6 comentarios

Viaje mediterráneo


 

        Hace tiempo escribí en este blog que el protagonista de cualquier viaje se aleja transitoriamente de su mundo, de su rutina, para enfrentarse a una nueva realidad que le resulta siempre enriquecedora, de tal forma que al regreso ha ampliado su perspectiva, su percepción de la realidad y su universo personal. Eso justamente es lo que me ha sucedido al regresar de mi viaje mediterráneo que hemos acometido este mes de julio: por una carambola de coincidencias familiares, todos nos hemos visto durante unos días en Barcelona y en Portbou. Para rematar la ruta, unos días en Valencia, disfrutando de mis hermanos, de sus hijas y sus parejas. Turismo, gastronomía, diversidad… y especialmente afecto.

        La culpable, mi hija, que transitoriamente ha dejado París para un trabajo en Barcelona. En Portbou estaban mis cuñados, que llevan casi treinta años insistiendo en que vayamos a tan delicioso pueblo fronterizo. Y Valencia siempre es una tentación con mi hermano, mi cuñada, mis sobrinas… No había pretexto posible y mi hija se encargó de buscarnos los vuelos, los apartamentos de airbnb que hemos ocupado, en Renfe de Granada conseguí los billetes de los diferentes trenes que nos han llevado de un lado a otro… Sólo quedaba el estado de ánimo viajero y la disposición a pasar la enorme dosis de calor húmedo que nos ha acompañado durante estas semanas.

        Y llegamos a Barcelona, deslumbrante y cosmopolita, con una gente entrañable y una belleza que renuncio a señalar aquí por estar disponible en cualquier guía turística. La gente me ha parecido correctísima, amable y abierta hasta límites insospechables. Esperaba más esteladas o más presencia de esas ansias independentistas que los medios y políticos locales señalan con un énfasis que me parece hiperbólico. Me ha dado la sensación de que predominaba el castellano sobre el catalán, aunque es posible que al seguir un recorrido turístico la mayoría fuéramos visitantes. He recorrido la Sagrada Familia (vivíamos allí), Paseo de Gracia, las Ramblas, el Barrio Gótico, lo que las guías llaman la “fachada mediterránea” de la ciudad (playas y puerto), Montjuïc, el Raval… y como siempre, he renunciado a las colas de museos y monumentos, algo que cada vez soporto menos en cada ciudad turística que recorro. Si hubiera dispuesto de más tiempo habría hecho lo posible por reencontrarme con Juan Antonio Fernández Matas, amigo de la infancia, o por conocer a una cobloguera de años, Gloria Abras, de la que sólo conozco unos datos sueltos, o a la prima Juani, o…, pero una ciudad como Barcelona es inabarcable y a las seis de la tarde abandonábamos el vagabundeo para reunirnos con mi hija, que, a fin de cuentas, era el objetivo principal del viaje.

 

 

IMG_8977

Una improvisada Marylin trataba de atraer visitantes a un museo del erotismo en las Ramblas

 

 

IMG_8981Un puesto del Mercado de la Boquería

IMG_9123

Aspecto de una de las calles de El Raval

IMG_8943

 

IMG_9122

Casa Milá frente a la realidad multirracial de El Raval. ¿La misma ciudad?

IMG_9104

Hospital de la Santa Cruz

IMG_9156

Velero atracado ene el Puerto Viejo

        Me he dejado llevar por mis recuerdos lectores de esa Barcelona literaria y he encontrado muchas referencias. Imposible olvidar el colorista Mercado de la Boquería y las Ramblas, donde esperaba encontrar en cualquier momento a Pepe Carvalho y Biscúter. He visto una deslucida placa en El Raval, dedicada a Vázquez Montalbán (desde luego se merece algo con más empaque), el monumento a Papasseig en el Puerto Viejo (no pude fotografiarlo por agotamiento de la batería de la cámara), la casa de Balmes… La ciudad de los prodigios, la impagable novela de Eduardo Mendoza, se ha paseado conmigo por las Ramblas y parques de la ciudad mágica. Me habría gustado visitar la Plaza del Diamante, pero esta vez no ha podido ser.

 

 

 

IMG_9125

Manolo, te mereces algo más digno

        Una imagen reivindicativa me llamó la atención junto al ayuntamiento y el Palacio de la Generalitat. En un balcón, sobre una estelada, un cartel que decía “La lengua es un derecho y una cultura”. Irreprochable aserto. Soy filólogo y estoy de acuerdo aunque yo ya he añadido aquí algunos matices.

 

IMG_9014

 

 

IMG_9003

Me encantó el detalle: Calle de la Enseñanza, en el Barrio Gótico

        Y del calor urbanita, una lluviosa tarde de viernes, en poco más de dos horas pasamos a conocer los devastadores efectos de la tramontana en Portbou, el bellísimo pueblo fronterizo que nació al amparo del puesto de frontera y aduana que llevó consigo el ferrocarril. García Márquez, dentro de sus “Doce cuentos peregrinos”, escribió un relato sobre los efectos de ese enérgico viento.

 

 

 

20160723_204418

Portbou, desde “el muro”. A la derecha, el paseo al puerto deportivo

20160724_105439

IMG-20160130-WA0000

20160724_112306

 

IMG-20160726-WA0020

 

 

 

 

 

IMG-20160726-WA0021Portbou desde distintos ángulos

20160725_203555

 La vieja escuela del pueblo

        He encontrado en el pueblecito muchas sorpresas agradables. Para empezar, el aspecto solemne y decimonónico de su estación, que hoy no guarda sino un mínimo vestigio de su pasado ferroviario. El pueblo forma un arco, una bahía entre montañas, al abrigo de los vientos y mareas. Recientemente se ha construido un puerto deportivo, unido al núcleo urbano por un precioso paseo, que hemos recorrido varias veces para gozar de la propia caminata y para divisar el panorama de la bahía desde esa perspectiva.

 

 

 

20160723_213131

 

 

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Sentado en el muelle de la bahía

 

20160723_234521

Ambientazo verbenero con la Orquesta Costa Brava

20160724_192145

 

 

 

 

 

IMG-20160724-WA0005

 Fiesta de la espuma

        Sobre ese paseo se alza el monumento a Walter Benjamin, que allí se suicidó tras permanecer algún tiempo como exiliado del nazismo. El monumento une la roca con el paseo, la consistencia del encofrado metálico con la transparencia del cristal que se alza sobre el mar, lo sólido con lo volátil.

 

IMG_9173

 

 

 

IMG_9172

 

 

 

 

      Hemos coincidido en el tiempo con las fiestas locales, lo que nos ha permitido asistir a una verbena de las de mis tiempos. Fue muy divertido coincidir en el baile con cuñados, hijos y sobrinos, comprar buñuelos, ver bañarse a los jóvenes en la madrugada, recorrer “las tres playetas”, observar el tranquilo discurrir de la tarde de playa sentado en “el muro” con las piernas hacia afuera, ver el regocijo de niños y jóvenes en una playera fiesta de la espuma. También ver los correfocs o escuchar sardanas.

      Al contrario que en Barcelona, en Portbou apenas se escuchaba castellano. Incluso los franceses que suelen venir a pasar el fin de semana y llenar la despensa y el depósito de gasolina, hablaban un permanente catalán. Con frecuencia, tras darse cuenta, nos pedían disculpas para que no nos sintiéramos desplazados y cambiaban al castellano, pero volvían al catalán tan pronto descuidaban la cortesía, y venían nuevas disculpas.

      En uno de los bares, escuché un registro idiomático que me resultó familiar. Estaba clarísima la procedencia andaluza de aquel señor afectuoso, bromista y vociferante que ponía verdes a los catalanes. Hablé con él y le comenté que su habla me resultaba demasiado familiar. Resultó ser de Priego, es decir, de menos de treinta kilómetros de distancia de mi Alcaudete natal. Me contó que algunos de sus hijos habían nacido ya en Portbou y que cuando bajaba a Andalucía le llamaban “el Catalán”, mientras que allí era el charnego andaluz. En una broma, le dijo a uno de sus hijos que se había olvidado la cartera en casa y debía pagar las consumiciones de ambos. El chico respondió un escueto:

       -Sí, hombre… Espérate sentado.

       -¿Lo ves? –me dijo- Estos jodidos catalanes es que son así…

       Su broma provocó las risas de todos los presentes, catalanes, franceses o charnegos.

        Y gracias a la gentileza de mis cuñados hemos hecho escapadas a Colera, Llançá, Peralada, Figueres… En cada cala, un pueblo, unos atraques para embarcaciones recreativas, unas construcciones bajas que nada tienen que ver con las edificaciones mastodónticas de nuestras costas. Y siempre una limpieza y un cuidado del patrimonio que envidio en nuestra monumental e histórica ciudad, llena de despropósitos.

        Las paellas, las butifarras, las costillas a la brasa, las patatas bravas, el pescado, el vino del Priorato… han supuesto un aliciente más de mi entrañable viaje.

 

 

 

Figueres 06

En la calle Monturiol, / inventor del submarino/ yo y Salvador Dalí / -tres genios- hemos visto el sol. Placa en Figueres.

 

 

 

 

       Pero ha habido más sorpresas. Mi cuñado y anfitrión nos ha explicado el cañoneo sistemático del puente ferroviario de Colera, de Figueras o del propio Portbou desde el Canarias, que el ejército de Franco dejó por aquellos mares para cortar la retirada hacia Francia de los restos del ejército republicano y de la gente que emprendió el triste camino del exilio. Fue una carnicería que aún recuerdan los lugareños y que dejó el pueblecito lleno de refugios en la roca.

 

 

20160724_165709

 

 

20160725_170745

 

20160725_170801

Cientos de partituras de “solfa”

20160725_170920

 

 

          También me ha mostrado las joyas de su pequeño museo doméstico: una barca de sus padres guardada en un garaje, pendiente de hundirla, calafatearla y echarla de nuevo a las aguas de la bahía cuando le llegue la jubilación. O una escritura de la notaría de Figueras, es decir, de la de Salvador Dalí, el padre del pintor. Y lo que más me ha llamado la atención: cientos y cientos de partituras de los años veinte. Su padre, además de ejercer como funcionario de Aduanas, tocaba el saxo y el violín y formaba parte de una orquestina que recorría las ferias de medio Ampurdán y los pueblos próximos del sur de Francia. Viendo la naturaleza de las partituras y las viejas fotos de grupo, llegamos a la conclusión de que fue uno de los introductores de las jazz bands de la época.

 

 

IMG-20160726-WA0053

La orquestina del padre de mi cuñado, hacia 1920

 

 

 

        Pese a que insistió en que me llevara las que quisiera, traté de convencerlo de que hay que ordenarlas, ficharlas, clasificarlas y ofrecerlas a algún centro de documentación musical, pues el tiempo la humedad y algunos animalejos estaban deteriorándolas y el conjunto (“la solfa”, le llamó siempre su padre) era todo un tesoro.

         Y una mañana tomamos un tren en la vieja estación, ahora venida a menos, y llegamos de nuevo a Barcelona, con un breve margen de tiempo para tomar algo antes de coger otro tren que nos llevó a Valencia.

 

 

 

20160727_120413

Cúpula del Mercado Central de Valencia

VALENCIA El pardal

El “pardal de Sant Joan”, cuya leyenda se narra en Arroz y tartana.

       En esta ciudad hemos paseado por la parte histórica y, por sugerencia de mi cuñada, hemos visitado la restauración de una iglesia, financiada por el dueño de Mercadona y llevada a cabo por la esposa del mismo. La vieja iglesia de san Nicolás, nuevamente cubierta de pinturas murales y cenitales remite necesariamente a la Capilla Sixtina.

 

 

20160727_121923

 

 

 

 

20160727_122021

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero la estancia en Valencia ha tenido un contenido mucho más familiar que turístico: estar con mi hermano y mi cuñada, volver a ver a mis sobrinas y a sus parejas, gozar de toda una cálida corriente de afectos… Objetivo sobradamente cumplido. Han sido días entrañables rodeados de los mil matices de azul que ofrece nuestro viejo Mediterráneo. El viaje ha tenido algo de transfiguración anímica. Volvería a hacerlo hoy mismo.

 

Alberto Granados

Anuncios

6 comentarios el “Viaje mediterráneo

  1. Estupendo y generoso reportaje. Te escribiré por correo electrónico para comentarte tranquilamente algunos puntos. Ni que decir hay cómo celebro que lo hayáis pasado bien así como el buen recuerdo que, por lógica, te has llevado contigo.
    Hasta pronto y un beso !!!

  2. Querido amigo:

    He releído el interesante reportaje de tu viaje a estas tierras, solo puedo hacer constar dos cuestiones; la primera, reprocharte no haber reservado unos momentos. Me hubiera agradado tanto abrazar al amigo de hace mas de 50 años.¡¡
    La segunda, es una felicitación, al constatar, reconocer y apreciar, tu fácil y amena narrativa que como siempre me entusiasma.

    Un fuerte abrazo.

  3. Acabo de leer tu crónica viajeroafectiva de tu viaje. Enhorabuena. me ha trasladado a mis años mozos. Ya sabes, los principios de ni vida laboral. Me alegro mucho por tí y los tuyos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: