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La mujer que leía a Machado


Al  gran poeta Rafael Guillén

 

 

 

 

   

    Mariana levanta la vista de su labor y mira un momento a través de la ventana. Los cristales, medio empañados, le permiten vislumbrar la silueta de la sierra. Divisa un paisaje gélido, lleno de escarcha, mientras un súbito tiritón le recorre la espalda. Se ajusta el mantón de lana y remueve el brasero. Tiene las manos ateridas. Para cambiar de postura, se dirige a la cocina. Añade un trozo de carbón a la hornilla y espabila la lumbre soplando hasta el mareo. Cuando brotan unas diminutas llamas les da aire con un soplillo de esparto. Finalmente mueve el puchero que hierve mansamente con un borboteo que le resulta casi musical.

     Vuelve a su trabajo, que empezó muy de mañana,  tan pronto como Marianilla se fue a la cercana escuela. Ella se levantó bien temprano para preparar el almuerzo que Paco se ha llevado a la huerta. Cuando todo estaba recogido, despertó a la niña. La casa es pequeña y ella muy dispuesta: tenerlo todo ordenado, obsesivamente pulcro, le lleva poco tiempo. Por eso hace labores para algunas tiendas de confección o para familias conocidas: arregla vueltos, repasa costuras e hilvanes, forra botones, achica o agranda trajes o vestidos… Su habilidad con la aguja le da muy buenos dineros cada mes, aunque también le proporciona algunos sinsabores, pues a Paco le parece humillante que su mujer trabaje para la calle, como si él no fuera capaz de sacar adelante la casa con su esfuerzo. Más de una vez lo han discutido:

    -Yo es que no sabría estar mano sobre mano. Además, lo que yo gano es para nuestra hija… La maestra dice que es más lista que el hambre. ¡Mira que si pudiera estudiar una carrera…! No, Paco, no me mires así. Ahora las mujeres hacen cosas que no habíamos hecho nunca. Algunas están estudiando, ocupando trabajos fuera de la casa… Las cosas ya no son como en mis tiempos, que sólo aprendíamos las cuatro reglas. ¿Te imaginas a nuestra hija de médica o de abogada? ¿No te hace ilusión que llegue lejos? Además, si no quiere estudiar… que por lo menos pueda comprarse una casa sin tener que pasar las fatigas que hemos pasado nosotros…

    Se remueve incómoda al recordar las muchas discusiones similares que han surgido en los últimos años. Cuando estaban recién casados, Paco se iba con algún pretexto si la conversación tomaba semejante cariz. Desaparecía  sólo para eludir una respuesta a los sueños de su mujer, para no comprometerse. Por entonces pensaba que eran felices. Después, cuando llegó don Miguel a la casa de al lado, todo cambió. Mariana lo recuerda perfectamente con un semblante lleno de preocupación, con esa sensación de opresión en el pecho que la persigue desde que las cosas se torcieron entre ellos dos.

 

 

REALEJO Mercadillo callejero en Plaza del Realejo

    Mercado callejero en la Plaza del Realejo

    Eso fue hace cuatro años, concretamente una mañana de finales de agosto, cuando el curso estaba a punto de empezar. Marianilla sólo tenía siete años y la llevaba consigo a todas partes. Salían a hacer la compra cuando encontraron al maestro sentado sobre una de las dos gruesas maletas que ocupaban medio rellano. Se le veía sudoroso y cansado. Al percibir el sobresalto que les había causado, se levantó, se puso la chaqueta y se acercó  a saludar.

     -Señora, perdone si la he asustado. Soy el nuevo maestro de las escuelas nacionales –a Mariana le sorprendió el castellano tan fino y lleno de eses-. Voy a vivir aquí. Es que el casero se ha retrasado y aún no me ha entregado la llave.

 

Elimino este relato por haber pasado a formar parte de mi libro “Mariana contemplando las mareas y otros relatos”, disponible desde el próximo mes de Abril en Librería Nueva Gala. Dejo el inicio, las imágenes y los comentarios que en su momento aparecieron en el blog (Granada, 24 de Marzo de 2017)

 

 

 

 

costurera11 imagen de lacoruñademistiempos blogspot

     Imagen tomada de lacoruñademistiempos.blogspot.com

  

 

 

 

 

Madrid, Puerta del Sol

        Madrid, Puerta del Sol

 

 

 

 

 

foto4

    Asalto al Cuartel de la Montaña, foto de origen desconocido

 

 

 

Alberto Granados

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37 comentarios el “La mujer que leía a Machado

  1. Helado mi corazón de españolito, pero esta vez por la emoción de leer tu relato, ligero en su fluir narrativo (como el equipaje machadiano), pero hondo en su historia esencial, como el alma del mejor don Antonio. Y por un momento me sentí -si me es permitido- el don Miguel protagonista, en mi triple condición: onomástica, de maestro y amigo del poeta (que hoy eres tú).
    Gracias por este regalo el día del aniversario de la muerte de NUESTRO don Antonio

    Una abrazo machadiano y “riográfico” :

    Torreperogil
    quién fuera una torre;
    torre del campo del Guadalquivir.

    • Poeta riográfico: el guiño no es casual. Un simple cameo amistoso-literario.

      Celebro que te guste, pues me ha costado escribirlo dos veces. Es el que tenía previsto estrenar en el Centro Artístico el pasado 29… cuando cinco días antes se me esfumaron los archivos a causa de un virus canalla…
      No me has comentado nada de un correo privado que te mandé ayer.

      Un abrazo, maestro machadiano.

      AG

  2. Me gusta el Machado universal.
    No tanto la izquierda maniquea
    hace suyo para autocomplacerse.
    Me gusta el Machado incisivo, agudo,
    crítico, lúcido, veraz.
    El Machado que va ligero de equipaje.
    Interpreto el final del poeta
    como una metáfora de tristeza colectiva,
    de esa España heladora, bifaz,
    extrema y altanera sin merecerlo.
    Cuando enciendo la televisión
    y contemplo impotente el desafuero,
    la indolencia, el orgullo ciego,
    a veces me acuerdo del poeta,
    y asiento,
    y me duele algo sin saber qué.
    ¡Ay!

  3. Enhorabuena Alberto,por este cuento precioso que refleja desgraciadamente una vida como tantas vidas que fueron en este país, que no va a termina nunca de .salir adelante.

    • Es curioso, Coco: muchas mujeres me han escrito o comentado el cuento desde un enfoque feminista, cuando a mí, desde que surgió la idea, me tiraba más la idea del libro, y del de poesía en especial, como una realidad que amplía horizontes, sensibilidades y potencialidades.
      De hecho, va dedicado a uno de los poetas que más admiro del panorama actual.
      No sé si considerarlo un fracaso, pues mi intención no era exactamente el enfoque feminista, que es obvio que está presente, pero como un tema secundario.
      Un abrazo,

      AG

  4. Un relato hermoso, estremecedor, Alberto. El final conmociona… Te felicito efusivamente, es un homenaje maravilloso a ese gran poeta que fue d. Antonio. Saludos cordiales.

  5. Aquéllos/as que no sentimos ni vivimos la Literatura con la intensidad con la que demuestra hacerlo el autor, nos sorprendemos por la emoción que es capaz de producirnos una historia bien contada, aderezada de hermosos versos. Quizás sea el momento de dejar de lado las novelas recién publicadas para girar de cuando en cuando hacia nuestros grandes clásicos. Gracias.

    • No sé si eso es un acierto. Hay veces en que me gustaría establecer un distanciamiento con lo que escribo, buscar más la técnica narrativa que el desparrame emocional. Pero me sale como me sale.
      Gracias,

      AG

  6. Magnífico relato de la Tercera España, la que lucha, la que lee, la que muere por la libertad, a la que los otras dos odian porque son inútiles, matonas y desvergonzadas.
    Gracias por enviarme estos relatos. Los disfrutp muchísimo.

    Un coridal saludo.
    Alfonso

  7. Esas fueron de verdad las dos Españas, la anclada y la navegante, la que vivía con la mirada atrás y la que vivió con la mirada adelante. Pero hubo una tercera: la que no se quería pelear, la que desconfiaba ligeramente de esas novedades pero también sabía que no se puede poner uno delante de la rueda de la historia porque será atropellado. Esa fue, acaso, la que más sufrió, porque murieron lo mismo que las otras dos pero sin saber exactamente a qué santo. Muy recomendable en este sentido las cartas entre Machado y Unamuno, de las que reproduje una de ellas en mi blog. Precioso cuento.

    • Miguel, estoy seguro de que esa tercera España fueron/somos todos los bienintencionados que sólo querían vivir su vida, pero se los llevó el torbellino de la historia y fueron víctimas de su tiempo.
      Por desgracia, la realidad parece demostrar que no hemos aprendido nada.
      Supongo que te veo mañana en el Centro.
      Un abrazo,

      AG

  8. Que maravilla levantarse un sabado, o cualquier otro día, y encontrarse con líneas tan gratificantes, que solo las pueden plasmar los grandes maestros y las grandes personas. Con cariño.

  9. Pues, querido amigo, tu soltura literaria es conocida, aceptada la frescura de tus oportunas narraciones, tu honestidad, pero… me pregunto ¿porqué no abordas el presente, andaluz, español, o si quieres mundial de globalización? ¡Venga! Agudiza tu ingenio y aprovecha tu pluma para desarmar lo inmoral y vergonzoso del hoy. Muy bien por La mujer que leía a Machado.

  10. Muy buena manera de recordar este 75 aniversario de D.Antonio y de reconocer tantas vidas anonimas de Marianas .Un relato precioso y emotivo para disfrutar.Gracias compa.M.Carmen

  11. Me ha gustado mucho, Alberto.

  12. Alberto, muchas gracias. Cuánta soledad, cuánta tristeza y cuánto sufrimiento inútil. Un abrazo.

    • Carmela, gracias a ti por tu presencia y tu elogiosa crítica. Ángela te manda un abrazo y lo hace a través de su hilo de comentarios, así que no sé si te habrá llegado.

      Un abrazo, esta vez, a mi cuenta.
      AG

  13. Un relato precioso. Me ha llegado muy adentro pues mi poeta es Machado. Cuantas dificultades tuvieron que pasar tantas mujeres. Un abrazo

    • María José Sánchez, bienvenida. Invitada quedas al blog, a enriquecerlo con tu presencia y tus comentarios.
      Celebro que te haya gustado. El día 8 de marzo espero colocar otro relato para el día de la mujer.
      Un saludo,

      AG

  14. Me ha parecido precioso este homenaje que haces a Machado.Muy bien escrito y comprometido. Enhorabuena. Un abrazo de Mento.

  15. Quiero agradecer la buena acogida a mi relato que me han hecho llegar otros lectores a través de correos privados o de conversaciones telefónica o incluso presenciales, así como a través de Facebook.
    Muchas gracias. Es un estímulo para seguir escribiendo mis humildes relatos.

    Abrazos mil,

    AG

  16. Un poco tarde llego para comentar, pero es que a mí me ha faltado el tiempo y he tenido todo tipo de dificultades técnicas, pero creo que fui una de las primeras lectoras del relato.
    Apunto dos cosas, una que está en el relato y la otra no.
    La que está en el relato es que los tiempos, los sistemas políticos e incluso las leyes pueden cambiar (igualdad de la mujer, divorcio en la II República) pero las mentalidades siguen siendo cavernícolas, como es el caso del marido de la protagonista que lee…, y que nadie me vaya diciendo que es ignorancia por la pobreza, porque no es así y si no miremos ahora mismo. Y algo que es muy políticamente incorrecto, ciertos estratos sociales son más impermeables que otros a los cambios. Ser pobres y casi analfabetos no hace más buenas ni inocentes a las personas.
    La otra, la que no está en el relato pero que se ve venir es el final terrible que pueden tener Mariana, su hija y Miguel. Pues yo quiero imaginar para ellos que embarcan en el Wininpeg y aunque la vida y la historia traerá sinsabores, Miguel será maestro en un barrio marinero de Valparaíso y los tres verán ponerse el sol cada día sobre el Océano Pacífico (como en la foto de mi avatar 😀 )

    • Bueno, Hesperetusa, no sé si estoy de acuerdo en que la ignorancia sea eximente o no. Un sistema mental lleno prejuicios y sin una formación analítica absorberá mucha más fácilmente el prejuicio de la superioridad masculina.
      Y es cierto: alguien me dijo que lo vio felices en Valparaíso y que Marianilla tuvo un novio que la colmó de felicidad… y comieron perdices o su equivalente chileno.

      AG

  17. Un relato emicionante y estremecedor.
    Un precioso homenaje a Machado y a todos los que en tiempos difíles lucharon por difundirla cultura.

    Mi enhorabuena

  18. Realismo, sensibilidad y equilibrio. Mee ha gustadomucho. Primo, es el tercer comentario que escribo yno se queda nuncaa, mis fallos informáticos son garrafales. Marisa

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