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La presencia


 

A Encarni y Antonio Pérez y a los lectores de Wadi-as, la revista que gestionan

 

NOTA PREVIA: Dada la importancia que en este relato tiene el aria Che faró senza Euridice (de la ópera de Christoph Gluck Orfeo y Eurídice -1762-) os sugiero que la oigáis como fondo musical de la lectura.

 

 

 

 

 

 

 

        Esta mañana se ha recibido en la empresa una llamada del juzgado preguntando por Antonio. Un funcionario le ha comunicado con cierta solemnidad que podía recoger varios efectos que la policía judicial había incautado cuando el juez procedió al levantamiento del cadáver de Aurora, hace ya casi un mes.

       -Esto no va a acabar nunca –ha dicho Antonio para sí y ha hablado con Jorge, su segundo de a bordo, para decirle que se iba al juzgado. Le ha explicado cómo lleva el trabajo, ese expediente en el que apenas ha conseguido centrarse durante estas difíciles semanas. Se ha sentido observado por todos y ha pensado que en algunos casos había incluso algo de cobarde revancha en esas miradas huidizas. Lleva muchos días aguantando la presión que todo suicidio plantea, las dudas, la sensación de una culpabilidad inexplicable, la conmiseración y muestras de condolencia y apoyo de los compañeros, de los clientes, de amigos, vecinos y familiares… Eso de calcular permanentemente qué cuota de responsabilidad le corresponde en la muerte de su esposa resulta una carga durísima. Parecía feliz, no había grandes problemas entre ellos… Todo le resulta injustificable, pero la vida está ahí cada día y hay que torearla, con todas sus vicisitudes y absurdos, aunque siente que no le quedan fuerzas ni energía para intentarlo.

        -El juez desea verlo –le dice el funcionario judicial. Antonio se sienta a esperarlo en el antedespacho. Cuando finalmente es recibido, tras las frases de cortesía, le entrega en distintos sobres sellados el móvil y el portátil de Aurora, varios objetos de distinta naturaleza y, lo más extraño: un diario.

        -Léalo –le dice el juez-. Sin duda  le ayudará a comprender lo que ha sucedido. Es escalofriante y clarificador. Además, deseo comunicarle en persona que voy a cerrar el caso. Un suicidio evidente y no hay motivo alguno para continuar mareando la perdiz –se levanta y estrecha la mano viuda del sorprendido Antonio.

        Decide no volver por la oficina hasta haber leído el contenido de aquel cuaderno, desconocido para él. Compra comida precocinada para dos o tres días, unas cervezas, un par de botellas de vino… Saca el coche del aparcamiento y conduce con prisa hacia su casa, ahora vacía, mientras recuerda el origen de sus dieciocho años de relación.

      

Elimino este relato por haber pasado a formar parte de mi libro “Mariana contemplando las mareas y otros relatos”, disponible desde el próximo mes de Abril en Librería Nueva Gala. Dejo el inicio, las imágenes y los comentarios que en su momento aparecieron en el blog (Granada, 24 de Marzo de 2017).

 

 

 

Fotograma de la película Castillos de cartón

Fotograma de la película Castillos de cartón

 

 

 

 

 

 

Fotograma de La montaña rusa

Fotograma de la película La montaña rusa

 

 

 

      

 

 

Fotograma de la película Jules et Jim

Fotograma de la película Jules et Jim

 

 

 

Fotograma de la película Y tu mamá también

Fotograma de la película Y tu mamá también

 

 

 

Alberto Granados

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10 comentarios el “La presencia

  1. Ya te he dicho que me ha parecido fabuloso, quizá uno de los mejores cuentos que te he leído.

  2. Un triángulo escaleno del que sólo cabe escapar con el último estremecimiento: cuando la “petite mort” se hace grande. Una gotas de Lovecraft para destilar el desbocado erotismo de una “a-mantis” religiosa que nos pone el vello de punta, mientras el aria acaricia nuestros oídos.

    Magnífico , Alberto.

  3. De momento te digo que es lo mejor que te he leído y me parece entre lo mejor de todo lo que he leído, que es algo.
    Enhorabuena. Hasta le sienta bien no cabrearte en este texto de amor incontrolable y quizás añorado por todos.
    Un fuerte abrazo.
    Y sigue enviándome tus escritos.

  4. Intenso y sorprendente. No cabe duda de que es sorpredente cómo evoluciona y cómo acaba, Alberto. Cuando leí la novela de Almudena Grandes “Castillos de cartón”, ya se quedó la historia en mi retina. Al leer tu relato la he rememorado de nuevo. ¡Enhorabuena por el nuevo vástago!

    • Gracias, Elvira. No sabía que Castillos de cartón fuera una novela de Almudena Enormes. Me enteré al buscar imágenes en internet. Leo poco a esta autora, aunque lo poco que he leído me resulta “paginoso”, de ahí que le haya cambiado el apellido.

      Respecto a las observaciones que me has hecho en privado, la chica que pensé era exactamente así: muy consciente, trabajadora, rodeada de sus dos chicos, pendiente de su carrera por encima de todo, bastante dueña de sí misma… y con eso tuvo bastante como para llegar virgen a los 22. Hay quien dice que las hay.

      Gracias por aparecer por aquí. UN abrazo,

      AG

  5. Hola, sinceramente me ha gustado mucho,mezclas muchas sensaciones que nos va atrapando y el final con la decisión de Antonio el que tuvo el mando de la historia fue Mario. La he leído varias veces.mi enhorabuena.Dumi

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