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Charlie Hebdo y Cataluña

 

 

        Durante las últimas semanas he incluido tres entradas seguidas sobre Cataluña en este modesto blog. Tres entradas en que expresaba mi postura crítica hacia todo el proceso independentista, tan lleno de mentiras, victimismo y arbitrariedad. He recibido, tanto en comentarios públicos, como en correos privados, una alta dosis de descalificación por parte de viejos amigos catalanes: mi discurso es vergonzoso, soy un ignorante (y de paso, mis lectores lo son aún más por apoyar mis ideas), leo prensa no democrática, he dejado de ser demócrata, etc., etc.

        Pero anoche, un querido amigo, a través de whatsapp, me puso en la pista del último número del semanario satírico francés Charlie Hebdo, de tendencia ácrata, laica, desvergonzada, irreverente siempre y poco sospechoso de no ser demócrata: su lucha por la libertad sembró la redacción de muertos tras el atentado yihadista del día 7 de Enero de 2015.

        Este semanario, en su número aparecido el pasado martes, abre con una portada ciertamente ofensiva para Cataluña: “Los catalanes, más tontos que los corsos”. Discutible, por ser una aseveración que generaliza, además de resultar insultante.

        Pero en un editorial firmado por Riss, actual director de la publicación (“mientras me dejen vivo”, añade tras su fima), hace un magnífico análisis que suscribo plenamente y que quiero compartir con mis lectores.

Portada de Charlie Hebdo (11/10/2017)

        El texto, llamado La connerie ou la mort?! (¡¿La estupidez o la muerte?!), es el siguiente:

        «El referéndum organizado en Cataluña para su independencia hace temblar a Europa. Si todas las regiones europeas que tengan una lengua, una historia, una cultura originales empiezan a reclamar su independencia, el Viejo Continente se va a fragmentar como el casquete polar bajo los efectos del recalentamiento climático. Puesto que hay unas doscientas lenguas en Europa, ¿por qué no crear doscientos nuevos países? ¿Y por qué no proclamar tantas declaraciones de independencia como quesos y vinos hay en el continente?

        La independencia, sí, pero ¿respecto a qué? Es legítima la independencia cuando uno quiere liberarse de la tiranía o la opresión. ¿De qué destino trágico quieren hoy liberarse los catalanes? En 1977, al poco de morir Franco -éste había prohibido el uso del catalán después de su victoria en 1939-, la Generalitat de Cataluña fue restablecida, y luego la región se dotó de un parlamento y de un gobierno regionales. Pero hoy, cuando Franco ya no está, hay que buscarse otro tirano al que poder derribar. Será el Estado español y, por supuesto, la peor dictadura jamás conocida en el mundo: la Unión Europea con sede en Bruselas.”.

        Detrás de esa palabra esplendorosa, independencia, se ocultan preocupaciones a veces menos nobles. Como pasa con la Liga Norte en Italia, siempre la reclaman las regiones más ricas. Cataluña quiere la independencia porque ya no quiere soltar dinero a las otras regiones españolas menos ricas que ella. Es como si oyéramos de nuevo la voz de la innoble Margaret Thatcher: “I want my money back”. La lengua, la cultura, las tradiciones están muy bien para las postales, pero la pasta está mucho mejor. Las regiones pobres de Europa pocas veces bajan a la calle para obtener su independencia.

        Más allá de estas consideraciones mercantiles, es curioso oír algunas voces de la izquierda reclamar la independencia de una región como Cataluña en nombre de una identidad cultural, que, por cierto, nadie cuestiona. Y además, ¿por qué la identidad cultural reivindicada por los catalanes debería ser tomada en cuenta y no la identidad cristiana defendida por los xenófobos europeos? ¿Por qué las palabras “identidad” o “cultura” suenan bien cuando las pronuncia la izquierda, pero se convierten en infames cuando son la derecha y la extrema derecha las que las pronuncian? La independencia de Cataluña no tiene por objeto liberar a esta región de una tiranía que ya no existe, ni permitir a la economía ser próspera, puesto que ya lo es, y mucho menos obtener el derecho a hablar una lengua autorizada desde hace tiempo. La obsesión identitaria que se expande por Europa como la podredumbre de una fruta y afecta a la extrema derecha pero también a la izquierda. El nacionalismo de derechas y el de izquierdas tienen un punto en común: el nacionalismo.

        Cuando Cataluña haya roto las cadenas que la atan a la monarquía española y al Santo Imperio Europeo, ¿qué ocurrirá? Al son de los tambores y de los pífanos, los gallardos independentistas desfilarán por las calles de Barcelona como si fueran la Columna Durruti, las jovencitas lanzarán pétalos de rosa a los militantes que habrá desafiado con arrojo al Estado policial español, corales infantiles con niños de pelito rizado cantarán a la libertad recobrada y al euro derrotado, las abuelas desdentadas tejerán banderas con los colores de la nueva República, y los bisabuelos desempolvarán la boina que llevaban en el frente en 1936. Será muy bello, emotivo, magnífico. Y luego, al final de la tarde, todo el mundo volverá a su casa para plantarse delante de la tele y ver el concurso de turno o el partido del Barça en cuartos de final de la Copa. Cataluña bien se lo merece».

Captura de pantalla del editorial

        No sé qué dirán ni cómo me descalificarán en esta ocasión mis amigos catalanes, ahora distanciados de mí y de mi blog. Parece que no es solo cosa mía, que hay una amplia base que comparte mi punto de vista. Además, la situación ha cambiado sustancialmente: ya no hay tanta alegría por la abortada independencia, ni por la fuga de algunas importantes empresas a otros parajes donde sus inversiones estén seguras, ni por la rescisión de reservas turísticas, ni por la aplicación del 155. Tras el espejismo colectivo, se impone una dura realidad. Es como si hubiera llegado el inocente niño del entremés cervantino y hubiera descubierto para todos que el emperador va desnudo, que esos sueños inducidos se han roto para siempre. Tras la demencia colectiva (la connerie), espero que no llegue la asfixia (la mort).

Alberto Granados

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Vergüenza nacional

 

 

        No he pasado más vergüenza desde el intento fallido de Tejero, en que quedamos ante el mundo como el país que éramos entonces. Mi madre, que estaba en mi casa de Jaén por no recuerdo qué asunto médico, tenía lágrimas en los ojos y no hacía más que repetir: “¡Qué vergüenza, la Guardia Civil…!” y es que era hija de un Coronel del Instituto Armado. Aparte del peligro de involución de aquella intentona, yo sufría por su sufrimiento. Afortunadamente, la asonada fracasó y España entera reafirmó su compromiso con la democracia.

        Lo de hoy no llega en una democracia recién estrenada, sino en un sistema ya consolidado y con una Constitución que nos ha unido y permitido convivir pacíficamente, aunque se ha quedado obsoleta. Pero he sentido la misma vergüenza de entonces.

        Vergüenza por ver el empecinamiento de Puigdemont por sacar adelante una pantomima que nos deja ante nuestro entorno europeo y occidental como el país bananero que somos y seremos durante mucho tiempo. Todos sus argumentos me parecen inservibles. En realidad no hay más interés que el económico: zafarse de sus obligaciones solidarias recogidas en la Constitución (no aportar tanto al resto del Estado, en definitiva, y a las comunidades más pobres que lo sigan siendo en una falta de solidaridad que no me extraña). Y, por otro lado, evitar la acción de la justicia española: siendo un Estado unilateralmente separado, el clan Pujol y el resto de la panda de sinvergüenzas que se han estado llevando el 3% durante años quedarían inmunes. Además, para celebrar el “éxito” democrático de la nueva república, ya se sacarían una amnistía para dejar en agua de borrajas los procesos pendientes. Para ello han estado esparciendo consignas separatistas que han hecho el efecto pertinente y han convertido a la siempre inteligente Cataluña en una zona que ha dejado en suspenso su pensamiento crítico para acoger el discurso que hábilmente se les ha impuesto y que no resiste el menor análisis. Me planteo qué dirían los partidarios de la independencia, esos que han usado argumentos como “derecho a decidir”, “libertad” o “democracia, si dentro de unos años una zona de la nueva República Catalana decidiera independizarse para crear un mini-estado independiente o anexionarse a Aragón o Andorra. ¿Se volverían las tornas? ¿Cómo repararían las acusaciones que algunos nos hemos llevado por defender unas ideas en contra de todo este montaje?

Imagen de Carles Ribas en el País Hombre abatido en La Barceloneta

        Vergüenza por las cargas policiales, absolutamente desproporcionadas, que me han hecho recordar los tiempos oscuros del dictador. La ofensiva de Rajoy para parar el proceso ha sido un desastre. Se ha limitado, durante años, a esconderse en las leyes y en los jueces, como si el problema de Cataluña no le tocara resolverlo a él. Tal vez pensó que ante las amenazas judiciales y la presencia de las fuerzas armadas, la gente se frenaría. Se equivocó, una vez más, y, como el bombero que intenta apagar un incendio con gasolina, sus medidas han provocado el efecto contrario: ha aumentado el deseo independentista e incluso quienes no desean salirse de España han llegado a exigir un referéndum legal, algo que hubiera supuesto un largo período de negociación, pero los procesos pendientes por corrupción no podían esperar.

Imagen de Samuel Sánchez en El País: Desalojo y retirada de urnas del Instituto Jaime Balmes

        Vergüenza por la interpretación que ambos partidos han sacado a los medios: la Vicepresidenta Sáenz de Santamaría (su jefe ni ha concurrido ante la nación a estas horas), y el Presidente Puigdemont. Este se afana en demostrar que lleva razón, aunque sabe perfectamente que no, que no solo no lleva razón sino que ha recurrido a las más vergonzosas prácticas mafiosas: ha usado de escudos humanos a la población civil enfervorecida por su momento de gloria, ha laminado la legislación sobre consultas electorales al no disponer de censo serios, ni de colegios electorales normalizados, ni de medidas de seguridad, ni de cautelas en el uso de datos personales… ¿Se puede ser más marrullero? Está claro: no trata de llevar razón, sino de salirse con la suya, como un niño díscolo acostumbrado a que no se le niegue capricho alguno. Pero no es un niño, sino el presidente de una comunidad autónoma. Por su parte, la Vicepresidenta del Gobierno se ufana de que no se ha celebrado el referéndum, cosa que también es mentira, pues al menos una sustantiva parte de los catalanes que deseaban votar lo han hecho. Y es que estos políticos nos tratan como si fuéramos imbéciles o nos tragáramos las ruedas de molino que nos sueltan.

        Vergüenza por el nivel de división a que se nos ha llevado a toda la sociedad. Ya no es que haya partidarios y detractores de la independencia, ya es que entre estos últimos hay quienes desean simplemente que se cumplan las leyes y quienes aprovechan el desaguisado para reflotar la derecha más repugnante y sacar imágenes de Franco, cantar en las manifestaciones el Cara al Sol y otras lindezas que yo creía que ya eran cosas del pasado y que el problema catalán ha hecho reaparecer. Lo que nos faltaba.

Duelo a garrotazos (o las dos Españas), de Francisco de Goya

        Vergüenza porque Puigdemont y Rajoy aún no han presentado la dimisión: son los responsables directos del mayor descalabro que la democracia española ha sufrido hasta ahora.

       Vergüenza anticipada por las cabeceras de mañana en la prensa internacional, que van a hacer un retrato-robot en el que no vamos a salir muy favorecidos.

        Tan vergonzoso todo como el fallido golpe de Tejero. O más.

Alberto Granados

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https://albertogranados.wordpress.com/2017/09/18/choque-de-despropositos/

https://albertogranados.wordpress.com/2014/09/11/la-diada-mas-triste/

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Ante el referéndum catalán

         Soy consciente del hartazgo que produce el referéndum catalán del próximo día 1 de Octubre, un asunto desagradable, sin demasiadas salidas y tan envenenado que sea cual sea el resultado (se celebre o no y, si al final se lleva a cabo, salga que sí o que no) dejará descontento a la mayoría de los españoles. Por eso me permito añadir mi ascua a esta sardina atragantada y compartir con los lectores de este blog unas observaciones que sé que ni serán originales ni añadirán muchas ideas a las ya mil veces repetidas en tertulias, foros políticos, medios y a pie de calle.

         Más allá del sustrato independentista siempre latente, la idea del referéndum surge cuando los altos cargos de Convergencia se ven salpicados por el turbio asunto del tres por ciento. Hasta ese momento el sentido independentista estaba más que controlado. Es precisamente Artur Mas quien lanza el desafío y aparecen las movilizaciones jamás vistas antes de cada diada, el fallido 9N y, como secuela, el desafío soberanista en que estamos inmersos. Para engrasar esta maquiavélica maquinaria hace falta un culpable, un enemigo común, un pueblo opresor, que en este caso somos cada uno de nosotros. Se empieza a falsear la Historia en congresos de dudosa solvencia científica, se expone un turbio memorial de agravios (castigo a la lengua catalana en tiempos franquistas, el coste que implica a la población catalana la compensación interterritorial, desaparición de elementos e instituciones de la cultura catalana, etc.). Convenientemente caldeado el ambiente, cualquiera de nosotros pasa a ser un opresor de Cataluña, un enemigo representado en obras de teatro escolar. Yo, que ni me llamo Felipe V, ni Francisco Franco, no puedo aceptar semejante pantomima: no soy un enemigo natural de Cataluña, ni de su pueblo, ni de su hermosa lengua, ni de su cultura e instituciones, estas últimas, absorbidas por otras instituciones más operativas en el momento de la redacción de la Constitución y de sus dos Estatutos. Pero los nacionalismos tienen esos tics desde siempre y no importa que estas falacias se produzcan en la era de la aldea global.

         Y así, el fermento produce su efecto y, como una levadura infectada, exacerba el anhelo independentista y la defensa a ultranza del referéndum liberador de la dignidad catalana, frente al enemigo español.

         Para acabar de arreglar el peliagudo asunto, Rajoy, que no ha hecho el menor amago de solucionar el problema, empieza a ocupar Cataluña con las fuerzas de seguridad del Estado, recurre a los jueces y hace subir exponencialmente el número de catalanes que se sienten perseguidos. Mal arreglo.

         La confrontación llega a crear un ambiente irrespirable y la derecha cavernaria repite gestos que yo recordaba de los tiempos franquistas. He recibido cientos de whatsapps y mensajes en que se pide la intervención del Ejército, de la Legión, del mismísimo Franco… Lo que faltaba: un rebrote del fascismo más puro y duro. La confianza en la fuerza bruta por encima del diálogo. Y la izquierda buscando su sitio, sin encontrarlo, tal es el grado de polarización de la situación.

         Me preocupa, especialmente, que unos y otros repiten consignas fabricadas ad hoc, que permiten adivinar un altísimo grado de adoctrinamiento que pone un especial énfasis en el componente emocional, más que en el sentido racional y crítico. Mala elección para componer una línea argumental, un sistema de pensamiento. En este asunto, ambas partes parecen opinar con la víscera, más que con el cerebro.

 

 

 

 

        La línea argumental españolista recurre a la testosterona, a la fuerza, a los elementos que deberían quedar en los cuarteles y en las misiones humanitarias del extranjero, pero que jamás deberían tener el menor protagonismo en la dinámica política del país. Ya se sabe que hay generales dispuestos a ocupar Cataluña a cualquier precio.

        La línea independentista reparte sus esfuerzos en varios frentes:

        Desprestigiar a la prensa que no comulga con su causa, no importa el prestigio internacional de determinados medios, su grado de seguimiento, su capacidad de crear opinión. Basta con saber que no son proclives a la independencia para ser tachados de antidemocráticos. También les ocurre lo mismo a personajes como Joan Marsé, Serrat o los alcaldes contrarios al referéndum, señalados públicamente como nazis, renegados o vendidos. La caza de brujas ha comenzado.

        Atribuirse la legalidad y legitimidad, frente a la opuesta y jerárquicamente superior. Lo que dicen jueces, tribunales, analistas, etc. es ilegal o ilegítimo, pues la legitimidad está en manos de los que promueven el referéndum. Sin el menor sonrojo, ni resquicio de cuestionamiento. Basta con el remoquete, escasamente elaborado, de que un partido corrupto no puede, no está legitimado para frustrar las quimeras independentistas. ¡Y esto se imparte desde Convergencia, corrupto hasta su misma médula, al igual que el PP!

        Identificar el desacuerdo con el proceso con falta de democracia. Algún corresponsal catalán me ha descalificado frontalmente llegando a preguntarme si sigo siendo demócrata. O yo o el caos. Sin matices.

        El victimismo. Cualquier idea contra la independencia es un acto de persecución contra la pobre Cataluña, incomprendida, perseguida, oprimida… que, inequívocamente, tiene derecho a su referéndum, que, ese sí, es democrático.

 

 

 

 

       Y con estos mimbres, se fabrica un cesto que encierra la mayor cota de demagogia, de trampa y de enfrentamiento de la última historia de España. Buen logro.

        Pero vayamos al hecho en sí del referéndum del próximo día 1. Yo solo conozco la pregunta (si se desea que Cataluña se constituya en una República independiente), pero no conozco las condiciones: censo, apoderados de otras opciones, algo vagamente parecido a las garantías de una Junta Electoral, qué porcentaje de votos favorables se requiere para continuar con la “desconexión” (¿mayoría simple, dos tercios, unos cuantos coleguitas?. Un referéndum, plantado con esta falta de rigor, caso de celebrarse, no creo que tenga la menor credibilidad, aunque todos sabemos que eso es secundario, ya que el objetivo de la consulta no es saber cuántos votan sí y cuántos no, sino irse por las bravas, eso sí, todo revestido de los oropeles de una votación seria. Sin censo, ¿cuántas veces podrá votar la gente con solo ir de uno a otro colegio electoral? ¿No hay en las mesas electorales apoderados de los partidos contrarios al referéndum y a la independencia? ¿Qué va a pasar el domingo?

        Por lo pronto, la más feroz división social. Y la posible ruina económica, tanto de España como de la nueva Cataluña independiente. Todos vamos a pagar esta demencia que carece de proyecto, de líneas maestras de la nueva política, de la que nadie sabe nada. Y es que eso, el día a día político, se improvisará sobre la marcha, que aquí el único objetivo realmente importante es la desconexión. Lo demás parece importar poco: el espectáculo debe continuar.

        Lo más dramático de todo el asunto lo enunció Artur Mas hace un par de días: al margen de que se celebre el referéndum o no, o del eventual resultado, España ha perdido de facto a Cataluña. Y eso no tiene remedio.

Alberto Granados

 

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Choque de despropósitos

 

 

        El 11 de Septiembre de 2014 incluí en este blog una entrada, La diada más triste, en la que me ocupaba del proceso independentista catalán. Allí decía que estaba harto de que dicho tema ocupara las cabeceras de los telediarios y que me apenaba el deseo de una parte de la población catalana de desgajarse de España. Tuve un par de descalificaciones de amigos residentes en Cataluña, pero también tuve la esperanza de que el sentido común se impusiera y las aguas turbulentas del independentismo volvieran a su cauce (o al cauce que yo deseaba). No ha sido así, lamentablemente, y el proceso ha alcanzado unos niveles de confrontación que me hacen temer lo peor.

        Para empezar, nunca he creído en nacionalismos incrustados en la época nuestra, la de la aldea global. Me parecen un anacronismo que, invariablemente lleva aparejados dos elementos: la invención de un enemigo explotador (España, en este caso) y la aparición de una nueva clase dirigente, obviamente nacionalista, que se hace con el poder, con el nuevo poder de la causa hasta alcanzar la sublimidad heroica de la nueva nación. Si hay además algún mártir en el camino, alguien que entre heroicamente en el nuevo santoral nacionalista, mejor que mejor: la nueva nación entrará en la Historia con verdadero certificado de garantía. Y después, a seguir más o menos igual, pues la independencia no resuelve por sí misma los problemas económicos, sociales, culturales… de la gente. Creo que más bien los empeoraría.

       Repito que esperaba un regreso a la cordura, pero ni las instituciones catalanas ni el gobierno de Madrid han sabido encontrar un consenso y se acerca ese choque de trenes, tan cacareado por la prensa, que para mí solo es un choque de despropósitos.

El Sr. Rufián y su bufonada de la impresora (Imagen de El Periódico)

       En efecto, los presidentes Artur Mas primero, y después Puigdemont, se han ocupado con verdadero ahínco de amplificar la teórica ofensa de España y su gobierno. Tras las últimas elecciones, al necesitar el apoyo de la CUP para formar gobierno autonómico, la nueva Generalitat ha puesto un vertiginoso énfasis en exigir un referéndum ilegal y cuando los poderes estatales se han opuesto, han ampliado el victimismo que ellos mismos han provocado al saltarse la ley y con ello han llegado a un clima de división social pocas veces visto en la Historia. Este despropósito está trufado de anécdotas que, de no tratarse de algo tan serio, provocarían benévolas sonrisas. De esta forma, con una prepotencia llena de desfachatez, han hecho saltar por los aires una normalidad democrática que tanto nos costó conseguir a la muerte del dictador. A veces, las cosas que hacen y dicen parecen malos guiones de cine cómico (la impresora de Rufián en el Congreso, la retirada de las banderas españolas del Parlamento catalán, la llamada a la desobediencia civil, la propuesta de rodear a los alcaldes que no desean apoyar el referéndum, la repugnante utilización de la manifestación de duelo por el atentado de las Ramblas…). Se han saltado todas las barreras al desoír las múltiples advertencias de legalidad con la absurda pretensión de que la única legalidad que aceptan es la suya, esa que precisamente incumple unas cuantas leyes.

Puigdemont y Anna Gabriel (imagen de La República de ideas)

       Por su parte, la estrategia de Rajoy y su gobierno ha sido la de siempre: esperar que un problema se resuelva solo. Pero esta vez les ha salido (al PP y de paso, al resto de los españoles) el tiro por la culata, pues el asunto ha adquirido unas dimensiones difícilmente resolubles. Han sido años en que el Presidente del Gobierno no ha movido un solo músculo para atajar el incendio que se avecinaba. Recordemos que en su línea de torpeza absoluta, nombró un Ministro de Interior que se dedicó a espiar a los independentistas desde las propias instituciones del Estado. Rajoy tampoco ha estado ágil con el desmontaje de los aforamientos, que ahora le permitiría meter en cintura a media cúpula catalanista. Ni el PP ni su socio Ciudadanos se han apresurado. La razón es obvia: sería una situación que permitiría llevar ante los tribunales a una vergonzante cantidad de políticos populares de varias comunidades autónomas. De nuevo, el Sr. Rajoy ha soslayado la negociación y el diálogo, como si los catalanes, incluidos los independentistas, no se merecieran alguna muestra de reconocimiento a sus desvelos políticos, por disparatados que nos puedan parecer.

       Y con ambos despropósitos minando el estado se ha llegado a una división que no recuerdo haber vivido desde los tiempos de la transición. Pobres esos catalanes que no sienten ese odio visceral contra España. ¿Qué futuro les espera? ¿Extranjeros en su propia tierra? ¿Señalados en carteles como traidores a la causa?

Esteladas en la manifestación antiterrorista (Imagen de El Imparcial)

       Rajoy debería haber convocado a los presidentes Mas y Puigdemont hace años. Tal vez debería haber negociado un referéndum hace cuatro años, cuando surgió la virulencia del problema. Me refiero a un referéndum constitucional: convocado con todas las garantías por el gobierno de Madrid y llamando a votar a toda España. Habría dado la dimensión exacta del independentismo con solo extrapolar los datos obtenidos en Cataluña, que crecen exponencialmente a favor de la causa independentista. Pero Rajoy no supo o le pareció más cómodo desentenderse de ese sustrato que siempre ha existido en Cataluña por la independencia, por entonces limitado y ahora demasiado crecido (una encuesta de hoy en El Diario habla de un 60% a favor de la independencia).

       Los catalanes, cada vez más proclives a la independencia, están en riesgo múltiple. Rajoy parece que no sabe sino hacer el uso de la fuerza y de los jueces. Pero si hay represión, como reclama el sector más ultraconservador, si hay una intervención del ejército o se recurre a la supresión de los derechos autonómicos, en diez años toda Cataluña se sentirá víctima del enemigo español, deseará salirse de España y se saldrá por las bravas. Eso sí Rajoy, pese a su enorme cuota de culpa en este proceso, seguirá sin dimitir. El futuro no nos va a ofrecer demasiada tranquilidad.

Alberto Granados

 

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Los temporales de Agosto

 

 

        Ya llevo a cuestas una larga trayectoria de veraneante en Calahonda (desde 1991, exactamente) y cuento de antemano con los temporales que, más suaves o más violentos, surgen en los últimos días de Agosto, con esa rigurosa puntualidad con la que se dan las distintas fases de la luna o los plazos de un préstamo bancario. La segunda quincena de este mes, y hay que intuirlo y contar con ello, siempre nos trae unos extraños desajustes, unas situaciones climáticas casi contra natura y unas sensaciones que hablan de la fragilidad de las cosas de la vida.

 

 

 

El embarcadero, esta mañana

 

        El verano puede ser fresco o tórrido, pero los últimos días de Agosto adquieren un extraño tono otoñal, que invariablemente permite a los que toman las vacaciones en Septiembre decir siempre que han tenido los mejores días de mar, las mejores temperaturas y, lo que es peor para los ya retornados, los bares y chiringuitos sin bullas ni aglomeraciones. Siempre me he preguntado si este paréntesis otoñal tiene algo de castigo a la vagancia de casi dos meses, a la exaltación de los cuerpos, al hedonismo que se enseñorea durante Julio y Agosto, convirtiéndonos en alguien muy distinto de nuestra habitual forma de ser y de comportarnos.

        Los caleños lo enuncian con la percepción axiomática de los mayores (“Ya verás cuando lleguen los temporales…”, “Verá usted los temporales de Agosto…”). Y llegan, indefectiblemente. Los he oído llamar gota fría, ciclogénesis explosiva, DANA… porque el lenguaje cambia para designar las mismas cosas de siempre. Es la “pedrería verbal”, como la llama mi admirado Antonio Muñoz Molina. Pero al margen de la formulación lingüística, los temporales llegan con su poder de transgresión de la rutina veraniega.

 

 

Esas maravillosas nubes…

 

       Llegan y trastocan el hábito del veraneante, que durante unos días vuelve a vestir el pantalón largo y cambia las chanclas por el mocasín con calcetines, la camiseta por la camisa abotonada y hace que busques ese viejo paraguas desechado hace tiempo en Granada, pero que debería estar en algún altillo del apartamento, aunque en el momento preciso no logras encontrarlo. Los niños se vuelven irascibles, los adolescentes lánguidos y las parejas parecen perder momentáneamente esas ganas de amarse de los días normales del verano.

 

 

 

        La playa aparece desocupada, como cualquier día de invierno, el mar parece haber expulsado a las barcas de sus dominios, el oleaje adquiere un poder casi épico y la gente dedica las mañanas a deambular por el pueblo con un aire sonámbulo, como de niño fuera de sus rutinas. Son esos días que empleas en ir a Motril sin objetivo concreto alguno, o tomar un descafeinado en una terraza de la otra punta del pueblo por llenar unas horas robadas a la lógica interna del veraneo o dar un paseo por la desierta playa envuelto en un vendaval inmisericorde y a la vez reconfortante. Son esos días en que se percibe la inminente vuelta a las rutinas de la ciudad, del horario laboral, de la vida.

 

 

Temporal y cielo

 

       Hay mucha gente que se sube a Granada tan pronto como llegan los temporales. Desean volver a la casa abandonada hace casi dos meses, llenar el frigorífico “ahora que el súper está sin gente”, darse un nuevo paseo por Puerta Real (que ahora tendrá el saborcillo de la vuelta al seno materno), tomar una copa en una terraza casi desierta, pasar por Las Angustias… mientras los que permanecemos en la costa vivimos anticipadamente la inminencia del regreso.

 

 

Calles desiertas

 

 

        Siempre que llegan los temporales pienso en las parejas de adolescentes que se han conocido y enamorado al calor del veraneo, en las tiernas promesas en las que la palabra siempre adquiere un matiz tan tierno como imposible, en sus dolorosas separaciones, tal vez para siempre, en los niños pequeños, súbitamente desprovistos de su jornada de playa/piscina, tal vez su única referencia… Y pienso en ese estado de ánimo que me ha quedado cada año al llegar, junto a las nubes y las lluvias, la profética fatalidad de que lo bueno siempre acaba antes de lo que quisieras, por rutinario que haya podido llegar a ser.

Alberto Granados

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Guía de neologismos para no perderse en la lectura de la prensa. II: Tecnología

 

 

Tras la primera entrega de esta guía, en la que me ocupé de los anglicismos relativos a la vida social y a los actuales usos y costumbres, hoy me ocuparé de un ámbito léxico muy actual: la tecnología digital.

02 Tecnología digital

 

 

App: Forma corta de la palabra inglesa application, que puede significar “solicitud”, “uso de alguna herramienta o programa”, y en los últimos tiempos, “pequeños programas informáticos” desplegados por la industria para usarlos en distintos cachivaches electrónicos, especialmente en tabletas o teléfonos móviles.

El Diccionario de la RAE, en su edición del Tricentenario, se ocupa ya, en su cuarta acepción, de este significado, que define así:

“4. f. Inform. Programa preparado para una utilización específica, como el pago de nóminas, el tratamiento de textos, etc.”. Posiblemente la aplicación más popular en la actualidad, sea Whataspp, de la que me ocuparé al final de esta sección.

Big data: En inglés, big data significa “gran cantidad de datos”. Existen otras expresiones para designar el concepto: macrodatos, datos masivos, inteligencia de datos o datos a gran escala. El concepto, para la persona normal queda bastante desdibujado, pero nos cuadra mejor si se usa un ejemplo: los datos interconectados sobre fichas policiales de medio mundo que usan los servicios de policía, guardia civil, etc. para contrastar fotografías, huellas digitales, historiales delictivos… La acumulación de datos excede las capacidades de conectividad y almacenamiento normales entre los usuarios comunes. Se requieren, por tanto, nuevas formas de distribución de grandes caudales de información y ahí es donde encaja el big data, al que tienen acceso solo los autorizados de una empresa, los servicios policiales, etc. según la naturaleza del big data.

 

 

Logotipo de Bluettoth

Bluetooth: El término procede de blue (azul) y tooth (diente) que es la deformación del nombre de un rey danés-noruego que unificó a las tribus. Sus iniciales en runas han formado el logotipo de este sistema, que conecta dispositivos móviles con ordenadores convencionales o con otros dispositivos a través de radiofrecuencia. Supongo que tengo este “diente azul” en más de un cacharro (en el coche seguro, aunque no sé usarlo), pero jamás lo he usado, por lo que no puedo añadir nada más.

Hardware / software: Leí que la Academia propuso sustituir ambos anglicismos por “soporte físico / soporte analógico”, es decir: máquinas frente a programas. La práctica demuestra que ambos términos se conceptualizaron con sus voces inglesas y que va a ser muy difícil erradicarlos del cerebro que los ha asimilado desde el primer contacto con el mundo informático. Algo parecido ocurre con otros términos como blog (bitácora), on line (en línea), back up (copia de seguridad) y otros muchos anglicismos que han ganado la batalla frente a su equivalente castellano. ¿Quién dirá que tiene una bitácora o que lee el Ideal en línea? Tal vez tenga que aclarar seguidamente que se refiere a blog y on line, algo que va contra el principio de economía lingüística, que es sagrado para el hablante.

Tutorial: La palabra existía en castellano como adjetivo y se refería a la función de tutor (Ej.: Este profesor realiza una magnífica estrategia tutorial). Ahora se ha sustantivado y todo el mundo cuelga en YouTube sus tutoriales sobre cualquier disciplina. Mi libro electrónico ha tenido un problema y he intentado arreglarlo yo mismo viendo los tutoriales que existen (por cierto, sin ningún éxito). El nuevo sustantivo, ya aceptado por la RAE, es una simple guía de ayuda para realizar algo, un manual de ayuda en una materia.

Whatsapp: En inglés existe una expresión, “What’s up?”, que viene a significar “¿Qué tal? / ¿Qué hay / ¿Qué te cuentas?”. Es decir, una pregunta que denota interés general, sin demasiada profundidad, por alguien. Cuando surgió hace unos años la aplicación que hoy conocemos como whatasapp, se mezcló la primera parte de la popular frase interrogativa de la que se eliminó la preposición up, que fue sustituida por la forma corta de application, que fonéticamente están muy próximas y apareció este nuevo modo de comunicación intrascendente, rápida y económica que nos permite recibir y reenviar contenidos humorísticos, memes y chascarrillos en segundos.

Con autorización del autor, Carlos de la Fe, reproduzco su cuento Chip to chip (de nuevo, proximidad fonética entre el título y la célebre canción Cheek to cheek –Mejilla con mejilla- de Irving Berlin que Fred Astaire hizo tan popular en los años 30). Es un cuento perteneciente a su libro Maldito vicio (Carlos de la Fe, Maldito vicio, Granada, Editorial Nazarí, 2013) y se trata de una reflexión que un enamorado comparte con su pareja. Solo que…:

Portada de Maldito vicio

Chip to chip

YA SÉ QUE estoy en tu bookmark y que me tienes a buen recaudo y por orden alfabético, como debe ser (tú siempre tan metódica), en tu address book.

Fui entrando de a poquito en tu vida por la backdoor como un hacker que quisiera piratear tu Web Site, y entre los dos creamos este link que permanecerá para siempre en nuestro caché.

Cierto: pudiste hacer un update de tu firewall para conseguir un secure web site, pero, en verdad, nunca me consideraste spam.

Poco a poco fui añadiendo cookies para acostumbrar a tu browser y cuando tuve que registrarme en aquel curioso form ya tenía claro cuál era tu user name y me fue fácil imaginar la password para llegar a lo más profundo de tu database.

A partir de ahí era llegar a tu homepage, pulsar el download button y comenzar nuestro file transfer; elegir, como siempre, por si acaso, save as e ir almacenando datos en cualquier folder.

Cierto que tu anti-spyware junto con las costumbres sociales desconfiaban cuando me quedaba colgado en cada frame de tu template; entonces empleabas todas las herramientas de la toolbar (nadie conoce mis preferences mejor y sabes que soy autorun) para hacerme entrar en un loop sobre el mouse pad, acariciando cada punto estratégico de mi keyboard, susurrando mi nick, mientras íbamos de la inbox a la outbox, de back a forward sin ningún tipo de reproches ni FAQ’s, y me jurabas que jamás sería otro de tantos deleted items, un attachment más en tu guestbook.

Aún recuerdo cuando, la primera vez, me preguntaste si usaba un secure server (hay tanto public domain por ahí), si iba en plan wifi o conocía mis DNS, y te dije en un reply to all, que, a partir de nuestro primer chat había puesto el counter a cero, que me habías echo ping en lo más profundo de mi CPU, que es tanto como decir, como solía hacerse antiguamente, Te Amo.

Cosas del amor… y de los neologismos de importación.

Alberto Granados

 

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Gil Craviotto publica su “Semblanza de Julio Alfredo Egea”

 

 

       Durante la primavera de 2016, mi querido amigo Francisco Gil Craviotto recibió desde Almería una curiosa invitación: escribir en un par de meses una biografía sobre el poeta Julio Alfredo Egea, uno de los decanos de las letras granadinas (Egea, aunque almeriense de nacimiento, es miembro de la Academia de Buenas Letras de Granada desde 2008). El motivo: se acercaba el nonagésimo cumpleaños del poeta de Chirivel y la Editorial Letra Impar deseaba rendirle el reconocimiento oportuno.

       Gil Craviotto, ante la falta de tiempo para escribir una biografía rigurosa, se comprometió a enviar unos textos suyos, aparecidos durante varias décadas y en distintos medios, en los que se había ocupado del hombre y de su obra. Tuve ocasión de leer esos artículos (suele enviarme sus escritos, especialmente cuando van destinados a la imprenta, para que se los revise, de la misma forma que cuando tengo una duda sobre el funcionamiento narrativo de un relato yo suelo remitírselo para saber su docta opinión). Eso fue hace un año, cuando él estaba más ilusionado con el proyecto editorial. Lamentablemente, este no llegó a término en el momento oportuno y ha sido ahora cuando ha aparecido el libro (Francisco Gil Craviotto, Semblanza de Julio Alfredo Egea, Editorial Letra Impar, Almería, 2017), que se presentó en el Centro Artístico el pasado día 9, en una sesión repleta de anécdotas.

       El libro está formado, básicamente, por siete artículos, precedidos por una justificación de la obra y seguidos por una serie de opiniones críticas sobre la poesía de Egea, recogidas de la prensa, especialmente en la dedicada a la crítica literaria. El libro en sí va precedido de un hermoso poema, una escueta décima llena de profundidad, que Rafael Guillén le escribió (Apunte a lápiz del poeta Julio Alfredo Egea) y un prólogo de Antonio Enrique (El Hidalgo en su rincón: Julio Alfredo Egea), dos epílogos firmados por Antonio Chicharro (La poesía de Julio Alfredo Egea a estudio) y Jacinto Martín (Julio Alfredo Egea: humilis sapientia), así como numerosas fotografías del poeta a cargo de Blas Fuentes (portada), Rodrigo Valero (contraportada), Carlos Pérez Siquier, Juan Antonio Aguilera Mochón, Julio Egea (hijo del poeta) y Antonio Arenas, junto a otras fotos llenas de tiempo y nostalgia en que no aparece la autoría y que supongo que son de la colección del propio poeta. Un total de seis académicos y seis fotógrafos en un breve libro que, pese a su brevedad, contiene toda la fuerza y la verdad que conllevan la amistad, el compartir muchos afanes literarios y un conocimiento dilatado en el tiempo y lleno de complicidad. El protagonista, ese hombre al que se le atribuye la frase de que “de un modo u otro pienso vivir de la pluma”, porque tenía una explotación avícola, queda humanamente definido en su proximidad, su hospitalidad, su elemento más humano y personal. Siempre he dicho que Gil Craviotto, cuando emplea el bisturí para abrir el alma de un personaje, es eficacísimo y en este libro lo es más.

La mesa del acto. A la derecha, José Criado, el editor

 

       Los artículos de Gil Craviotto tratan desde la semblanza estricta (hay varios, pero sin duda, el más profundo y completo es el aparecido en su libro Nuevos retratos y semblanzas con la Alhambra al fondo (Ayuntamiento de Granada, Colección Granada Literaria, Granada, 2003), posiblemente la evocación más poética y sentida del personaje; otro se dedica a la crónica de un viaje a Chirivel para visitar al poeta, y , finalmente, otros de mayor enjundia crítica respecto a la poesía de Egea, especialmente el que habla de la aparición de Legados esenciales.

La velada literaria del 11 de Junio de 2014

Los mismos, tres años después

       La presentación del libro fue –ya lo he anunciado- rica en anécdotas. Cuando llegué, unos minutos antes de la hora prevista del comienzo del acto, vi en el gesto de Francisco Gil Craviotto y de Celia Correa, Presidenta del Centro Artístico, una sombra de preocupación: el coche que traía a Julio Alfredo, había tenido que dejarlo a cierta distancia por unas obras y el poeta andaba perdido. De hecho, el acto dio comienzo sin su presencia. Yo marqué su número para ir en su busca, pero estaba «apagado o fuera de cobertura». Antonio Arenas salió a buscarlo por las inmediaciones y volvió anunciando que estaba esperando el ascensor. Cuando por fin llegó, la sala le dedicó un aplauso intenso y él, como reponiéndose del choque, hizo una broma:

       —Desde ahora voy a llegar tarde a todos los sitios.

       Todos más tranquilos, el acto se desarrolló con normalidad. Rafael Guillén, presente en la sala, subió a la mesa para leer su poema introductorio, las intervenciones se sucedieron y Celia Correa recordó que una reunión muy similar había tenido lugar tres años antes. Una sesión poética compartida por Egea y Guillén, organizada por Gil Craviotto y presentada por la propia Presidenta. Allí se deseó a Guillén que obtuviera pronto el Premio García Lorca… y ese año lo consiguió. Esta vez, se lo deseaba a Egea. Si se lo dieran, casi habría que pensar en el poder de los conjuros de Celia.

Guillén leyendo su poema

       Al final, el poeta se veía cansado, confuso, tal vez agobiado por los que subimos hasta la mesa a que autor y poeta nos firmaran nuestro ejemplar. Se confundió y el mío se lo dedicó a “Pepe”.

Julio Alfredo Egea durante su intervención

       Durante ese momento de las firmas, charlé con Rafael Guillén, que me preguntó por la marcha de mi libro. Cuando le dije que casi cubro gastos, me hizo una observación llena de su humor socarrón:

       —El público es capaz de aguantar dos o tres noches a la intemperie para sacar una entrada y ver a un cantante dar saltos, contorsionarse y cantar letras insustanciales. ¿Cuándo has visto tú que la gente haga cola delante de una librería cuando aparece un libro, normalmente escrito con inteligencia, sensibilidad y muchas horas de esfuerzo?

       No pude responderle nada.

       Después del acto, vi relajarse a Egea ante una cerveza, junto a Guillén y Gil Craviotto, sus compañeros de armas. Una noche con amistad, libro y tres decanos de las letras locales. ¿Se puede pedir más?

Alberto Granados