Alberto Granados

Inocente

Sobran todas las palabras, así que me quedo con lo que dice el DRAE:

 

 Imagen del diario Público

inocente.

 

(Del lat. innŏcens, -entis).

 

 

 

1. adj. Libre de culpa. U. t. c. s.

 

2. adj. Dicho especialmente de una acción: Que pertenece a una persona inocente.

 

3. adj. Cándido, sin malicia, fácil de engañar. U. t. c. s.

 

4. adj. Que no daña, que no es nocivo.

 

5. adj. Dicho de un niño: Que no ha llegado a la edad de discreción. U. t. c. s. La degollación de los inocentes.

 

6. adj. coloq. ignorante.

 

□ V.

 

día de los Inocentes

 

 

Marta del Castillo, Camps y los de la trama Gürtel, Garzón en el banquillo…

Decididamente, somo un país cada día más miserable e incomprensible.

 

Alberto Granados

 

  

Monumentos

Últimamente leo mucho acerca de esta ciudad de Granada, que me tiene cada vez más hechizado (y no precisamente porque sea un modelo de conservación, limpieza o buena práctica municipal), así que leyendo a uno de nuestros autores de plantilla, nuestro contradictorio Ángel Ganivet, he encontrado un fragmento que os incorporo a mi particular Antología.

La Alhambra, un atardecer, desde el Albayzín

Edificio “Impluvium de luz”, sede de Caja-Granada, obra del arquitecto Alberto Campo Baeza

La luz, como si fuera lluvia, se cuela en el impluvium

Se trata de una reflexión que me ha parecido muy oportuna ahora que, una vez más, el alcalde choca frontalmente con la Junta de Andalucía por el asunto del ascensor a la Alhambra. Para los foráneos: nuestro alcalde ha propuesto hace unos meses unir la Carrera del Darro (una de las calles más bellas de Granada y tal vez del mundo) con el patio de armas de la Alhambra mediante un túnel por debajo del monumento y un ascensor. Con muy buen criterio, la Consejería de Cultura ha dicho que no se puede hurgar bajo los venerables cimientos de los palacios nazaríes y se ha liado, como es habitual: Sevilla perjudica a Granada, es una injerencia, la Junta es un obstáculo para el desarrollo local, etc.

El futuro espacio escénico, el “Granatum”, en una imagen virtual tomada de Urbarama

Él sigue toda una trama sistemática de hacer propuestas descabelladas para chocar con la administración autonómica y después culpabilizar a ésta de todos los males de la ciudad, algo que, ha quedado demostrado, le da muy buenos resultados electorales. En estos días, casi de campaña ya, nuestro alcalde ha llamado “sultana de la Alhambra” a la Directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife (demasiado desprecio inmerecido sobre María del Mar Villafranca, tal vez debido al doble motivo de que ella es su oponente política y además mujer). Después ha tratado, sin mucho éxito, de adornar su lindeza, pero lo dicho está ahí, como una muestra más de lo que se nos avecina.

Un balcón en el albayzinero Callejón del Beso

La albayzinera iglesia del Salvador

Una bellísima panorámica de las murallas ziríes, el Albayzín, la Alhambra (sin ascensor aún, afortunadamente) y Sierra Nevada, desde el mirador de San Cristóbal

Granada, entre el pasado andalusí y el futuro más vanguardista, ofrece el amplio contraste que media entre el paisaje alhambreño y el Cubo de Caja-Granada, de las iglesias o aljibes del Albayzín al proyecto del Granatum (un futuro espacio escénico con forma de granada ideado por el arquitecto japonés Kengo Kuma) o del Monasterio de Cartuja a la futura estación del AVE de Rafael Moneo.

Retablo del Monasterio de San Jerónimo

Volvamos a Ganivet, reflexionemos junto a él sobre el sentido de los monumentos.

 “Otra cosa he notado: que de los monumentos antiguos, algunos quedaban sin acabar, y que los modernos todos están acabados: se nota la influencia de la Economía, de la Hacienda y del arte de fraguar presupuestos. ¿Qué es mejor? ¿Que el ideal marche libre y desembarazado y se quede a veces a mitad de camino, o que se subordine a un presupuesto riguroso? Yo he resuelto la cuestión de la siguiente manera. Acompañando un día a un artista que visitaba Bruselas, nos detuvimos ante la iglesia de Santa Gudula y nos lamentamos de que tan bella obra hubiese quedado sin concluir, sin torres, desmochada; yo, sin embargo, hice la salvedad de que, habiendo tantas obras concluidas en el mundo, una sin acabar tenía ya, por esto solo, cierta gracia, aparte del mérito de revelarnos cómo se puede pecar por exceso de fe en las propias fuerzas, en vez de pecar, como hoy pecamos, por no acometer más que trabajos menudos, reservando siempre nuestras mejores energías para algo indefinido que no acaba nunca de llegar. Algún tiempo después, en un día de espesísima niebla, pasé por el mismo sitio y vi ahora la iglesia acabada, como sin duda la idearon, con sus agujas invisibles en el aire, envueltas en un manto gris, que con naturalísima delicadeza cubría los desmoches y desvanecía aquellas líneas duras en que la obra material declaraba su impotencia para subir más alto. ¿Qué importa lo material, que al fin ha de morir? Basta que por un fragmento nos dejen adivinar toda la obra. La esencia del verdadero arte se afirma con más fuerza cuando subsiste en las ruinas de la obra y se agarra desesperadamente al último sillar que formó parte del monumento; a la última estrofa, mutilada, que se salvó al perecer el poema; a un pedazo de lienzo que se libró al destruirse el cuadro. ¡Cuán diferente el arte de nuestros días, arte de coleccionistas y de baratilleros! ¿Veis ese palacio que dicen es un prodigio de arte? Sacad de él los tapices, los bronces y los cuadros; levantad cuatro tabiques, y tenéis una casa de huéspedes.

He notado también que de los edificios monumentales, los antiguos son: una iglesia, un convento, una casa comunal o una lúgubre prisión, donde se conservan piadosamente viejos instrumentos de tortura; y los modernos son: un banco, una cárcel modelo, un cuartel o un tribunal de justicia. La lucha sigue; pero el centro de gravedad de la especie humana se ha bajado desde la cabeza hasta el vientre. Por todas partes se nota que los pueblos estiman a sus hombres, no por lo que han sido, sino por lo que han representado; de donde resulta que las estatuas de hombres contemporáneos representan héroes de la organización y de la fuerza, mientras que las estatuas de hombres antiguos representan héroes de la ciencia o del arte. Las ideas vienen antes que la fuerza; pero la fuerza se deja ver antes que las ideas. Para que un pueblo conozca lo que un organizador o un guerrero han representado, no se necesita que transcurra mucho tiempo; y para que aprecie lo que representaron los hombres de ideas, han de pasar varios siglos. Existe, pues, una perspectiva para la ejecución técnica de las obras de arte, y otra perspectiva para su composición; y esta última no está en los libros ni en la percepción, sino que es obra del tiempo, en el cual la fuerza va hundiéndose y la idea levantándose”.

(Ángel Ganivet, “Granada la Bella”, 1896, Capítulo XI)

Tal vez este fragmento nos tendría que devolver algo de cordura para desterrar los delirios de nuevo rico que nos han hundido y compatibilizar pasado y vanguardia sin las estridencias del que necesita un minuto angustiado de gloria .

Alberto Granados

El poderoso influjo de la luna

La Luna, nuestro satélite, nos ha deslumbrado siempre, tal vez desde el mismo origen de la humanidad. Siempre me he imaginado el estupor de aquellos homínidos, rodeados de los rigores de la intemperie y del consiguiente miedo, observando el inagotable espectáculo del firmamento, cuajado de estrellas y siempre presidido por la luna, un astro caprichoso que se muestra cada día de un tamaño y una forma diferentes. Tal vez, ese halo de inabarcable misterio le confiriera a nuestra Selene un carácter mágico que, de forma científica o por simple credulidad, parece atribuirle un poderoso influjo sobre las mareas, los partos, las cosechas, la vendimia, los presagios y augurios, la fertilidad y mil fenómenos más, tradicionalmente vinculados a las fases del astro.

En cualquier caso, nuestra acostumbrada vecina nunca nos deja indiferentes y ha sido objeto de atención por parte de pintores y grabadores, músicos (Debussy, Beethoven, Chopin, Bellini… escribieron multitud de “claros de luna” o de “nocturnos”; Bellini incluyó en su ópera Norma la que quizás sea la más perfecta aria de la historia de la ópera, “Casta diva”, en que la protagonista se encomienda al astro), poetas, etc.

Veamos algunas muestras del poderoso influjo de la luna en el arte.

L Monteut, El amante de la luna,  1886. Imagen de grabadoantiguo.com

Langrenus,  “Plenilunii Lumina Austriaca Philippica”,  (1645). Imagen del blog mizar.blogalia.com

No puedo dejar de recordar aquella madrugada del 16 de julio de 1969, en que convencí a mi madre de que lo del luto por mi padre era una estupidez, y que no pasaba nada por volver a conectar el televisor para ver al hombre pisar la Luna, un hecho histórico. Mi madre accedió y, de hecho, ambos estuvimos aquella pegajosa madrugada viendo a Armstrong pisar el suelo lunar por primera vez. También fue el pistoletazo para que mi madre dejara atrás el viejo prejuicio y volviera a entretenerse con la televisión, tras unos meses de absurda observancia de las viejas costumbres que imponía el luto).

Portada del New York Times: El hombre camina sobre la Luna

Buen domingo, y que el poderoso influjo de la luna os sea propicio.

Alberto Granados

Mutilación

Una de las principales arterias de Granada, nuestra Avenida de la Constitución (antes, de Calvo Sotelo), sufrió hace cinco años una brutal agresión, debida a esa estética de lo dinamitable, que es la que profesa nuestro regidor: pasó de un bulevar lleno de plátanos, con tres carriles, a un paseo de cemento debajo del cual existe un aparcamiento. Se le llamó maliciosamente Avenida de la Insolación, ya que para tan injustificable intervención fue necesario cortar los árboles.

Avenida de la Constitución, antes de Calvo Sotelo, aún llena de árboles

La Avenida de la Constitución, vista desde el Mirador de la Lona: mucha bandera y pocos árboles

Constitución y su aspecto cementero, desde el ángulo opuesto, cercano a la Caleta

 

 

Algún tiempo después, para la semana santa de hace dos años, la desangelada avenida se llenó de estatuas “regaladas” por las empresas que habitualmente se encargan de las obras de nuestro ayuntamiento (medida esta que me ha parecido siempre casi delictiva: ¿cómo un ayuntamiento acepta regalos de unas empresas que después van a concurrir con otras a las licitaciones de obras municipales?). Entre dichas estatuas estaba, como no, la de Federico García Lorca, que en las últimas horas ha aparecido con un pie cortado.

¿Se trata de una simple casualidad? Entre la propia avenida y el cercano Triunfo, se acumulan casi quince estatuas. Me choca que la perjudicada sea, precisamente, la de García Lorca y además en la fecha en que se inicia el juicio contra el juez Garzón por intentar procesar al franquismo.

A Lorca se le mató una vez, pero no parece suficiente: hay quien quisiera verlo olvidado, en vez de convertido en indiscutible figura histórica y literaria, en prueba acusatoria de un estilo diferente de hacer aquella política de los puños y las pistolas.

Todo puede ser una simple causalidad, pues el incivismo no se para en miramientos. También puede ser un síntoma de paranoia mía, pero también puede ser la huella palpable de todo está atado y bien atado en esta eterna transición, en un momento en que ciertas fuerzas se ven fuertes, exultantes de triunfo y sabedoras de que tienen el futuro en sus manos. Miedo me da: pueden mutilarnos muchas cosas.

Alberto Granados

Justicia, por favor

Cuando yo vivía en Jaén, por los setenta, se contaba la historia de un marqués que, en ejercicio de su carrera de abogado, defendió a un pobre hombre acusado de pequeños hurtos en el campo para darle de comer a su familia. El extravagante marqués afirmó en la defensa que en España no existía la justicia, con lo que se adelantó setenta años a Pedro Pacheco, que soltó aquella famosa frase de “En España la justicia es un cachondeo”.

 

 

 

Alegoría de la Justica, Imagen tomada de todocoleccion.net

 

 

Ni Pacheco ni el decadente marqués eran pioneros en la crítica al sistema de justicia: Aristófanes, la cuentística medieval, el Arcipreste de Hita, Quevedo, Cervantes, Shakespeare, Feijóo, Dostoyevski, Larra, Victor Hugo, Wewnceslao Fernández Florez, Kafka… son sólo algunos de los autores que ha abordado directamente el tema de los jueces, su ineficacia, su venalidad, su ignorancoia o su incompetencia.

Tal vez, el inconsciente colectivo vea en la autoridad judicial, en los arcanos mecanismos de la justicia, una mera acechanza siempre contra los más débiles, cuando no un sesgado uso de las leyes, escritas siempre desde el lado de los poderosos. Algunos jueces también han contribuido a acentuar ese descrédito de la justicia: el juez que argumentó que dar más de ochenta puñaladas a su esposa no era ensañamiento; el juez que llamaba “maricones” y “putas” a los encausados o testigos; los que han mirado para otro lado en casos evidentes de corrupción política… han herido de muerte la fe en la justicia ante el pueblo que con  sus impuestos les paga el sueldo. Son jueces que se han dejado politizar y que han aumentado la distancia de la sociedad que espera de ellos, sencillamente, lo justo.

Dos casos judiciales son objeto de lamentable actualidad: la sentencia del caso de Marta del Castillo y el inminente juicio contra el juez Garzón.

En el primero, un profano en temas jurídicos, como lo soy yo, se queda con la sensación de que una serie de garantías procesales, nacidas siempre con la buena intención de evitar arbitrariedades, sólo sirven para dejar sin garantía alguna las evidencias. Se condena al principal responsable de la salvaje muerte de la chica, pero se deja libres a los tres cómplices, que han estado incurriendo en continuas contradicciones, lo que equivale a tomarnos el pelo a toda la sociedad, a crear una auténtica y nociva falta de confianza en la justica, la sensación de desamparo ante el delito y un ingente gasto en seguir las pistas falsas que estos cuatro angelitos han ido soltando aquí y allá, como el que está de bromas en una noche de juerga… sólo que con una chica violada, asesinada y desaparecida. Mal asunto.

Esta sentencia y otras, me dan la sensación de que un abogado defensor hábil y liante puede convertir la mentira en sentencia, la justica en burla, el sistema judicial en triste pantomima. Se presta a que todo lo que la civilización ha hecho por adormecer los instintos más rastreros del ser humano quede sin vigencia y surja el impulso emocional, destructivo en este caso, y alguien se tome la justicia por su mano.

 

 

Baltasar Garzón. Imagen de diariojuridico.com

 

 

El segundo caso, el del juez Garzón parece más sacado de algún relato kafkiano, repleto de metafísicos agobios: un juez se sienta en el banquillo por pretender juzgar ese franquismo que, ingenuo de mí, ya creía extinguido, al menos en las instituciones. Una de las ramas de una institución tan solvente como Falange y un sindicato acusan al juez por pasarse de atribuciones y Garzón vuelve a los juzgados, sólo que esta vez lo hace como imputado.

¿Qué está pasando con la justicia en España? ¿Se ha perdido definitivamente el norte? Si los amigos de Carcaño se van a estar paseando libres y el juez Garzón va a terminar con una condena, es, sencilla y definitivamente, que nos hemos convertido en uno de los países más miserables de la historia contemporánea y alguien tendrá que remediarlo. Me queda una última duda: ¿dónde están los indignados? Lo pregunto porque no los veo desde los tiempos de Zapatero y eso me extraña, dado el cariz de los acontecimientos, pues deberían estar tomándoles el relevo a Pacheco y a mi desolado marqués.

Alberto Granados

Cuaversos de bitácora: “Año nuevo”, de Rubén Darío

Vuelvo a los cuaversos tras las vacaciones con un poema de Rubén Darío, lleno de alegorías, constelaciones y referencias astronómicas.

 

 

La constelación Cruz del Sur. Imagen tomadad del blog de bologspot lofredocolombia

 

 

AÑO NUEVO

 

 

A las doce de la noche, por las puertas de la gloria

al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,

sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,

San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,

de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;

y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para

Salomón.

Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina,

y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;

y colgada sobre el pecho resplandece la divina

Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco

donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?

Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco

del Arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno

el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;

le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno

y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;

doce aljabas cada año para él trae el rey Enero;

en la sombra se destaca la figura vencedora

del Arquero.

Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo

misterioso y fugitivo de las almas que se van,

y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo

con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes,

del celeste Vaticano se detiene en los umbrales

mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes

inmortales.

Reza el santo y pontifica y al mirar que viene el barco

donde en triunfo llega Enero,

ante Dios bendice al mundo y su brazo abarca el arco

y el Arquero.

 

 

Un zodíaco medieval. Imagen tomada de arssecreta.com

No creo que Dios bendiga al mundo (lleva milenios sin hacerlo), pero os deseo que 2012 vaya dejando atrás paro, crisis, violencia, mercados injustos y todas esas cosas que no nos gustan.

Alberto Granados

IMÁGENES DE GRANADA. 13: Parque de las Ciencias

Desde que inicié esta serie de imágenes granadinas, siempre he optado por traeros fotografías de la Granada monumental, esa que entusiasma por igual a turistas y a locales, que aparece siempre en las guías turísticas y que ofrece miles de fotos en Google Earth. Pero hoy cambio de registro y os traigo una parte muy importante de la Granada moderna, volcada hacia el futuro y marcada por una sorprendente actualidad: nuestro Parque de las Ciencias, uno de esos museos en que se debe tocar, palpar, cacharrear y revolver, pues se trata de un museo interactivo donde el visitante tiene que participar activamente e interiorizar los varios experimentos que acercan al público a los misterios cotidianos de la física o la biología.

La entrada antigua: el planetario y la torre a 37 metros.

Un molino eólico en los jardines. Al fondo, la torre.

La panorámica desde la torre es excepcional.

El péndulo de Foucault.

Un agujero negro al alcance de cualquiera.

 

Un divertido robot nos hacía sonreír.

 Una vista general desde la torre.

Vista desde el Restaurante Giratorio. La silueta del techo grisáceo es la misma que presenta Sierra Nevada desde la ciudad.

Mi idilio con este museo empezó hace muchos años, cuando tras su inauguración (1995), empecé a llevar grupos de alumnos. Desde entonces, lo he visitado un buen número de veces, he participado en sesiones sólo para docentes y he ido asistiendo a la ampliación de sus instalaciones.

Hay muchas familias que pasan el sábado o el domingo en el museo: van con los niños, visitan alguna de las áreas, descansan tomando su picnic en los jardines y vuelven después a otras áreas o visitan alguna de las exposiciones temporales. Algunos críos entran directamente como quien va a casa de unos titos o abuelos y nada más cruzar el umbral, empiezan a hacer funcionar los artefactos como si llevaran media vida en las salas del museo. Yo, que lo siento un poco mío, os lo traigo aquí.

Varias vistas de la exposición sobre Escher

Desde hace diez meses, una de las exposiciones temporales está dedicada a Maurits Cornelis Escher, que se completa con las piezas de este dibujante  que se exponen en la Alhambra. Ayer la visité pensando que era el último día (una de las amabilísimas azafatas del museo me dijo que la exposición se prolongaba hasta la primavera, extremo este que no he visto confirmado por ninguna parte). La preparación de la sala, a base de espejos, ayudaba a distorsionar el espacio. La única pega, tal vez, el sistema de iluminación, bastante difuso para los que vamos teniendo la vista un poco torpe.

Podéis darle un detalladísimo vistazo a la exposición usando este enlace.

Que la disfrutéis.

Alberto Granados

e-lectura

Ayer terminé mi primera lectura electrónica: la novela de Elvira Lindo “Lo que me queda por vivir” (Seix Barral, 2010), también el primer libro electrónico que he comprado a Amazon a través de mi cuenta Kindle. Quiero compartir con vosotros la extraña percepción de estos artefactos, tan distintos a mis usos lectores de tantísimos años.

Empezaré por deciros que, aunque estoy abierto a estas modernidades, no soy un maníaco de la cacharrería electrónica, de la que hace ya algún tiempo empecé a perder el norte, pues no controlo los tablets, ni los ipods, ni las pads, ni mil cachivaches más. Digamos que me quedé en la primera generación y que no tenía problema con esa situación.

 

 

 

El Inicio de mi Kindle, con parte del contenido que he ido incluyendo

 

 

 

En cambio, sí que lo tenía con la vista, pues la letra de pequeño tamaño me producía picores, lagrimeo y somnolencia, lo que hacía que mi ritmo lector haya descendido notablemente (28 libros en 2011, frente a los cuarenta o cuarenta y cinco de hace unos años). También tenía serios problemas con mis articulaciones en los hombros, pues dada mi costumbre de leer en la cama, terminaba con verdaderos dolores articulatorios cuando el libro tenía un volumen y un peso considerables.

Esos factores, la oferta navideña y el considerar que el futuro pasa inexorablemente por los libros electrónicos me decidieron y hace unas semanas encargué (de parte de la trampa navideña y en estrechísima colaboración con mi cuenta corriente) el cacharrito tan anunciado esta navidad, que me llegó unos días antes de las fiestas.

 

 

 

Una de las panatallas de la novela de Elvira Lindo (la barra indica que está en el 72% del texto, así como la extensión relativa de los sucesivos capítulos)

Unos días después, cuando ya estaba familiarizándome con el funcionamiento del artilugio, compré el libro de Elvira Lindo y me descargué otros libros de  autores clásicos (Quevedo, Góngora, Calderón, Lope…) de los del Instituto Cervantes, que se descargan gratuitamente en segundos. Confieso que llevo años recogiendo y coleccionando textos literarios (eso sí, como documentos de Word o, todo lo más, en pdf). Ahora estoy llenando mi lector de esos mismos textos, con lo que los tendré en las baldas de mi estantería, en mi ordenador y en el Kindle.

Mi sensación al leer en este aparatito es bastante contradictoria. Para empezar, diré que soy de los que voy a la librería casi a diario, a hojear novedades, a charlar con los libreros, a intentar abarcar ese fenómeno editorial que, en mi opinión, está más que crecido: casi 80.000 títulos al año, tal vez sea una cifra que roza el “todo vale” (si hasta yo he sentido veleidades editoras). Cambiar de ese trato familiar con Bernardino y Ginés, mis libreros de Nueva Gala, a la formalidad distante de una operación hecha por internet ya es un serio cambio que me deja frío. Muy frío.

Como también me resulta enormemente frío el contacto con la maquinita y con “el libro”, que no se abre ni cierra, ni se hojea con ese ruido como de abanico de las páginas al pasar, ni huele a tinta… Por el contrario, resulta comodísimo adaptar el tamaño de la fuente a las necesidades de tu vista, el abrir en la siguiente sesión lectora por el mismo punto en que te quedaste en la sesión anterior, el seleccionar fragmentos que quedan registrados en una especie de personalísima antología de recortes.

La maquinita tiene otras funciones que aún tengo que ir descubriendo. Los libros electrónicos no tienen páginas (en realidad la teórica paginación depende del tamaño que el usuario seleccione) y sólo hace unos días he descubierto que  hay una barra de avance que te da el porcentaje leído: de página a porcentaje se me hace un cambio muy brusco al que tendré que acostumbrarme.

 

 

 

El soneto  de Quevedo “Amor constante más allá de la muerte” ya no es lo que era

Y leer poesía me cuesta mucho trabajo: ¿cómo leer un soneto de Quevedo si se pierde la visión gráfica de un soneto, ya grabada a fuego en mi percepción: dos cuartetos y dos tercetos separados por línea en blanco? Ahora sigue siendo el soneto de Quevedo (Cerrar podrá mis ojos la postrera / sombra que me llevare el blanco día…), pero con una apariencia totalmente distinta a lo que toda mi vida ha sido un soneto.

 

 

 

El Roto en El País (20/03/2010)

 

 

En general, me resulta extrañísimo sustituir una profunda afición por una cuestión de fría tecnología, literatura por programas y formatos, ingenio por bites, pero no se puede dar la espalda al progreso, así que he llegado a un acuerdo conmigo mismo: seguiré comprando libros de papel (me gusta ver que las estanterías de mi casa van llenándose desde la última mudanza, que empieza a dejarse sentir el fantasma de la falta de espacio o de baldas), pero compraré en formato digital algún libro, sobre todo, las obras voluminosas (esas que me dejan los brazos machacados) y trataré de acostumbrarme a ese futuro que ya se está haciendo antiguo en otras latitudes.

Alberto Granados

El permanente debate de la Toma de Granada

Todos los años, el Día de la Toma repite entre los granadinos la constatación de esas dos Españas machadianas y genera el debate entre los partidarios de mantener la tradicional celebración y los que proponemos cambiarla por otra más acorde con los tiempos.

La Toma de Granada celebra la rendición de Boabdil ante los Reyes Católicos con la entrega de las llaves de la ciudad y de los palacios de la Alhambra. Con esa rendición, el 2 de enero de 1942, Boabdil el Chico salió de Granada para dirigirse a su exilio en Fez. La leyenda cuenta que, acompañado de su madre, al llegar al último repecho de la ruta, justamente antes de iniciar el descenso hacia la costa, el depuesto rey volvió su ojos a la ciudad para verla por última vez y dejó escapar unas lágrimas. La madre le dijo entonces la legendaria frase: “Llora como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre” y el lugar quedó para siempre como puerto “del suspiro del Moro”.

Leyendas aparte, la Toma de Granada supone el fin de ocho siglos de presencia musulmana en España, a la vez que la unificación de la nación, ya que Granada era el último reino que quedaba por incorporar a la naciente España, considerada ya con el nuevo sentido moderno de la historia, que convirtió los mosaicos de señoríos feudales en estados propiamente dichos.

La rendición de Granada, de Francisco de Pradilla (1882)

Desde esa fecha, Granada celebra el acontecimiento con todo un ritual que mezcla religión, presencia militar, sentido fuertemente nacionalista y todo un conglomerado de fuerzas ideológicas que generan abierta polémica. Un destacamento militar acompaña a las autoridades en una procesión cívica que sale del ayuntamiento y se dirige a la cercana catedral, donde se oficia una misa solemne. Al regreso, un concejal sale al balcón central del ayuntamiento y tremola el pendón de Isabel y Fernando.

Y en la calle, al margen de esa liturgia, el debate. Hay quienes opinan que la Toma es una antigualla repleta de valores políticamente incorrectos (insultante maurofobia e islamofobia en una ciudad llena de musulmanes, cierto regusto por el culto a lo militar, mezcla de historia y milicia, presencia de lo religioso, presencia de la más reaccionaria extrema derecha…) y hay quienes opinan que es una tradición que conviene preservar e incluso convertirla en seña de identidad. Hay quien propone sustituirla por una llamada Fiesta de la Concordia que soslaye el origen de la fiesta (el barrer una cultura asentada durante ocho siglos) y defienda unos valores de integración, concordia y brazos tendidos a otros planteamientos.

En unas horas, la Plaza del Carmen (ubicación de nuestro ayuntamiento) se llenará de militares, gente que lleva paraguas con la bandera de España, o viste gorras de falangista o de requeté, habrá saludos a la romana, pancartas llamando a la unidad nacional por parte de mil grupúsculos vestidos con camisas negras o atuendos similares, se repartirán octavillas de contenido fascista… Desde la cercana sede de Falange Española (donde inexplicablemente aún ondea la bandera preconstitucional) se oirán himnos falangistas a todo volumen, sin que nadie se moleste en ir a decirles que eso no se puede ni se debe hacer… Puede haber algún encontronazo entre defensores y detractores (ya los ha habido), por lo que la ciudad estará hoy llena de presencia policial. Habrá también gente que va sólo por lo que el día tiene de festivo y después se tomará unas cañas.

Yo no pienso ir. Creo que me iré de nuevo a dar mi paseo por el Albayzín o subiré a dar una vuelta a la Alhambra. Soy de los que piensa que la tradición no tiene por qué ser buena (ahí están valores tradicionales tales como la fiesta de los toros, la lapidación de mujeres, la ablación de clítoris… que nadie se atrevería a defender en Occidente). Yo tampoco puedo defender el hiriente sentido de esta fiesta caduca. Estoy a favor de lo integrador, de lo abierto, por lo que esta celebración no me resulta agradable. La polémica se repetirá el año que viene, y el siguiente, y el siguiente…

Alberto Granados

NOTA: El fotógrafo local Ferminius (Fermín Rodríguez Fajardo) tiene una magnífica galería de imágenes de esta celebración en su web. El enlace es:

http://www.ferminius.es/index.php?/reportajes/dia-de-la-toma-de-granada/

Los números de 2011

Un rato antes de las campanadas del nuevo año, WordPress me envió un correo con este análiais estadístico de mi blog durante 2011. Os lo adjunto, por siqueréis ver algunas curiosidades.

Por ejemplo, que mi lectora más participativa es Gloria (gracias). O que me leen en Argentina y Méjico, cosa de la que sólo tenía vaguísimos indicios.

 

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 100.000 veces en 2011. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 4 días para que toda esa gente la visitase.

Haz click para ver el reporte completo.

 

Con mis mejores deseos y mi agradecimiento por vuestra presencia,

 

AG

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