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El concierto del desconcierto

 

 

 

        En los inicios de este blog escribí sobre los fallos de las personas relevantes, esas personas que admiramos por alguna de sus capacidades, de los genios en cualquier disciplina. Sus fallos nos los aproximan, los hacen vulnerables y limitan la distancia que los separa de nuestra mediocridad sin mermar un ápice nuestra estimación por ellos. En aquella ocasión, me ocupé de la grabación de la versión operística de West Side story, dirigida por el propio Leonard Bernstein, con un José carreras lleno de fallos y creador, por ello, de un clima de tensión entre músicos y cantantes.

        Hace unas semanas, oí en algún programa de la SER una anécdota sobre otro fallo de un genio. Aparte de la reacción instantánea, me dio después por buscar en la red, donde corroboré el hecho, que hoy deseo compartir con los visitantes de este blog.

La pianista en una foto de Carlos Alba para El Mundo

        Imaginemos una pianista genial a la que admiro, como la portuguesa Maria João Pires, de la que he oído muchas veces sus Nocturnos de Chopin. El piano adquiere en sus manos una sonoridad inigualable en que la música fluye con una serenidad que es un regalo. Pues bien, la Pires es la solista invitada para un lunchtime concert en Amsterdam. Tiene que interpretar uno de los conciertos para piano y orquesta de Mozart. Es una pieza ya rutinaria en su repertorio y no le ofrece nada nuevo, así que parece no tener problema.

        A diferencia de los conciertos normales, el lunch concert es menos formal. Al ser a mediodía (a la hora del almuerzo, es su significado), las damas y los propios artistas se engalanan menos, hay un aire menos litúrgico, más informal, y, sobre todo, suele llevar una preparación menos rigurosa, ya es frecuente que solista y orquesta no hayan ensayado previamente en común, pues estos conciertos se organizan llenando con cierta premura los huecos en las agendas de unos y otros.

        El hecho es que en 2010, la Pires participa en uno de estos conciertos, junto a la Orquesta del Amsterdam Concertgebouwy, dirigida por Riccardo Chailly. Todos los ejecutantes están atentos a la batuta del director y se inicia el concierto: lo hace con el juego de cuatro notas que se repiten continuamente en el Allegro del Concierto para piano y orquesta nº 20 en re menor, K466, de Mozart. A la pianista le cambia el gesto: ha preparado un concierto diferente (Minuto 0,45 del vídeo) y se da cuenta al primer compás. La preocupación asoma visiblemente en su semblante y tras unos segundos, cuando se aproxima peligrosamente el instante en que el auditorio espera la magia de su piano, inicia un diálogo con el director.

 

 

        -Yo tenía apuntado otro concierto en mi agenda… (y hace un gesto de escribir sobre la mano) (Minuto 1,35 del vídeo)

       -Este lo tocaste en la última temporada (el director sonríe). Lo puedes hacer. Estoy seguro de que lo harás bien.

        La pianista está confusa y el gesto que muestra su rostro es de verdadero pánico, mientras la orquesta está a punto de cederle el turno para llevar el peso de un concierto al que le faltan más de treinta minutos de ejecución. Y en ese momento (Minuto2,50) empieza el prodigio: el piano empieza a sonar con su mágica fluidez, con una música luminosa que consigue emocionar, incluso a quienes, como es mi caso, vemos la obra de Mozart un tanto fría y cerebral.

        El director comenta tiempo después en una entrevista que no le extrañó tanto que la solista se supiera de memoria la partitura, sino su superación del pánico inicial y añade que no apreció un solo error. Ese tipo de cosas hacen grandes a determinadas personas. Aunque se equivoquen.

Alberto Granados

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El tío Pepe David

 

 

 

 

        Tendría yo unos ocho o nueve años cuando comencé a coleccionar sellos, tal como hacía mi primo Jaime, que me proporcionó buena parte de sus piezas repetidas y me introdujo en la filatelia. Una hermana de mi abuela, la tía Camila, al enterarse de mi nueva afición, me prometió darme los restos de las colecciones (sellos, monedas y postales) de su marido, el tío Pepe David, a quien no llegué a conocer. Me aclaró que ya solo quedaba lo menos valioso, pues los sellos y monedas importantes habían tenido que venderlos para sobrevivir e intentar comprar antibióticos para su marido. La entrega sería tras su muerte, para lo que metió varios paquetes en una caja de zapatos sobre la que escribió a lápiz su decisión testamentaria. Mi tía murió cuando yo tenía ya los veinte años cumplidos, por lo que su generosa herencia me dejó bastante indiferente. Era un momento en que yo estaba en otras cosas mucho más sustanciosas y relacionadas, especialmente, con las chicas, o más bien con la problemática ausencia de ellas.

        Las monedas, sellos y postales han estado un montón de años almacenadas en distintas cajas, sin que yo les prestara demasiada atención, aunque es verdad que, al jubilarme, puse en mi anterior blog varias series, pues me sorprendió la frescura, la belleza o la oportunidad de algunas postales: la serie “Bañistas de Biarritz” o el golpe de Estado en Honduras en 1924. Y en este mismo blog, la serie “Faros”.

 

 

 

 

 

Muelles de El Callao (Perú), 1917

 

 

Vista del Riachuelo, (República Argentina, ca. 1920)

 

 

Refugiados musulmanes en Salónica (1914) o la Historia se repite

 

        Muchas décadas después de la muerte de Pepe David, en el Ayuntamiento de Estepona alguien se da cuenta de que las fotos antiguas de la población, con las que se pretende montar una muestra, son casi exclusivamente las que mi tío encargó a un fotógrafo profesional para enviárselas a sus corresponsales. Y rastreando al personaje dan conmigo. Varias llamadas y correos interesándose por la biografía de Pepe David y el generoso envío por su parte de la documentación que han encontrado: varias postales escaneadas, un enorme pdf con todo el proceso ante el Tribunal contra la Masonería y el Comunismo, su condena y su expulsión del cuerpo, un informe de Falange, donde curiosamente, lo defienden por su carácter pacífico y respetuoso…

El equipo de Patrimonio ha encontrado sorprendentes hallazgos en esta imagen en la que aparece una iglesia hoy desaparecida

 

 

 

Estepona

 

 

El faro de Punta Doncella

 

 

 

 

 

Otra imagen con Pepe David (el más alto) y mi abuelo

 

        Por mi parte, les he prestado un total de 260 postales del primer tercio del s. XX que el equipo municipal del patrimonio esteponero ha escaneado, ordenado con metodología archivística y me ha devuelto, algunas de las cuales forman parte de la exposición, en una sala llamada Sala José David, a cuya inauguración asistí en nombre de la familia el pasado jueves 4 de Mayo.

 

 

Pepe David con tía Camila y Dionisillo, un hermano de mi madre que murió poco después de fiebres tifoideas

 

 

 

La misma toma más de cien años después: un faro más alto y sin mis fantasmas familiares

 

 

        Eso de que un pariente remoto reciba un homenaje por el daño que se le hizo, solo por sus ideas, durante la dictadura de Franco me ha emocionado. Y el largo paseo hasta el faro me produjo una reacción extraña, de proximidad a la tragedia que vivieron los dos.

        El jueves, tras las intervenciones de la Comisaria de la exposición (Victoria Infante) y un fotógrafo local (Juan Galán), fue mi turno. Con una sala de la llamada Casa de las Tejerinas llena de gente, conté la percepción que tengo del “tío Pepe David”. Esta fue mi intervención:

        Señoras, señores, miembros de la Corporación Municipal, gestores de esta exposición, buenas tardes.

 

        Se suele definir al ser humano como “animal racional”, concepción que, aun siendo verdad, deja fuera de campo otras dimensiones esenciales de la persona, pues cualquiera de nosotros somos también creativos, contradictorios, interrogativos, sociales… y emocionales. Es verdad que somos animales, a veces demasiado animales como suelen mostrar los noticiarios; también es cierto que somos animales que nos hacemos preguntas trascendentes e intentamos encontrar sus respuestas entre la angustia existencial, la duda de saber para qué estamos aquí y el análisis de nuestras propias contradicciones. Y que somos creadores, en una extensa gama que va desde lo más sublime del arte hasta los simples memes y chistes.

        Pero hoy me interesa enfatizar nuestra dimensión emocional, esa que nos conmociona ante la injusticia, la desgracia o el dolor infligido a nuestros semejantes. Por eso he venido a Estepona para asistir al reconocimiento de lo que en menor o mayor grado dejó hecho el tío Pepe David en favor de esta población, de cuyo faro fue torrero durante muchos años.

        Mi memoria no alcanza propiamente al recuerdo de este hombre. Los vagos recuerdos son, muy posiblemente, inducidos por las conversaciones oídas en mi casa durante años. Supongo que murió en los primeros cincuenta, en tanto que yo nací en 1949, de ahí mi ausencia de recuerdos. Pero siempre aparecía en la charla de mesa camilla el tío masón, el desclasado, el maldito en una familia de benditos bienpensantes, católicos practicantes, del Régimen y, de forma inequívoca, “de orden”, signifique eso lo que pueda significar. Era librepensador y masón, algo que repugnaba el orden eterno de las cosas de mi familia, pero todos coincidían en algo muy importante: era respetuoso, abierto, muy cariñoso con toda la chiquillería del viejo caserón en que me crié. A pesar de sus extravagantes ideas, se le quería y admiraba a todos con la belleza de sus múltiples colecciones: sellos, monedas y postales, algunas de las cuales se exponen aquí hoy.

        No sé decir cómo ni cuándo conoció a su mujer, la dulce tía Camila, hermana de mi abuela materna. No me cuadra demasiado que un hombre nacido en Alicante y con evidente vocación costera llegara a conocer a una mujer criada en Alcaudete, entre olivos, y que tal vez no habría visto jamás ni el mar, ni un faro, ni mucho menos a un farero, pero se conocieron y se casaron. A partir de ahí, y un poco a regañadientes, fue aceptado por el resto de los Palacios, pese a ser esa especie de grano que desentona en la cara bonita de mi conservadora familia. Y desde entonces genera un rico anecdotario, mil ves oído con la atención que le es propia a la magia de los cuentos.

         Que cuando ingresó en la masonería tuvo que pasar una noche en un ataúd, lo que le produjo bastante hilaridad; que facilitaba el que mi tía Camila practicase el culto religioso; que cuando estaban en la casa familiar de Alcaudete les regañaba a mi abuela y sus otras cuñadas y sobrinas porque rezaban el rosario con poco recogimiento, ya que se interrumpían frecuentemente unas a otras para darse recados sobre temas domésticos y eso no le parecía serio; que en los tiempos de máxima violencia accedió a coger el varal del palio para una procesión porque otros hombres no se atrevían, ya que había en las proximidades un izquierdista armado y aclaró después que no le parecía aceptable el papelón que los fieles creyentes le estaban haciendo pasar al pobre cura…

        El BOE del 28 de Enero de 1941 fijaba su expulsión definitiva del cuerpo de torreros de faro, tras un largo proceso que se inició tan pronto como terminó la guerra incivil. Abatido, humillado, herido en sus creencias por la nueva España del Régimen, fue condenado a doce años solo por sus ideas. Su amargura venía de antes, ya que su republicanismo socialista se fue apagando durante el conflicto al ver las barbaridades de sus correligionarios y al sentirse amenazado por las barbaridades del bando alzado. Fue, sin duda, uno de los primeros españoles que alcanzó lo que hoy llamamos en términos históricos la equidistancia. Aún le quedaba un horror más: la cárcel, de donde salió enfermo de una afección urinaria de la que no se repuso.

       Mientras, su mujer, mi tía Camila, fue acogida en casa de su hermana Enriqueta, pintora de profesión, que no dejó de aclararle un solo día que se encontraba en semejante desamparo por culpa de su marido. La vieja coplilla reflejada por Cela en su obra La colmena: Desgraciaito el que come / el pan por manita ajena / siempre mirando la cara, / si la ponen mala o buena. Más humillación, en este caso revestida de caridad cristiana.

        Cuando el tío Pepe David salió del penal de Burgos, se dejó humillar aun más por su cuñada porque no le quedaba otro remedio, simplemente porque no quería que su esposa pasara hambre. Me cuesta trabajo asumir el sufrimiento que todo ello debió de producir en aquel hombre unánimemente aceptado como honesto e íntegro, pero el hambre da cornadas difíciles de restañar. Por extraño que les pueda parecer este anecdotario, Pepe David fue generoso con su mujer hasta su último aliento al permitir que le llevaran el viático en su lecho de muerte. Mis hermanos y primos hemos debatido si ese último gesto fue una concesión final, como le gustaba pensar a la generación anterior de mi familia, que vio en ello a la oveja descarriada que vuelve al redil, o un último acto de amor a su esposa a la que intentó tranquilizar sobre las condiciones espirituales de su particular más allá.

Este fue José David Vidal, a quien hoy Estepona le rinde este pequeño tributo y en razón de eso estoy aquí para acompañar su recuerdo y agradecer en nombre de la familia el homenaje, tanto a la Corporación Municipal, como al equipo que directamente se ha ocupado de esta muestra.

        Solo me queda compartir con ustedes una reflexión final: hubo muchas víctimas de la barbarie y del consecuente nacionalcatolicismo del Régimen. Muchos, seguro que demasiados, siguen perdidos en cunetas y lejos de sus familiares. Mi tío y otros muchos miles exigen desde sus enterramientos, cunetas y fosas comunes algo con lo que se hacen denigrantes bromas y manifestaciones desafortunadas: memoria, justicia y reparación. No es Memoria Histérica, no se abren heridas porque jamás se han cerrado del todo, no es afán de allegar subvenciones. Es un simple acto de justicia que nuestra época, nuestro entorno civilizado y nuestro sentido común exigen, desde mi punto de vista, que no es más que la perspectiva de un animal racional, pero también emocional.

Muchas gracias

         Recibí una intensa ovación y hubo gente que, a la salida, me esperó. Me sentía un tanto incómodo por si la referencia a la Memoria Histórica pudiera haber molestado a alguien, pero creí muy necesario incluir mi breve mención de este aspecto. Una señora me dijo a la salida: “Aquí hicieron barbaridades. Está bien que haya aparecido en tu discurso. Muy bien hecho”. Fue una jornada muy emotiva para mí y me alegro de haber hecho el viaje, que me ha permitido, no solo descubrir un pueblo precioso (más bien ciudad, que alcanza los 70.000 habitantes, si bien dispersos en urbanizaciones costeras) y al equipo de Patrimonio (archiveros, arqueólogo, restauradora, fotógrafo, los que se han encargado del escaneado…: Carmen Pérez Hinojosa, Alfredo Galán, Rafael Galán, Victoria Infante, Ildefonso Navarro, José Gil… ), así como al Concejal de Cultura, José María Guerrero. Todos ellos me han demostrado ser unos entusiastas profesionales. Algo de agradecer en una época en que lo público se menosprecia, inexplicablemente. Gracias a todos ellos y al público de Estepona, del que recibí un apoyo total y un calor humano que me hicieron sentirme como en mi casa.

 Alberto Granados

 

06

Cartel de la exposición

 

 

 

 

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El rostro de san Juan (Fernando de Villena)

 

 

        En estos días he terminado la última novela de Fernando de Villena (El rostro de san Juan, Ed. Port Royal, Marzo de 2017), una novela extraña y apasionante a partes iguales. Villena, con una producción literaria ya abundante en poesía, novela, ensayo y artículos periodísticos, firma su novela más compleja, en que repite esquemas que ya le he leído en anteriores entregas, pero sabe darles una impronta totalmente novedosa. He ahí una contradicción que me fascina en esta novela: innovar al repetirse o repetirse con un sabor diferente y nuevo.

Portada de la novela

        Subtitulada Un cuadro perdido de Alonso Cano, aparece en esta novela un mecanismo narrativo que ya explotó en Mundos cruzados y que bebe directamente de una obra anterior (El escarabajo) de su admirado Manuel Mujica Lainez: un objeto sirve de hilo conductor a través de los siglos. Lo que en Mujica era un escarabajo egipcio y en Mundos cruzados un complicado reloj de la época del Emperador Carlos V, en esta novela es la extraña e inquietante fisonomía de un san Juan que forma parte de un retablo, junto a otras tres tablas con los demás evangelistas. El cuadro fascina e inquieta a las generaciones de descendientes de don Francisco de Garcerán desde los tiempos de Alonso Cano hasta la actualidad.

        Pero esta vez, Villena introduce varios elementos novedosos: para empezar, ensarta tres tramas distintas y, a la vez, complementarias. La primera se remonta a la biografía de Alonso Cano, al que sigue desde la Granada de sus comienzos artísticos, hasta la Sevilla de Velázquez o el Madrid del Conde-Duque de Olivares y Toledo. El la Corte, recibe el encargo del aristócrata de pintar los cuatro evangelistas para la capilla de su palacio de Fuentidueña. Para san Juan usa como modelo a un rufián asesino que matará a la propia esposa del pintor para robarle. Con ello, esta tabla inicia su influencia maléfica incluso antes del momento en que el aristócrata cuelga el retablo.

        La segunda trama nos ofrece el devenir de ese palacio (también Mujica Lainez escribió un texto en que el protagonismo recaía en una casa) y del cuadro, que nunca dejará indiferentes a los sucesivos herederos. Estos conforman un derroche de materia narrativa en la que cabe de todo, desde personajes ruines hasta héroes, de mujeres perversas hasta señoras abnegadas que sobrellevan su dolor disimulando su desgracia.

Villena en la presentación de su novela anterior. Feria del Libro de 2016

        La última fase se ocupa del desenlace, en nuestros mismo días, un desenlace en que se rastrea el influjo perverso del asesino que dio rostro al evangelista. Corrupción, traiciones, falta de valores éticos, robos y asesinatos, gente importante que acaba en la cárcel, adulterios y engaños… como un reflejo de una sociedad, la nuestra, enferma y desnortada que genera tramas reales muy parecidas en cada noticiario.

        Con tan dispares materiales, Villena construye una inteligente novela que cubre cuatrocientos años de nuestra Historia y deja al lector en un permanente suspense, pues resulta imposible saber hacia dónde se dirige la trama hasta que se llega a la última página. Y todo el copioso caudal novelístico está lleno de amenidad y de una prosa bellísima, que tal vez sea el mérito que más me ha calado. En efecto, hay pasajes, especialmente en la primera parte de esta obra, en que me he sentido orgulloso de ser hablante de un idioma tan bello como el que Fernando registra, un idioma que constituye nuestra heredad, en palabras de Dámaso Alonso y que destrozamos con nuestra ligereza y nuestra insensibilidad ante la grandeza de nuestro legado lingüístico.

        La enorme diversidad de personajes queda resuelta con verdadera maestría. En ese abigarrado conjunto caben la miseria ética junto a la grandeza, el sacrificio, la desesperación, la alegría, las pasiones tempestuosas… que deambulan por diversos escenarios, desde España hasta la América Latina (otro de los recursos que Fernando recupera). En todos los casos, los personajes y ámbitos espacio-temporales han quedado perfectamente definidos con insoslayable maestría.

        En síntesis, una novela original a la vez que reiterativa en ciertos aspectos, amena, interesante, eficaz desde el punto de vista narrativo… Una novela para tener en cuenta en la inmediata Feria del Libro. El autor firmará ejemplares esta misma tarde, a las 19,00 h., en la caseta de Librería Nueva Gala.

Alberto Granados

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70 menos uno

 

 

        Antonio Enrique es una de esas personas que reedita en cada encuentro el placer de la conversación inteligente, de la erudición sin aspavientos, del afecto, la ironía, el humor sabio y la amistad. Cada vez que tenemos ocasión de encontrarnos paso un rato muy agradable y siempre le envío un correo agradeciéndoselo: no abundan las personas carismáticas en esta sociedad cada día más zafia.

        Hace unas semanas, nos vimos, aunque no pude compartir con él una cerveza, ni charlar simplemente por tener aquí a mi familia. El motivo del encuentro: presentaba en el Centro Artístico una antología llamada 70 menos uno. Antología emocional de poetas andaluces (Málaga, El toro celeste, Julio de 2016) en la que él ha hecho la tarea de antólogo y coordinador de la edición.

 

 

 

01 Portada

 

        El libro está formado por 69 poemas de autores nacidos entre 1923 y 1973, es decir, un período de cincuenta años por el que han ido desfilando diferentes tendencias poéticas, desde la poesía de postguerra a las poesías “de la experiencia” y de “la diferencia”, ambas tendencias surgidas en Granada. Sería una antología más si no incluyera una particularidad: cada autor ha seleccionado su poema y explica la circunstancia en que surgió, la intrahistoria de su vivencia creativa, el espíritu de su creación.

 

 

02 Antólogo y editor

 

       La idea surgió durante el encuentro que mantuvieron el editor, Rafael Ballesteros, y el propio antólogo durante el verano de 2014. Lanzada la idea por Ballesteros, Antonio Enrique recogió el guante y ambos empezaron a madurar la idea. El prólogo lo explica magníficamente: «A los poetas fuera procedente lanzarles una sola pregunta: ¿Por cuál de todos tus poemas te gustaría ser recordado? Así, tan simple y escasamente académico como esto. Y otras dos, consecutivas: ¿Por qué lo has elegido?, una; y ¿cuáles fueron sus circunstancias?, la otra, esto es cómo y cuándo. El texto en su contexto, quiero decir».

 

 

 

03 Antonio Enrique

 

 

        Cuando la idea se fue afirmando, se les envió a los poetas la petición y la nómina de firmas que podrían aparecer en el libro. Se les hacía otra petición, ya en Octubre del mismo año: que señalaran las ausencias notables en la lista de poetas. En la nómina inicial de 74 invitados hubo varias inclusiones y autoexclusiones posteriores (los poetas son, a veces, complicados de entender), hasta llegar a la lista definitiva de sesenta y nueve firmas.

 

 

04 Enrique Morón

 

 

 

 

        La antología repasa la obra de cada autor en una ficha bibliográfica, después ofrece el poema seleccionado y, finalmente, la explicación emocional del mismo. De esta forma, el lector comprende el sentido más íntimo de poemas que así ofrecen su más profunda esencia: Una camisa negra, de Enrique Morón, tiene una lectura muy diferente cuando el lector sabe que quedó huérfano muy pronto y que su madre le obligó a un riguroso luto de los de entonces. Porque su desgarrado poema ofrece un aura de tristeza y desaliento antiguos, pero no explicita la realidad que aquel atormentado niño vivió. Otro ejemplo: Manuel Gahete ofrece su poema Ella, del que aclara su situación personal llena de pasión y la alegría de saber que iba a ser padre.

 

05 Arcadio Ortega

 

 

Estoy ahora en un afán muy concreto (publico y presento un libro) que me absorbe las horas, por lo que confieso que no he terminado el libro, pero sí que he entrevisto ya el contenido de bastantes autores. Prometo hacer una lectura pausada y reflexiva que sin duda se merecen los firmantes, el editor y el antólogo, pero la idea de esta antología me parece tan soberbia que no puedo aguantar hasta su lectura total para incluir su reseña en el blog e invitar a los lectores a disfrutar de tan original corpus poético. Especialmente, cuando la Feria del Libro está a la vuelta de la semana.

 

 

06 Carmelo Sánchez Muros

 

 

        Los poetas aparecen por riguroso orden cronológico de nacimiento, comenzando por Pablo García Baena y terminando por la más joven, que es Raquel Lanseros. Para orientar a los posibles interesados os he hecho una división por ámbitos geográficos (las ocho provincias andaluzas, Melilla y Tetuán):

Almería:

José Alfredo Egea (1926) y José Antonio Sáez (1957)

Cádiz:

Pilar Paz Pasamar (1933), Carlos Álvarez (1933), Manuel Ríos Ruiz (1934), Ángel García López (1935), Antonio Hernández (1943), Jenaro Talens (1946), Jesús Fernández Palacios (1947), Rosa Romojaro (1948), José Ramón Ripoll (1952), José Lupiáñez (1955), Juan José Téllez (1958), Felipe Benítez Reyes (1960) , Mauricio Gil Cano (1964), Josefa Parra (1965) y Raquel Lanseros (1973)

Córdoba:

Pablo García Baena (1923), José de Miguel (1923), Antonio Romero Márquez (1936), Carlos Clementson (1943), Juana Castro (1945), Ángeles Mora (1952), Antonio Rodríguez Jiménez (1956), Concha García (1956), Manuel Gahete (1957), Alejandro López Andrada (1957), José Antonio Santano (1957), Isabel Pérez Montalbán (1964), Vicente Luis Mora (1970), Pablo García Casado (1973) y José Luis Rey (1973)

Jaén:

Manuel Ruiz Amezcua (1952) y Francisco Morales Lomas (1957)

Granada:

Rafael Guillén (1933), Mariluz Escribano (1935), Arcadio Ortega Muñoz (1938), Carmelo Sánchez Muros (1941), Enrique Morón (1942), Antonio Carvajal (1943), Álvaro Salvador (1950), José Carlos Rosales (1952), Justo Navarro (1953), Luis García Montero (1958) y Francisco Domene (1960)

Huelva:

Juan Cobos Wilkins (1967), Manuel Moya (1960) y Francisco Silvera (1969)

Málaga:

José Infante (1946), Francisco Ruiz Noguera (1951), Francisco Fortuny (1958), Rafel Inglada (1963), Álvaro García (1965), Juan Carlos Friebe (1968) y Julio César Jiménez (1972)

Melilla:

Antonio Abad (1949)

Sevilla:

Julia Uceda (1925), Manuel Mantero (1930), Aquilino Duque (1931), Pedro Rodríguez Pacheco (1941), Manuel Jurado López (1942), Pilar Marcos Vázquez (1945), Rosa Díaz (1946), José Antonio Moreno Jurado (1946), José María Algaba (1954), Ramón Reig (1954), Carmelo Guillén Acosta (1955) y Víctor Jiménez (1957)

Tetuán:

Rafael de Cózar Sievert (1951-2015) y Pilar Quirosa-Cheyrouze (1956: No hace ni dos meses que he leído su Memorial shadow).

 

 

07 José Carlos Rosales

 

 

        El lector de poesía podrá estar de acuerdo o no con la selección, que es lo que suele pasar con una antología en que aparezca Fulano que me gusta menos que Mengano, pero ya ha quedado señalado el proceso y las exclusiones. Creo que la nómina es rica, abundante y variada y las fichas de publicaciones, así como el poema con su explicación, pueden ser una verdadera tentación para el lector de poesía. Dejaos llevar, caed en la tentación, antes que arrepentiros después por haber dejado pasar esta impagable muestra de cincuenta años de nuestra poesía más cercana.

 

 

08 Ángeles Mora

 

 

 

         Y una anécdota sobre el acto de la presentación. Algunos de los poetas locales que aparecen en la antología estuvieron presentes y leyeron y aclararon sus poemas. Otros faltaron. Cuando el acto languidecía, hice un propuesta: Granada cuenta con cuatro Premios Nacionales de Poesía: Rafael Guillén, Antonio Carvajal, Luis García Montero y Ángeles Mora, la única presente en la sala del CALC esa tarde. Era una pena que el público se perdiera los poemas de los tres ausentes. Debían leerse.

09 Antonio Enrique y yo leyendo los poemas de los Premios Nacionales de Poesía ausentes. Fotografía de Ana Jiménez Valladolid

 

 

 

10 El poema de Antonio Carvajal

Antonio Enrique decidió que los leyéramos él mismo, el editor, y finalmente yo, tal vez por bocazas. Fue un pequeño homenaje. Disfruté leyendo un poema de combate de Carvajal, de cuando los tiempos heroicos de la Transición. Me permito reproducirlo, aclarando que, sobre la base de una canción tradicional, explota en rabia por la muerte de Francisco Javier Verdejo en agosto de 1976. Disfruté leyéndola.

Alberto Granados

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Publico un libro

 

 

        Así es, amigas y amigos que seguís este blog. Algunos de mis amigos más próximos llevan ya tiempo insistiéndome machaconamente en que debía publicar. Argumentan que mis relatos ya son lo bastante maduros como para que aparezcan en libro y, por otra parte, yo tenía bastantes ganas de cumplir ese sueño, así que me he permitido un capricho: Mi Mariana contemplando las mareas y otros relatos ya es una realidad.

Portada

        Cuando lo decidí a principios de Marzo, seleccioné doce relatos de entre los aparecidos en mi blog durante los últimos cinco años. Tuve mis dudas y hubo algún relato que se cayó de la lista original (el caso de El aljibe, que además de ser demasiado granadino, exigía incluir una página en color con el famoso cuadro de George Owen Wynne Apperley en el que se basa). El proceso siguió con una depuración de los doce cuentos seleccionados. Una cosa es el formato blog, abierto y siempre modificable, y otra un libro impreso, que casi exige una fijación definitiva. He corregido mucho, algunos pasajes han sido amplificados y otros suprimidos; he cuidado mucho el lenguaje y la sintaxis y, cuando encontré la forma que yo entiendo más perfecta, esa que yo llamo “provisionalmente definitiva”, me planté en una imprenta, donde fui magníficamente atendido y recibí un presupuesto razonable.

        Pero no fue todo así de fácil. He tenido que maquetar, diseñar la portada y el marcador de páginas, encargarme de gestionar el ISBN y el Depósito Legal del libro, revisar galeradas, organizar la presentación y, lo más difícil: eso de dedicar una serie de ejemplares a familia, amigos y colegas de letras, preparar los sobres correspondientes, llevar al correo las entregas postales y repartir las manuales (aún no he terminado, aunque deseo hacerlo antes del miércoles)… algo que me está resultando casi tan azaroso como la fase de preparación.

        El libro, por el momento, está disponible en mi librería de siempre: Nueva Gala (Almona de san Juan de Dios), lo digo por si alguien desea tenerlo ya.

        Pero la presentación en sociedad de mi criatura será el próximo miércoles, día 19, a las 20,00 h. en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, donde me gustaría veros, aunque tampoco pretendo obligar ni hacerle compromiso a nadie: quien vaya, será bien recibido. Quien no quiera o pueda está excusado de antemano.

        Para la presentación cuento con María de Leyva Campaña, Concejala de Cultura, y José Vallejo Crespo, responsable de la política cultural del Ayuntamiento, a quienes agradezco la amabilidad y eficacia con que han gestionado mi petición (en este aspecto, es de justicia incluir a Amelia Mesa). Ambos se ocuparán de la parte protocolaria, aunque sé que no limitarán su intervención a sus funciones institucionales, sino que pondrán todo el calor en mi libro. Y se lo agradezco, especialmente, a María, que no está pasando por un momento personal especialmente relajado.

Invitación (aún no se había sumado José Vallejo)

       

         Y de la parte literaria se ocuparán mis dos queridos amigos Francisco Gil Craviotto y el poeta Miguel Cobo Rosa, al que he obligado a venir desde Córdoba para acompañarme (no he tenido que insistirle mucho, la verdad). Hace unos años, Miguel vino a leer sus poemas en La Expositiva, llamado por la Asociación Cultural Diente de Oro y fui yo quien lo presentó. Y respecto a Gil Craviotto, también lo he acompañado en alguna presentación de sus obras. Ahora me devuelven la gentileza, aunque sé que su amistad y afecto no son objetos de cambalache, sino vivencias muy sinceras.

        Habrá también música: dos queridos amigos de la OCG se me han ofrecido, muy generosos, para actuar en la presentación. Será un magnífico colofón que me permitirá contextualizar una parte muy concreta de uno de los relatos.

        El sábado 22 a las 20,00h. estaré firmando ejemplares en la Feria del Libro, pero no en la caseta oficial de firmas (mi libro llegó fuera de plazo), sino en la caseta de la mencionada Librería Nueva Gala, donde sé que me sentiré como en mi casa. Hay incluso otra presentación en un ámbito muy querido para mí: en el CEIP Medina Elvira de Atarfe, el colegio donde pasé once años como maestro y, la mayor parte del tiempo, como Secretario. Allí dejé muchas familias amigas y muchos críos, los mayores de los cuales ya han acabado sus carreras universitarias y algunos hasta se han casado y tienen hijos en el colegio. Creo que les debo una visita para el reencuentro. Aún no he concretado la fecha con la Directora actual, pero supongo que será ya en Mayo.

        En síntesis: que aquellos cuentos fabricados con sueños de entonces se convierten en mi sueño de ahora, en mi capricho al fin cumplido. Amenazo: si le pillo el gustillo, puedo convertirme en un problema, que material tengo para varios libros más. El que avisa no es traidor.

Alberto Granados

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La verdad y la mentira del Día de Andalucía

NOTA PREVIA: Este texto ha aparecido hace unos días en el último número de la revista accitana Wadi-as. Se me pidieron 500 o 600 palabras y a eso me he ceñido, pero hubiera dicho mucho más, porque la Andalucía imparable sigue parada y porque yo tenía unas expectativas mucho más altas. Las imágenes de los líderes andaluces están tomadas de Google.

 

 

 

Portada del Wadi-as

Portada del Wadi-as

 

 

Rafael Escudero

Rafael Escudero

 

 

 

José Rodríguez de la Borbolla

José Rodríguez de la Borbolla

 

 

 

        Conmemorar el día de los andaluces, en mi opinión, es algo mucho más serio que unas declaraciones oficiales, una mención de pasada en los centros educativos y en las instituciones, una reiterativa serie de discursos y una verbena llena de sevillanas y alimentos populares. Si la conmemoración se queda en eso, creo que solo se alcanza una de esas alegrías a plazo fijo que, como en el caso de las navidades, nos regala un puente, un cierto aire de fiesta y poco más.

 

 

Manuel Chaves

Manuel Chaves

 

 

 

 

José Antonio Griñán

José Antonio Griñán

 

 

 

Susana Díaz

Susana Díaz

 

        Conmemorar nuestra fiesta implica algo mucho más serio: una reflexión sobre el significado de Andalucía a lo largo del pasado, en el momento actual y la posible proyección hacia el futuro de las potencialidades andaluzas. Pero eso es harina de otro costal, pues somos un pueblo resignado ante la adversidad, el paro, el atraso, la escasa cultura práctica y la falta de recursos que nos sitúan desde hace siglos en la zona más baja de todas las estadísticas posibles. Y sería de agradecer que las instituciones y los partidos políticos hicieran un riguroso análisis. La Historia hace tiempo que lo ha hecho,  pero parece que ni el gobierno de Madrid ni el de Sevilla han sabido interpretar las causas profundas de nuestro atraso en el supuesto de que hayan leído algo al respecto. Parece que nos resulta suficiente mirarnos el ombligo, recurrir a la riqueza de nuestro folklore, al flamenco y las dichosas e invasivas sevillanas, a Alberti, Lorca, Góngora, Murillo, Picasso, etc., a nuestro importantísimo patrimonio artístico, a nuestros variados elementos turísticos…

 

 

Gaspar Zarrías

Gaspar Zarrías

 

 

 

Javier Arenas

Javier Arenas

 

 

 

 

        Sin restarles un ápice de trascendencia a semejantes glorias incuestionables, creo que Andalucía debe dar un golpe de timón y plantearse muy seriamente en qué fallamos (el pueblo de a pie, la oligarquía y el empresariado, los dirigentes y la oposición, el mundo de la cultura, la ciudadanía…) porque, pese a los discursos oficiales de autobombo, la realidad deja mucho que desear. No nos puede bastar con los millones de turistas si no somos competitivos; ni es suficiente nuestra historia si el presente se acerca a lo desolador; ni bastan las sevillanas o la voz de Camarón si el índice de analfabetismo, de uso de bibliotecas o asistencia a espacios culturales resulta desolador. Repetimos un esquema que no sirve y que excluye de la actualidad a un amplio grupo humano, que perpetúa los viejos esquemas pretendidamente identitarios (toros, flamenco, gastronomía, simpatía con los visitantes foráneos, cofradías, casetas de feria, feria del Rocío, etc.) como si con eso bastara. Pero con eso no llegamos al mundo de excelencia que se pretende en la estructura de nuestro mundo global. Si en la crisis del 98 se pedía doble vuelta de llave al cerrojo de la tumba del Cid, la modernidad nos demanda que cerremos una identidad andaluza así de castiza, tan de oropeles, tan oficial, y nos pongamos a ganarnos nuestro futuro, sin maquillajes de colores políticos, ni reminiscencias sevillanas, ni cantos de absurdo triunfalismo, ni… Andalucía está ahí, con mil lacras que nos hemos ganado entre todos con nuestro conformismo, pero también con el inmenso potencial que llevamos dentro.

 

 

Juan Manuel Moreno Bonilla

Juan Manuel Moreno Bonilla

 

 

 

 

Juan Manuel Sánchez Gordillo

Juan Manuel Sánchez Gordillo

 

 

 

Diego Cañamero

Diego Cañamero

 

        Pero no se puede acelerar a base de permanente guerra entre partidos, de discursos oficiales que son fuego cruzado y estéril desmotivación de la gente. Alguien tendrá que conducirnos (ese es el significado de la palabra líder) hacia el mañana con energía, con carisma y con ganas de dejar atrás tanta mística andaluza, tanto atraso y tanto vacío.    

Alberto Granados

 

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La Habanera de Carmen, una visión clásica del amor

 

        Algunos años he caído en la tentación de sumarme, a través de mis dos blogs sucesivos,  a esa gregaria costumbre de dedicar la fecha de hoy a hacerle un modesto homenaje al sentimiento más contradictorio del ser humano: el amor, sea este una forma de neurosis posesiva, un disloque hormonal, un mecanismo de idealización, una enfermedad que, al igual que los resfriados, se suele curar en la cama… o todo eso a la vez.

        Al margen del aspecto comercial de esta anglosajona celebración (restaurantes, hoteles con  o sin encanto, agencias de viajes, joyerías, perfumerías, lencerías… hacen su agosto con los regalos que se intercambian los enamorados), el amor ha ocupado siempre un importante lugar en la creación literaria y ha aparecido como ese sentimiento caótico que hace bascular al ser humano entre la más absoluta felicidad y la desesperanza, entre la dicha y la decepción. El Arcipreste de Hita, Góngora, Quevedo, Lope, los poetas románticos, Pedro Salinas, García Lorca, Gil de Biedma, los poetas de la experiencia, los de la diferencia… se han ocupado abundantemente de reproducir un cliché amatorio que resiste los envites del tiempo, como si la pareja de amantes estrenaran el sentimiento que los llevará a la felicidad, a la zozobra o a la desequilibrada mezcla de ambas.

          Para esta ocasión, he traducido uno de los pasajes más conocidos de la ópera de Bizet Carmen. He elegido la famosa Habanera del primer acto, canónicamente llamada L’amour est un oiseau rebelle, que repite esquemas leídos mil veces sobre lo contradictorio del amor.

 

 

 

Escena de Paz Vega en la película Carmen (Vicente Aranda)

Escena de Paz Vega en la película Carmen (Vicente Aranda)

 

 

          Se dice que Carmen rompió definitivamente los límites entre ópera y ópera cómica, hasta entonces una especie de subproducto de la primera. Lo hizo añadiendo elementos de música popular, retratando a tipos de las clases sociales más bajas, etc. Se le considera un antecedente de la corriente verista, una adaptación de la ópera al realismo de finales del XIX. Bizet recogió el argumento de Prosper Merimée, a quien se lo había contado en su palacete granadino de la Cuesta de Gomérez, doña Manuela Kirkpatrick, la madre de la emperatriz Eugenia de Montijo. Era la época de las visitas de los viajeros románticos, en que los tipos populares, lo folklórico, lo legendario y lo exótico hacía furor en Europa. Bizet no tuvo empacho en mezclarlo todo (los toros, la raza gitana, la mujer fatal, los bandoleros, el deseo, l’amour fou, la traición por amor, la muerte…) e incluso tomó prestados ciertos pasajes que él había oído, creyendo que era música popular sin autor conocido. La propia Habanera es una adaptación de una habanera de Sebastián Iradier llamada El arreglito.

 

        He aquí el texto de dicho pasaje con la traducción que he hecho:

L’amour est un oiseau rebelle

que nul ne peut apprivoiser,

et c’est bien en vain qu’on l’appelle,

s’il lui convient de refuser!

El amor es un pájaro rebelde,

que nadie puede domesticar,

y es en vano que se le llame

si se le antoja rechazar.

Rien n’y fait, menace ou prière,

l’un parle bien, l’autre se tait;

et c’est l’autre que je préfère,

il n’a rien dit, mais il me plaît.

Nada le afecta, la amenaza o la plegaria,

La una habla mucho, la otra se calla.

Es a esta a la que yo prefiero:

No ha dicho nada, pero me place.

L’amour! l’amour! l’amour! l’amour…!

¡El amor! ¡El amor! ¡El amor! ¡El amor…!

L’amour est enfant de Bohème,

il n’a jamais, jamais connu de loi,

si tu ne m’aimes pas, je t’aime,

si je t’aime, prends garde à toi!…

El amor es un gitanillo,

que nunca, nunca, ha conocido la ley,

si tú no me amas, yo te amo,

y si yo te amo, ¡ponte en guardia…!

L’oiseau que tu croyais surprendre

battit de l’aile et s’envola…

l’amour est loin, tu peux l’attendre,

tu ne l’attends plus,… il est là…

El pájaro al que creíste sorprender

batió sus alas y voló…

el amor está lejos, puedes esperarlo,

ya no lo esperas, ahí está… 

 

Tout autour de toi, vite, vite,

il vient, s’en va, puis il revient…

tu crois le tenir, il t’évite,

tu crois l’éviter, il te tient!

En torno a ti, rápido, rápido,

viene, se va y después regresa…

Crees poseerlo, él te evita.

Crees evitarlo, él te posee.

L’amour! l’amour! l’amour! l’amour…!

¡El amor! ¡El amor! ¡El amor! ¡El amor…!

 

Imagen de la Habanera tomada del blog mejorconmusica, de blospot

Imagen de la Habanera tomada del blog mejorconmusica, de blogspot

 

 

        No creo que se haya apartado mucho de algunos poemas clásicos, tales como ese gran soneto de Quevedo que empieza “Es hielo abrasador…” o el de Lope llamado Varios efectos del amor.

        Que el amor sea generoso con vosotros y no os desquicie demasiado. O que lo haga: peor es el desamor.

  Alberto Granados