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Debacle socialista


        El batacazo electoral del PSOE era previsible. En primer lugar, porque desde el 23 de mayo de 1982 han transcurrido diez legislaturas y más de 36 años de poder socialista y eso desgasta, especialmente si las caras de jerarcas y candidatos no se renuevan. En segundo lugar, el discurso socialista se ha ido desdibujando hasta convertir al PSOE en un partido en zona de nadie, imprevisible, con gestos abiertamente de derechas y un recorrido errático.

        Dicho de otra forma: se ha pasado de ser un partido que ilusionaba a todo el mundo y presente en todos los ámbitos a percibirse como una agencia donde colocarse bien, con una red de favores clientelares que después pasa factura, dejando a la mayoría de la militancia, esa que solo ofrece su trabajo sin pedir nada a cambio, perpleja y desnortada. Treinta y seis años de poder vienen a ser todo un régimen, casi tan largo como el franquismo o el castrismo. Un período de tiempo suficiente para cambiar la esencia de un país, paisaje o paisanaje. Pero el PSOE andaluz no lo ha sabido hacer y, a pesar de los gigantescos avances andaluces (redes de carreteras, centros escolares y de salud, actuaciones sociales, etc.) parecemos anclados para siempre en las tasas más negativas de alfabetización, dominio de idiomas, enseñanza, salud, inversiones, industrialización, desempleo…

 

 

Resultados electorales (captura de El País)

Captura de pantalla de El País con los resultados de ayer       

        Pero el PSOE tiene un problema más grave: la distancia estelar entre sus jerarcas, casi siempre las mismas caras, y la base (cada vez más escasa y menos entusiasta). Hay, además, una corriente mesiánica instalada en las conciencias de los jerarcas (un “o nosotros o el caos”) que solo propicia el alejamiento del electorado, que los percibe como señores y señoras mayores que llevan toda la vida rotando de cargo en cargo, siempre bien retribuidos, frente a la aterradora imagen de las colas y las prestaciones económicas del paro. Pero que nadie se ponga crítico con los jerarcas, porque no están dispuestos a aceptar que se llevan equivocando años. Han perdido la noción de lo que supone asumir las críticas, las diferencias, las tendencias internas y con ello se han convertido en una jerarquía esclerotizada, correosa e insensible a las demandas de la militancia y del electorado. Y así hemos llegado a la debacle de anoche, tras la que nadie pensará en dimitir, convencidos de su mesianismo, endogámico y autocontemplativo.

        He estado militando en el PSOE casi siete años, lo que me ha permitido ver algunos de estos tics. Cuando ingresé en el partido, Teresa Jiménez era Consejera de Educación y Francisco Álvarez de la Chica era Secretario Provincial. Clara Aguilera y Manuel Pezzi estaban también en el gobierno andaluz. Tendrían que haber vislumbrado algo de lo que estaba sucediendo con los EREs, pero parece que ni olieron el turbio asunto. En política, que te cuelen semejante gol es para presentar la dimisión y pasar lo más desapercibido que se pueda. Es decir, abandonar todos los cargos orgánicos, designados o electos, y pasar a la militancia de base. En política real, quiero decir. Pero estos jerarcas, supongo que imbuidos del mesianismo de los imprescindibles, siguieron ocupando cargos: Álvarez de la Chica ocupó en Sevilla la Consejería que acababa de dejar vacante Teresa Jiménez, quien volvió a Granada cambiando el cromo de la Secretaría Provincial con el nuevo consejero. Clara Aguilera dejó su consejería y obtuvo acta de eurodiputada. Pezzi desempeñó mil cargos. Álvarez de la Chica pasó al Puerto de Motril… En vez de hacerse invisibles, siguieron destrozando la credibilidad del partido. Después, Teresa Jiménez abandonó la Secretaría Provincial, que ocupó su delfín, Pepe Entrena, quien a la primera ocasión la ha puesto a encabezar la lista provincial, esa lista que anoche se desplomó, como era más que previsible para cualquiera que no se sintiera en la obligación de actuar más con los afectos y complicidades que con el cerebro y el pragmatismo de la política.

 

Noche electoral en Torre de la Pólvora (Captura de pantalla de Ideal)

Captura de pantalla de Ideal con una vista de la sede electoral del PSOE anoche

        No soy el único militante que ha dejado de serlo en estos últimos años. ¿Qué se puede hacer en un partido donde la democracia interna es un concepto desconocido y donde la militancia solo cuenta para hacer bulto cuando llegan los fotógrafos de la prensa? Y lo de falta de democracia interna no me lo invento: me salí del partido por comprobar que ni siquiera en un perfil de Facebook, limitado a militantes, se podía hacer una crítica de lo que se veía venir. Mi crítica más contundente era a la complacencia con Chaves y Griñán. Se me dijeron lindezas tales como que “Cada vez que hablas sube el pan”, “Con tus críticas le estás haciendo el juego al PP” “¿Estás seguro que este es tu partido?”, etc. Y ayer, estos jerarcas pasaron el mal trago de enfrentarse a la realidad: la mayor sangría de votos registrada hasta ahora y la entrega de un feudo socialista a la probable coalición derecha-extrema derecha. Buen saldo.

        No me alegro. Sigo siendo o sintiéndome muy próximo al PSOE, al menos al PSOE abierto, múltiple, renovado y sin personalismos suicidas. No me alegro, pero me queda claro lo que siempre dije: que quienes le hacen el juego al PP son los que se aferran al cargo tras perder varias elecciones seguidas, convencidos de su mesianismo. Esos son, y no yo, los que se han cargado al partido para varias décadas.

Alberto Granados

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6 comentarios el “Debacle socialista

  1. No puede decirse ni mas claro, ni de forma más elegante, crítica y razonada. Comulgo con todo lo expuesto. Un abrazo.

    • Absolutamente de acuerdo. Y a Susanita sólo se le ocurre echar la culpa de la debacle a los que nos hemos quedado en casa. Ni asomo de autocrítica. Pues si, Sra Díaz, me he quedado en casa porque estoy asqueada de los políticos. No me gusta la Derecha y la izquierda en su conjunto ha tenido 36 años para experimentar un proyecto progresista serio y mantenerlo bajo los principios ideológicos que le dan carta de naturaleza.Pero os habéis cargado la ilusión de muchos progresistas que confiábamos en el 82 que de verdad vendría el cambio. Y ya està aquí VOX, para quedarse.

  2. Alberto, que bien lo has contado. Estoy de acuerdo con lo expuesto y espero que lo que nos viene encima nos sea leve. Un abrazo y a resistir

  3. Alberto, solo difiero en que sigo militando en el PSOE, va a cumplir 40 años mi carnet. Y sigo militando, entre otras cosas, para poder decirle en la cara, a todos los que has nombrado, que así no se hace política, y recordarles que conozco su historía, la de todos. Y alguna vez, por lo menos eso espero, tendrán la decencia de reconocer su responsabilidad en este descalabro. Muy lúcido tu análisis y muy generoso, no te ensañas, ni haces sangre, cuando bien sabes que ellos no paran en barras a la hora de destruir y desprestigiar al de turno. Un abrazo.

  4. Tienes toda la razón del mundo y ya lo hemos hablado amigo Alberto. Yo sigo militando porque cuando ingresé en noviembre del 1977 había otros aires y, ahora, a mis “treinta años y unos meses” no me voy a cambiar la chaqueta y sigo unido al carro sin que NUNCA haya tenido un cargo relevante de ningún tipo. Era Secretario General de la Agrupación del PSOE en Lanjarón cuando el golpe de Tejero y también concejal de su ayuntamiento. Desde hace muchos años sólo soy militante de base y les critico cuando puedo, pero no les hago sombra a nadie. Mis ideas socialistas las mantengo intactas aunque hubiera preferido que “algunos” hubieran dejado a tiempo los puestos que ocupaban porque el votante no se equivoca y la responsabilidad es de los dirigentes que con mucha frecuencia se cree infalibles (como el papa) y no lo son. Cuando un equipo de fútbol va mal, se quita al entrenador y no a los futbolistas. Bueno amigo Alberto tus dardos siempre dan en el blanco. Esperemos que esta travesía del desierto sólo dure esta legislatura y que se aprenda la lección, aunque no creo que sirva de nada pues hasta ahora no ha habido dimisiones. ¿Has cuándo? Un abrazo

  5. Yo, de todas formas, digo lo de la canción: RESISTIRÉ…

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