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Vamos a reírnos del confinamiento


        El grado de aburrimiento, la nostalgia del paseo, el uso de pasatiempos, el tedio… han llegado a tal grado, que he empezado a buscar otras formas de rellenar las horas de estos días de confinamiento. Anoche, tras haber hablado con la familia, amigos, conocidos y simples contactos de las redes, tras tener la mente embotada de mi trabajo, me vino la ocurrencia de buscar curiosas imágenes más o menos antiguas. Encontré algunas que inmediatamente asocié al confinamiento al que nos hemos visto obligados y pensé montar esta entrada, en que trato de relativizar la preocupación que a todos nos tiene atenazados.

         Las fotos son, en su mayor parte, de origen desconocido y en ocasiones  vienen revestidas de unas circunstancias dramáticas, pero yo las he sacado de su contexto y las uso para reírnos del aburrimiento, con la esperanza de que nadie se sienta ofendido.

 

A falta de mascarillas

 

Ama de casa calculando cuánto papel higiénico puede comprar

 

El amor no tiene arreglo. Imagen de la revista Quo

 

El confinamiento es tan duro…

 

Guardando la distancia reglamentaria con el bebé

 

Llenando el tiempo de confinamiento de cualquier manera

 

Mascarilla cómoda. Imagen tomada de la revista Quo

 

Me puse a coser algo original y se me fue la mano

 

Música para mis vecinos

 

Señor muy creativo a punto de salir a la terraza para entretener a sus vecinos

 

Sin escuela, tendrá que entretenerse en algo

 

 

¡Qué bien, sin escuela!

 

         Me uno al mandato de Mario Benedetti: ¡Defended la alegría como un estandarte!

        El humor es, ahora más que nunca, una forma de resistencia.

Alberto Granados

3 comentarios el “Vamos a reírnos del confinamiento

  1. La verdad que sí. Las tragedias hay que tomarlas con humor y así, siempre serán menos trágicas. Y además, como decía mi amigo Confucio (¿?): Si tienes un problema y tiene solución, no te preocupes, ya se solucionará; y si no tiene solución, ¿para qué te vas a preocupar si de todas formas no tiene solución? Así que, de una forma o de otra, no hay que preocuparse. O como decía Espronceda en La canción del pirata: “¡Sentenciado estoy a muerte!” // Y si caigo, / qué es la vida? / Por perdida, / ya la di, / cuando el yugo / del esclavo, / como un bravo / sacudí”. No nos queda otra y a seguir que no hay cien años que esto dure ni cuerpo que lo resista. Un abrazo Alberto, y gracias por tus columnas.

  2. También de Espronceda es aquello de: “Quisiera un cementerio/ de muertos bien relleno/ manando sangre y cieno/ que impida el respirar/ y allí un sepulturero/ de tétrica mirada/ con mano despiadada/ los cráneos machacar”. Intentad recitarlo con mucha teatralidad, énfasis, encono, afectación y dramatismo, y veréis cómo se os escapa la risa.

  3. Y que no nos falte nunca! Un abrazo Alberto.

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