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El rostro de san Juan (Fernando de Villena)

 

 

        En estos días he terminado la última novela de Fernando de Villena (El rostro de san Juan, Ed. Port Royal, Marzo de 2017), una novela extraña y apasionante a partes iguales. Villena, con una producción literaria ya abundante en poesía, novela, ensayo y artículos periodísticos, firma su novela más compleja, en que repite esquemas que ya le he leído en anteriores entregas, pero sabe darles una impronta totalmente novedosa. He ahí una contradicción que me fascina en esta novela: innovar al repetirse o repetirse con un sabor diferente y nuevo.

Portada de la novela

        Subtitulada Un cuadro perdido de Alonso Cano, aparece en esta novela un mecanismo narrativo que ya explotó en Mundos cruzados y que bebe directamente de una obra anterior (El escarabajo) de su admirado Manuel Mujica Lainez: un objeto sirve de hilo conductor a través de los siglos. Lo que en Mujica era un escarabajo egipcio y en Mundos cruzados un complicado reloj de la época del Emperador Carlos V, en esta novela es la extraña e inquietante fisonomía de un san Juan que forma parte de un retablo, junto a otras tres tablas con los demás evangelistas. El cuadro fascina e inquieta a las generaciones de descendientes de don Francisco de Garcerán desde los tiempos de Alonso Cano hasta la actualidad.

        Pero esta vez, Villena introduce varios elementos novedosos: para empezar, ensarta tres tramas distintas y, a la vez, complementarias. La primera se remonta a la biografía de Alonso Cano, al que sigue desde la Granada de sus comienzos artísticos, hasta la Sevilla de Velázquez o el Madrid del Conde-Duque de Olivares y Toledo. El la Corte, recibe el encargo del aristócrata de pintar los cuatro evangelistas para la capilla de su palacio de Fuentidueña. Para san Juan usa como modelo a un rufián asesino que matará a la propia esposa del pintor para robarle. Con ello, esta tabla inicia su influencia maléfica incluso antes del momento en que el aristócrata cuelga el retablo.

        La segunda trama nos ofrece el devenir de ese palacio (también Mujica Lainez escribió un texto en que el protagonismo recaía en una casa) y del cuadro, que nunca dejará indiferentes a los sucesivos herederos. Estos conforman un derroche de materia narrativa en la que cabe de todo, desde personajes ruines hasta héroes, de mujeres perversas hasta señoras abnegadas que sobrellevan su dolor disimulando su desgracia.

Villena en la presentación de su novela anterior. Feria del Libro de 2016

        La última fase se ocupa del desenlace, en nuestros mismo días, un desenlace en que se rastrea el influjo perverso del asesino que dio rostro al evangelista. Corrupción, traiciones, falta de valores éticos, robos y asesinatos, gente importante que acaba en la cárcel, adulterios y engaños… como un reflejo de una sociedad, la nuestra, enferma y desnortada que genera tramas reales muy parecidas en cada noticiario.

        Con tan dispares materiales, Villena construye una inteligente novela que cubre cuatrocientos años de nuestra Historia y deja al lector en un permanente suspense, pues resulta imposible saber hacia dónde se dirige la trama hasta que se llega a la última página. Y todo el copioso caudal novelístico está lleno de amenidad y de una prosa bellísima, que tal vez sea el mérito que más me ha calado. En efecto, hay pasajes, especialmente en la primera parte de esta obra, en que me he sentido orgulloso de ser hablante de un idioma tan bello como el que Fernando registra, un idioma que constituye nuestra heredad, en palabras de Dámaso Alonso y que destrozamos con nuestra ligereza y nuestra insensibilidad ante la grandeza de nuestro legado lingüístico.

        La enorme diversidad de personajes queda resuelta con verdadera maestría. En ese abigarrado conjunto caben la miseria ética junto a la grandeza, el sacrificio, la desesperación, la alegría, las pasiones tempestuosas… que deambulan por diversos escenarios, desde España hasta la América Latina (otro de los recursos que Fernando recupera). En todos los casos, los personajes y ámbitos espacio-temporales han quedado perfectamente definidos con insoslayable maestría.

        En síntesis, una novela original a la vez que reiterativa en ciertos aspectos, amena, interesante, eficaz desde el punto de vista narrativo… Una novela para tener en cuenta en la inmediata Feria del Libro. El autor firmará ejemplares esta misma tarde, a las 19,00 h., en la caseta de Librería Nueva Gala.

Alberto Granados

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70 menos uno

 

 

        Antonio Enrique es una de esas personas que reedita en cada encuentro el placer de la conversación inteligente, de la erudición sin aspavientos, del afecto, la ironía, el humor sabio y la amistad. Cada vez que tenemos ocasión de encontrarnos paso un rato muy agradable y siempre le envío un correo agradeciéndoselo: no abundan las personas carismáticas en esta sociedad cada día más zafia.

        Hace unas semanas, nos vimos, aunque no pude compartir con él una cerveza, ni charlar simplemente por tener aquí a mi familia. El motivo del encuentro: presentaba en el Centro Artístico una antología llamada 70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces (Málaga, El toro celeste, Julio de 2016) en la que él ha hecho la tarea de antólogo y coordinador de la edición.

 

 

 

01 Portada

 

        El libro está formado por 69 poemas de autores nacidos entre 1923 y 1973, es decir, un período de cincuenta años por el que han ido desfilando diferentes tendencias poéticas, desde la poesía de postguerra a las poesías “de la experiencia” y de “la diferencia”, ambas tendencias surgidas en Granada. Sería una antología más si no incluyera una particularidad: cada autor ha seleccionado su poema y explica la circunstancia en que surgió, la intrahistoria de su vivencia creativa, el espíritu de su creación.

 

 

02 Antólogo y editor

 

       La idea surgió durante el encuentro que mantuvieron el editor, Rafael Ballesteros, y el propio antólogo durante el verano de 2014. Lanzada la idea por Ballesteros, Antonio Enrique recogió el guante y ambos empezaron a madurar la idea. El prólogo lo explica magníficamente: «A los poetas fuera procedente lanzarles una sola pregunta: ¿Por cuál de todos tus poemas te gustaría ser recordado? Así, tan simple y escasamente académico como esto. Y otras dos, consecutivas: ¿Por qué lo has elegido?, una; y ¿cuáles fueron sus circunstancias?, la otra, esto es cómo y cuándo. El texto en su contexto, quiero decir».

 

 

 

03 Antonio Enrique

 

 

        Cuando la idea se fue afirmando, se les envió a los poetas la petición y la nómina de firmas que podrían aparecer en el libro. Se les hacía otra petición, ya en Octubre del mismo año: que señalaran las ausencias notables en la lista de poetas. En la nómina inicial de 74 invitados hubo varias inclusiones y autoexclusiones posteriores (los poetas son, a veces, complicados de entender), hasta llegar a la lista definitiva de sesenta y nueve firmas.

 

 

04 Enrique Morón

 

 

 

 

        La antología repasa la obra de cada autor en una ficha bibliográfica, después ofrece el poema seleccionado y, finalmente, la explicación emocional del mismo. De esta forma, el lector comprende el sentido más íntimo de poemas que así ofrecen su más profunda esencia: Una camisa negra, de Enrique Morón, tiene una lectura muy diferente cuando el lector sabe que quedó huérfano muy pronto y que su madre le obligó a un riguroso luto de los de entonces. Porque su desgarrado poema ofrece un aura de tristeza y desaliento antiguos, pero no explicita la realidad que aquel atormentado niño vivió. Otro ejemplo: Manuel Gahete ofrece su poema Ella, del que aclara su situación personal llena de pasión y la alegría de saber que iba a ser padre.

 

05 Arcadio Ortega

 

 

Estoy ahora en un afán muy concreto (publico y presento un libro) que me absorbe las horas, por lo que confieso que no he terminado el libro, pero sí que he entrevisto ya el contenido de bastantes autores. Prometo hacer una lectura pausada y reflexiva que sin duda se merecen los firmantes, el editor y el antólogo, pero la idea de esta antología me parece tan soberbia que no puedo aguantar hasta su lectura total para incluir su reseña en el blog e invitar a los lectores a disfrutar de tan original corpus poético. Especialmente, cuando la Feria del Libro está a la vuelta de la semana.

 

 

06 Carmelo Sánchez Muros

 

 

        Los poetas aparecen por riguroso orden cronológico de nacimiento, comenzando por Pablo García Baena y terminando por la más joven, que es Raquel Lanseros. Para orientar a los posibles interesados os he hecho una división por ámbitos geográficos (las ocho provincias andaluzas, Melilla y Tetuán):

Almería:

José Alfredo Egea (1926) y José Antonio Sáez (1957)

Cádiz:

Pilar Paz Pasamar (1933), Carlos Álvarez (1933), Manuel Ríos Ruiz (1934), Ángel García López (1935), Antonio Hernández (1943), Jenaro Talens (1946), Jesús Fernández Palacios (1947), Rosa Romojaro (1948), José Ramón Ripoll (1952), José Lupiáñez (1955), Juan José Téllez (1958), Felipe Benítez Reyes (1960) , Mauricio Gil Cano (1964), Josefa Parra (1965) y Raquel Lanseros (1973)

Córdoba:

Pablo García Baena (1923), José de Miguel (1923), Antonio Romero Márquez (1936), Carlos Clementson (1943), Juana Castro (1945), Ángeles Mora (1952), Antonio Rodríguez Jiménez (1956), Concha García (1956), Manuel Gahete (1957), Alejandro López Andrada (1957), José Antonio Santano (1957), Isabel Pérez Montalbán (1964), Vicente Luis Mora (1970), Pablo García Casado (1973) y José Luis Rey (1973)

Jaén:

Manuel Ruiz Amezcua (1952) y Francisco Morales Lomas (1957)

Granada:

Rafael Guillén (1933), Mariluz Escribano (1935), Arcadio Ortega Muñoz (1938), Carmelo Sánchez Muros (1941), Enrique Morón (1942), Antonio Carvajal (1943), Álvaro Salvador (1950), José Carlos Rosales (1952), Justo Navarro (1953), Luis García Montero (1958) y Francisco Domene (1960)

Huelva:

Juan Cobos Wilkins (1967), Manuel Moya (1960) y Francisco Silvera (1969)

Málaga:

José Infante (1946), Francisco Ruiz Noguera (1951), Francisco Fortuny (1958), Rafel Inglada (1963), Álvaro García (1965), Juan Carlos Friebe (1968) y Julio César Jiménez (1972)

Melilla:

Antonio Abad (1949)

Sevilla:

Julia Uceda (1925), Manuel Mantero (1930), Aquilino Duque (1931), Pedro Rodríguez Pacheco (1941), Manuel Jurado López (1942), Pilar Marcos Vázquez (1945), Rosa Díaz (1946), José Antonio Moreno Jurado (1946), José María Algaba (1954), Ramón Reig (1954), Carmelo Guillén Acosta (1955) y Víctor Jiménez (1957)

Tetuán:

Rafael de Cózar Sievert (1951-2015) y Pilar Quirosa-Cheyrouze (1956: No hace ni dos meses que he leído su Memorial shadow).

 

 

07 José Carlos Rosales

 

 

        El lector de poesía podrá estar de acuerdo o no con la selección, que es lo que suele pasar con una antología en que aparezca Fulano que me gusta menos que Mengano, pero ya ha quedado señalado el proceso y las exclusiones. Creo que la nómina es rica, abundante y variada y las fichas de publicaciones, así como el poema con su explicación, pueden ser una verdadera tentación para el lector de poesía. Dejaos llevar, caed en la tentación, antes que arrepentiros después por haber dejado pasar esta impagable muestra de cincuenta años de nuestra poesía más cercana.

 

 

08 Ángeles Mora

 

 

 

         Y una anécdota sobre el acto de la presentación. Algunos de los poetas locales que aparecen en la antología estuvieron presentes y leyeron y aclararon sus poemas. Otros faltaron. Cuando el acto languidecía, hice un propuesta: Granada cuenta con cuatro Premios Nacionales de Poesía: Rafael Guillén, Antonio Carvajal, Luis García Montero y Ángeles Mora, la única presente en la sala del CALC esa tarde. Era una pena que el público se perdiera los poemas de los tres ausentes. Debían leerse.

09 Antonio Enrique y yo leyendo los poemas de los Premios Nacionales de Poesía ausentes. Fotografía de Ana Jiménez Valladolid

 

 

 

10 El poema de Antonio Carvajal

Antonio Enrique decidió que los leyéramos él mismo, el editor, y finalmente yo, tal vez por bocazas. Fue un pequeño homenaje. Disfruté leyendo un poema de combate de Carvajal, de cuando los tiempos heroicos de la Transición. Me permito reproducirlo, aclarando que, sobre la base de una canción tradicional, explota en rabia por la muerte de Francisco Javier Verdejo en agosto de 1976. Disfruté leyéndola.

Alberto Granados

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Publico un libro

 

 

        Así es, amigas y amigos que seguís este blog. Algunos de mis amigos más próximos llevan ya tiempo insistiéndome machaconamente en que debía publicar. Argumentan que mis relatos ya son lo bastante maduros como para que aparezcan en libro y, por otra parte, yo tenía bastantes ganas de cumplir ese sueño, así que me he permitido un capricho: Mi Mariana contemplando las mareas y otros relatos ya es una realidad.

Portada

        Cuando lo decidí a principios de Marzo, seleccioné doce relatos de entre los aparecidos en mi blog durante los últimos cinco años. Tuve mis dudas y hubo algún relato que se cayó de la lista original (el caso de El aljibe, que además de ser demasiado granadino, exigía incluir una página en color con el famoso cuadro de George Owen Wynne Apperley en el que se basa). El proceso siguió con una depuración de los doce cuentos seleccionados. Una cosa es el formato blog, abierto y siempre modificable, y otra un libro impreso, que casi exige una fijación definitiva. He corregido mucho, algunos pasajes han sido amplificados y otros suprimidos; he cuidado mucho el lenguaje y la sintaxis y, cuando encontré la forma que yo entiendo más perfecta, esa que yo llamo “provisionalmente definitiva”, me planté en una imprenta, donde fui magníficamente atendido y recibí un presupuesto razonable.

        Pero no fue todo así de fácil. He tenido que maquetar, diseñar la portada y el marcador de páginas, encargarme de gestionar el ISBN y el Depósito Legal del libro, revisar galeradas, organizar la presentación y, lo más difícil: eso de dedicar una serie de ejemplares a familia, amigos y colegas de letras, preparar los sobres correspondientes, llevar al correo las entregas postales y repartir las manuales (aún no he terminado, aunque deseo hacerlo antes del miércoles)… algo que me está resultando casi tan azaroso como la fase de preparación.

        El libro, por el momento, está disponible en mi librería de siempre: Nueva Gala (Almona de san Juan de Dios), lo digo por si alguien desea tenerlo ya.

        Pero la presentación en sociedad de mi criatura será el próximo miércoles, día 19, a las 20,00 h. en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, donde me gustaría veros, aunque tampoco pretendo obligar ni hacerle compromiso a nadie: quien vaya, será bien recibido. Quien no quiera o pueda está excusado de antemano.

        Para la presentación cuento con María de Leyva Campaña, Concejala de Cultura, y José Vallejo Crespo, responsable de la política cultural del Ayuntamiento, a quienes agradezco la amabilidad y eficacia con que han gestionado mi petición (en este aspecto, es de justicia incluir a Amelia Mesa). Ambos se ocuparán de la parte protocolaria, aunque sé que no limitarán su intervención a sus funciones institucionales, sino que pondrán todo el calor en mi libro. Y se lo agradezco, especialmente, a María, que no está pasando por un momento personal especialmente relajado.

Invitación (aún no se había sumado José Vallejo)

       

         Y de la parte literaria se ocuparán mis dos queridos amigos Francisco Gil Craviotto y el poeta Miguel Cobo Rosa, al que he obligado a venir desde Córdoba para acompañarme (no he tenido que insistirle mucho, la verdad). Hace unos años, Miguel vino a leer sus poemas en La Expositiva, llamado por la Asociación Cultural Diente de Oro y fui yo quien lo presentó. Y respecto a Gil Craviotto, también lo he acompañado en alguna presentación de sus obras. Ahora me devuelven la gentileza, aunque sé que su amistad y afecto no son objetos de cambalache, sino vivencias muy sinceras.

        Habrá también música: dos queridos amigos de la OCG se me han ofrecido, muy generosos, para actuar en la presentación. Será un magnífico colofón que me permitirá contextualizar una parte muy concreta de uno de los relatos.

        El sábado 22 a las 20,00h. estaré firmando ejemplares en la Feria del Libro, pero no en la caseta oficial de firmas (mi libro llegó fuera de plazo), sino en la caseta de la mencionada Librería Nueva Gala, donde sé que me sentiré como en mi casa. Hay incluso otra presentación en un ámbito muy querido para mí: en el CEIP Medina Elvira de Atarfe, el colegio donde pasé once años como maestro y, la mayor parte del tiempo, como Secretario. Allí dejé muchas familias amigas y muchos críos, los mayores de los cuales ya han acabado sus carreras universitarias y algunos hasta se han casado y tienen hijos en el colegio. Creo que les debo una visita para el reencuentro. Aún no he concretado la fecha con la Directora actual, pero supongo que será ya en Mayo.

        Para los lectores de Madrid, a muchos de los cuales he conocido en la web de Antonio Muñoz Molina, estoy gestionando enviar unos ejemplares a la librería 3,14, de la que forma parte una amiga bloguera: Alejandra Díaz Ortiz. Cuando el dato esté confirmado, modificaré esta entrada para avisarles a los madrileños.

        En síntesis: que aquellos cuentos fabricados con sueños de entonces se convierten en mi sueño de ahora, en mi capricho al fin cumplido. Amenazo: si le pillo el gustillo, puedo convertirme en un problema, que material tengo para varios libros más. El que avisa no es traidor.

Alberto Granados

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La verdad y la mentira del Día de Andalucía

NOTA PREVIA: Este texto ha aparecido hace unos días en el último número de la revista accitana Wadi-as. Se me pidieron 500 o 600 palabras y a eso me he ceñido, pero hubiera dicho mucho más, porque la Andalucía imparable sigue parada y porque yo tenía unas expectativas mucho más altas. Las imágenes de los líderes andaluces están tomadas de Google.

 

 

 

Portada del Wadi-as

Portada del Wadi-as

 

 

Rafael Escudero

Rafael Escudero

 

 

 

José Rodríguez de la Borbolla

José Rodríguez de la Borbolla

 

 

 

        Conmemorar el día de los andaluces, en mi opinión, es algo mucho más serio que unas declaraciones oficiales, una mención de pasada en los centros educativos y en las instituciones, una reiterativa serie de discursos y una verbena llena de sevillanas y alimentos populares. Si la conmemoración se queda en eso, creo que solo se alcanza una de esas alegrías a plazo fijo que, como en el caso de las navidades, nos regala un puente, un cierto aire de fiesta y poco más.

 

 

Manuel Chaves

Manuel Chaves

 

 

 

 

José Antonio Griñán

José Antonio Griñán

 

 

 

Susana Díaz

Susana Díaz

 

        Conmemorar nuestra fiesta implica algo mucho más serio: una reflexión sobre el significado de Andalucía a lo largo del pasado, en el momento actual y la posible proyección hacia el futuro de las potencialidades andaluzas. Pero eso es harina de otro costal, pues somos un pueblo resignado ante la adversidad, el paro, el atraso, la escasa cultura práctica y la falta de recursos que nos sitúan desde hace siglos en la zona más baja de todas las estadísticas posibles. Y sería de agradecer que las instituciones y los partidos políticos hicieran un riguroso análisis. La Historia hace tiempo que lo ha hecho,  pero parece que ni el gobierno de Madrid ni el de Sevilla han sabido interpretar las causas profundas de nuestro atraso en el supuesto de que hayan leído algo al respecto. Parece que nos resulta suficiente mirarnos el ombligo, recurrir a la riqueza de nuestro folklore, al flamenco y las dichosas e invasivas sevillanas, a Alberti, Lorca, Góngora, Murillo, Picasso, etc., a nuestro importantísimo patrimonio artístico, a nuestros variados elementos turísticos…

 

 

Gaspar Zarrías

Gaspar Zarrías

 

 

 

Javier Arenas

Javier Arenas

 

 

 

 

        Sin restarles un ápice de trascendencia a semejantes glorias incuestionables, creo que Andalucía debe dar un golpe de timón y plantearse muy seriamente en qué fallamos (el pueblo de a pie, la oligarquía y el empresariado, los dirigentes y la oposición, el mundo de la cultura, la ciudadanía…) porque, pese a los discursos oficiales de autobombo, la realidad deja mucho que desear. No nos puede bastar con los millones de turistas si no somos competitivos; ni es suficiente nuestra historia si el presente se acerca a lo desolador; ni bastan las sevillanas o la voz de Camarón si el índice de analfabetismo, de uso de bibliotecas o asistencia a espacios culturales resulta desolador. Repetimos un esquema que no sirve y que excluye de la actualidad a un amplio grupo humano, que perpetúa los viejos esquemas pretendidamente identitarios (toros, flamenco, gastronomía, simpatía con los visitantes foráneos, cofradías, casetas de feria, feria del Rocío, etc.) como si con eso bastara. Pero con eso no llegamos al mundo de excelencia que se pretende en la estructura de nuestro mundo global. Si en la crisis del 98 se pedía doble vuelta de llave al cerrojo de la tumba del Cid, la modernidad nos demanda que cerremos una identidad andaluza así de castiza, tan de oropeles, tan oficial, y nos pongamos a ganarnos nuestro futuro, sin maquillajes de colores políticos, ni reminiscencias sevillanas, ni cantos de absurdo triunfalismo, ni… Andalucía está ahí, con mil lacras que nos hemos ganado entre todos con nuestro conformismo, pero también con el inmenso potencial que llevamos dentro.

 

 

Juan Manuel Moreno Bonilla

Juan Manuel Moreno Bonilla

 

 

 

 

Juan Manuel Sánchez Gordillo

Juan Manuel Sánchez Gordillo

 

 

 

Diego Cañamero

Diego Cañamero

 

        Pero no se puede acelerar a base de permanente guerra entre partidos, de discursos oficiales que son fuego cruzado y estéril desmotivación de la gente. Alguien tendrá que conducirnos (ese es el significado de la palabra líder) hacia el mañana con energía, con carisma y con ganas de dejar atrás tanta mística andaluza, tanto atraso y tanto vacío.    

Alberto Granados

 

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La Habanera de Carmen, una visión clásica del amor

 

        Algunos años he caído en la tentación de sumarme, a través de mis dos blogs sucesivos,  a esa gregaria costumbre de dedicar la fecha de hoy a hacerle un modesto homenaje al sentimiento más contradictorio del ser humano: el amor, sea este una forma de neurosis posesiva, un disloque hormonal, un mecanismo de idealización, una enfermedad que, al igual que los resfriados, se suele curar en la cama… o todo eso a la vez.

        Al margen del aspecto comercial de esta anglosajona celebración (restaurantes, hoteles con  o sin encanto, agencias de viajes, joyerías, perfumerías, lencerías… hacen su agosto con los regalos que se intercambian los enamorados), el amor ha ocupado siempre un importante lugar en la creación literaria y ha aparecido como ese sentimiento caótico que hace bascular al ser humano entre la más absoluta felicidad y la desesperanza, entre la dicha y la decepción. El Arcipreste de Hita, Góngora, Quevedo, Lope, los poetas románticos, Pedro Salinas, García Lorca, Gil de Biedma, los poetas de la experiencia, los de la diferencia… se han ocupado abundantemente de reproducir un cliché amatorio que resiste los envites del tiempo, como si la pareja de amantes estrenaran el sentimiento que los llevará a la felicidad, a la zozobra o a la desequilibrada mezcla de ambas.

          Para esta ocasión, he traducido uno de los pasajes más conocidos de la ópera de Bizet Carmen. He elegido la famosa Habanera del primer acto, canónicamente llamada L’amour est un oiseau rebelle, que repite esquemas leídos mil veces sobre lo contradictorio del amor.

 

 

 

Escena de Paz Vega en la película Carmen (Vicente Aranda)

Escena de Paz Vega en la película Carmen (Vicente Aranda)

 

 

          Se dice que Carmen rompió definitivamente los límites entre ópera y ópera cómica, hasta entonces una especie de subproducto de la primera. Lo hizo añadiendo elementos de música popular, retratando a tipos de las clases sociales más bajas, etc. Se le considera un antecedente de la corriente verista, una adaptación de la ópera al realismo de finales del XIX. Bizet recogió el argumento de Prosper Merimée, a quien se lo había contado en su palacete granadino de la Cuesta de Gomérez, doña Manuela Kirkpatrick, la madre de la emperatriz Eugenia de Montijo. Era la época de las visitas de los viajeros románticos, en que los tipos populares, lo folklórico, lo legendario y lo exótico hacía furor en Europa. Bizet no tuvo empacho en mezclarlo todo (los toros, la raza gitana, la mujer fatal, los bandoleros, el deseo, l’amour fou, la traición por amor, la muerte…) e incluso tomó prestados ciertos pasajes que él había oído, creyendo que era música popular sin autor conocido. La propia Habanera es una adaptación de una habanera de Sebastián Iradier llamada El arreglito.

 

        He aquí el texto de dicho pasaje con la traducción que he hecho:

L’amour est un oiseau rebelle

que nul ne peut apprivoiser,

et c’est bien en vain qu’on l’appelle,

s’il lui convient de refuser!

El amor es un pájaro rebelde,

que nadie puede domesticar,

y es en vano que se le llame

si se le antoja rechazar.

Rien n’y fait, menace ou prière,

l’un parle bien, l’autre se tait;

et c’est l’autre que je préfère,

il n’a rien dit, mais il me plaît.

Nada le afecta, la amenaza o la plegaria,

La una habla mucho, la otra se calla.

Es a esta a la que yo prefiero:

No ha dicho nada, pero me place.

L’amour! l’amour! l’amour! l’amour…!

¡El amor! ¡El amor! ¡El amor! ¡El amor…!

L’amour est enfant de Bohème,

il n’a jamais, jamais connu de loi,

si tu ne m’aimes pas, je t’aime,

si je t’aime, prends garde à toi!…

El amor es un gitanillo,

que nunca, nunca, ha conocido la ley,

si tú no me amas, yo te amo,

y si yo te amo, ¡ponte en guardia…!

L’oiseau que tu croyais surprendre

battit de l’aile et s’envola…

l’amour est loin, tu peux l’attendre,

tu ne l’attends plus,… il est là…

El pájaro al que creíste sorprender

batió sus alas y voló…

el amor está lejos, puedes esperarlo,

ya no lo esperas, ahí está… 

 

Tout autour de toi, vite, vite,

il vient, s’en va, puis il revient…

tu crois le tenir, il t’évite,

tu crois l’éviter, il te tient!

En torno a ti, rápido, rápido,

viene, se va y después regresa…

Crees poseerlo, él te evita.

Crees evitarlo, él te posee.

L’amour! l’amour! l’amour! l’amour…!

¡El amor! ¡El amor! ¡El amor! ¡El amor…!

 

Imagen de la Habanera tomada del blog mejorconmusica, de blospot

Imagen de la Habanera tomada del blog mejorconmusica, de blogspot

 

 

        No creo que se haya apartado mucho de algunos poemas clásicos, tales como ese gran soneto de Quevedo que empieza “Es hielo abrasador…” o el de Lope llamado Varios efectos del amor.

        Que el amor sea generoso con vosotros y no os desquicie demasiado. O que lo haga: peor es el desamor.

  Alberto Granados

 

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Movilizaciones de la enseñanza privada concertada

 

 

 

 

        Suenan tambores de guerra en el ámbito de la enseñanza privada concertada. Hay anunciadas una serie de movilizaciones y hoy mismo se ha leído en estos centros un comunicado en el que se ha reivindicado la libertad de los padres y madres para elegir el tipo de centro que les parezca más acorde con sus creencias, estilo de vida o expectativas, algo que, según su nada inocente punto de vista, la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía ha contravenido al no firmar conciertos con determinados centros para algunas unidades de Educación Infantil.

        De hecho, hace unos días entré a mi librería de cabecera y apareció una maestra de un centro concertado para recoger un material encargado y, de rondón, pedirnos la firma en apoyo de sus reivindicaciones. No sé si los libreros firmaron, ni en el caso de haberlo hecho, lo hicieron por convicción o por no negarles la firma a un grupo de familias que, mayoritariamente, les compran a ellos los materiales y retiran allí los cheque-libros de la Consejería. Yo me negué y tuve una breve y civilizada discusión con la maestra. Yo, que no firmaba porque la escuela que yo defiendo es la pública.  Ella, que eso no excluía a la privada. Yo, que había muchos matices por discutir. Ella, que se tenía que marchar…

        No tengo yo muy claro que la enseñanza privada concertada sea, en sentido estricto, un derecho de los padres y madres. Yo la veo más bien como la consecuencia de una deficiencia de la red de centro públicos.

 

 

 

 

Colegio privado que segrega por sexo. Imagen de Laicismo.org

Colegio privado que segrega por sexo. Imagen de Laicismo.org

 

 

        El Estado tiene la obligación constitucional de ofrecer un puesto escolar a toda la población en edad de cursar los niveles obligatorios. Si la red de centros públicos consiguiera algún día escolarizar al 100% de los niños, esos y no otros, serían los puestos escolares de que dispondría la sociedad. Como no se ha llegado a ese nivel, el Estado concierta con la enseñanza privada una enorme cantidad de puestos. Se entiende que puestos necesarios (porque la red pública no tiene para esos niveles y zonas). Si no lo son, no hay por qué concertar ya que se entiende que hay puestos escolares disponibles.

        Quien desee otro tipo de centro (sin poblaciones marginales ni migrantes, con una garantía de nivel pequeñoburgués para sus nenes, con costoso uniforme que ya de por sí resulta excluyente para familias de escasos recursos, etc.), solo tendrá derecho a la gratuidad mientras se mantenga el sistema de conciertos por necesidad. Si esa necesidad desaparece, padres y madres no pueden esgrimir que tienen derechos extras. Si quieren una educación elitista, que se la paguen de su bolsillo. Nadie les negaría ese derecho: el de renunciar a un puesto público por desear algo más selecto o un grado extra de religiosidad o cualquier otro deseo de esa índole.

        Cuando no existían ordenadores ni siquiera en los despachos directivos de los centros, había centros privados que ya disponían de aula de informática. Y otros centros ofrecían clases realmente caras, a las que muchas familias apuntaban a sus hijos. Conozco un caso de un colegio privadísimo y selectísimo de Madrid que ofrecía a sus alumnos clases de equitación y otro local que sirve en el comedor cocina internacional, ya que cuenta con que sus alumnos sean parte de la clase dirigente en el futuro.

        No sé. Creo la escuela pública está para nivelar diferencias, entre otras muchas cosas. No se trata de una escuela uniforme, al estilo soviético, sino de una escuela aleatoria que cumple unos programas y que le hace frente a la enorme carga de escolarizar chiquillos de etnias que jamás han creído necesario pisar una escuela, o de niños de mil procedencias geográficas, con serias dificultades idiomáticas. Esa es la escuela que, en mi opinión, merece los recursos económicos del Estado.

 

 

 

Imagen tomada de Guerrilleros Globales

Imagen tomada de Guerrilleros Globales

 

 

 

        Hasta hace unos años, estos centros concertados que ahora se rasgan las vestiduras, tenían un sistema maquiavélico de matriculación selectiva: no concertaban los puestos de Infantil, esos mismos puestos que ahora reclaman. El motivo: al no concertarlos, sólo solicitaban puesto familias que podían pagarlo. Era un fraudulento banderín de enganche, ya que una vez dentro, el niño o niña accedía directamente a primero de Primaria. Era una bonita manera de comprarse un puesto escolar. La Consejería vio el sucio truco y obligó a todos estos centros a reiniciar el proceso al comienzo de Primaria, con lo que hubo muchos niños que perdieron “su” plaza y fueron derivados a otros colegios. Hubo unas críticas feroces por parte de las familias desposeídas y por los centros, que echaron pestes de la Consejería, convocaron manifestaciones en la puerta de la Delegación Provincial, etc. Les había salido el tiro por la culata. Los centros privados cambiaron inmediatamente el chip: ahora querían concertar a toda costa el tramo de Infantil. Por lo menos, los padres se ahorraron un dinero bien sustancioso.

        Pero ahora sobran puestos escolares en Infantil y la obligación de cualquier gestor honesto es administrar con rigor los fondos públicos. Si sobran unidades de Infantil, son las de la red privada, ya que esos puestos para todos están en la pública. Estaría bueno que hubiera que invertir una cantidad nada despreciable mientras sobran puestos, por mucho que les desagrade a las familias el ambiente de un colegio público (donde por cierto, he pasado cuarenta años como docente y donde han estudiado siempre mis hijos).

        Por si alguien sospecha que toda esta reflexión es un ataque a la privada, he de decir que siento un profundo respeto por la privada igualitaria, es decir, por aquellos centros que deliberadamente se han creado para apoyar a la población más necesitada. En Granada hay que referirse necesariamente a la obra del Padre Manjón y a sus actuaciones de hace un siglo a favor de la población analfabeta y excluida del Sacromonte y el Albayzín. O a las Adoratrices, que por estatuto de su fundadora, se ocupan de chicas que rozan la marginalidad. Eso es una verdadera extensión de la pública, no así los otros centros que incluso estimulan la idea elitista de que su alumnado tiene un carisma especial.

Alberto Granados

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La perversión de lo cotidiano en “Patria”, de Fernando Aramburu

 

 

 

        En una situación normal, la cotidianeidad es una defensa de la mente para ahorrar el esfuerzo de mantener la atención. El hábito no es sino convertir tareas en mecanismos automáticos con la consiguiente economía de esfuerzos y estrategias. Pero eso sucede en una situación normal, con  personas y conductas “normales”. Cuando la vida diaria se llena de amenazas, miedo y violencia, lo cotidiano puede ser un verdadero infierno, algo pervertido por el grupo social que impone sus criterios.

        Esta es la idea que Fernando Aramburu desarrolla en su gran novela Patria (Tusquets Editores, Barcelona, Septiembre de 2016, 648 págs.). También nos deja, junto a la trama novelística, un retrato panorámico de la vida en Euskadi durante los tiempos en que ETA enrareció la convivencia, tomando la calle, la vida y la muerte de la gente y se atribuyó la falsa grandeza épica de ser los liberadores de la opresión de lo que ellos llamaron Euskal Herría o Patria Vasca.

 

 

Patria, de Ferando Aramburu

Patria, de Fernando Aramburu

 

 

       La novela se inicia en el momento en que Bittori, viuda de un asesinado por ETA, conoce la noticia de que la banda terrorista anuncia que abandona las armas, es decir, el 20 de Octubre de 2011. Estructurada en 125 capítulos, recorre sin embargo un largo período histórico que se corresponde con la etapa sangrienta de la banda. Un recorrido de unos cuarenta años (el autor evita deliberadamente ser preciso en cuestiones de fechas) en el que el lector llega a horrorizarse al conocer la intrahistoria de las gentes de un pueblo (también voluntariamente sin nombre). Se centra en las vidas de los componentes de dos familias, desde siempre amigas, que inician caminos divergentes ante la aparición de la violencia.

De un lado, Miren y Joxian. De otro, Bittori y el Txato. Los hijos de estas familias se han criado como si fueran primos o allegados, pero todo cambia radicalmente cuando el Txato, un empresario que empezó de cero, recibe la primera carta de extorsión de la banda terrorista. A partir de ahí su tranquila rutina se deshace al ver que aparece en pintadas injuriosas, en el literal punto de mira de los terroristas y en el miedo de los demás. Ya nadie lo saluda, ni le devuelve el saludo. Deja de jugar al mus con la cuadrilla, de pedalear los domingos con su peña cicloturista, de frecuentar el bar de todos los días. Ahora él y los suyos son unos apestados a los que todo el mundo rechaza, por convicciones nacionalistas o por simple miedo a demostrar algún apoyo humano sabiendo que en el pueblo ETA tiene mil ojos y mil oídos.

        Cuando el Txato es asesinado, la viuda se marcha a San Sebastián por consejo de sus hijos. Al conocer “el cese definitivo de la lucha armada”, muchos años después, regresa al pueblo. Su presencia es una acusación, especialmente para la otra familia, sus antiguos amigos, cuyo hijo Joxe Mari es un asesino convicto del que cabe sospechar que fue el ejecutor del Txato y que lleva en la cárcel muchos años. Miren no puede soportar la presencia de su antigua amiga, su carga acusadora. Joxian, en cambio, reconoce que el hijo es un sanguinario asesino, pero por temor a su hosca mujer, no reacciona.

        Dos familias, dos generaciones, dos mundos. Los padres viven su tragedia personal y familiar (con la excepción obvia del asesinado Txato). Los hijos, tratan de solucionar sus contradicciones y dar a sus padres un apoyo que no siempre les resulta fácil, pues jamás han creído en la causa abertzale, en un caso, o están preocupados por la soledad de la madre, en el otro.

 

 

Atentando en la casa cuartel de Zaragoza en diciembre de 1987

Atentando en la casa cuartel de Zaragoza en diciembre de 1987

 

        En Patria, todo es escueto. Los capítulos son como un conjunto de tarjetas adhesivas pegadas en el muro de la historia de los vascos y del resto de España. Es el lector quien combina en su mente tanta barbarie, tanta sinrazón, tanta sangre y tanta tragedia. Cada capítulo proporciona una parte mínima de la trama en distintas épocas, en situaciones diferentes, aunque siempre está el telón de fondo de la violencia y de la muerte de Txato, anunciada ya desde las primeras líneas del libro. Por su parte, el lector tiene que armar el rompecabezas narrativo, pero no le supone esfuerzo, pues la narración fluye con una amenidad y un interés magníficamente construidos.

La trama, el estilo, el lenguaje y la propia consistencia de los personajes tienen un punto de inflexión a partir del momento en que Bittori empieza a aparecer por el pueblo que le negó incluso el pésame ante el asesinato del marido. Su presencia choca, pero su constancia va arrancando costras de odio al mismo tiempo que la sociedad vasca se vuelve a ocupar, ahora en libertad, de las cosas cotidianas, de sus vidas, amores, frustraciones, fiestas populares, deportes, etc. Lo rutinario vuelve a teñirse de colorido humano, tan distinto del de la sangre y las explosiones de los coches-bomba. Lo cotidiano vuelve a ser normal… y empiezan a asomar retazos de esperanza: Joxe Mari comprende en la cárcel lo ingenuo de su maldad; Miren se vuelve más humana, Joxian es invadido por una tristeza paralizante, mientras los hijos de ambas familias empiezan a interactuar de nuevo…

 

 

Víctimas del atentado de ETA en Hipercor de Barcelona (19 de Junio de 1987)

Víctimas del atentado de ETA en Hipercor de Barcelona (19 de Junio de 1987)

 

 

 

        Aramburu usa un lenguaje escueto, lleno de distanciamiento, casi aséptico, con muchas frases inacabadas, con vocabulario austero, con matizaciones hechas a base de series graduales de sinónimos, con participios agentes bastante inusuales, algo que le presta un cierto humor a ese lenguaje fresco que intenta diluir la miseria humana, pero en la segunda parte el autor marca el cambio con un lenguaje mucho más emocional, sin distancias, directo al sentimiento.

        No cabe la indiferencia ante este texto, que denuncia el horror de los nacionalismos extremos y nos muestra a unos personajes perseguidos por la contradicción de lo irracional. Unos ejemplos de la gloria a que ETA somete a sus descarriados ciudadanos vascos para liberarlos: pintadas insultantes, mil formas de rechazo, cartas de extorsión, amenazas, tiros en la nuca o bombas-lapa, autobuses quemados, la presencia de los chivatos (que basan sus apreciaciones en cuestiones de antipatía)… y siempre el miedo a señalarse, a no acudir a la manifestación exigida, de no colaborar con las huchas de los presos, a que alguien dé un informe desfavorable. Y este material recogido por Aramburu es el siniestro fondo en el que los personajes de ambas familias tratan de sobrevivir. Unos llorando a su padre muerto de cuatro tiros. Los otros intentando justificar e incluso enaltecer a su valiente gudari, que ha sacrificado en una cárcel los mejores años de su vida por redimir al pueblo vasco del enemigo opresor. Esto, que sucedió durante unos cuarenta años en las provincias vascas, convirtió lo cotidiano en algo perverso, algo insoportable que invita a huir… si es que se dispone del tiempo necesario para rehacer la vida en otro lugar, con otra gente y en otras circunstancias.

        Y todo este entramado narrativo surge con una aparente sencillez sin que Aramburu haga otra cosa que enfocar las mil pequeñas realidades de entonces. El libro, aparecido este verano, va en cinco meses por la octava reimpresión. No me extraña. Creo que le quedan muchas, tal es la indiscutible calidad de Patria. No me sorprendería que esta novela, o novela-crónica, además de la acogida del público y la crítica, reciba algún premio literario. No solo está su innegable calidad, sino la oportunidad de un mensaje que invite a la sociedad vasca al olvido y la reconciliación.

Alberto Granados