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Carulla y su Biblia en verso


 

 

        ¿Qué le otorga a una persona esa cualidad especial que llamamos grandeza? ¿Su conducta, su heroísmo, su capacidad de lucha, la altura de sus metas y motivaciones…? A veces aparecen grandezas pequeñísimas, de una modestia casi doméstica, que no restan a un personaje una dimensión enorme, aunque muchos no entendamos la futilidad de los motivos de su lucha. Es el caso de José María Carulla, personaje vinculado a Granada, ahora recuperado a través del libro La Biblia en verso. Tras los pasos de José María Carulla (Granada, Editorial AVM, 2015), que firman José Antonio Mesa  y José Luis Garzón.

 

 

Los autores. Imagen por cortesía de Antonio Arenas

Los autores. Imagen por cortesía de Antonio Arenas

 

 

 

        Aunque José María Carulla cuenta con una placa en el callejero local, es muy posible que la mayoría de los granadinos sólo sean capaces de deducir que se trata de un periodista, simplemente porque la calle está situada en un barrio  reciente dedicado a los heroicos plumillas del pasado. El personaje raramente es noticia o referencia en la prensa local, a la que dedicó una parte de su vida. Este tipo de olvido es muy sintomático, muy acorde con la especialísima forma de ser del granaíno medio. Que Carulla existiera y se dedicara al periodismo en Granada y en Madrid; que publicara una copiosa producción literaria, ya como autor, ya como traductor;  que visitara al Papa muchas veces en unos tiempos en que eso era algo inusual; que estrenara obras de teatro; que mantuviera una ingente correspondencia con lo más granado de la intelectualidad de su tiempo… no parece preocupar (mucho menos, admirar) a nuestros conciudadanos, que ahora tienen la oportunidad de enfrentarse a este clarificador libro, a caballo entre la biografía, la antología de textos y la documentación sobre el personaje.

        José María Carulla y Estrada (Igualada, 1839-Granada, 1919) fue un abogado, periodista y escritor que recaló en Granada porque su hermano obtuvo en 1875 la distinción de canónigo de nuestra catedral. Los últimos años del periodista transcurrieron en nuestra ciudad. De firmes convicciones católicas, desarrolló su labor periodística en medios relacionados con la jerarquía eclesiástica, tarea en la que puso tal empeño que sus artículos le valieron abiertas burlas en la prensa liberal, especialmente cuando decidió alistarse en el cuerpo de zuavos papales para frenar la ofensa  que Garibaldi infligió al papado al anexionarse los estados pontificios, siempre según su ultracatólica visión de los acontecimientos.

 

 

 

Carulla en su domicilio madrileño (Revista Nuevo Mundo)

 

 

 

       La sátira demoledora se cebó siempre en este esperpéntico personaje, especialmente cuando decidió poner la Biblia en verso. Entre sus excentricidades y su producción poética, se convirtió en un personaje quijotesco, en un blanco para las burlas crueles, en un verdadero arquetipo de la astracanada. Los dos primeros capítulos del libro reseñado se ocupan de la persona (los datos biográficos documentados y objetivos) y del personaje (sus actuaciones públicas y el rastro que sus ocurrencias dejaron en la prensa de la época). Para que Carulla quede mejor retratado, entresaco del capítulo sexto (Memoria de Carulla) una apreciación del periodista Pedro Gómez Aparicio, que inicia la semblanza del versificador de la Biblia en estos términos:

       “Era don José María Carulla un tipo extraordinario en el que extrañamente se mezclaban la religiosidad, el iluminismo, la inspiración, la audacia, el quijotismo y la absoluta falta de sentido del ridículo y de la realidad.” (en “Historia del periodismo español”, Editora Nacional, Madrid, 1967).

        El tercer capítulo (La Obra) es un exhaustivo catálogo de la ingente obra escrita por el biografiado. La enumeración de obras publicadas en prosa alcanza el asombroso número ciento treinta y siete títulos, perfectamente fichados por los autores. Al relacionar la obra en verso, aparecen 25 referencias bibliográficas, entre ellas su obra más ambiciosa, La Biblia en verso. A esta titánica producción literaria hay que añadirle el material no publicado, igualmente copioso y catalogado en el libro.

       Indudablemente, una cosa es la cantidad y otra la calidad. Don José María parece que estuvo más pendiente de lo gigantesco de su producción que del acabado de sus obras, en ocasiones llenas de ripios y carentes de estilo y revisión. Parece que su nivel de exigencia iba más por los derroteros de la demasía que de la excelencia. Cada cual es dueño (también, responsable) de su obra.

       El capítulo más curioso del libro objeto de esta reseña es, sin duda el cuarto: La Biblia en verso. Se ocupa, es evidente, de la producción más arriesgada del autor. Según su propio cómputo, dedicó casi 270.000 versos en su libérrima versión de los distintos libros bíblicos. El resultado fue muy limitado, sin embargo. Basten, como botón de muestra, los versos iniciales de su versión del Génesis:

 

En principio esto era el caos

No había ni aún empleaos.

 

Y Dios sacó de la nada

La tierra confeccionada.

 

Formó la luna y el sol

En territorio español…

                Creo que es suficiente para llegar a la médula misma del personaje. Envió versiones de sus obras a los distintos pontífices de su época (Pío IX, León XIII y Pío X) con jabonosas dedicatorias. ¿Cómo reaccionarían? Por lo pronto, Pío IX lo hizo desistir de alistarse como zuavo y él así lo hizo “por complacer a su santidad”, aunque más bien podemos imaginar que el Papa se quitó de en medio ese problema complementario que era el apasionado católico. Los distintos envíos de sus obras trascendentes fueron contestados por los nuncios correspondientes en un lenguaje formal y compasivo, a lo que él dio resonancias épicas.

        No obstante, tuvo la habilidad o la insistencia o la mano izquierda… (o todo eso a la vez) y consiguió vender su biblia rimada a la Abadía del Sacromonte en la cantidad de cuatrocientas pesetas, de las de 1917. Sería extraño, pero se sabía defender, evidentemente.

       También escribió teatro, que incluso consiguió estrenar en Madrid. Habría que añadir que casi inexplicablemente. Su obra La mujer rica, de exuberante argumento, le trajo muchos más problemas y frustraciones que satisfacción, pero Carulla era así, según se desprende de lo documentado en este estudio de su figura.

 

 

 

Portada, con el retrato de Carulla firmado por Gabriel Morcillo

Portada, con el retrato de Carulla firmado por Gabriel Morcillo

 

 

 

       Los autores dedican el sexto apartado del libro a rastrear la Memoria de Carulla. Destaca en este punto el retrato que el pintor local Gabriel Morcillo le hizo, nada inocente por cierto, ya que se han señalado repetidamente las semejanzas con el que Velázquez hizo de la figura del bufón Menipo.

       El libro termina con un impagable apéndice llamado Selección de textos, en que se recoge fragmentos de su obra, los ataques que recibió en la prensa, un amplísimo epistolario (mantuvo correspondencia con Menéndez Pelayo, el mencionado pintor Gabriel Morcillo, Galdós, el periodista local Luis Seco de Lucena, el Infante don Fernando de Borbón y Austria-Este…). Los últimos apartados de este apéndice se ocupan de las referencias bibliográficas y las fuentes periodísticas consultadas.

       Si el personaje es grotesco y atrabiliario, si provocó burlas constantes (cuando leía sus textos a cambio de unas monedas, era frecuente que los reventadores le hicieran probar la amargura de la “cólera del español sentado”, si bien él ya contaba con esta contingencia), si la prensa se ocupaba de su obra y su figura con textos cargados de ironía y crueldad, si quedó en un limbo permanentemente al margen de la realidad cotidiana, si vivió la vida que quiso sin sentido del ridículo… roza ese heroísmo de baja intensidad, ya que no resulta nada fácil conseguir proezas de esta naturaleza.

       Esa grandeza es, precisamente, la que nos descubre el libro de José Antonio Mesa y José Luis Garzón, todo un modelo de rigor y fidelidad documental. Los autores no se han propuesto hacer una biografía en sentido estricto. Mucho menos una hagiografía. Por el contrario, los datos manejados y, especialmente, el riquísimo anecdotario que sazona el libro, consiguen dibujar perfectamente al desconocido autor y lo hacen sin caer en la caricatura, que hubiera sido lo fácil. Carulla fue exactamente como aparece en este libro y la lupa con que sus autores lo han mirado en esta investigación no podía dar otra imagen edulcorada, cómplice o piadosa, ni justificar sus quimeras, ni ridiculizar al inocente periodista. Es el indiscutible mérito de esta obra: que el propio personaje, a través de los datos registrados y del anecdotario recogido, se hace la exacta justicia que se merece.

 

El libro, en la prensa local:

http://en-clase.ideal.es/noticias/actualidad/3003-josé-a-mesa-y-josé-l-garzón-realizan-una-exhaustiva-investigación-sobre-josé-maría-carulla-que-vendió-su-biblia-en-verso-a-la-abadía-del-sacromonte.html

 

 

Alberto Granados

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