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Sebastián Roch


 

 

 

      Los días 28 y 29 últimos he participado en sendas actividades relacionadas con la aparición de la novela de Octave Mirbeau Sebastián Roch (Granada, Editorial Dauro, 2016), traducida por mi querido amigo Francisco Gil Craviotto. El lunes se presentó dicha publicación en el Palacio de los Condes de Gabia (participamos, el traductor; Pilar Sánchez, en nombre de la editorial; el abogado de la acusación particular en el caso de pedofilia eclesiástica, Juan Pedro Oliver; un representante de la Diputación –la diputada excusó al final su participación- y yo mismo) . El martes, en el Centro Artístico, hubo un debate sobre Mirbeau y la pedofilia, en el que de nuevo estuvimos Gil Craviotto, Pilar Sánchez, Juan Pedro Oliver Oliver y yo, acompañados por la Cónsul de Francia en España, Françoise Sochet,  y Celia Correa, Presidenta del Centro Artístico.

      En la primera sesión, leí el texto que aparece a continuación:

 

Portada del libro

Portada del libro

 

 

 

      Sebastián Roch, fechada en 1890, es la tercera novela de Octave Mirbeau. Participa de los postulados básicos del Realismo y, pese al rechazo que el autor sentía hacia el Naturalismo, casi se asoma a esa literatura excrementicia, como la llamó un personaje de Eça de Queirós, en el momento de mayor tensión narrativa: la violación del protagonista. Es también una novela de iniciación que cubre la peripecia del chico desde los once a los veinte años, un período breve, pero lleno de intensidad y de dolorosos aprendizajes. Además es casi pionera (a medias con Barrabás, de José Zahonero, publicada en Madrid en la misma fecha) en una tendencia que alcanzará hasta la segunda década del s. XX: la denuncia del sistema educativo en los centros vinculados a la Iglesia. Pero Sebastián Roch no es sólo un alegato contra un caso de pederastia eclesiástica, sino que abarca algo mucho más general: una feroz crítica contra el sinsentido de la naturaleza humana. En una sociedad en que los poderes oficiales garantizan la impunidad de los que de alguna forma han ejercido la violencia sobre el más débil,  Mirbeau arranca lo que Pierre Michel llama la máscara de la respetabilidad y pone a cada cual en su sitio: al burgués, al cura de pueblo, a los jesuitas, a los pederastas, a los militaristas. No es de extrañar que el autor, pese a su éxito inicial, haya sido ocultado bajo una capa de olvido, dada la causticidad de su obra, que hace temblar a los poderosos, al decir de Tadeo Natanson, crítico de arte y amigo de Mirbeau. 

      Estructurada en dos partes o libros, la primera es esencialmente narrativa. Se asienta en la tercera persona gramatical, es decir, en el punto de vista de un narrador omnisciente. En este Libro primero, Mirbeau plantea la situación general e introduce a los personajes. Sebastian Roch, el protagonista, es un niño de once años, huérfano de madre, que crece feliz en un pequeño pueblo, jugando con sus amigos, sin una educación esmerada, sin ambiciones ni proyectos, y su vida transcurre por unos cauces previsibles, ayudando a su padre a clasificar alcayatas en la ferretería que este regenta.

      Monsieur Roch, el padre, es un burgués con pretensiones de sabiduría y conocimiento práctico de la vida, sentencioso, reiterativo, prolijo… y, paradójicamente, elevado por sus paisanos hasta la posición de auténtica autoridad intelectual y moral, por lo que llegarán a hacerlo alcalde. La riqueza que le ha dado su negocio y el infundado prestigio obtenido en aquel universo rústico, le hacen abrigar proyectos de ascenso social, para los que no dudará en instrumentalizar al hijo, bajo el pretexto de educarlo en los jesuitas.

 

 

 

Presentación de Sebastián Roch en el Palacio de los Condes de Gabia

Presentación de Sebastián Roch en el Palacio de los Condes de Gabia

 

 

 

 

      El contrapunto a la vanidad del padre es su hermana, la tita Rosalía Roch, fría, crítica, realista, distante y enferma, que se burla de las pretensiones de Monsieur Roch.

      Hay además un cura de pueblo que alienta las quimeras del padre a través de sentenciosos análisis sobre las posibilidades que el linajudo internado ofrecerá al muchacho: codearse con la aristocracia nobiliaria, un futuro buen puesto en el ejército o la administración, etc.

      El panorama humano se completa con Madame Lecautel, dama venida a menos, y su hija, la joven Margarita, enfermiza, mimada, inmadura y fogosa enamorada de Sebastián, desde mucho antes de que las hormonas de ambos entren en ebullición.

      La estancia en el internado aleja a Sebastián de su medio natural y le hace tomar conciencia de su verdadera naturaleza de desclasado. Uno de los chicos le hace una pregunta, un verdadero trallazo moral, que lo deja en su justo lugar:

      -¿Tú eres noble?

      Cuando el acomplejado Sebastián cuenta que es sólo el hijo de un ferretero es cruelmente humillado, no solo por sus compañeros, sino también por uno de los sacerdotes.

      Una nueva pregunta lo desmorona definitivamente:

      -¿Tú tienes castillo?

      Sabiéndose fuera de lugar, se desentiende de los estudios, sufre, calla y apenas se relaciona con un par de amigos. De esta situación de fragilidad se aprovecha uno de aquellos padres jesuitas, que al verlo concentrado en su aislamiento, le ofrece un apoyo que terminará en abusos sexuales, en un verdadero drama personal y en un nuevo encuentro traumático con la realidad de la vida.

      El Libro segundo, más expositivo, supedita el proceso narrativo a las reflexiones, (no en vano el punto de vista narrativo cambia a la primera persona gramatical), los sueños y la evolución moral del joven, especialmente en la perplejidad que siente ante su propia sexualidad, ambigua y confusa a causa del trauma vivido. En efecto, cada vez que recuerda su sometimiento homosexual siente un rechazo hacia el sexo, a la vez que un recuerdo que, paradójicamente, le resulta excitante. Por otra parte, el continuo acoso de Margarita aumenta su confusión hasta sentir impulsos contradictorios: las intensas ganas de poseer a la chica frente al rechazo más enérgico al erotismo. Un joven de veinte años infeliz, desorientado, sin rumbo en su vida, sin proyectos de encontrarlo… La guerra franco-prusiana, finalmente, lo meterá de lleno en la durísima realidad de una batalla, del sufrimiento y de la muerte.

      Ambas partes se ensamblan con una contundencia narrativa, con tal maestría, que hacen del conjunto una obra indudablemente meritoria, con una trama que sigue de una forma perfectamente construida el proceso de desmantelamiento y aniquilación de un joven, al que diversos ámbitos anulan por completo. El primer paso en el penoso camino de degradación del niño es la propia familia, aquí representada por la petulancia y la autocomplacencia del padre y sus estúpidos anhelos de acceder a la pequeña élite burguesa.

      Un segundo peldaño en su particular descenso a los infiernos será comprobar el efecto de las diferencias sociales. Nada de lo que su padre ha preparado para él (ropa, ajuar, elementos escolares, etc.) sirve en el nuevo contexto, donde queda en evidencia su falta de distinción, su naturaleza de advenedizo, sus escasos modales de pueblerino, y pagará por ello el durísimo peaje de la humillación y el escarnio.

      Varios elementos del complejo universo jesuítico (el clasismo, la hipocresía, el sometimiento de la congregación a los poderosos, la injusticia de su expulsión, la violencia sexual, la consiguiente sensación de pecado insalvable, la sublimación de su conciencia religiosa…) harán del infortunado muchacho un personaje lleno de contradicciones y sentido de culpa.

      Otro elemento es la sexualidad, que, desvirtuada tras la violación del joven, aparece más como un conflicto irresoluble que como una fuente de acercamiento, gozo y afirmación interpersonal.

      Pero aún le queda afrontar otro absurdo: las quimeras de la clase política y el estamento militar lo reclutarán para luchar en la guerra franco-prusiana, una situación histórica que le resulta totalmente ajena, pero a la que se ve arrastrado. Será su aniquilación definitiva.

 

 

 

 

Debate sobre Mirbeau y la pedofilia en el Centro Artístico

Debate sobre Mirbeau y la pedofilia en el Centro Artístico

 

 

 

 

      Familia, posición social, sistema educativo, estamento eclesiástico, sexualidad y poder político-militar, son en esta novela los elementos que destruyen al personaje, especialmente a partir de ese punto de inflexión que supone el abuso pederasta. Algunos de tales componentes se supone que están destinados a potenciar la individualidad de los seres humanos, proporcionarles los instrumentos para construirse la personalidad e intentar la felicidad que cualquier persona se merece, pero aquí se convierten en elementos de degradación y aniquilación. Esa es justamente la feroz acusación contra la sociedad burguesa que contiene esta valiente novela que ahora podrá saborear el público español en la traducción que hoy se presenta, traducción mucho más que necesaria, ya que el carácter incómodo de la obra de Mirbeau ha llevado al autor normando a un castigo editorial injustificable, de tal modo que desde comienzos del pasado siglo sólo se han traducido y publicado muy escasas obras suyas. Hay que agradecerle a Francisco Gil Craviotto y a Editorial Dauro que pongan a nuestro alcance la versión española de esta fascinante novela, cáustica y llena de desazón.

      Tuve la suerte de conocer el borrador de esta traducción durante el verano de 2013. El traductor tuvo la gentileza de enviármela para que la conociera y revisara. Manejé para el cotejo una edición francesa. Me pareció un trabajo excelente, fidelísimo al espíritu que Mirbeau quiso darle a esta novela y contenía un abundante cúmulo de notas y precisiones. No en vano, el traductor es uno de los mejores conocedores de la obra del autor francés, como ha quedado demostrado en sus estudios y conferencias sobre su figura. En la versión que hoy se presenta, aquel borrador, notablemente pulido, aparece enriquecido con una presentación bilingüe de Pierre Michel y un prólogo del propio Gil Craviotto, que suponen una clarificadora ayuda para la lectura de la obra.

      Una última consideración: la novela Sebastián Roch  llega a Granada en estos tiempos convulsos en que nuevos abusos sexuales por parte de sacerdotes enturbian el panorama noticioso de nuestra ciudad. Tal vez se trate de que la pederastia, y dentro de esta, la oficiada por eclesiásticos, sea un sucio asunto difícil de extirpar, especialmente cuando se opta por la ocultación en vez de por la luz, los taquígrafos y la necesidad moral de erradicar esa lacra. Sebastian Roch podría volver a reescribirse hoy mismo con solo cambiar unos cuantos nombres de personajes, la localización y algunas situaciones de época. De ahí el redoblado valor  de este libro, que aparece con un notable sentido de la oportunidad, que no de oportunismo, ya que la traducción estaba preparada más de un año antes del escándalo granadino. Dada la actualidad, no dejará indiferente a nadie y resonará en la conciencia de la gente decente, al tiempo que avergonzará a todos aquellos que, por acción u omisión, se han hecho cómplices de esta sórdida realidad social. 

Alberto Granados

Un comentario el “Sebastián Roch

  1. Me parece un magnífico comentario sobre “Sebastián Roch” el que aquí nos ofrece Alberto Granados. Creo, como ya dije el día de la presentación, que dicha novela no ha perdido actualidad: los dos temas principales que se denuncian en ella -la pederastia en los colegios de curas y el militarismo y las guerras-, por desgracia, continúan vigentes. Alberto Granados ha sabido ver lo esencial de esta novela y así lo expresa en su artículo.-F. Gil Craviotto.

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