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Gil Craviotto publica su “Semblanza de Julio Alfredo Egea”


 

 

       Durante la primavera de 2016, mi querido amigo Francisco Gil Craviotto recibió desde Almería una curiosa invitación: escribir en un par de meses una biografía sobre el poeta Julio Alfredo Egea, uno de los decanos de las letras granadinas (Egea, aunque almeriense de nacimiento, es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada desde 2008). El motivo: se acercaba el nonagésimo cumpleaños del poeta de Chirivel y la Editorial Letra Impar deseaba rendirle el reconocimiento oportuno.

       Gil Craviotto, ante la falta de tiempo para escribir una biografía rigurosa, se comprometió a enviar unos textos suyos, aparecidos durante varias décadas y en distintos medios, en los que se había ocupado del hombre y de su obra. Tuve ocasión de leer esos artículos (suele enviarme sus escritos, especialmente cuando van destinados a la imprenta, para que se los revise, de la misma forma que cuando tengo una duda sobre el funcionamiento narrativo de un relato yo suelo remitírselo para saber su docta opinión). Eso fue hace un año, cuando él estaba más ilusionado con el proyecto editorial. Lamentablemente, este no llegó a término en el momento oportuno y ha sido ahora cuando ha aparecido el libro (Francisco Gil Craviotto, Semblanza de Julio Alfredo Egea, Editorial Letra Impar, Almería, 2017), que se presentó en el Centro Artístico el pasado día 9, en una sesión repleta de anécdotas.

       El libro está formado, básicamente, por siete artículos, precedidos por una justificación de la obra y seguidos por una serie de opiniones críticas sobre la poesía de Egea, recogidas de la prensa, especialmente en la dedicada a la crítica literaria. El libro en sí va precedido de un hermoso poema, una escueta décima llena de profundidad, que Rafael Guillén le escribió (Apunte a lápiz del poeta Julio Alfredo Egea) y un prólogo de Antonio Enrique (El Hidalgo en su rincón: Julio Alfredo Egea), dos epílogos firmados por Antonio Chicharro (La poesía de Julio Alfredo Egea a estudio) y Jacinto Martín (Julio Alfredo Egea: humilis sapientia), así como numerosas fotografías del poeta a cargo de Blas Fuentes (portada), Rodrigo Valero (contraportada), Carlos Pérez Siquier, Juan Antonio Aguilera Mochón, Julio Egea (hijo del poeta) y Antonio Arenas, junto a otras fotos llenas de tiempo y nostalgia en que no aparece la autoría y que supongo que son de la colección del propio poeta. Un total de seis académicos y seis fotógrafos en un breve libro que, pese a su brevedad, contiene toda la fuerza y la verdad que conllevan la amistad, el compartir muchos afanes literarios y un conocimiento dilatado en el tiempo y lleno de complicidad. El protagonista, ese hombre al que se le atribuye la frase de que “de un modo u otro pienso vivir de la pluma”, porque tenía una explotación avícola, queda humanamente definido en su proximidad, su hospitalidad, su elemento más humano y personal. Siempre he dicho que Gil Craviotto, cuando emplea el bisturí para abrir el alma de un personaje, es eficacísimo y en este libro lo es más.

La mesa del acto. A la derecha, José Criado, el editor

 

       Los artículos de Gil Craviotto tratan desde la semblanza estricta (hay varios, pero sin duda, el más profundo y completo es el aparecido en su libro Nuevos retratos y semblanzas con la Alhambra al fondo (Ayuntamiento de Granada, Colección Granada Literaria, Granada, 2003), posiblemente la evocación más poética y sentida del personaje; otro se dedica a la crónica de un viaje a Chirivel para visitar al poeta, y , finalmente, otros de mayor enjundia crítica respecto a la poesía de Egea, especialmente el que habla de la aparición de Legados esenciales.

La velada literaria del 11 de Junio de 2014

Los mismos, tres años después

       La presentación del libro fue –ya lo he anunciado- rica en anécdotas. Cuando llegué, unos minutos antes de la hora prevista del comienzo del acto, vi en el gesto de Francisco Gil Craviotto y de Celia Correa, Presidenta del Centro Artístico, una sombra de preocupación: el coche que traía a Julio Alfredo, había tenido que dejarlo a cierta distancia por unas obras y el poeta andaba perdido. De hecho, el acto dio comienzo sin su presencia. Yo marqué su número para ir en su busca, pero estaba «apagado o fuera de cobertura». Antonio Arenas salió a buscarlo por las inmediaciones y volvió anunciando que estaba esperando el ascensor. Cuando por fin llegó, la sala le dedicó un aplauso intenso y él, como reponiéndose del choque, hizo una broma:

       —Desde ahora voy a llegar tarde a todos los sitios.

       Todos más tranquilos, el acto se desarrolló con normalidad. Rafael Guillén, presente en la sala, subió a la mesa para leer su poema introductorio, las intervenciones se sucedieron y Celia Correa recordó que una reunión muy similar había tenido lugar tres años antes. Una sesión poética compartida por Egea y Guillén, organizada por Gil Craviotto y presentada por la propia Presidenta. Allí se deseó a Guillén que obtuviera pronto el Premio García Lorca… y ese año lo consiguió. Esta vez, se lo deseaba a Egea. Si se lo dieran, casi habría que pensar en el poder de los conjuros de Celia.

Guillén leyendo su poema

       Al final, el poeta se veía cansado, confuso, tal vez agobiado por los que subimos hasta la mesa a que autor y poeta nos firmaran nuestro ejemplar. Se confundió y el mío se lo dedicó a “Pepe”.

Julio Alfredo Egea durante su intervención

       Durante ese momento de las firmas, charlé con Rafael Guillén, que me preguntó por la marcha de mi libro. Cuando le dije que casi cubro gastos, me hizo una observación llena de su humor socarrón:

       —El público es capaz de aguantar dos o tres noches a la intemperie para sacar una entrada y ver a un cantante dar saltos, contorsionarse y cantar letras insustanciales. ¿Cuándo has visto tú que la gente haga cola delante de una librería cuando aparece un libro, normalmente escrito con inteligencia, sensibilidad y muchas horas de esfuerzo?

       No pude responderle nada.

       Después del acto, vi relajarse a Egea ante una cerveza, junto a Guillén y Gil Craviotto, sus compañeros de armas. Una noche con amistad, libro y tres decanos de las letras locales. ¿Se puede pedir más?

Alberto Granados

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4 comentarios el “Gil Craviotto publica su “Semblanza de Julio Alfredo Egea”

  1. Una reseña que, además de erudición, nos muestra el lado humano de la literatura, de autores tan grandes como humildes, de sus anécdotas, sus lapsus y su reposada sabiduría. Como siempre, un placer leerte.

  2. Precioso post para un interesante libro.

    • Bienvenido a este blog, que desde ahora debería convertirse en tu casa. Hay quien dice que lo mejor son los relatos (los que quedan, pues muchos los he quitado para convertirlos en libro). Y si lo deseas, enriquece el sitio con tus comentarios y aportaciones.
      Un saludo,

      AG

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