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Relatos recuperados (3): Cajera


 

 

        Cada vez me cuesta más trabajo entender qué pensamientos y emociones pueden aparecer en la mente de un hombre para matar a una mujer a la que se supone que en algún momento amó. Supongo que todo un sistema de estímulos le ha hecho abrigar la idea de que es el amo y señor de su compañera y que, llegado un fatídico momento extremo, tiene derecho a matarla. Canciones, sociedad, literatura, tradiciones… todo ello han conformado un quiste ideológico, un pensamiento escasamente elaborado, que está convirtiendo a la mujer en la presa a la que se puede dar caza a la primera “tontería” que cometa. Lamentablemente no exagero: ese fin de semana, la siniestra lista de mujeres asesinada se ha incrementado en tres. No es ninguna fruslería.

        Pensando en eso que acertadamente se ha dado en llamar micromachismos, recupero de mi anterior blog un cuento de hace ya siete años, que incluí en mi libro electrónico Cabos sueltos.

Cajera

 

 

 

Imagen de un artículo de la revista Qué

Imagen de un artículo de la revista Qué

 

       …tomate frito Apis, 0,42; maíz dulce Gigante Verde, pack de tres latas, 1,98 ; …una termina por saberse los precios, todo el día marcando los dichosos códigos, ya ni sé para qué paso el escáner… mayonesa casera Calvé, 1,62; magdalenas La Bella Easo, 1,25; Tampax super, 2,80, vaya, ésta parece que necesita tampones, que lo que es yo… me veo preñada y mi madre me mata, 14,85, señora, anda que llamarle señora a esta tía… como no es ordinaria… es como si le tengo que llamar caballero al cabrón de mi padre… ahí tiene su vuelta, señora… y el jefe mira que te mira y venga a pasar cerca, dirá que es por controlar, pero es que me mira el escote el muy cerdo, …¿por qué son tan cerdos los tíos? …mi jefe, mi padre, Johnny… Johnny, el peor, el más lanzado, el más macho, el más exigente… cuando yo digo que hacemos el amor, tú ya sabes lo que tienes que hacer: abrir las piernas, como si yo fuera un electrodoméstico, como si tuviera que tener ganas cada vez que a él le apetece o se fuma un canuto… y como soy tonta, pero tonta de hartarse, he sido su esclava desde los quince años, a sus órdenes, señor, lo que usted diga… no, señora, detrás de las galletas… de nada, señora… y él cada vez más envalentonado, que hasta me prohibió que hablara con Jorge, el único tío que desde la escuela me ha respetado, que me ha considerado un poco: que no te vea yo hablar con ese gilipollas… qué se ha creído que es… ¿más que yo? ¿porque está estudiando en Granada? Si no tiene donde caerse muerto… sí, no tiene donde caerse muerto, pero me ha tratado siempre con respeto y tú como si fuera un escupitajo de la calle, …es lo que debí decirle, pero me callé y cedí otra vez, así que le mandé recado a Jorge de lo que había y ya no se acerca a saludarme… un momento, señora, que se lo van a cambiar, no se preocupe… hasta las dos, sí señora… este es mi Johnny, que me lo he buscado yo solita, por lista, total, el pueblo no da para más, ahora está precioso con todos los veraneantes, que parece una postal, pero dentro de unas semanas se van todos estos cabrones y nos quedamos los que nos quedamos, mi madre, agobiada siempre por las deudas que va dejando mi padre en la taberna, siempre borracho, un inútil, un zángano, …pero es tu padre, me dice mi madre cada vez que hablamos de él y le corto un traje, …es mi padre, pero te está machacando y… y ahí me callo, ¿para qué le voy a contar nada más?… el agua mineral está a la derecha de este pasillo, caballero… de nada… y Johnny, mi clavo ardiendo, mi príncipe azul de cuento de hadas, lo veía como el más atractivo, nos gustaba a todas, era un diamante y se había fijado en mí y me gustaba, ¡como me gustaba!… y la feria de hace tres años, cuando cumplí quince, me llevó a la playa y allí… yo ya estaba decidida, así que… tanta ilusión para nada, porque sólo sentí un picotazo y el aliento de borracho de Johnny, igual que el de mi padre… y después se convirtió en mi amo y señor… me lo dicen mis amigas: ¿pero por qué sigues con él? y pienso en todo el invierno, cuando nos quedamos los que nos quedamos y los veraneantes desaparecen…

 

 

Calahonda, el Peñón

Calahonda, el Peñón

 

 

 

entonces sólo tengo al Johnny, su cariño, egoísta, pero cariño a fin de cuentas, ahí está mi gran trampa: no lo tengo más que a él, aunque sea tan egoísta y tan cerdo y me trate como si yo fuera un trapo, pero el pueblo me ahoga, no veo salida y más de una vez he pensado subirme al peñón y dejarme caer al mar un día de temporal… no se preocupe caballero, ahora se lo traen… ¿qué vaya al despacho del jefe?… bueno, Conchi, lo que tú digas, pero tú estate al tanto, que no me fío… ya sabes cómo me mira… no puede ser, yo no he discutido con ningún cliente ni he protestado por nada… no he sido yo, ¡que te estoy diciendo que no he sido yo, joder !… lo que me faltaba, este cabrón apretando, y él sabe que es un embuste, pero me lleva al despacho para que me entere que estoy en sus manos y que o trago o voy al paro, será mamarracho… y que no se enteren ni mi padre, ni el Johnny… mi padre pensaría que voy provocando a los tíos, ya me lo dijo cuando lo pillé mirándome desnuda en la ducha: eres una guarra, que provocas, ¿te enteras?… pues no, no me había enterado, yo sólo estaba duchándome, pero él tenía un brillo en los ojos… y el Johnny puede liarla si se entera de lo del jefe, así que a callar y aguantar, que encima de cabrona, apaleada, ¡qué vida más perra, coño! y siempre me viene a la cabeza la idea de irme, al fin del mundo si hiciera falta, pero irme de este pueblo y no volver nunca, es un pueblo que no me ha ofrecido nunca nada, sólo mi madre, pero es que ella lleva toda la vida apretando los dientes y aguantando, y no quiero ser igual que ella… para los libros no sirvo, eso quedó claro, que ni me saqué la ESO, y para trabajar, pues parece que los clientes no quedan contentos o es el jefe, que quiere asomarse a mi escote… de verdad, cuando se nace para ser una pringá, no hay remedio y mira a éstas, en la cola de la caja, tan finas, tan bien vestidas, tan de ciudad grande, que eso se les nota… con pasta para alquilar un apartamento quince días y salir todas las noches a la pizzería, con sus mariditos bien perfumados y con un sueldazo, que después de la cena, cuando se duerman los nenes las van pillar en la cama y las van a dejar contentas… sí, algunas se ve que son unas ordinarias que ni donde caerse muertas, pero otras, ¡jolín, qué envidia!… y nada de eso parece que sea para mí, que yo, con ser el único apoyo de mi madre y con aguantar a mi padre, al jefe y al Johnny, tengo bastante… ¡y acabo de cumplir 18 años!… ¿qué futuro me espera?… y anda, que si estoy preñada… me tenía que haber venido hace ocho días, pero nada… perdone señora, he marcado mal, ahora lo arreglo… irme… tengo que irme, pero no es fácil, y no es por el Johnny, que él se apaña con el trabajo en el invernadero y en cuatro días se olvida de mí, es porque no tengo dónde ir… el año pasado, cuando fui a ver a mi tía a Barcelona, se me cayeron al suelo todos mis sueños… irme allí, ¿para qué? mi prima Paula, de mi misma edad, hace lo mismo que yo y mi tía vive la misma vida que mi madre, sólo que su marido la dejó por una colombiana… y el barrio era como el pueblo, cuatro desgraciados como los que nos quedamos aquí en invierno, sólo que allí, además hay que madrugar y coger el metro a las seis y pico de la mañana… ¿y para esa vida me voy a ir? mejor quedarme con el Johnny, que en el fondo no es mala gente, quizás un poco cabrón, pero es lo que hay… no señora, no me pasa nada… ¿llorando? … no me había dado cuenta, perdone señora… no, ya se me pasa… gracias, señora, de verdad, no se preocupe… bolsa de patatas freír, tres kilos, 1,95; salchichas, 1,09;… ¿lo ve, señora? Ya se me pasó… problemillas de mujeres, ya sabe usted…

 

 

Alberto Granados

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