscosa, de una suavidad como de claustro materno.

        Intentaba comprender algún dato que me aclarase por qué me veía en esa situación. No sabía quién me había metido allí, ni cuándo. Mucho menos el motivo. Ni qué podía hacer para salir de tan insólito lugar. Tampoco sabía si había algún poro que permitiera la entrada de oxígeno, ni si alguien sabría de mi encierro o me daría de comer. La esfera estaba inmaculadamente limpia, la temperatura era magnífica y no necesitaba nada, si no era la forma de salir de allí para regresar a mi vida normal. No tenía ni hambre, ni frío, ni sed y me cubría una especie de pijama de un tejido muy suave y cálido. Busqué por si había un bolsillo donde estuviera mi teléfono, pero fue en vano: ni bolsillos, ni costuras, ni botones o cremalleras… aquella prenda que me cubría parecía ser una prolongación de mi propia piel. Fuera, creía percibir ruidos extraños.

     Aunque sentía un pánico indescriptible, me impuse calma. Controlé mi respiración y busqué una forma de escapar. Palpé con mucho cuidado el extraño huevo donde estaba inexplicablemente encerrado. Noté que no era una esfera perfecta, ya que había una superficie plana, como una especie de peana, tal vez destinada a ser la base de mi cárcel. Pensé que, si conseguía que aquel todo girara lo justo, podría alcanzar mayor estabilidad y descansar. O quizás en esa zona hubiera un resorte, una mínima juntura por donde intentar romper el cascarón.

     Quien haya tenido pesadillas sabrá que ni el tiempo ni los clímax de terror o de placer son lineales. Eso queda para la vida cotidiana, pero en los sueños las obsesiones aparecen con altibajos y mesetas en que el placer o el terror, la alegría o el miedo, la pena o la exultación… alcanzan diferentes cotas. El tiempo no es uniforme ni medible, sino un elemento más de desorientación en semejante vicisitud, ya de por sí bastante confusa. Sin que hubiera un motivo razonable, había momentos en que me sentía más optimista, más tranquilo, para después sumirme en otros instantes de triste desazón. Me preguntaba qué iba a pasar conmigo.

     Hubo uno de esos momentos en que tuve conciencia de que estaba soñando, de que todo aquello no era más que una pesadilla, inexplicable como cualquier otro sueño, si no se recurría a Freud. Si todo era simplemente un mal sueño debería reducir la agitación que me tenía petrificado de miedo. Busqué con mi pie el de mi mujer. Era un gesto repetido miles de veces. Su tibieza suave me relajaba. Sin embargo, para mi espanto, no pude encontrar una superficie parecida a nuestra cama, ni oía su respiración, ni encontré su calor: estaba solo en mitad de mi angustia y empecé a tener una agitada certeza de que estaba despierto y, en consecuencia, encerrado en una esfera metálica, tan real como las cosas que suceden en la vida diaria de las personas.

     Intenté recordar a mis hijos y a mi mujer, a mis amigos, a los compañeros del bufete. Toda mi vida pasaba por mi mente, que yo creía ahora inequívocamente despierta. Me entró una duda aun más cruel: ¿realmente tenía mujer, hijos, amigos y un trabajo en un bufete o todo era una faceta más de la pesadilla? La duda suponía un desconcierto muy doloroso, una absoluta falta de referencias. Pese a mi intento de controlarme, pasé por todos los grados de la tristeza, el desconsuelo, el pánico y la histeria, en una mezcla extrañísima de confusas sensaciones. ¿Cuál era mi destino? ¿Iba a morir sin saber qué me estaba pasando? ¿Qué tenía que hacer? No sabía si aguantar lo más quieto posible, si esperar pacientemente hasta que se produjera algún cambio, si iba a aparecer alguien para liberarme, si era cosa de mis amigos, que me estaban gastando una broma cruel…

 

 

 

bola-de-metal1b

 

 

 

 

     Sin saber cómo, me encontré sentado en la superficie plana, en aquella parte a la que había llamado la peana. Creía que no me había vuelto a dormir y pensé que algo o alguien había movido la bola. Si eso era así, de la misma forma podían sobrevenir otros cambios imperceptibles, así que decidí estar muy atento, pues en esa vigilancia podía estar mi salvación.

     Suponía que transcurrieron varias horas, aunque no tenía claro el transcurrir del tiempo, cuando encontré una leve fisura, poco más gruesa que mi uña. Recorría todo el perímetro, lo que me hizo pensar que la esfera estaba formada por dos piezas huecas que alguien había encajado perfectamente. Empecé a moverme muy suavemente para poder hacer presión con las piernas. Varias veces estuve a punto de provocar un vuelco y tuve que suspender el movimiento que estaba iniciando. En esas ocasiones, el huevo iniciaba un amenazador movimiento pendular, como el de un tentetieso, que volvía a disiparse poco a poco cuando yo me estaba quieto. El ruido de esa vibración me volvía loco de miedo.

     Sin saber muy bien cómo, conseguí ponerme en perpendicular a la muesca y apreté con las piernas. Al principio, tímidamente, con mucha precaución, pero poco a poco fui ganando seguridad y precisión y, pese al dolor de riñones, conseguí abrir unos centímetros. Percibí un soplo de aire y un extraño olor a comida, que no supe identificar.

     Estaba nervioso, asustado por lo que pudiera pasar, pero ya no me quedaba más remedio que jugármela. Pese a ser una situación inexplicable, estaba decidido a buscar la salida, e intercalando varios períodos de descanso en que resoplaba como un poseso con otros momentos de esfuerzo y dolor insoportables fui abriendo la mínima grieta, centímetro a centímetro. Cuando aflojaba la presión, la ranura volvía a cerrarse, pero cada vez resultaba más fácil abrirla. No sé decir cuánto tiempo me llevó el proceso, pero en un momento dado, se oyó un crujido y algo se rompió. Usé los brazos y poco a poco fui abriendo aquella puerta con forma de luna con cuidado de que el afilado borde no me hiciera daño en las piernas. Hubo otros crujidos, otros resquebrajamientos y, finalmente, hace un momento acabo de salir, aunque lo que he encontrado en el exterior me ha dejado más perplejo que lo que me torturaba dentro.

     Mi soñado exterior, el objetivo de mi fuga, ha resultado ser otra esfera, que me ha parecido hecha de una sustancia vítrea, semitransparente, y mucho más grande que la anterior, pues me permite ponerme de pie y aun queda mucho espacio hasta el techo. Al menos, no tendré que estar encorvado ni entumecido. Además, podré ver qué pasa fuera, si es que pasa algo, a través de esta transparencia sucia. Fijo bien los pies en la parte inferior y muevo tenuemente las caderas para comprobar la estabilidad de mi escondrijo. Al ser tres o cuatro veces mayor que el huevo anterior, parece más estable, lo que me tranquiliza en cierta medida, pues los afilados bordes de los distintos trozos de la esfera pequeña parecen amenazadoras cuchillas que me podrían producir serias heridas. Con cierta confianza, me muevo y empiezo a recoger las esquirlas. Las voy metiendo en el cascarón y las dejo medio tapadas. Por primera vez desde que empezó esta extraña aventura respiro con algo de alivio, pero me alarmo al darme cuenta de que he empezado a considerar que esto es algo así como mi casa, ya bien ordenada y mucho más segura que la anterior. Me rebelo al descubrir en mí algo parecido al conformismo, a eso que llaman síndrome de Estocolmo.

     -¡No puede ser! –me digo enérgicamente-. Sigo estando prisionero y de nuevo tengo que librarme de esta trampa.

     Empiezo a reflexionar. Se me ocurre que podría usar las cuchillas para quebrar el plástico o vidrio, aunque lo veo arriesgado. Además, tal vez sea mejor determinar hacia dónde tendría que escapar antes de poner en práctica algún plan. Tendido en el suelo, acerco los ojos al cascarón y limpio con la mano una pequeña superficie. No estoy seguro, pero creo que las difusas formas que veo son unas brillantes superficies curvas. Por mucho que me esfuerzo, no comprendo dónde estoy. Vuelvo a mirar, con evidente preocupación. Esta vez, tengo la sensación de que algo se mueve por debajo de mi esfera. Ha sido sólo una vaga sombra que ha pasado por debajo y sólo durante un segundo. Cada vez entiendo menos qué me está pasando…

     Algo ocurre. Oigo un ruido… parecen pasos aproximándose… una voz aguda, como de niño y otra voz que parece de hombre dialogan muy cerca. El corazón se me desboca y sudo. Se apodera de mí la extraña sensación de que pronto va a revelárseme mi destino y me invade un pavor que no consigo controlar. Me ha parecido que habla el niño. Presto atención, pero no consigo entender lo que dice…

     -De acuerdo, hijo. Pero si no te gusta, te aguantas, ¿eh? –me parece que ha dicho la voz adulta, con un extraño acento y una tajante determinación.

     Algo se precipita cuando suena un estruendoso ruido justo debajo de donde estoy y se produce algo parecido a un terremoto. Todo se mueve hacia arriba y después gira hacia abajo de forma tan brusca que he sufrido una caída. Mi frente sangra y estoy aturdido… Poco a poco voy percibiendo esta otra circunstancia y ahora compruebo con más claridad que mi esfera no es la única: hay varias más y en cada una hay algo llamativo. En efecto, veo encima de mí una esfera que contiene algo parecido a un enorme llavero del que cuelga un balón casi de mi tamaño y, a mi izquierda, hay otra esfera en la que se ve un monedero de colores chillones. En otras adivino un caballito de colores con crines exageradamente largas, un coche metálico, una casa de aspecto vagamente tirolés… y más allá distingo, entre los brillos de las esferas, una chica rubia, con unos hermosísimos ojos verdes y un cuerpo precioso que va cubierto con un extraño tejido pegado a la piel. Me mira con el mismo miedo que tal vez yo refleje en mi mirada. Creo que me habla, pero sólo distingo un gesto de súplica. Voy a hablarle, pero de nuevo se oye un ruido enorme. Parecen los pasos de un par de niños corriendo y seguidamente un adulto les ordena guardar silencio. Suena muy cerca un estruendo metálico que ahora identifico como la caída de una moneda. Otro sonido, como de resortes que se accionan y un nuevo cataclismo que hace que desaparezca una de las esferas y giren todas las demás. Al reponerme del susto observo que la chica está muy cerca de mí, solamente separada por las superficies de nuestros respectivos cubículos. Es preciosa y le sonrío. Encuentro mucha ternura en sus ojos y siento que es mi gran oportunidad, pero una nueva y violenta sacudida me hace caer hacia el espacio que ella ocupaba. Cuando reacciono entreveo su esfera saliendo por una especie de trampilla roja. Lo último que veo es la tristeza de su mirada desvalida y unos dedos del tamaño de mi propio cuerpo que retiran su habitáculo. Me quedo justamente encima de la tronera por la que ella se ha ido.

 

 

 

toy-joy3-500x500

Imagen de una web publicitaria

 

 

     Deseo que alguien eche otra moneda para que mi bola salga. Me preparo para sufrir la violenta sacudida y pienso en reencontrarla. Espero en vano. El ruido de niños se ha acallado y pocos pero eternos minutos después sólo oigo una persiana metálica que parece cerrarse. La oscuridad ahora es absoluta y una atmósfera de pesadumbre me estremece. Sé que le he fallado a esa pobre chica, por la que siento una gran ternura, una gran pena… ¿Dónde estará? Mi percepción de las cosas, sea pesadilla o durísima realidad se va desvaneciendo y yo siento un enorme vacío.

 

Alberto Granados

Anuncios

17 comentarios el “La esfera

  1. Buena imaginación, te lo pasas chachi urdiendo estas tramas, porque vives lo que escribes.
    Abrazos

  2. ja,ja,ja has conseguido que lo lea de cabo a rabo… muy terrible…

  3. Un delicioso cuento, lleno de imaginación, que a veces recuerda el mundo de Kafka. Me ha gustado. Mi felicitación al autor.-F. Gil Craviotto.

  4. Me ha gustado Albertico.

  5. Lo de andalucia2 es un lapsus. Lo reitero, me ha gustado mucho

  6. Por dios, Alberto, qué desasosiego más grande. Y lo peor de todo es que no sabemos dónde está la máquina donde te encuentras encerrado. Si lo supiera, iría a echar unas monedas para sacarte. Ten paciencia, alguien llegará.

    • Lo creas o no, fue una terrible pesadilla de hace unos tres meses: no podía moverme porque no controlaba el movimiento desde dentro de una esfera metálica. Después, mi sudorosa pesadilla pasó a ser idea para este cuento, en el que hay bastante desasosiego, como tú aseguras.
      Un abrazo,

      AG

  7. Terrible experiencis, vivida. Estás en forma.

  8. Muy interesante y desconcertante
    Me han gustado las palabras larguísimas que has empleado

  9. Intenso relato, intensa tensión y angustia compartida -el lector/a, se sume en las mismas cavilaciones-. Ya son tres argumentos que hacen de La esfera algo inusual que te va llevando desde el principio a desear conocer el final, final ha de crear uno mismo. Todo converge y desemboca en considerar la narración como valiosa. Enhorabuena, Alberto.
    Lola Vicente
    Cylea Ediiones

  10. Muy interesante relato, Alberto. Mantienes la tensión hasta el final y éste es sorpresivo. Está muy bien.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: